La lucha de los MTD era parte de la Argentina que nos entusiasmaba y daba esperanza ante una realidad muy difícil

El 26 de junio fui parte de la cobertura colectiva de Indymedia Argentina que fue articulada con las áreas de prensa de algunos MTD de la Anibal Verón y con el colectivo Anred. Como parte de esa unidad, habíamos organizado una serie de reuniones previas, en el Barrio La Fe de Lanús y en La Florida, San Francisco Solano, previendo que podría haber represión pero sin imaginar la magnitud.
Dos semanas antes de la Masacre de Avellaneda, gracias al fundador de Indymedia Argentina, Sebastián Hacher, había conocido a Dario Santillan, justamente en Guernica, Presidente Perón, de donde era Maxi Kosteki.
Fue una experiencia que me marcó. Vi el momento en el que comenzó la balacera policial. En medio de los gases hice un reporte telefónico en el que dije que estaban disparando balas de goma y algo más. Llegué hasta la Shell a donde vi a Aurora Cividino herida de plomo en un pié. Ahí, una compañera del MTD de Lugano me dió su cámara de video, la digital de fotos que yo tenía se había trabado. Fuimos hasta la Estación donde filmé el charco de sangre donde habían asesinado a Darío. Vi a  la gente yendo y viniendo, esquivando la sangre. Escuché las voces de los compañeros denunciando los fusilamientos. Seguimos registrando la cacería policial en Pavón. Constaté cómo cambiaba la realidad cuando la filmaba, los policías, al verme con la cámara, evitaban pegarle a unos jóvenes piqueteros que estaban deteniendo. Luego de la irrupción policial en el local del PC, uno de ellos me apuntó y lo registré. En la comisaría 1era reclamamos por la libertad de los detenidos. A la noche, nunca olvidaré cómo titulamos en la página de Indymedia: Asesinos.
Lo dejé escrito en detalle en el texto publicado en Indymedia que titulé: Lo que me tocó ver el 26 de junio y que firmé con mi seudónimo de entonces, torniyo.
Al mes de la Masacre estrenamos en el primer acampe cultural el documental de Indymedia, Piquete Puente Pueyrredón, que contiene esas imágenes que registramos y una edición de la cobertura de los medios.

Me parece importante resaltar la importancia de Indymedia y los medios alternativos, algo que quedó reflejado en el libro Dario y Maxi, dignidad piquetera, escrito por Pablo Solana junto con otros compañeros. Éramos parte de un entramado de medios comunitarios., junto con La Conjura TV de Rosario, Anred, Argentina Arde, FM La Tribu y muchísimos otros más. La lucha de los MTD era parte de la Argentina que nos entusiasmaba y daba esperanza en una realidad muy difícil.

Me queda la sensación de bronca de ver la pantalla de los principales medios justificando la represión. Luego entendí que aun siendo así, por derecha muchos cuestionaban a los medios, en el presente lo hacen cada vez más, por darle visibilidad a los piqueteros.

Tengo muy presente la sensación de odio contra los represores y la bronca ante quienes los justifican, así como la conciencia de la injusticia y la impotencia de lo irreparable ante el dolor de los familiares y compas. A la vez, me queda indeleble el amor al pueblo que lucha por pan y trabajo. La certeza de que el poder popular es una realidad palpable es una enseñanza siempre presente. Venimos del Puente Pueyrredón.

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Desde entonces, haber estado allí, conocer esa verdad y querer gritar a los cuatro vientos que Darío y Maxi viven en la lucha popular, es el motor para la militancia que siguió a  Indymedia, que fue en el MTD de Lugano y en el área de prensa del Frente Popular Darío Santillán. Inserto en las redacciones, no me convertí naturalmente en un activista sindical del gremio de prensa. Junto a varias compañeras y compañeros, muchos de los cuales nos forjamos en la militancia del 20 de diciembre de 2001 y el 26 de junio de 2002, fundamos el Sindicato de Prensa de Buenos Aires, que es parte de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa.

Como activista e integrante de la conducción del SiPreBA estoy principalmente focalizado en la disputa de sentido alrededor de la protesta social y cómo la reflejan los medios de comunicación. Uno de los sentidos que tiene nuestra organización, que incluye a trabajadores de prensa de medios privados, públicos y autogestivos, es militar para que el aparato represivo no cuente con cobertura mediática. Se trata de una dimensión que puede implicar la diferencia entre la vida y la muerte y, si no se puede evitar la muerte, entre la justicia y la impunidad. Además de pelear por nuestros derechos laborales peleamos en contra de la censura y por un periodismo que sirva a lxs trabajadores y al pueblo que lucha y se organiza, un periodismo que no sea correa de transmisión de los poderes económicos. Por eso reivindicamos tanto la labor de nuestros compañeros de la TV Pública, de los reporteros gráficos que estaban en la Estación ese día, de los medios alternativos: con su trabajo registraron pruebas que sirvieron para condenar a los policías asesinos y contarle al mundo lo que en verdad había pasado. No era violencia piquetera sino violencia contra los piqueteros.

Los días previos al 26 de junio, los medios concentrados propiciaron la represión. Y el mismo día, y al día siguiente, la mayoría seguía en la tesis de no responsabilizar ni al gobierno de Duhalde ni a la policía. La movilización popular combinada con la tarea militante de la prensa popular, que incluía a las áreas de prensa de los MTD, a los medios alternativos y los trabajadores de prensa honestos insertos en medios masivos, dio vuelta la historia y se instaló que los asesinatos de Darío y Maxi fueron injustos. Sin embargo, dos décadas después es un terreno en disputa y así como sucede con los 30 mil y el Nunca Más, la ofensiva global ultraderechista y su capítulo argentino procuran avanzar sobre todas nuestras conquistas, las materiales y las simbólicas. Por eso es fundamental dar la disputa para que los medios no promuevan la represión ni estigmaticen las protestas. Que los medios sean vehículos para que se conozcan los motivos del reclamo y no para ridiculizar ni instalar mentiras, como sucedió recientemente con el acampe piquetero.

