“Darío eligió estar con los nadies, por eso está presente en todas las luchas”. Entrevista a Alberto y Leonardo Santillán

Faltaban dos meses para el aniversario, para los veinte años de la Masacre de Avellaneda. Ese día en que el poder político y económico de nuestro país nos declaró la guerra al movimiento popular, quiso darnos una lección sangrienta de quién manda. El lunes 25 de abril nos encontramos con Alberto y Leo en Roca Negra, en Chingolo, Lanús. Se trata de un lugar emblemático en la historia del MTD de Lanús, y para la historia de nuestros movimientos populares. Durante casi dos horas hablamos con el padre y el hermano de Darío Santillán, recordando su historia y proyectando el futuro de la lucha por justicia y castigo a los responsables políticos. 

¿Cómo recuerdan aquel 26 de junio? ¿Qué recuerdan de aquella jornada que culminó con el asesinato de Darío?

Alberto: Lo recuerdo a Dari en ese momento muy contento, tomado de la mano de su compañera. Me pareció algo muy hermoso, el estado de enamoramiento de un hijo te hace bien. Ese 26 de junio él estaba muy preocupado, pensaba que los iban a cagar a palos, que iban a ir presos. Pero nunca pensé que la represión se iba a dar de esa manera. Estábamos todos preocupados, pero siempre haciendo esta salvedad, pensábamos que iba a haber garrotazos y presos, y no como ya venían fogoneando el gobierno nacional y el provincial que era una declaración de guerra. Y lo han tomado tal cual. Si uno ve las imágenes de la represión terrible, más allá de los heridos de plomo, de los asesinatos de Darío y de Maxi, también cómo pegaron ese día, una salvajada para marcar una línea dura, para decir que no querían más manifestaciones populares en contra del gobierno. Un gobierno de Duhalde que en ese momento quería dar un mensaje duro hacia adentro, y sobre todo hacia afuera.

Yo como padre hablaba con Darío, hablaba casi todos los días. Y si bien él era muy reservado sobre lo que hacía o no hacía, sí, había un poco de miedo. Pero a Dari era imposible decirle “no, no vayas”. Incluso la hermana le dijo que no fuera y él le contestó: “Así como vos me estás viendo irme, así me vas a ver llegar”. Y nunca llegó.

Y ahí está lo fiel que fue y que sigue siendo a su pensamiento, a su forma de actuar. Que no es simplemente hablar lindo, tener cierto carisma, cierto liderazgo, sino que a las palabras las tenés que acompañar con los hechos; y a las situaciones límite, tenés que acompañarlas con el cuerpo. Porque no todos acompañan con el cuerpo cuando hay una situación límite. Darío vivió una situación límite y sabía lo que podía llegar a pasar. Pero vuelvo al pensamiento de Darío: él no podía dejar a un compañero solo, a una compañera sola. Y si bien sabemos que él no conocía a Maxi, él volvió. Cuando estás en una situación límite, es una cuestión lógica, lo que querés preservar es tu vida. ¿Cuántos convencidos o convencidas hay que, en una situación límite, decidan quedarse? Yo creo que hay miles de compañeros desaparecidos que hicieron eso, que los mataron por no “vender” a un compañero. Pero en esa situación límite, ¿cuántos eligen quedarse? Yo creo que él eligió quedarse por una cuestión de ser fiel a sí mismo. Y cuando lo obligan a irse, lo matan.

Pasan veinte años y es permanente, es recurrente la imagen de Darío. Él hablaba del Hombre Nuevo y, si bien yo soy el papá, también considero que en Darío había mucho del Hombre Nuevo. Y estamos hablando de una lucha por la conciencia. Creo que en ese acto, hay un acto de conciencia, un acto humanitario, para mostrar que yo entrego la vida por el compañero. Es llevar hasta el último extremo lo que estoy diciendo en palabras. Él también renunció a las comodidades que uno como laburante le pudo dar, y eligió ir y estar con los nadies. Y ahí considero que él ha sido una persona totalmente libre.

Creo que el acto de Darío ha marcado mucha conciencia. Y no porque Darío fuera perfecto, porque no lo era. Pero sí, mantener en alto la lucha de Darío, que es una continuidad con la de los compañeros detenidos-desaparecidos, a 20 años, es muy difícil. Evidentemente él es tan grande que traspasa todo. Más allá del duro camino que tenemos como familiares, en cuanto a agachadas, traiciones; pero también sabemos de qué lado estamos. Y elegimos estar de este lado, no nos imponen.

