No fue magia. Presión para devaluar: ¿a dónde se fueron los dólares que faltan?

Los dólares financieros y blue escalaron hasta un 16 % en una semana, la brecha con el dólar oficial supera el 100%. En las últimas semanas se agudizó la presión por un aumento del tipo de cambio. Faltan divisas, pero este año hubo récord de exportaciones por los altos precios internaciones. ¿Qué pasó con los billetes verdes? Hay un saqueo estructural de dólares.

El dólar blue superó la barrera de los $ 300 esta semana, y las distintas cotizaciones del billete verde también subieron. El dólar blue cerró este viernes a $338, nuevo récord nominal, y aumentó $ 47 en la semana, en tanto el dólar MEP trepó $ 24, y el contado con liqui $ 25 en el mismo período. La brecha entre el dólar blue y el mayorista alcanza el 160 %.

En la actualidad las reservas internacionales llegan a unos U$S 39.747 millones, pero se calcula que hay unos U$S 3.000 millones de reservas internacionales de libre disponibilidad, separando las divisas que se encuentran en manos de privados o los pasivos que contrajo el BCRA, como el swap con China. La consultora PxQ calculó en mayo que al Central le faltaban U$S 2.400 millones para alcanzar la meta de acumulación de reservas que acordó con el FMI en el segundo trimestre del año, un dato previo a la corrida cambiaria.

El mensaje de Silvina Batakis a los “mercados” (fondos de inversión, bancos, empresas, capitalistas, en general, y el capital financiero, en particular) de profundizar el ajuste y cumplir con el acuerdo con el Fondo fracasó, ya que no le creen a la ministra. Eso quedó en evidencia con la aceleración de la presión devaluatoria de esta semana. Si se consuma una suba del tipo de cambio implicará una transferencia de ingresos regresiva desde el pueblo trabajador hacia el gran capital. Las consecuencias de una devaluación recaen sobre los trabajadores ya que impacta en la inflación y contrae el poder de compra de los ingresos populares. La semana próxima la ministra se reunirá con el FMI a la espera de que ese encuentro tranquilice al capital financiero.

¿Cómo se llegó hasta esta situación de escasas reservas cuando las exportaciones aumentaron? No fue magia, la falta de dólares es un problema recurrente en Argentina, denominado la “restricción externa”. ¿A qué se debe? a una estructura económica atrasada que para mantener su actividad necesita de dólares para importar insumos y maquinaria para la industria, e incluso también para el sector agropecuario que en las últimas décadas necesita cada vez más insumos y tecnología importada (incluyendo los agroquímicos de mayor toxicidad como el glufosinato de amonio).

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La escasez de divisas se profundiza por la fuga de capitales, los pagos de la deuda y los envíos de ganancias a sus casas centrales que realizan las firmas extranjeras. La mayor extranjerización del aparato productivo es otra de las consecuencias de las políticas económicas de las últimas décadas. Entre las 500 grandes empresas del país las firmas extranjeras representan el 61 % y explican el 77,5 % del Valor Bruto de la Producción (VBP).

Comercio exterior concentrado en pocas manos privadas

En el primer semestre del año las exportaciones alcanzaron U$S 44.377 millones, un aumento del 25,5 % en relación al mismo período de 2021. El valor de los primeros seis meses del año es una cifra récord si se analiza la serie histórica del Indec. Por efecto de la guerra y la pandemia aumentaron los precios internacionales.

Pero la recuperación de la economía, dada la estructura industrial, que es atrasada en relación a los países centrales, provoca un aumento de la demanda de dólares para la compra de bienes intermedios y de capital. En el primer semestre las importaciones llegaron a U$S 41.284 millones, un incremento de 44,4 % en comparación con los primeros seis meses del 2021, con un salto de 189,7 % en los combustibles y lubricantes. Del total importado, un 70% se explica por bienes de capital, intermedios y piezas y accesorios para bienes de capital. El nivel de importaciones acumulado en el primer semestre del año también fue de los más elevados al ver la serie del Indec.

Además, muchas empresas adelantaron importaciones o sobrefacturaron las compras al exterior con el fin de obtener dólares baratos por parte del Banco Central. Así, por ejemplo, esta semana la Aduana informó que presentó una denuncia penal contra una empresa por “alquilar” medidas cautelares en su favor a otra empresa, una operación que le permitiría importar sin requerir la autorización necesaria para acceder al dólar oficial. Las operaciones fraudulentas de los agroexportadores también quedaron en evidencia con el caso Vicentin, que estafó al Banco Nación y también triangulaba exportaciones para evadir los pagos de retenciones al fisco, pero el gobierno de Fernández retrocedió de su anuncio de intervención.

