Elecciones en Colombia: Construyendo amanecer

Especial para Contrahegemoniaweb

Se cerraron ya las urnas y el resultado lo tenemos ahí, en donde se alojan los finales de las esperas: será en nuestra alma, será en nuestra historia, será en nuestra tierra común. Por primera vez, ganamos. Al conocerse lo que ya era inevitable en la tendencia del preconteo: Gustavo Petro y Francia Márquez son los nuevos presidente y vicepresidenta de Colombia, nuestras caras mostraban el desconocimiento del sabor de la victoria, esa victoria que ahora se sentía en nuestra garganta, con ganas de salir, sin saber cómo. No sabíamos cómo reaccionar. Y estallaban los mensajes ¿será que ganamos? ¿no hay forma de darle vuelta? Sí, ganamos. ¡Ganamos! ¿Tanta euforia por una elección? ¡Si! 200 años gobernados por la derecha con un saldo de miseria y dolor incontable, innombrable.

Tanta espera, tantos años de lucha, tanta vida puesta para un momento así: nuestra tierra y nuestros muertos en nuestra memoria colectiva, todas y todos vibrando una de esas victorias que soñamos y que muchas manos construyeron.

Fue una espera llena de trabajo de manos callosas y canto en plaza pública, de brazos construyendo barricadas ante los ataques, de pies que agitan la tierra en el baile de la vida para ahuyentar con alegría al imperio de la muerte, de corazones que se unen con ahínco en la lucha por el mañana de todos. Una espera llena de movimiento, de camino hecho y por hacer. De campo y calles, de campesinos y de estudiantes, de pueblos indígenas y comunidades afro, de viejas, viejos y de jóvenes, de todas las luchas de un pueblo en lucha. La lucha por el amanecer.

Quien espera en la pura espera vive un tiempo de espera vacío”, dice la Canción Obvia de Paulo Freire. Y la espera del pueblo que camina ha sido de manos construyendo este amanecer. “Por esto, mientras te espero / Trabajaré los campos y conversaré con los hombres/ Sudará mi cuerpo, que el sol quemará / Mis manos se llenarán de callos; / Mis pies aprenderán el misterio de los caminos… “

Quisimos hacer un análisis político de lo que vendrá, para destacar que no será fácil, que no hay victorias cantadas, ni derrotas definitivas; que las fuerzas del odio están siempre ahí defendiendo con todo su poder sus privilegios y su infame “derecho” a odiarnos; que nuestras ganas de vivir son el motor de la profunda alegría que nos produce luchar por nuestro mañana; que nuestro amanecer se construye con las manos y con las cabezas; que nuestra historia se hace embarrándose; que queremos y es nuestro derecho vivir sin miedo; que nuestra lucha es el honor que siempre rendimos a los que entregaron su vida por la vida; que no es una revolución socialista, pero es una victoria popular y comunitaria. Quisimos hacerlo en el calor de los resultados y nos salió este breve texto de lo que sentimos por este camino que sigue construyendo nuestro pueblo colombiano.

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Un camino que inicia en donde usted quiera ponerle fecha y lugar, porque si algo caracteriza a los pueblos es que siempre están luchando, en cualquier momento y en cualquier lugar, por ese nuevo amanecer. Siempre está el pueblo caminando. Siempre.

El caminar de pueblo

Imagine usted que tiene ante sí un camino de herradura, esos caminos viejos de trocha de pueblo que se han hecho con la historia de miles de pisadas de mujeres y hombres que le madrugan al sol para despertar el amanecer; un sendero de bestias de carga de ida y vuelta; un camino de sueños, tristezas, charlas y muchos silencios de las vidas que lo trasiegan.

Imagine usted ahora que ese camino se empieza a llenar de aguas oscuras, volviendo al barro un lodo resbaloso y pegajoso que mezcla en un mismo color la tierra y la mierda. El mierdero de las mulas de carga vieja y la que llega en cantidades alarmantes con las aguas oscuras que bajan de algún lugar hacia el camino. Aguas que usted sabe que no caen del cielo, sino de al lado, en donde se alcanza a divisar que le hacen mantenimiento a una vía pavimentada. Vía que no es para usted, vía que ha sido hecha solo para algunos que no son usted, aunque a la entrada bien dice en letrero grande y bien cuidado que puede entrar cualquiera.

Imagine que usted agarra camino viejo y se arremanga los pantalones; se decide a empezar con “verraquera”. Usted sabe que cada paso tiene que ser de plomo y bien medido, porque un resbalón puede ser muy jodido. Y tampoco es que puede quedarse por ahí parado, midiendo cada paso, o sopesando teorías para cada movimiento, porque se entierra y de ahí no sale más.