Darío está presente en todas las luchas. Y creo que fue una bisagra en la historia. Una bisagra que impidió que Duhalde siga estando en el poder.

El cambio del nombre de la estación es tan importante, porque va a estar en los libros, es abajo el genocida de Avellaneda, arriba dos militantes populares. Porque no es que uno como familiar pide justicia por su hijo, más allá de haber conseguido la condena social. Y si bien sabemos que es difícil avanzar sobre las responsabilidades políticas, también sabemos que tenemos una condena social. Y eso es algo que en los libros va a estar, quién fue Darío, quién fue Maxi, quiénes fueron los que los mataron y por qué.

Leonardo: Yo tenía 17 cuando lo matan a mi hermano. Por ahí, después que lo asesinan, toman relevancia varias cuestiones, como esto de ir a visitar a los compañeros cuando se alejaban de la asamblea, varias cosas. Y eso tomó mucha relevancia, la lucha, las banderas que él levantaba, las tomaba con una seriedad que los que estábamos alrededor por ahí no la entendíamos.

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El día anterior, el 25 de junio, habíamos tenido reunión de seguridad y Darío pasó una foto de distintas movilizaciones en donde habíamos tenido diferentes aprietes. En Dock Sud nos habían tirado una camioneta, que cuando le sacamos una foto vemos que tenía pedido de captura; en Puente Pueyrredón un policía apuntándoles con un arma a los manifestantes. Habló de lo que había pasado con Juan Arredondo en Lanús, el asesinato de Javier Barrinouevo, y Darío diciendo que “hay que armar bien la seguridad porque mañana nos van a empezar a matar compañeros”. En ese momento yo no lo entendía, lo ví recién después de varios meses porque fue muy shockeante todo lo que pasó. Durante las semanas anteriores, él estuvo agitando que teníamos que movilizar. Habían hecho un taller de formación en donde se mostraba por qué Duhalde y el empresariado tenían que reprimir los piquetes, tratar de frenar la lucha popular y cuáles eran los intereses que se estaban jugando y por qué nosotros los podíamos joder con lo que estábamos haciendo. Me acuerdo una compañera diciendo que había que ver, que estaban diciendo que nos iban a reprimir, nos iban a pegar, y Darío diciendo: “¿vamos a abandonar una lucha sin haberla dado? Tenemos que salir a dar pelea igual”. Eso diciéndolo para afuera, pero para adentro sabiendo que nos iban a matar, que iba a haber plomo. Que fue lo que muchos compañeros con más experiencia no pudieron hacer la lectura. Y eso para mí fue muy contundente.

Yo ese día lo había visto a Maxi, la había visto a Aurora [Cividino] también, y no caía que era plomo, aunque sabía que estaban lastimados, que sangraban. Después cuando llegamos a la estación, Darío no estaba; él pasa de largo, llega hasta la base del puente por donde pasa el tren, hay un video de Crónica donde se lo ve con un palo y un gas en la mano y él vuelve. Cuando entro a la estación estaba Maxi, estaba cegado por los gases, después cuando me logro reincorporar ya estaba Darío ahí socorriendo a Maxi. Salí afuera, ví que venía marchando la columna de la policía y entré y le dije a Darío: “vamos que está viniendo la columna de la policía”. Y él me dijo que no, que me llevara a los compañeros. Vuelvo a salir, le vuelvo a decir lo mismo, era una situación muy angustiante. Y cuando entra la policía, nos vamos. Nos vamos y queda él. Nos vamos y yo pensaba que iba a caer preso. Pero cuando voy hasta arriba del andén, miro hacia abajo y sentí algo muy fuerte, como una angustia. Yo pensaba que era porque lo había dejado, tenía esa sensación. Pero sentí muchas ganas de llorar. Y estaba con Claudia, la novia de él, entonces esperamos, estuvimos como 15 o 20 minutos, y después vuelvo a bajar. Venía gente y un hombre me dice “ándate para allá que está todo re mal abajo”. Yo no llegaba a ver el hall, había llegado a la parte donde está el monolito, y me voy. Estaba muy asustado.

