“Maximiliano daba sus peleas con papel y lápiz”. Entrevista a Mara Kosteki

Mara es la hermana menor a Maximiliano Kosteki. Maxi era un joven artista popular, su sueño era dedicarse al arte plástico. La salvaje represión estatal del 26 de Junio terminó con esos sueños. Su hermana lo recuerda así: como un chico apasionado por el arte y por la vida, en esos tiempos difíciles de pobreza en el conurbano sur. En estos 20 años pocas veces hemos podido escuchar la voz de Mara, por eso su testimonio nos conmueve e interpela. 
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Seguramente lo contaste muchas veces pero las preguntas sobre quién era Maxi, cómo te enteraste de su asesinato y de qué manera vivieron ese día vos y tu familia resultan imprescindibles.

MK: Yo era chica, tenía 16 años, estaba de novia. Nosotros vivíamos en Glew y me había ido a Lomas a comprar unas cosas con mi novio. Cuando volvimos en el tren, había mucha gente para la hora y la época, no era normal tanta cantidad de gente arriba del tren. Venía parada y le miré el diario a un pasajero que estaba leyendo, en la parte central, donde había una imagen que fue pública en todos lados, creo que la más cruda de Maximiliano tirado en el piso con las piernas levantadas. Yo miré el diario, miré las fotos (yo de lejos no veo bien), y no me percaté que era Maximiliano. Es más, leí fragmentos de la nota y todo: “masacre en Avellaneda” “dos piqueteros muertos” “revolución”, todo cosas así. Llegué a mi casa, mi mamá no estaba, para esa hora ya tendría que haber estado en casa. Me acuerdo que entré y estaba sonando el teléfono, mi mamá no estaba, y cuando atiendo el teléfono era un profesor de la escuela de Bellas Artes en Lanús donde estaba yendo Maximiliano y me dice que quería saber si era verdad lo que estaban diciendo de Maximiliano. “No tengo idea” le dije, “acabo de llegar y mi mamá no está, no sé”. Me dice “prendé la tele”, entonces prendí la tele, las noticias pasaban, “masacre”, “puente avellaneda”, “dos piqueteros muertos” y veía las imágenes, lo veía a Maximiliano en la tele y no caía, no entendía nada. Entonces volví a agarrar el teléfono y le dije “no entiendo nada de lo que está pasando, dame un ratito y cualquier cosa nos comunicamos con ustedes” algo así le dije y le corté. Mi novio me dice “¿querés que vayamos a buscar a tu mamá? ¿Estás bien?” Y le digo “sí, vamos a buscar a mi mamá”. Había solamente tres opciones que yo tenía en Glew para buscar a mi mamá. Una era la biblioteca que era donde ella daba clases, la casa de la cultura donde también daba clases y si no, una escuela donde siempre solía ir mi mamá. Y empezamos a caminar para el lado de la estación y en eso la veo venir a mi mamá. Ya me había olvidado de esta secuencia, me acuerdo que nos abrazamos y le dije “¿Está bien?” y me dice “No, vamos a casa”. Le dijo a mi novio que se fuera y nosotras nos volvimos a casa abrazadas y le digo “Mamá, qué pasó, mamá por favor, mamá…” y me dice “Va a estar todo bien” era lo único que me decía mi mamá “Va a estar todo bien”. Nos abrigamos porque era de noche y ya estaba fresco. Le digo “¿qué pasó?” y me trató de explicar lo poco que ella sabía y nos fuimos a la casa de mi hermana a LLavallol y de ahí a la comisaría a Avellaneda a ver qué era lo que nos podían decir. Fue todo confuso, todo rápido, ni sé como decirlo, pero fue duro y creo que lo más duro y que todavía no me puedo sacar de la cabeza fue llegar a la estación de Avellaneda y ver un charco de sangre en el hall todavía, ver sangre chorreada hasta los baños y no entender nada, porque era no entender nada de lo que estaba pasando. Después ir a la comisaría, para variar, los policías que te mandan de acá para allá, que no te dicen nada, que te tratan como si uno fuera un estúpido. Terminamos en la morgue judicial ahí en Avellaneda y me acuerdo que la primera que se mandó adentro de la morgue fui yo. Mi mamá me quiso atajar, pero la verdad que no pudo y el ver el cuerpo de mi hermano ahí era todavía no creerlo, todavía no caer, todavía no entender nada y fue duro, porque después empezaron a pasar cosas y yo seguía sin entender, creo que hasta el día de hoy sigo sin entender un montón de cosas y ya pasaron casi 20 años de estos. Así fue, impactante.

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¿A qué atribuís que se haya logrado la condena de los responsables materiales de la masacre y por qué persiste la impunidad sobre los responsables intelectuales hasta el día de hoy? En ese sentido, ¿qué podrías decirnos del pedido de prisión domiciliaria planteado por los defensores de Acosta y Fanchiotti?

