Posneoliberalismo o anticapitalismo, una discusión desde los derechos humanos

Los distintos ciclos de los así autodenominados gobiernos progresistas han generado en torno a los derechos humanos un profundo debate, debido sobre todo al discurso desde la izquierda de estos gobiernos a favor de los derechos humanos, a la identidad previa de izquierda de quienes gobernaban, como así debido al respeto y a la violación a los derechos humanos que estos gobiernos generan y generaron.

Mediante la idea-fuerza de generaciones de derechos y de la progresividad como adlátere del desarrollo, estos gobiernos han sustanciado la espera de la distribución de la riqueza para cumplir con la justicia social, o términos del derecho internacional de los derechos humanos con los derechos económicos, sociales y culturales.

Es de observarse que tanto en el primer ciclo progresista, como en este segundo ciclo los progresismos han mostrado continuidades y diferencias, tanto entre sí como con el neoliberalismo. En ese marco algunos países como la Argentina o Bolivia que atraviesan su segundo ciclo progresista, el claro carácter de progresismo conservador sustancia una gobernanza de lo establecido que favorece a los intereses de las clases dominantes.

Aquí hay un primer meollo de la cuestión,  pues en realidad los gobiernos progresistas forman parte previa o se han construido para ser parte de alguna de las facciones de las clases dominantes, de ahí las dificultades para enmarcarlos como gobiernos populares o de izquierda.

En términos de la política económica las miradas desarrollistas o neokeynesianas han fomentado una superposición entre la justicia social y el crecimiento económico, convirtiendo a esta ecuación como una de las ideas-fuerza de época que forma y educa a la militancia popular, para darles un saber-hacer que trasunta en gobernabilidad para los ciclos de opresión capitalistas.

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Este es un segundo meollo de la cuestión, los distintos ciclos que requiere el capital para sustanciar el consenso y la coerción que le permite permanecer, tiene en los gobiernos neoliberales y progresistas sus etapas de acumulación y valorización, de restricción y aceptación de derechos sociales, es decir el capital tiene en los gobiernos neoliberales y progresistas su gobernabilidad y permanencia.

De esta manera el derecho internacional de los derechos humanos nos asiste para pensar esta forma de gobernar mediante la idea de progresividad en los derechos humanos, que ha sido usada por los gestores del Estado de distinto signo capitalista para diferenciar y cumplir o no cumplir con ciertos derechos, de este modo se cumplen con derechos civiles y políticos de origen liberal como las elecciones pero no así con derechos económicos, sociales y culturales como el derecho a la alimentación adecuada o a un ambiente sano.

Entonces hay una forma de pensar-hacer los derechos humanos hegemónica, cuyas raíces podemos rastrear en el positivismo, en el humanismo renacentista y en el derecho clásico liberal; hay pues una forma de pensar los derechos humanos desde arriba, estatista.

Sin embargo la complejidad de los derechos humanos radica en que pueden ser concebidos de esta manera hegemónica, desde arriba o pueden ser pensados y llevados a la práctica desde una perspectiva contrahegemónica, desde abajo.

Siendo aún más claro en los derechos humanos hay una lucha en su interior, entre la hegemonía y la contrahegemonía, entre lo instituido y lo instituyente, entre el individualismo y la solidaridad, entre el capitalismo y el anticapitalismo, reflejo de ser pensados y llevados a la práctica por las clases dominantes o por las clases subalternas.

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Esto significa que frente a la disyuntiva de enmarcar y comprender que tan a la izquierda y cuan a favor están de los derechos humanos estos gobiernos progresistas, su modelo económico y social nos da las respuestas: frente a lo instituyente están a favor de lo instituido pues es lo que les da gobernabilidad, sólo permiten plasmar cambios y leyes surgidas desde las clases subalternas-instituyentes, cuando estás no rompen con el orden capitalista imperante.

Frente a la idea liberal de separación de la sociedad civil y el Estado, la fomentan para desmovilizar y de esta manera cumplir muy poco con los derechos económicos, sociales y culturales, es decir operan a favor del individualismo frente a la solidaridad encauzando las luchas a partir de sus organizaciones. Es de notarse que la solidaridad como concepto únicamente se presenta en las agrupaciones oficialistas como obtención de recursos del Estado y pocas veces como derechos colectivos o inter-generacionales.

Entre capitalismo y anticapitalismo, prefieren atacar al neoliberalismo para no alimentar una perspectiva disruptiva que los coloque a la derecha del arco político, pues manteniéndose como la “izquierda realmente existente” obtienen el consenso societal que el capitalismo y sus representantes necesitan para continuar con sus negocios y la explotación de las clases subalternas.

Claro reflejo de ello son las continuidades extractivistas de ambos modelos capitalistas, las continuidades liberales de concepción del Estado, el fomento a partir de ello de gobernantes y gobernados para sustanciar el rol del Estado como dador de derechos, es decir para elaborar como una ethos de época, la necesidad de los gobiernos progresistas para la obtención de derechos.     

Estos mecanismos de coerción y consenso, de formas de ser y ejercer el poder, nos pasan desapercibidos porque están mediados por el relato de un bloque histórico perteneciente a una facción de las clases dominantes, que analiza la época como si ellos fueran y correspondieran a los intereses de las clases subalternas y populares. Finalmente el capitalismo es un modelo civilizatorio que instaura formas del ser, dentro del ser.

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Para todos, todo

Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE

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