Ante las turbulencias de arriba, organización de les de abajo

Organicémonos para construir una alternativa a la crisis

No es la estabilidad una característica de estos tiempos. Todo pareciera fluctuar, en el mundo y el país, hacia mayores niveles de crisis y cimbronazos económicos. Esta hipótesis no es exclusividad de “izquierdistas” o “revoltoses” que pregonen el apocalipsis sistémico, sino que parte de formulaciones compartidas por las máximas autoridades del capitalismo mundial. 

Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), fue clara durante su disertación en el encuentro de ministros de Economía y bancos centrales previo al G-20: “Hay una crisis de deuda en proceso”. No es para menos, una decena de naciones se encuentran enfrascadas en la trampa de la usura internacional, acarreando en total unos U$S 400 mil millones de deuda en riesgo, de los cuales U$S 150 mil millones corresponden a la Argentina. 

Por otro lado, la guerra en Ucrania no ha hecho más que empeorar la situación arrastrada por la pandemia, fogueando aún más la inflación en las principales potencias europeas y en los Estados Unidos. Para peor, el gobierno liderado por Vladimir Putin anunció una ampliación de sus objetivos militares en territorio ucraniano lo que avizora una extensión en el tiempo de las consecuencias y secuelas económicas que viene generando la invasión (aumento de la inflación mundial, encarecimiento del precio gas, entre otras). 

De manera más directa o indirecta, estos sacudones económicos generaron crisis políticas en varios países con Sri Lanka a la cabeza tras la revuelta popular que hizo huir del país al entonces presidente Gotabaya Rajapaksa. La renuncia de Draghi en Italia y la de Boris Johnson en el Reino Unido son expresión de un tiempo marcado por la inestabilidad.

Las turbulencias del capitalismo no aminoran las disputas entre Estados Unidos/OTAN vs China/BRICS, todo lo contrario. Varios presidentes latinoamericanos queman sus manuales ideológicos y no dudan en acercarse al gigante asiático como ocurre con Bolsonaro en Brasil o Lacalle Pou en Uruguay. La ambivalencia de Alberto Fernández ante los dos bloques en disputa perdura aunque se desconoce hasta cuando pueda sortear la encrucijada expresada, por un lado a través de las presiones del FMI y por el otro de la billetera china. Primero debe sobrevivir al temporal, para luego evaluar a dónde redirecciona el barco.

Un barco a la deriva

Para la magnitud de la crisis estructural que afronta el capitalismo argentino, los resultados que dejó el encuentro entre la ministra Silvina Batakis y Georgieva parecieran ser por demás exiguos. Un compromiso de préstamo de U$S 200 millones del Banco Mundial y la gestión para destrabar otros U$S 800 millones que mantiene retenido el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros créditos para el sector energético, no se muestran suficientes para remontar una economía golpeada por la falta de divisas extranjeras y agravada por una corrida cambiaria de varias semanas.  Tal vez lo más significativo del viaje a los Estados Unidos, según afirman algunos medios, fue el sondeo de cara a solicitar un “waiver”, es decir una solicitud de aprobación de la próxima revisión del FMI pese a no llegar a cumplir las metas pautadas con el organismo. 

Nada de esto resuelve el problema actual. Aún sigue pendiente conocer cómo piensa el gobierno transitar los próximos dos meses del año, los cuales se vuelven centrales para el futuro de un barco que empieza a sentir la humedad en su cubierta. La debilidad del presidente se balancea en el peso sustancial que vienen ganando las grandes corporaciones agroindustriales que esconden bajo los silo bolsas entre 14 mil y 20 mil millones de dólares en soja, poder por el cual se sienten en condiciones de exigir una devaluación mayor de la moneda. Mientras, y ante un Banco Central vaciado, el dólar se disparó en todas sus variables llegando el “blue” a perforar el piso de los $320. Este dato no es menor si se tiene en cuenta que la moneda que se vende en el mercado informal viene siendo precio de referencia no solo para el ahorro sino para la comercialización e importación de bienes debido a la escasez que muestra el oficial o el contado en liqui. 

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A todo este descalabro financiero, el gobierno intentó enfrentarlo con restricciones al dólar turista, algo así como utilizar una aspirina para curar una enfermedad terminal. Como venía trascendiendo en los últimos días, se confirmó en las últimas horas la decisión del Banco Central de lanzar el “dólar soja” esperando que las corporaciones agrarias liquiden – beneficio mediante – unos U$S 2500 millones que ayuden a sortear las complicaciones de corto plazo. La medida no representa más que un nuevo gesto a los sectores concentrados de la economía que dispondrán de una valorización diferencial que los beneficiará respecto al esquema actual. De todas formas, entidades como la Sociedad Rural se mostraron poco expectantes con el anuncio. A esta altura y con el conflicto cambiario abierto, una duda existencial para el gobierno es cómo juntará los dólares necesarios para garantizar la importación de gas en los meses siguientes. 