Llegué hasta la estación de Lanús, porque ése era el punto en el que nos íbamos a encontrar si reprimían. Pero estaba lleno de yuta, así que fuimos para el barrio. Y ahí empezamos a llamar y avisar que nos habían reprimido y a Darío lo habían llevado preso. No había pensado nunca que lo habían fusilado de la manera que lo habían fusilado.

Para mí era imposible que le pase algo a él. Para mí fue todo muy fuerte lo que pasó. Pero yo lo recuerdo a Darío siendo consecuente, consecuente con el trabajo, con la lucha. Después que lo matan, uno escucha los audios, los videos, y empieza a entender cosas o vivencias. Y como dice mi viejo, Darío no era perfecto, era consecuente. Un pibe de 21 años con varias cosas que habían pasado, y él a todas le ponía el cuerpo.

En el 2005 se logra la condena del comisario Fanchiotti y el cabo Acosta. ¿A qué atribuyen que se haya logrado condenar a los autores materiales y qué creen que faltó para condenar a los autores intelectuales de la masacre de Avellaneda?

Alberto: Como todo padre me identifico con una frase de Norita, que dijo “Nosotros somos papá y mamá paridos por nuestros hijos”. Antes que lo maten a Dari, yo en mi burbuja laboral, laburaba 14 horas por día. No tenía nada que ver con la militancia. A veces cuando salía del laburo, los jueves me iba a la Plaza de Mayo porque sabía que iba Dari y era una alegría para él compartir la ronda de las Madres con el padre. Tenía eso, como lo marcaba Leo hace un rato, un potencial de lucha, por eso refunfuñaba tanto para que participe. Si no hubiera sido tan masivo y el gobierno y los medios no hubieran sido tan crueles con respecto a la masacre de Avellaneda, porque también hay que ver cuando se les cae la gran mentira, eso de que se mataron entre piqueteros, que había armas en la estación de Avellaneda, que era una guerra entre pobres, como dijo Felipe Solá. Si no hubiera sido por la presión popular, la gran presión popular que le ha doblado el brazo a la justicia y al gobierno. En esto no puedo dejar de reconocer el valor de Pepe Mateos y del Ruso Kowaleski. No nos olvidemos que quienes abren la gran verdad son las fotos de ellos dos. Fueron esas fotos que salieron en Página 12, en ese momento un diario creíble, y en Clarín (después de la manipulación) las que ayudaron a dar vuelta la situación.

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Pero sin duda fue fundamental la gran presión popular, ese acampe de casi un mes en pleno invierno, en frente de los tribunales de Lomas de Zamora. Y el trabajo en su momento que hicieron los abogados que teníamos, no puedo dejar de reconocer el gran trabajo que hizo Berges. No dejo de rescatar que la militancia de una parte importante de la sociedad acompañaba el reclamo de justicia y, sin embargo, la justicia no llega a todos. Creo que la gran bisagra en todo esto es cuando los medios abren esa puerta de saber quién era Darío y quién era Maxi y quiénes eran los movimientos sociales, catalogados como “van por el choripan y un vaso de vino”. Pero cuando empiezan a publicar quién es Darío, nos empiezan a entrevistar, empiezan a mostrar la historia de Darío y la historia de Maxi, también sumó una parte grande de la presión.

Y aunque el reclamo fue masivo, igual fue una gran impotencia estar esperando 8 meses la condena de Fanchiotti y Acosta. Sin la solidaridad de la militancia y de la sociedad y el trabajo de los abogados no lo hubiésemos logrado. Estaba todo pergeñado para que quede en un ataque entre piqueteros. Y, así y todo, falta todavía la otra gran parte por la cual venimos luchando, la de los responsables políticos.

¿Y qué expectativa tienen respecto al enjuiciamiento a los responsables políticos? Sabemos quiénes son, pero ¿por qué no se pudo? ¿Se avanzó en algo?

Leo: Para sumar un poquito a lo que fueron las primeras 24 horas, con la aparición de las fotos por parte de Página 12 donde el discurso de los medios, de los canales de televisión, de que los piqueteros fueron a generar desmadres. Hubo todo un discurso que buscaba estigmatizarnos de cara a la sociedad a los piqueteros. Se rompe ese discurso ante la aparición de las fotos. El 27 Página 12 ya publica las fotos, y estaba el video del pibe de ATC que había filmado la secuencia donde Darío está agonizando, eso estaba dando vueltas. Clarín las publica el 28 y el 29 en una cuarta, quinta, sexta página, en un recuadrito explica por qué no publicó la foto antes, diciendo que como no conocía quién estaba en la foto, no quisieron.