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Una fuente importante de dólares es el comercio exterior. Pero en la actualidad es controlado por un oligopolio privado, en su mayoría extranjero (ADM-Toepfer, Bunge, Cofco, Cargill, y la empresa argentina Aceitera General Deheza, entre otras) quienes acumulan dólares o los grandes productores que retienen granos a la espera de una devaluación. Un monopolio estatal del comercio exterior, como propone la izquierda, permitiría administrar las divisas generadas por las exportaciones en función de las necesidades de una producción al servicio de las mayorías populares y no de las ganancias de unos pocos. Es importante administrar las importaciones y que se priorice la compra de lo necesario para el funcionamiento productivo y la atención de las necesidades de la población. También es necesaria la estatización de los puertos que hoy están en manos privadas, y la expropiación de los 4.000 grandes propietarios.

La deuda de las empresas

Otra ventanilla por la cual salieron los dólares fueron los pagos de la deuda externa del sector privado. Según un comunicado del Banco Central, “entre finales de 2015 y 2019 las empresas incrementaron su endeudamiento financiero externo en más de U$S 20.000 millones, hasta alcanzar un volumen global de U$S 45.045 millones, acompañando el esquema de políticas de desregulación y elevados tipos de interés doméstico”. La autoridad monetaria justificó el acceso a estos dólares y afirmó que entre enero de 2020 y abril de 2022 los pagos netos en moneda extranjera realizados por empresas fue por U$S 5.367 millones. Lo que no aclara el comunicado es por qué no se investigó este incremento exponencial del endeudamiento de las empresas y se facilitaron las divisas.

Según el último informe del BCRA, la deuda externa privada es de U$S 76.206 millones para el cuarto trimestre de 2021, de la cual el 42% fue tomada con empresas del mismo grupo. Es como un “autoprestamo”, que tiene intereses, de los cuáles se beneficia el mismo grupo empresarial y se pagan con dólares del Central a dólar oficial. Es una maniobra de evasión impositiva y fuga de capitales.

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Lucía Ortega y Julio Perez explican que esa suma de “autoprestamos empresariales” equivalen actualmente a U$S 31.920 millones, que representa aproximadamente el 70% del préstamo del Fondo al gobierno de Macri.

Endeudar y fugar

La deuda pública es otra canilla por la cual se van los dólares y es un mecanismo de dominación impuesto por los centros financieros internacionales. El Gobierno de Alberto Fernández reconoció la deuda del macrismo y dejó de denunciar la complicidad del FMI en la fuga de capitales. También quedó en evidencia que era falso que se pudiera negociar con el Fondo y evitar las políticas de ajuste.

La deuda es una pesada hipoteca sobre la clase trabajadora. Ya se pagaron más de U$S 600.000 millones desde 1975, pero a partir de 2025 hay fuertes vencimientos con los acreedores privados, los lobos de Wall Street, por la reestructuración de la deuda que hizo Guzmán en 2020, y en 2026 se sumarán los pagos por la nueva deuda al FMI. Las consecuencias de pagar recaen sobre los trabajadores y los sectores populares como ya sucede con los ajustes oficiales, y el Fondo pide más, “acciones dolorosas”, como dijo Kristalina Georgieva. Hay que movilizarse por el desconocimiento soberano de la deuda.

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La historia de la deuda argentina está relacionada a la fuga de capitales, que permitió que la clase dominante acumule en el exterior una suma que podría superar los U$S 400.000 millones. Una cifra similar al stock de deuda actual: U$S 376.300 millones.

Según un informe del Banco Central, durante el macrismo se fugaron U$S 86.000 millones y parte de esa fuga se financió con deuda. El periodista Horacio Verbitsky develó quienes fueron los que se llevaron esos dólares y aparecen empresas como Telefónica, Pampa Energía, General Motors, Shell, Quilmes, Monsanto, Aluar, Procter & Gamble, Arcor, entre otras.

Durante los gobiernos kirchneristas también hubo fuga de capitales, alrededor de U$S 102.000 millones que se financiaron con superávit comercial. Esto muestra que los dueños del país tienen una práctica habitual para fugar capitales al exterior, la misma clase social que es responsable de la decadencia argentina.

Los bancos actúan de manera permanente como el principal instrumento de la fuga y de las maniobras devaluatorias. Por eso es necesario establecer la nacionalización del sistema bancario mediante la expropiación de los bancos privados y la conformación de un banco público único, bajo gestión de los trabajadores. De esta manera se podría terminar con el vaciamiento del país vía la fuga de capitales y cuidar el ahorro nacional, también sería una herramienta para financiar la obra pública (viviendas, escuelas, hospitales), para otorgar créditos accesibles para la vivienda y otros fines a los trabajadores y sectores populares; o para ayudar a los pequeños comerciantes o productores arruinados por la crisis.

Fuente: La Izquierda Diario.

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