MK: Yo creo que a nivel social todos esperábamos una condena a los responsables materiales y a los responsables intelectuales. Acá es como una familia de mucha plata que el hijo comete un crimen y el padre pone guita para que el hijo no vaya preso, pero alguien tiene que pagar el crimen. Entonces quién paga el crimen? Algún empleado, algún perejil que pasó por el camino, en este caso yo creo que fue más o menos eso. ¿Quién es el papá rico y poderoso? El gobierno. El gobierno dio la orden que golpearan, que hubiera balas de plomo en el Puente Avellaneda, que reprimieran. El gobierno dio la orden de que reprimieran. ¿Y quién es el hijo? El hijo es Fanchiotti y Acosta, que son los que dispararon. Acá lamentablemente para ellos no había un empleaducho que pudiera hacerse cargo de este crimen. Porque fue de público conocimiento, porque están las imágenes, porque hay testigos, porque todos vimos lo que pasó. Fanchiotti lo mató a Darío a quemarropa y eso fue adrede, fue con alevosía y no había forma de cubrir eso. Como a Maximiliano le dispararon en la calle entonces ahí había un poco de duda, de quién fue, de dónde salió el disparo. Está bien, después con las pericias salió quién fue, que el que disparó fue Acosta, pero tenía que haber un responsable. El que cometió el crimen tenía que pagar y pagó, hasta por ahí nomás tendría que decir yo, porque con las leyes que nosotros tenemos acá en Argentina, este hombre, esta bestia, ahora puede salir en libertad. En otros lugares, si es cadena perpetua es cadena perpetua, y te morís adentro de la cárcel. Acá no, que el 2 por 1, que la buena conducta que los cursitos que hacen de yoga y no sé que paparruchada. Tienen las prioridades de las salidas transitorias, llegar a tener prisión domiciliaria, que pasada cierta edad te corresponde por ley. Entonces acá las leyes para mi gusto están muy mal. 

Sí, alguien tenía que pagar. Lo que me da bronca es que las responsabilidades políticas que dieron la orden de la represión, ellos no van a pagar nunca porque se cubren entre ellos, porque le ponen mucha guita para que no les hagan nada, porque son mafiosos. Porque se creen impunes y más allá de que tal vez en esta vida no lo paguen, yo sé que en otra vida sí lo van a pagar. Yo como familiar de Maximiliano, de haber perdido a mi hermano, de haber perdido a mi mamá de tristeza al año siguiente, yo me quedé con el dolor, me quedé con el trauma, me quedé con bronca. Y más bronca me da el saber que Fanchiotti y Acosta en algún momento van a salir de la cárcel, van a volver con su familia y van a hacer de cuenta que no pasó nada. Y a mi la vida sí le pasó, me pasaron casi 20 años sin tener hermano, sin tener mamá y tener años de terapia y tratar de seguir adelante con mi vida, porque mi vida también continúa. Pero ellos no merecen tener vida porque quitaron dos vidas y es todo muy injusto acá, muy injusto. Yo creo que esas cosas deberían cambiar y cambiar para mejor, para que no se cometan más estos crímenes, para que ninguna otra familia pierda a un ser querido en manos de un asesino.

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¿Cómo fue para vos transitar estos 20 años? ¿Qué desafíos tuviste que afrontar y en qué medida la lucha por justicia y memoria te marcó y transformó a lo largo del tiempo?

