Al borde de la cornisa: Batakis peregrina a Washington

La hipótesis de los ministros Guzmán y Batakis se mostró fallida: intentar calmar a los dueños de todo, jurando fe fiscalista y honrar al Fondo es una ilusión. A las devaluaciones las carga el diablo: de consagrarse implicaría una licuación acelerada, aún mayor, de todos los ingresos de la clase trabajadora y de los sectores populares. El juguete rabioso: un newsletter al calor de una semana crítica.

En marzo, cuando cerró la negociación con el FMI, el exministro de Economía, Martín Guzmán, expuso una hipótesis: que con el acuerdo bajo el brazo podría lograr la calma de la economía. La ilusión duró tres meses. Bajo el mismo catecismo, su reemplazante, Silvina Batakis, confió en que reafirmando los términos del acuerdo lograría tranquilizar a los “mercados”. El resultado fue la disparada de los dólares paralelos, del riesgo país y la caída de la cotización de los bonos argentinos.

El 11 de julio, en su primera conferencia de prensa, la ministra afirmó que “el tipo de cambio multilateral está en una situación de equilibrio”. De esta forma, intentó poner un dique de contención a las presiones por una devaluación del peso argentino. Pero a diez días de aquella conferencia, las decisiones que tomó el gobierno implican, en los hechos, una devaluación de algunos segmentos del mercado cambiario.

Es lo que ocurre con el aumento de la retención para el consumo de dólares de los turistas argentinos que visitan otros países. A esto, sigue otra medida. Ayer trascendió que el oficialismo busca implementar en lo inmediato un tipo de cambio especial para la compra de dólares a los turistas extranjeros que visitan nuestro país.

Es una invitación, un incentivo, a que los visitantes vendan dólares en el circuito oficial para evitar que vayan a venderlos en el circuito ilegal: el del “dólar blue”. De esta forma, el Banco Central se transforma en un “cuevero” más de la calle Florida. Resta saber cómo se implementa la medida y sí, efectivamente, logra el resultado que se propone. Por el momento, el simple trascendido de la evaluación de la medida, disparó más el dólar “blue”.

Con esta iniciativa, el gobierno reconoce lo que negaba hasta ayer: que el circuito del dólar “blue”, aunque es menor en volumen de dólares transados, mueve bastante el amperímetro de las expectativas. No solo eso. El oficialismo oficializa en los hechos la brecha cambiaria. En el semanario Ideas de Izquierda, junto a Esteban Mercatante, intentamos explicar por qué las alquimias monetarias, como algún grado de desdoblamiento cambiario, no pueden resolver los problemas estructurales del país (se puede leer haciendo clic acá).

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Además, pagar más pesos por cada dólar a los turistas extranjeros es una invitación para que los barones del agronegocio, que retienen parte de la cosecha a la espera de (o para provocar) una devaluación del dólar oficial, exijan que se consagren para ellos los mismos “derechos” reconocidos a los turistas extranjeros.

Los datos que publicó este miércoles el INDEC exhiben una reversión del saldo mensual positivo del comercio exterior: en junio, por primera vez desde diciembre de 2020, el saldo estuvo en rojo. Una presión adicional para un salto del dólar oficial.

Ese saldo es resultado de los retrasos en la liquidación de granos, de las maniobras de importadores y exportadores para sacarle o no entregarle dólares al Banco Central, pero fundamentalmente de las debilidades de la estructura económica del país: aumentaron sustancialmente las importaciones de bienes intermedios que consume la industria debido a su atraso productivo y las compras de combustibles por el aumento de los precios internacionales, pero también por la crisis energética que el país atraviesa hace mucho tiempo.

La hipótesis de los ministros Guzmán y Batakis se mostró fallida: intentar calmar a los dueños de todo, a los que consideran un derecho sagrado apropiarse de la mayor cantidad posible de la riqueza que producen otros (las trabajadoras y trabajadores), jurando fe fiscalista y honrar al Fondo es una ilusión.

A las devaluaciones las carga el diablo: todas las fuerzas que conducen hacia un salto general en el tipo de cambio oficial están desatadas. Incluso dentro del oficialismo hay quienes creen que es una “salida”. Aunque no podrían indicar hacia donde conduce esa “salida”. De consagrarse la devaluación oficial implicaría una licuación acelerada, aún mayor, de todos los ingresos de la clase trabajadora y de los sectores populares golpeados desde el regreso, en 2018, del Fondo a la Argentina gracias a los oficios de Mauricio Macri.

La devaluación, además, agudizaría las tendencias a la desaceleración económica, o por qué no a la recesión, que surgen de las medidas implementadas en las últimas semanas: entre otras, la suba de tasas de interés y las restricciones a las importaciones.