Lejos de cerrar heridas en el frente de “Todos”, la batería de medidas pareciera haber fogueado aún más las internas que se ven plasmada en la operación que se generó en las últimas horas para que Sergio Massa asuma como superministro de Economía lanzando al ostracismo a Batakis en pocos días. Todo resta por confirmarse, pero varios de los grandes medios masivos de comunicación  se animaron a lanzar que solo con tales rumores, los mercados se habían tranquilizado un poco (en referencia a la caída del Riesgo País y la suba de los bonos).

El compromiso que Batakis le reafirmó a Georgieva, y que Massa no dudaría en suscribir,  tiene como directriz principal la “sostenibilidad fiscal”, es decir mantener y profundizar el ajuste.  Para ello el gobierno dio nuevas estocadas transversales a toda la clase trabajadora: mientras se confirmaba una inflación del 5,5% en junio, liberó un “tarifazo” del 40% en el transporte urbano del AMBA, al tiempo que empezó a delimitar un nuevo fracaso en la segmentación de las tarifas de luz y gas. Esta política no representa otra cuestión que la convalidación del fraude que desde hace décadas las empresas prestatarias vienen realizando a partir de los subsidios millonarios que les da el Estado sin que ello moviera el amperímetro de las inversiones que se necesitan para sostener un servicio digno. En Francia, Macron no tuvo opción y debió renacionalizar la empresa Électricité de France lo que de todas formas no impidió que tuviera que anunciar recortes en la prestación a partir de la reducción del alumbrado nocturno. A este paso, algunos analistas surgidos del mismo peronismo se preguntan qué pasará en el país cuando Batakis deba definir entre garantizar el suministro a los usuarios o bajarle la perilla al sector industrial.

La crisis no es solo económica. Las disputas internas dentro del frente de “Todos” parecieran haber aminorado con la última corrida cambiaria, pero no desaparecieron. Las diferencias macro planteadas por el kirchnerismo puro apuntan a responsabilizar al presidente en la negociación “light” con el FMI y la pérdida de 30 mil millones de las reservas del Banco Central. En el ámbito de la disputa interna y por el “control de la calle”, la jugada de la vicepresidenta Cristina Fernández se focalizó contra las organizaciones sociales, tanto oficialistas como opositoras. El ataque mediático propinado un mes atrás redundó en más de 40 allanamientos y la judicialización en masa de la militancia social que debió afrontar la arremetida del poder judicial en clara connivencia con gobernadores e intendentes, tanto peronistas como de “Juntos”. 

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Del barco amagan a saltar varios pero, por ahora, nada. La unidad defensiva entre los movimientos sociales opositores y oficialistas no implicó la ruptura hasta el momento de los últimos con el gobierno.  Con la arremetida de Cristina, el Movimiento Evita de Emilio Pérsico decidió reforzar su acompañamiento al presidente alineando tras de sí a Barrios de Pie-Somos y al PCR-CCC. 

Grabois y el Frente Patria Grande, tras mantenerse ajenos a la disputa con el kirchnerismo, decidió lanzarse a las calles junto a la CTA Autónoma de Hugo “cachorro” Godoy. Casi sin aliados para aprobar en el Congreso el salario universal, el referente del MTE apostó a “izquierdizar” su discurso sin romper lazos con La Cámpora y Cristina. 

Por el lado de la oposición patronal, hay acuerdo en no tender más manos a la gobernabilidad albertista hasta tanto el peronismo no unifique una posición común ante las directrices del FMI, que a esta altura se erige como la patronal de ambas coaliciones políticas. De todas formas, la internas en “Juntos” se mantienen y hacen imposible una alianza con Milei y compañía. Hasta ahora, Bullrich y Macri no lograron revertir la relación de fuerzas interna y vienen perdiendo la partida ante el acuerdo construido entre los radicales y el sector que responde al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta. 

La necesidad de apostar a una alternativa por izquierda

Desde el peronismo y los sectores liberales coinciden en algo; el gobierno de Alberto Fernández podría caer en los próximos dos meses.  Si esto sucediera, por ahora podemos decir que no será una revuelta popular o una rebelión similar a la del 19 y 20 de diciembre del 2001 la que expulse a los ajustadores. Por el momento todo se asemeja más al final de Alfonsín que al de De la Rúa. 

