Fútbol y apartheid: entre la normalización y la resistencia. Campaña ¡Uruguay, no vayas!

«Mientras utiliza el deporte para normalizar su régimen de apartheid a los ojos del mundo, Israel también hace todo lo posible para impedir los deportes palestinos, porque entiende correctamente que son un acto de resistencia.» Ramzy Baroud

«Por favor, no vayan a entrenar donde los soldados israelíes se entrenan para matarnos.» Carta del club Al Khader a la selección uruguaya de fútbol

Aunque no soy aficionada al fútbol, quiero referirme aquí a un fenómeno específico de la maquinaria de propaganda israelí: el sportswashing o lavado de imagen a través del deporte, y a una campaña relacionada que se lleva a cabo en Uruguay.

En las últimas décadas, a medida que el movimiento palestino y global de BDS crecía y revelaba al mundo el verdadero rostro del apartheid, Israel empezó a desplegar una millonaria estrategia de propaganda destinada a mostrar una imagen ‘amigable’ del país. Para ello creó un Ministerio de Asuntos Estratégicos y lanzó la campaña “Marca Israel”, que busca inundar sobre todo a los países del Sur Global con becas, invitaciones y patrocinios de eventos científicos, deportivos y culturales. Estas operaciones de propaganda han sido calificadas de whitewashing  (blanqueo de imagen), con sus variantes específicas para las distintas áreas en que se aplica: greenwashing (el ambientalismo), pinkwashing (los derechos LGBTQ), bluewashing (el agua), purplewashing (el feminismo), etc. El objetivo es siempre el mismo: mostrar a Israel como un país amable, liberal, avanzado y democrático (el único de Medio Oriente) y encubrir sus crímenes contra el pueblo palestino.

Debido a la enorme popularidad que tiene el fútbol en América Latina, la propaganda israelí ha apuntado a cooptar a seleccionados nacionales invitándolos a jugar partidos amistosos en Israel. Lo hizo con el de Argentina en 2018, pero la campaña de BDS “Argentina no vayas” logró cancelarlo; en 2019 con los de Uruguay y Argentina, y la campaña “Rioplatenses no vayan” no pudo frenarlo, a pesar de que dos clubes de fútbol palestinos enviaron cartas pidiéndoles que no se prestaran a ese blanqueo de imagen. En 2022, en el marco del próximo –y nefasto− Mundial de Catar, de nuevo invitó a ambos seleccionados por separado a jugar partidos amistosos con su par israelí; al de Uruguay, además, lo invitó a hacer en Israel la preparación final para el Mundial, de camino a Catar.

La movilización en Argentina logró que la AFA cancelara el amistoso de su seleccionado con el israelí. En Uruguay, por el contrario, la AUF anunció que la selección estará en Israel entre el 10 y el 20 de noviembre para jugar un amistoso con la selección local y entrenarse para el Mundial. Por eso un conjunto de activistas y colectivos lanzaron la campaña ¡Uruguay, no vayas!. El 3 de junio entregaron una carta en la sede de la AUF firmada por 22 organizaciones sociales, deportivas y de derechos humanos en la que piden a la selección uruguaya que «respete el llamado del pueblo palestino y de sus futbolistasa no colaborar en el lavado de imagen del régimen de ocupación militar y apartheid de Israel a través del “juego bonito” y el deporte

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Y es que «con el apartheid no se juega», afirma un slogan de la campaña que exhorta a la selección celeste a que «no manche la camiseta colaborando para encubrir los crímenes del apartheid israelí». Y le recuerdan que «cuando Sudáfrica vivía bajo un régimen de apartheid,hubo una campaña internacional potente para sancionar y aislar a ese país; y el deporte jugó un papel clave en esa campaña. Israel también es un Estado de Apartheid.» La sociedad civil palestina lleva dos décadas denunciándolo, pero este último año también han coincidido las principales organizaciones israelíes e internacionales de derechos humanos: Yesh DinB’TselemHuman Rights WatchAmnistía Internacional, así como el saliente Relator Especial de la ONU para los DD.HH. en el Territorio Palestino Ocupado, y también la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard.