MK: Estos 20 años fueron duros y van a seguir siendo duros, por la ausencia, porque ahora las imágenes no circulan tanto pero en su momento era todo el tiempo ver a Maximiliano muerto. Esas imágenes eran horribles, era pensar ¿qué hago? ¿veo esto para que me haga más fuerte? ¿no lo veo porque me hace mal? Por suerte tuve muchos especialistas a mi alrededor que me contuvieron y me ayudaron a salir adelante. Como decía antes, yo no solamente perdí a mi hermano con 16 años que tenía. Al año siguiente falleció mi mamá. Me quedé sola, porque me quedé sola en esta vida, y creo que agradezco a cómo me educó mi madre que siempre fui correcta, siempre me puse mis límites, siempre me puse metas en la vida para seguir adelante, siempre traté de rodearme de buena gente y ver qué era lo correcto y qué no. Obviamente que me equivoqué en el camino, muchas, muchas veces, por no tener esa figura materna que me guiara, pero creo que no hice las cosas tan mal. No me fue tan mal, porque hoy en día me casé, tengo dos hijos hermosos, conservo mi trabajo desde hace 18 años. El día a día fue un desafío, el llegar hasta acá fue un desafío. Yo al principio quise meterme en la lucha y pedir justicia para que no se olvidaran de Maximiliano. Pero yo no quería que a Maximiliano lo reconocieran como Maximiliano piquetero, porque en realidad, como siempre lo dije, él nunca fue piquetero. Maximiliano era un artista, era arte él, era súper pacífico, nunca se metió en peleas, siempre era el que apaciguaba las peleas. Al ver esa imagen errónea de Maximiliano, yo quería enseñarle a la gente que ese no era Maximiliano. Pero era yo sola contra la corriente. Entonces llegó un momento en el que dije “que piensen lo que quieran”, yo sé que en algún momento alguien va a entender quién era maximiliano, va a leer su verdadera historia, va a ver su verdadera historia y se va a dar cuenta que lo que él no era lo que mostraron en las imágenes, era otra cosa. Con las organizaciones políticas, con los agrupamientos, nunca fui una persona de meterme en nada, no soy de los clubes, por decirlo así. Yo fui hablando con todos, fui contando mi versión de la historia y de lo que es Maximiliano, pero nunca fui muy comprometida en esto de la lucha de la justicia. Sí voy al puente, sí hago mi duelo, por decirlo de alguna forma, sí no me gustan las injusticias y yo a mi manera pongo mi granito de arena para que estas cosas no sucedan, pero mi lucha yo la hago día a día. El levantarme a la mañana, el reconocer mi historia, el poner el pecho día a día para seguir adelante, esa es mi lucha, ese es mi pedido de justicia. El no bajar los brazos. Pero mi lucha yo la hago sola, muy a mi manera, igualmente estoy muy agradecida con todos los que van siempre al puente y  ponen el pecho y los que se han comido algún macanazo en alguna manifestación, pero yo no soy así. No me nace. Yo me quedo con las charlas que teníamos con Maximiliano con respecto a manifestaciones y guerras, y sé muy bien cuál era su idea y no era el pelear, no era el pelear con las manos. Él era pelear de otra manera, con el intelecto, con el arte, con los libros, ese era su modo de pelear y yo creo que adopté esa forma, el pelear con el intelecto, el decir las cosas.

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¿Qué elementos que se expresaron en la jornada del 26 y en las figuras de Darío y Maxi considerás que se encuentran vigentes y resultan importantes en la actualidad? ¿Qué le dirías sobre Maxi a las nuevas generaciones?

MK: Ahora hace mucho que no paso, pero una de las imágenes que se encuentran vigentes del 26 es el mural que está en el Puente Avellaneda. Para mí es muy importante eso, la conservación de ese mural que representa tanto. Porque yo creo que ese mural representa solidaridad, unión, lucha. Cada vez que paso por ahí me impacta y pienso el respeto que tanto Darío como Maxi se implantaron, que nunca nadie los grafitó, ni lo pintaron, ni nada y eso es super valioso, es super valioso. El que todavía se respete ese mural es algo que creo que no sucedió nunca, porque siempre o el municipio lo tapa o los adolescentes los grafitan. Y ese mural no, sigue intacto, y es muy valioso porque de alguna forma es como el respeto a estas dos personas que dieron su vida. Creo que marcaron algo, más allá de que yo no lo vea como un héroe a Maximiliano, porque él siempre va a ser mi hermano y yo voy a tener otra mirada de él porque él no se caracterizaba por ir al choque, ni a la pelea, ni el reclamo, él era un tipo súper tranquilo. Él, su pelea, la hacía con papel y lápiz. Esa imágen es muy representativa.

¿Qué le diría sobre Maxi a las nuevas generaciones? Yo acá en casa tengo una nueva generación, tengo dos nuevas generaciones. Mi hija tiene 10 años y cuando pasamos por la estación de Avellaneda ve mi apellido en la estación. Al principio me preguntaba por qué esa estación tenía mi apellido, era difícil porque en ese momento era muy chica. Después, como pude le fui explicando la historia, le expliqué que ese Maximiliano de la estación Avellaneda era mi hermano. Le tuve que explicar la historia, le tuve que contar quién era su tío, contar qué fue lo que pasó ahí. Pero siempre me ocupé de contarle quién era verdaderamente su tío, y yo creo que a las nuevas generaciones le contaría eso, quién era el verdadero Maximiliano. Esa persona que era tranquila, que nunca levantaba la voz, que le gustaba mucho dibujar, que le gustaba mucho la música y siempre venía con bandas distintas a hacerme escuchar para que yo le diera su opinión. Le gustaba estar entre amigos y creo que tanto a mis hijos, como a las nuevas generaciones y a todos los que no conocieron a Maximiliano, les diría que sean un poquito como él, tranquilos, sin ir al choque, mostrar el talento de cada uno, tener metas y tratar de cumplirlas, porque él era sí, era de ponerse metas y tratar de lograrlas. Lamentablemente no lo dejaron. Yo creo que me puse metas por él y estoy tratando de lograrlas, en memoria de él.
(*) El texto forma parte del libro Darío y Maxi. 20 junios. La ilustración pertenece a Maximiliano Kosteki.

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