La pandemia y la guerra en Ucrania no hacen otra cosa que dar cuenta de la crisis estructural que viene afrontando el capitalismo argentino. En ese marco, los sectores populares aún no logramos poner de pie una iniciativa que nos posicione como alternativa por izquierda al descalabro por arriba. Es imperioso que podamos construir, en un corto plazo, una relación de fuerzas favorable a nuestros intereses y un programa político de salida a la crisis distinto al impulsado por los mercados y el FMI.  

Las luchas libradas por la Unidad Piquetera, de la que somos parte, vienen otorgando una mayor dinámica a los planteos por izquierda sobre un gobierno acorralado por derecha. Las organizaciones sociales han constituido una referencia importante de la lucha en las calles mostrando altos niveles de masividad en las distintas acciones llevadas a cabo a lo largo y ancho del país. De todas formas, esta unidad por sí sola no alcanza. Incluso  la pelea defensiva junto a los movimientos oficialistas se muestra insuficiente. Hasta ahora las convocatorias quedan reducidas a las estructuras organizativas, lo cual no es poca cosa, pero no llegan hasta el momento a interpelar al grueso de las masas empobrecidas del país ni a otros sectores de la clase obrera. Salvo honrosas excepciones, como el paro y las acciones del SUTNA para recomponer su salario, el grueso del movimiento sindical se encuentra paralizado en medio de la tormenta. 

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Las burocracias sindicales se han servido de la desmovilización general para mantenerse complacientes con el gobierno de turno, habilitando el desarrollo y consolidación del ajuste en curso.  La pérdida del poder adquisitivo y de derechos en general, ha llevado a millones de personas a rechazar todo tipo de intervención política, a abrazarse en la abstención o en el peor de los casos al acompañamiento de las expresiones más reaccionarias de la clase política.

Se vuelve urgente y necesario profundizar las iniciativas transversales a toda la clase trabajadora que rompa la sectorización de los reclamos y empiece a mostrar un bloque de lucha general contra el ajuste del gobierno y los golpes blandos del mercado. Con la unidad de las organizaciones sola no alcanza, es imperioso construir un programa amplio que discuta con toda la sociedad. 

Se vuelve urgente y necesario profundizar las iniciativas transversales a toda la clase trabajadora que rompan la sectorización de los reclamos y empiecen a mostrar un bloque de lucha general contra el ajuste del gobierno y los golpes blandos del mercado. Con la unidad de las organizaciones sola no alcanza, es imperioso construir un programa amplio que discuta con toda la sociedad. 

Esta perspectiva no prosperará si nace y muere dentro del activismo organizado. Debe ser el producto de un debate con la sociedad, sostenido en la organización desde abajo y la lucha en la calle, retomando las reivindicaciones sectoriales pero trascendiéndolas con planteos generales que logren politizar a les indiferentes y a les desencantades, así como cimentar el inicio de un camino que se enarbole como alternativa de la clase en su conjunto. 

Que la crisis se acumule por “izquierda” y no por “derecha” dependerá de que les trabajadores y las mayorías populares adopten un programa de salida a las turbulencias actuales y futuras. Desde nuestra perspectiva, esto implica un programa que anule el acuerdo con el FMI, que avance en la nacionalización del sistema financiero y del comercio exterior para evitar la fuga de capitales, que ponga freno a la inflación a partir de la aplicación de la ley de abastecimiento y la generación de un circuito de comercialización de alimentos a precios populares con base en las experiencias de producción de las organizaciones sociales; que establezca mecanismos para  obligar a la burguesía agraria a liquidar los miles de millones de dólares en soja, entre otras medidas que apunten a modificar la estructura socioeconómica y la matriz productiva del país. Para impulsar estas medidas se requiere de una gran resistencia popular, para que a su vez podamos evitar el brutal shock de medida en 100 horas que proponen las derechas, ya que buscan rápidamente reformar la legislación laboral, previsional y que destruir la trama organizativa de nuestra clase. 

Todo parece distante pero no menos necesario si lo que se pretende es evitar caminar varios años más en el desierto de la resistencia y los ajustes constantes. La participación, la organización colectiva, la movilización en las calles y el protagonismo popular por abajo son indispensables para pensar y construir nuestra propia salida a esta crisis. 

Corriente Social y Política Marabunta. Julio de 2022

Fuente: corrientemarabunta

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