Además −afirman las organizaciones uruguayas en su carta a la AUF− «los jugadores palestinos son frecuentemente agredidos, asesinados, heridos, mutilados, reprimidos y encarceladospor la ocupación colonial israelí; sus estadios son bombardeados; su libertad de movimientoes violada constantemente para que no puedan reunir a la selección nacional (repartida entre Gaza y Cisjordania), ni entrenar, ni salir al exterior a participar en competencias internacionales. También Israel prohíbe a los clubes importar equipamiento deportivo.»

«Durante el último año, las fuerzas israelíes asesinaron a cuatro futbolistas adolescentes en Cisjordania: Mohammad Ghneim(19), Saeed Odeh(16), Thaer Yazouri(18) y Zaid Ghneim(14). ¿Quién no recuerda a los cuatro niños asesinadospor un misil israelí cuando jugaban al fútbol en la playa de Gaza?»

En resumen, dicen las organizaciones uruguayas, «Israel impide a los palestinos jugar al fútbol.» Y recuerdan que los clubes de fútbol palestinos llevan años pidiendo a la FIFA que sancione o suspenda la afiliación de la Asociación de Fútbol de Israel (AFI) por sus constantes agresiones a los futbolistas palestinos y por las medidas represivas, restrictivas y racistas que impiden el desarrollo del deporte en Palestina y violan los valores que la FIFA dice promover. Deportistas e instituciones del mundo entero también han expresado su condena a Israel por estas políticas, y piden a la FIFA que actúe por el pueblo palestino y sus deportistas. Pero la FIFA hace oídos sordos; por eso una campaña internacional de presión busca acabar con esa impunidad.

La presión de la campaña uruguaya sobre la AUF también está llegando desde el exterior, empezando por los mismos territorios palestinos ocupados. La Asociación Palestina de Fútbol (APF, miembro de la FIFA desde 1998) y los clubes deportivos Al Khader (de Belén) y Ebal (de Nablus) escribieron a los jugadores uruguayos para pedirles que no sean cómplices del apartheid.

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La APF le recordó a la AUF que «la Asociación de Fútbol Israelí ha violado sistemáticamente y con impunidad los mismos estatutos y normas éticas que hemos intentado defender por años: organiza actividades futbolísticas en las colonias ubicadas en los territorios palestinos, internacionalmente reconocidas como ilegales de acuerdo a numerosas resoluciones de la ONU; permite que más de seis equipos de fútbol con sede en esas colonias ilegales jueguen en su liga nacional, mientras impide el movimiento, arresta y asesina a jugadores palestinos y destruye nuestras instalaciones deportivas.»

El club Al Khader, al cual pertenecían dos de los jugadores adolescentes asesinados este año por Israel, escribió: «Por amor a nuestros compañeros de equipo y al juego, les instamos a que nos ayuden a parar lo que Amnistía Internacional denomina asesinatos “sistemáticos, ilegales y arbitrarios” de palestinos por parte de Israel (…)  Con Zaid y Mohammed en nuestros corazones, pedimos a Uruguay que entrene en otro lugar, y que al hacerlo, ayude a evitar que Israel siga matando las vidas y los sueños de los jóvenes jugadores palestinos.»

Y en su carta el club Ebal afirma: «el fútbol juega un papel poderoso en la construcción de una cultura de tolerancia y respeto, y en el fomento de relaciones amistosas entre las naciones. Permitir que nombres de estrellas del fútbol como Luis Suárez sean utilizados para lavar mediante el deporte los crímenes del apartheid nunca servirá para ese noble propósito

También elchileno Nicola Hadwa, que fue entrenador de la selección palestina de fútbol, envió un mensaje en video y una carta a la selección uruguaya relatando las penurias que el régimen israelí impone sobre los futbolistas palestinos. «Israel asesinó a siete jugadores que yo entrené.» sostuvo Hadwa; «en total asesinó a 12 futbolistas.» Y las organizaciones judías IJAN (Red Internacional Judía Antisionista) y Judíxs por el Derecho al Retorno Palestino también pidieron a la selección uruguaya que no sea colabore con el apartheid israelí.