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El camino con los pasos se vuelve más complicado. Cada que avanza las curvas son más pronunciadas y no dejan ver horizonte. Entre tanto lodazal, ha sido imposible no embarrarse; imposible no tener miedo a caerse, porque en ese andar difícil, una piedra en el camino… y al piso. De nuevo ensopado en barro y mierda. Y por más que briega y briega, no se levanta. Usted espera y siente que se hunde. Hasta que usted ve que le aparece una mano como la de usted, mano que usted agarra fuerte. Hay otra persona como usted por ese camino y más ensopada en barro, persona que le tiene la mano. Lo levanta con fuerza y le dice que hay que seguir, que si hay que esperar hay que hacerlo caminando, trabajando, como los que están ahí al lado. Le muestra que hay muchos más como usted, caminando el mismo camino.

Imagine que usted venía mirando fijo hacia allá y no había visto los que venían al lado, otras personas como usted. Usted empieza a sentir que el camino es más fácil entre todos esos como usted. Todos saben que las caídas y la tristeza son habituales. Y todos dicen que es muy importante ir arreglando el camino para los que vienen atrás. Porque los que han ido adelante lo han venido arreglando para usted, para todas y para todos.

Imagine usted que hay veces que las caras van sonrientes, otras veces van con la rabia inmensa, porque no deja de llover mierda, piedras y palos al camino.  

Pero usted y todos los otros que son como usted, siguen. Siguen porque cada tanto el sol seca el camino y el camino se hace más suave; cada tanto se puede bajar al río que anda cerca y lavarse los cuerpos, las ropas y se aligera el peso. Siempre hay comida para usted y para todos. Cada tanto arman entre todos unos bailes y usted que llevaba guarapo lo comparte, y el que llevaba el aguardiente le hace un brindis. Y la verbena se arma entre todos los que son como usted. Ahí, ahí mismo en el camino. Y como es sonido y olor a pueblo, desde la vía pavimentada continúan burlándose ¡Así no puede ser! ¡Qué están bailando sucios! ¡Están comiendo sucios! ¡¿Cómo es que están viviendo así?!

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Y la verdad es que se muerden el labio.

Porque usted, y todos los que son como usted, caminan y construyen con esperanza el camino, para usted y todos los que no son como usted. A pesar de la mierda, a pesar del barro. Siguen caminando con cariño de pueblo. El amanecer es un camino.

Imagine usted ahora que este ha sido el camino del pueblo colombiano, construyendo su historia clave en esta campaña presidencial. Imagine que la derecha de nuevo en un despliegue mediático inmenso ha intentado llenar de mierda el camino hacia el triunfo.

Pero imagine también que esta vez no. No pudieron. Inventaron, mintieron, intentaron meternos todos los miedos posibles y no. No lo lograron. Porque una vez, después de tanta tristeza, de tanto dolor, de tantos años llenos de adioses sin despedidas, de tantas sonrisas arrancadas, de tanto sueño frustrado y de tanta impotencia contenida, ellos no pudieron. Esta vez es nuestra vez. Esta vez la puerta de esta historia la abrimos nosotros, juntos. Aquí estamos, usted, ella, él, yo, todas, todos, con la sonrisa de vida llena en los labios y la emoción de flor en la piel. Aquí, sintiendo esa brisa fresca en la cara que, tal vez, anuncie ese amanecer tan esperado.

Sabemos que sigue un camino difícil. Que la derecha intentará hacer todo para que no se pueda cambiar nada. Que habrá una fuerte exigencia de las organizaciones populares y comunitarias para que se vaya construyendo el sueño. Que habrá muchas fallas y contradicciones. Que faltarán cosas. Que el camino… que el camino es culebrero. Pero hoy, hoy celebramos. Es tan pero tan difícil ganarle a la derecha, al imperio de la muerte, que es imposible no sentir que los corazones se inflan de la alegría del ¡Por fin nosotros, los nadie! ¡Por fin el gobierno de las manos callosas, como dijo Francia en su discurso!

Algunos verán solo los nubarrones que se asoman, nosotros vemos el sol que amanece.

Hoy la vida es política y nuestra política es la vida. Hoy soñamos con vivir sabroso. Hoy diseñamos un camino nuevo por la vida y la dignidad que se haga costumbre. Hoy es la victoria popular. No queremos más guerra. El cambio es el camino hacia la política del amor eficaz, como dijera Camilo Torres. El cambio es la política de la vida, de la reconciliación, de los derechos, de nosotros, las nadies. Caminamos, y seguimos, porque de la mano, somos imparables.

¡Buen viento y buena mar para nuestro pueblo! ¡Por nuestros muertos y nuestros presos por luchar, porque fue su esperanza también!

¡Qué viva la esperanza!

¡Vivan las luchas que paren los sueños!

Arantxa Segura Fernández

Analista de Género y Diversidad

ig: ara_nt

Christian Camilo Díaz-Barrios

Docente

Tw: @elmuiscoso

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