Los medios el 27 de junio (o ya estamos hablando del 28), empiezan a aparecer todos los canales por el barrio. Cuando aparecen las fotos, donde muestran cómo lo fusilan, los medios cambian el discurso, se reconvierten. De ser los malos, ahora éramos luchadores.

El hecho que se muestre cómo fusilan a un pibe desarmado socorriendo a otro, que lo obligan a irse para pegarle un tiro de lleno, un escopetazo de lleno en la espalda, y después mintiendo y verdugueando. Muestra la contracara de los valores que Darío y el movimiento pregonaban, con lo que es la yuta, con toda la cobardía de la yuta, con todo lo que eso representa. Eso para mí genera las movilizaciones populares, el repudio popular. Y después le sueltan la mano al comisario, el cambio de discurso de Felipe Solá también, porque el 26 de junio lo recibió… A veces pienso esto que nos pasa como pueblo, la cuestión de la memoria. Hay mucha impunidad, mucha impunidad, porque nos ha llegado información de diferentes momentos. Fanchiotti hablando desde el penal, o usando beneficios adentro. Fanchiotti bolaseando a los presos, no es cualquier cosa. Entonces no hay una justicia real, están encerrados. A los 10 años, en el 2012 eran las salidas transitorias de Balcarce, y fuimos y movilizamos nosotros allá. Digo, más allá de que se lo haya condenado, hay cosas que no han pasado. Hay condenadas dos personas de una represión donde hubo más de treinta heridos de balas de plomo y que en las primeras horas hubo dos heridos más a punto de fallecer. Pero bueno, se ha condenado a dos, fue una victoria pero falta en lo material.

En relación a las responsabilidades intelectuales, se cubren ellos mismos. Necesitamos sentar precedente para que estas cosas no sucedan. Va a ser difícil porque acá no es solamente Duhalde. Cuando nosotros estábamos saliendo a marchar aquel 26 de junio, como decía mi viejo, estaba el FMI. Duhalde quería que nos presten plata, estábamos en la quiebra, veníamos del 2001 y Duhalde necesitaba mostrarse fuerte. El FMI estaba pidiendo gobernabilidad, eso era lo que se estaba jugando. Y después está todo lo nefasto, lo que nosotros a veces no concebimos, nos quedamos con la lectura corta, pero es toda la otra parte del poder. Nosotros no nos imaginamos que iban a ser capaces de hacer lo que hicieron. Yo no creía que estos hijos de re mil yutas tenían todo orquestado con los medios, el poder, Solá, Duhalde, la declaración de guerra.

Y entonces Felipe Solá en el 2017 cuando se reprimió la manifestación contra la ley previsional, sale declarando que la policía no actúa sola, que responde al poder político, “lo digo yo, que fui gobernador de la provincia de Buenos Aires”, es decir que él lo sabía por experiencia propia. O Duhalde, últimamente, diciendo “yo di la orden de que no pasaran a Capital”. Estos tipos gozan de la impunidad que ellos mismos generan. Ellos mismos, el gobierno de turno, el Estado generan impunidad.

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Cuando se logra condenar a Fanchiotti es la primera vez que el campo popular, el pueblo, logra una condena. ¿Y lo que falta? Yo tengo esperanzas en que se pueda romper este círculo, pero eso también depende de lo que podamos generar. Tenemos que interpelar a la sociedad y buscar cosas que nos sumen, consignas, planteos. Y a veces también hablamos de ser más astutos. Yo considero correcto hacer un señalamiento a compañeros que acompañaron a Solá porque dijeron que Macri iba a hacer algo peor. Pero a veces nos quedamos en ese discurso. Nosotros tenemos que generar cómo interpelar a la sociedad, tenemos que encontrar cómo hacerlo. Porque tenemos que pegarle a Duhalde, tenemos que pegarle a Solá, tenemos que pegarle a los que planificaron y ejecutaron todo esto del 26. Después hay chicanas de unos contra otros, depende de la situación política. Habla Solá de Duhalde, Solá habla del otro, pero nosotros tenemos que romper ese círculo. A veces nosotros nos quedamos con el chiquitaje, pero tenemos que armar algo más grande.