Mientras tanto, y a pesar de todos los pesares, la selección palestina de fútbol logró clasificar para la Copa de Asia 2023, tras derrotar a Yemen, Mongolia y Filipinas. Solo quienes conocen las condiciones y el contexto en que los jugadores palestinos practican el fútbol pueden calibrar la magnitud de esta hazaña, como bien lo expuso el politólogo y escritor gazatí Ramzy Baroud, historiando las atrocidades israelíes:

– En 2006 el régimen sionista impidió a la selección nacional palestina disputar el partido clasificatorio para la Copa de Asia, y en 2007 el partido de precalificación para el Mundial (2007). En 2019 no se pudo jugar el partido final de la Copa Palestina porque Israel prohibió al club Khadamat Rafah, de Gaza, viajar a Cisjordania para jugar contra el Balata de Nablus.

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– 2009 fue un año particularmente mortífero para el fútbol palestino: en enero, durante la brutal operación Plomo Fundido sobre Gaza, Israel asesinó a tres prometedores futbolistas: Ayman Alkurd, Shadi Sbakhe y Wajeh Moshtaha. Dos meses después, un francotirador israelí asesinó al talentoso Saji Darwish (19) cerca de Ramala. En julio, Mahmud Sarsak, que llevaba solo seis meses en la selección nacional, fue arrestado y torturado, y mantenido durante tres años bajo detención “administrativa” (sin cargos ni juicio); fue liberado tras una huelga de hambre de 90 días que le dejó secuelas de por vida y terminó con su carrera deportiva. Otros jugadores, como Sameh Marabaa, también han pasado largos períodos en detención arbitraria.

– En enero de 2014, soldados israelíes dispararon deliberadamente a las piernas de los futbolistas Jawhar Nasser Jawhar (19) y Adam Abd al-Raouf Halabiya (17), que volvían de un entrenamiento en el estadio Faisal al-Husseini. Los atacaron con perros policías, los arrastraron y golpearon en el piso. Jawhar recibió 11 balas en sus dos pies y en una mano, y Halabiya una en cada pie. Ninguno de los dos pudo volver a jugar al fútbol, y Jawhar apenas a caminar. También en 2014 fue asesinado el ex futbolista Ahed Zaqqut.

– En Gaza, el Estadio Palestino −donde juega la selección nacional− fue bombardeado en 2006 y 2012. La segunda vez, el impacto de cuatro misiles dejó grandes agujeros en la cancha. También fueron parcialmente destruidos un salón interior donde se practica basket, handball y otros deportes, y otro edificio del ministerio de la juventud y el deporte. Los daños fueron estimados en varios millones de dólares.

– En 2019, el ejército israelí atacó el Estadio Al Khader en Belén, lanzando gas lacrimógeno a los jugadores durante un partido. Cinco jugadores tuvieron que ser hospitalizados, y cientos de fans huyeron en pánico. La misma suerte ha sufrido en varias ocasiones el Estadio Faisal Al-Husseini, de Jerusalén, donde juega la selección nacional.

No obstante, señala Baroud, la comunidad deportiva palestina aprendió a ser resiliente y a tener recursos. «La selección palestina de fútbol es el ejemplo perfecto de esta tenacidad: cuando los jugadores de Gaza no pueden viajar, los de Cisjordania acuden al rescate; y cuando los jugadores de Cisjordania sufren una restricción, jugadores de la diáspora palestina viajan a ocupar su lugar

Esta clasificación a la Copa de Asia 2023 es una prueba más de que la resiliencia palestina no tiene límites, y un mensaje a Israel de que sus medidas injustas y draconianas nunca romperán el espíritu del pueblo palestino, sostiene Baroud. «El fútbol forma parte de la lucha palestina por la libertad»; por eso los clubes llevan el nombre de mártires, y la selección nacional es conocida como la Fida’i, por los combatientes fedayines. Y agrega: «Para el pueblo palestino, el deporte ha sido una forma de resistencia cultural que le ha permitido luchar contra el apartheid y la ocupación militar israelíes, y contra la negación de su identidad». En los partidos de fútbol, a través de los cánticos, los símbolos y el ondeo de la bandera, la población palestina –en su tierra y en todo el mundo− ve al deporte, especialmente al fútbol, como una forma de afirmación colectiva de su identidad.

La campaña ¡URUGUAY, NO VAYAS! invita a
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