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Como hace 20 años, es fundamental no permitir que la represión sea silenciada y que sus responsables queden impunes.

Recordemos que no hace mucho el gobierno de Mauricio Macri con Patricia Bullrich en el ministerio de Seguridad quiso aplicar el Protocolo Antipiquete  con su corralito para la prensa. Siempre tuvieron muy presente lo que pasó el 26, pero del otro lado del mostrador: el de los que buscan impunidad para las fuerzas represivas. Con este aval político, la policía hirió durante el macrismo a más de 50 trabajadores de prensa y detuvo a al menos unos 20 que cubrían protestas, algo que el Sipreba y el CELS denunciaron ante la CIDH. El ataque macrista a la prensa fue sistemático: tanto para romper la solidaridad entre trabajadores de prensa y manifestantes como para atacar a los medios públicos y promover los cierres y despidos en general. Tenemos que tenerlo muy presente. No para conformarnos con las limitaciones del presente sino para ponerlas en perspectiva.

En ese sentido, es fundamental seguir dando la disputa para que las y los laburantes de prensa entendamos que no podemos ser engranajes de la maquinaria represiva. Nuestros derechos como laburantes de prensa fueron conquistados principalmente con lucha: es atentar contra nosotros mismos sumarnos o ser indiferentes ante la ola “antipiquete” que promueve la derecha.

Así como hace 20 años, es fundamental articular redes y no permitir que la represión sea silenciada y que sus responsables queden impunes.

Es un problema político serio que el Estado siga apostando por el modelo concentrado de medios, fortaleciendo a los grandes grupos en desmedro de cooperativas y medios provinciales. La democratización de la pauta es una disputa central. El Estado da pauta millonaria a patronales como las de Clarín, La Nación, Página 12 y Perfil sin exigirles que cumplan con sus obligaciones elementales como pagar sueldos no devaluados en tiempo y forma. Es necesario un sistema de medios democrático, federal, popular, con medios públicos fuertes, autogestivos empoderados y redacciones conscientes y organizadas en los privados, sin precarización y con sueldos dignos. Sólo así vamos a garantizar las mejores condiciones para que el periodismo no sea auxiliar de la policía y los patrones.

A la par que da la pelea dentro de los medios masivos hace falta generar medios propios para comunicar lo que hay “Detrás del Piquete” (así se llamó un periódico que se publicó después de la Masacre entre varios MTD de la Aníbal Verón). Que se conozca todo lo posible la voz y la labor cotidiana de la militancia: los proyectos productivos, cooperativas de trabajo, comedores populares y el sin fin de actividades culturales, educativas, artísticas que hacen los movimientos. Y que no sólo se queda en la pelea por satisfacer necesidades básicas, algo que es importantísimo, sino que tienen proyección política.
No se puede desconocer la dimensión revolucionaria de la militancia de Darío y Maxi. Las consignas de Trabajo, Dignidad y Cambio Social tienen una profundidad que excede el eje meramente reivindicativo.

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La necesidad de articular un proyecto político de poder popular que genere cambios de raíz en la Argentina y en Nuestra América es más que nunca una búsqueda imprescindible.

La movilización popular para reclamar pan y trabajo, para protestar contra la represión y reclamar justicia son elementos estratégicos. La reivindicación de la juventud militante también.

En aquel entonces permitieron torcer el brazo de quienes querían descabezar las organizaciones por sediciosas y extirpar la costumbre de ocupar los puentes y autopistas, y de paso también las calles, para reclamar. Darío y Maxi se revelaron como la contracara de la indiferencia de los 90, como el hilo rojo de continuidad entre las luchas de los 70 y la resistencia contra el neoliberalismo.
La disputa de fondo no está resuelta. La miseria planificada de la que hablaba Rodolfo Walsh sigue instalada. Vivimos un presente donde se constata la desigualdad estructural y la dependencia a los organismos internacionales de crédito. La ultraderecha está envalentonada,  las patronales del campo presionan por hacer retroceder aún más el Estado en la posibilidad de que haya alguna redistribución, acechan revanchistas buscando su segundo tiempo en el que puedan avanzar sobre los derechos laborales, ajustar más e impedir hasta el más tímido intento de que haya justicia social. En ese contexto, es necesaria la reivindicación de los motivos por los que Darío y Maxi fueron esa mañana soleada y fría de junio a cortar el Puente Pueyrredón. Pedían recursos para los más necesitados y que no quede nadie afuera. Se solidarizaban con otros sectores en lucha, como los obreros de Zanón y los presos por luchar. Es un insumo esencial para la construcción de un proyecto emancipador  poder comprender la importancia de no dejar caer esas banderas.
En este presente, luego del empobrecimiento que sufrimos con el macrismo y con la pandemia, es muy importante que se escuchen los reclamos que plantean las organizaciones. Como dice Dina Sánchez, del FPDS-UTEP: “es hora de tomar dimensión de la brutal catástrofe económica en la que está sumida gran parte del pueblo”. Es fundamental poner en agenda la necesidad de avanzar en un Salario Básico Universal, “un derecho que permitiría a millones de argentinos y argentinas salir de la situación de indigencia hacia la formalidad laboral”. Sin esta continuidad entre las luchas no podremos nunca transformar de raíz la realidad.

(*) El texto forma parte del libro Darío y Maxi. 20 junios. La ilustración pertenece a Maximiliano Kosteki
(**) Tomas Eliaschev es integrante del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA).

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