Tenemos que tener la astucia de generar espacios más grandes donde podamos salir a señalar a estos responsables políticos, a interpelar a la sociedad con consignas de que estos tipos no pueden seguir en el poder. Y también tenemos que ejercitar la memoria, porque pasaron veinte años, y en ese tiempo hay otra generación que entra en juego. Es una generación que piensa que la lucha empezó con el kirchnerismo. Y la lucha no empezó con el kirchnerismo, la lucha tampoco empezó con nosotros.

A 20 años de la masacre de Avellaneda, ¿creen que hay una disputa de sentidos alrededor del 26 de junio?

Leo: Tenemos que apuntarle a los responsables políticos, creo que ese tiene que ser el mensaje. A veces hay una reivindicación de Darío con la consigna del militante que fue, de multiplicar su ejemplo, y a veces no se señala a los responsables políticos. Creo que tenemos que generar una consigna que no sea disputar, porque no tenemos que disputar nada. Como dije el año pasado, lo creo y lo sostengo: Darío no es una marca registrada. A mí no me pertenece, no le pertenece a mi viejo. Lo que sí decimos es que no podemos hablar de Darío y no señalar a los responsables políticos. Yo creo que esa tiene que ser una consigna. Creo que ahí tenemos una veta hacia donde apuntar, para cuestionar, para interpelar a la sociedad y a las organizaciones. Si a nosotros nos lleva la bronca –y tenemos razones para estar con bronca– por ahí perdemos de vista que se abre una puerta con los 20 años y tenemos que aprovecharla. Por ahí mancharlos socialmente. La justicia ya sabemos lo que hace, no investiga nada.

¿Qué creen que expresaron las figuras de Darío y Maxi en aquellas jornadas del 26 de junio? ¿Qué elementos de lo que expresaron se mantienen vigentes para construir una sociedad más justa?

Alberto: A veces uno como familiar, como padre o como hermano, puede dar una vista muy personal. Yo creo que toda la militancia que se fue arrimando tiene su propio concepto y su propio valor. Pero para tener eso tenés que verlo a Darío, tenés que escucharlo. Porque yo muchas veces lo escucho a Darío y me dispara cosas a partir de las cosas que dijo. Entonces considero que las compañeras y compañeros tienen que tener su propia visión y creo que, escuchándolo, está el camino marcado ahí.

Leo: Para mí, la importancia de salir a la calle y el inconformismo. Y a veces, a pesar de lo que pueda suceder, como lo manifestó Darío, hay que salir a renegar, a poner el cuerpo. Y en ese sentido no era cauteloso Darío, pero analizaba las cosas, las pensaba. Pero él trabajó, construyó, fue armando un tejido. Y como lo manifestó en los días previos al 26 de junio, había que salir. El 20 de diciembre había estado en la plaza tirando piedras, veía pasar las tanquetas y tenía mucho miedo. Esto lo escuché de mi viejo y de otras compañeras, la superación de él.

Alberto: En el momento en que estaban tirando piedras, se acerca un compañero y le dice que tiene miedo. Y Darío le contestó que también tenía miedo, pero al miedo lo tenían que vencer. Y bueno, creo que con lo que hizo el 26 de junio, venció el miedo.

Leo: Creo que lo que expresaron ellos en esas jornadas no es tirar piedras por tirar piedras. Había una situación de hartazgo, que no se aguantaba más. Han pasado los años y con las situaciones que estuvimos viviendo, también tendríamos que haber dado vuelta todo porque nos siguen saqueando. Y entonces aparece el conformismo, y creo que cuando las cosas están mal, a veces hay que romper algo porque no podemos permitir que nos joroben la vida.

Yo digo algo que a mí me pasa, y creo que también a muchos compañeros, y es que a través de Darío podemos entender cosas, nos ahorramos libros. Yo tuve que leer libros para entender cosas. Pero viéndolo a Darío, acortás el camino. Lo del Che, por ejemplo, esto de sentir en lo más hondo cualquier injusticia. Esa frase uno puede estar leyéndola mucho tiempo, pero es lo que hizo Darío. Y entonces entendemos cuando el Che decía lo que decía, o cuando Darío reescribía en su cuaderno esa frase. Me parece que eso también es lo que expresa.


(*) El texto forma parte del libro Darío y Maxi. 20 junios. La ilustración pertenece a Maximiliano Kosteki.

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