En el Frente de Todos se perciben al borde de la cornisa y buscan tender puentes hacia Juntos por el Cambio. En última instancia, entre todos pusieron en píe el régimen del FMI, que es quien comanda y comandará la economía por las próximas décadas.

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La chispa adecuada

Alberto Fernández se encontrará con Joe Biden la semana próxima. A la delegación argentina se sumará la ministra de Economía, Silvina Batakis, que gestiona un encuentro con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva.

La peregrinación a Washington tiene el objetivo de lograr una flexibilización en el acuerdo con el organismo internacional: en particular, en el objetivo de juntar reservas en el Banco Central. El “pícaro” de Fernández irá con un argumento que es música para los oídos de Biden: dirá que todo es culpa de la decisión de Rusia de invadir a Ucrania. El presidente yanqui tiene la llave para una flexibilización con el Fondo: su país es el mayor accionista de este organismo de dominio imperialista.

En este segundo semestre, la nueva ministra deberá atravesar el desierto sin agua: el Fondo exige un recorte del gasto real (descontada la inflación) de casi el 8 % mediante la licuación de salarios públicos, haberes jubilatorios, transferencias a provincias y a empresas públicas. No solo eso. También exige que se presenten propuestas de contrarreforma previsional.

Para lograr una flexibilización, Batakis lleva una ofrenda al FMI: la segmentación de tarifas y el revalúo inmobiliario. Las dos medidas tendrán fuerte impacto en sectores de “clase media” e incluso de hogares de asalariados. Son una caja de Pandora. Del revalúo todavía no existen detalles. Pero, en la segmentación de tarifas existe un grado importante de improvisación y falta de unidad de criterios entre los funcionarios a cargo de implementar la medida.

La quita de subsidios energéticos afectará a hogares que llegan a fin de mes no muy holgados: por ejemplo, aquellos que tienen dos integrantes con salarios no muy lejanos a las remuneraciones promedio del sector privado registrado podrían traspasan el umbral para ser considerados “ricos”, según el particular concepto de quienes armaron el Frankenstein de la segmentación.

La disyuntiva entre tarifazos o subsidios es el mejor homenaje a la privatización menemista de los servicios públicos: entre los defensores del régimen capitalista nadie se atreve a discutir que la energía debería ser considerada un derecho humano (de algo de esto conversamos en El Círculo Rojo con el investigador Álvarez Mullally a propósito de Vaca Muerta y la transición energética: clic acá).

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Los aumentos de gas y electricidad para quienes pierdan los subsidios van a ser muy fuertes, aunque su aplicación será progresiva. Se implementarán desde agosto, es decir impactarán en las facturas que se reciban en septiembre. Para agosto también aumenta 40 % el transporte en el AMBA. Otra ofrenda al Fondo con el objetivo de reducir subsidios. Los tarifazos son la chispa adecuada para fogonear un malestar social creciente. El FMI es un bombero loco que ya prendió fuego varios países con la misma receta: aumento de tarifas.

En Washington, la ministra también tendrá como misión confirmar lo que había pactado su antecesor, Martín Guzmán, en relación a que la evaluación del cumplimiento del acuerdo se efectúe a año vencido, es decir durante el primer trimestre de 2023. Es una forma de patear en el tiempo el pedido de un “waiver” (perdón) por incumplimiento o directamente reconocer la caída del acuerdo porque hace aguas por todos lados. De lograr mantener los términos acordados por Guzmán, la nueva ministra dejaría planteado el escenario de una nueva crisis de pagos o renegociación del acuerdo para la “previa” de las elecciones.

Batakis no la tiene fácil. Como lo que expresó un editorial del diario británico Financial Times (clic acá), existe una fuerte presión del capital financiero internacional para que el Fondo sea más duro con Argentina. Una muestra más de que, o se rompe con el FMI, o ellos rompen todo.

Cosas para cuando las horas bajan

El Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (CADTM) publicó un texto de 1985 escrito por el fallecido marxista Ernest Mandel. Allí habla sobre “La espiral infernal de la deuda externa” en momentos de la crisis de deuda de la década de 1980. Mandel expone un dato nada novedoso: que Argentina experimenta una gigantesca exportación clandestina de capitales hacia el exterior. Más allá de este “detalle”, el texto es muy sugerente para entender la deuda como mecanismo de sometimiento por parte de los centros imperialistas y la necesidad de romper con esa espiral infernal. Se puede leer haciendo clic acá.

El número rabioso

Las proyecciones privadas ubican la inflación de julio con un aumento alrededor del 8 %. La estimación de la suba de precios anual llega hasta un nivel cercano al 80 %. Y podría irse más alto todavía.

Fuente: La izquierda diario

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