Los derechos humanos y el socialismo como horizonte de época

Especial para ContrahegemoníaWeb

Producto del derrumbe del socialismo realmente existente los posmarxismos hicieron cuna en los progresismos, aunándose a varias tendencias y fuerzas políticas que van desde el nacionalismo revolucionario al reformismo y las izquierdas, provocando con ello un ethos social que forma y sustancia sus luchas políticas estatalizadas. Producto de ello la forma Estado se ha vuelto la arena política principalísima para vastos sectores sociales de la clase trabajadora, que olvidados de las cuestiones de clase, comulgan con la gobernabilidad opresiva del Estado liberal burgués.

En esta sintonía, como los derechos humanos son Estado, han sido usados como forma del lenguaje por parte de los así denominados gobiernos progresistas o nacional populares, haciéndolos formar parte de estos gobiernos capitalistas con el fin de no hablar en clave socialismo versus capitalismo (revolución-contrarevolución), sino justamente poder obturar las luchas emancipadoras mediante la clave Estado (popular) igual a derechos humanos y sociales que promulgan como idea-fuerza de época.

El régimen capitalista de este modo se asegura de ejecutar sus formas de opresión y explotación con un capitalismo permanente que es el neoliberal, y un capitalismo contingente que es el keynesiano o desarrollistai. La gobernabilidad la tiene asegurada a partir de conjugar estos modelos capitalistas, que además de este modo ocultan qué es la regulación y qué es la emancipación en las luchas sociales.

Entonces discursivamente se opera para que el sentido común de época asuma que una ley, dentro del régimen liberal-capitalista del Estado de derecho, puede ser y estar del lado de la emancipación al cumplirse con ella un derecho humano, cuando en realidad es una concesión por parte de las clases dominantes y sus gobernantes, producto de regular el conflicto social mediante ceder parcialmente un derecho conseguido por la lucha, pero que no trastoca el orden imperante.

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Desde aquí es que los derechos humanos sirven de discurso y praxis para la regulación social al estar institucionalizados, según esta visión no hay derechos humanos como reivindicación programática de otro mundo posible de ser habitado, sino que hay derechos humanos que el Estado nos otorga como una dádiva o como producto de la correlación de fuerzas. Signados por esta praxis los derechos humanos son progresivos, a la espera del derrame de la copa neoliberal o de la distribución de la riqueza del keynesianismo.

Esta forma interpretativa de los derechos humanos, entonces, nos quita una herramienta de lucha, una herramienta para pensar y consolidar un programa para la emancipación, ya que los derechos humanos o más precisamente les defensores de los derechos humanos cumplimos un rol muy preciso en las luchas, a saber: defensivo; es decir estamos cuando el derecho ya fue vulnerado, reivindicativo; mostramos las contradicciones del sistema capitalista que no puede cumplir con la integralidad de los derechos humanos; de antagonismo con la forma Estado, al ser los derechos humanos Estado, mediante el análisis de leyes, normas y su cumplimiento, mostramos el antagonismo entre el Estado capitalista y la plena vigencia de los derechos humanos.

Pero justamente para que el discurso de los derechos humanos no comulgue y sea protosocialista es que se busca que se trastoque y pase de las luchas que realizan las clases subalternas por el derecho al ambiente, por derechos sociales y laborales, feministas y antipatriarcales, por el derecho a la vivienda, por la memoria desde una perspectiva de clase y tantas más, al Estado para que sean llave de la gobernabilidad opresiva del capital.

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Es lo instituido que se come y digiere a lo instituyente, para sacarle todo lo disruptivo que puedan tener los derechos humanos. Debido a ello es que nos enseñan a los derechos humanos como tres y periódicas generaciones de derechos, liberales y positivistas, enmarcados dentro del Estado burgués de derecho. Pero hacia adentro de los derechos humanos hay una disputa, hay una hegemonía y está también la construcción de una contrahegemonía.

En esa construcción contrahegemónica nos encontramos sabiendo que hay un antagonismo intrínseco entre el capitalismo y los derechos humanos, pues estos son un playón desde donde desarrollar las luchas por la emancipación con una carta de navegación en contra de las clases dominantes que ostentan el poder estatal.

Los derechos humanos no pueden suplir la necesidad de pensar y accionar revolucionariamente, pero si los derechos humanos pueden sustanciarse desde una perspectiva de clase y anticapitalista, pueden ser y pensarse para y desde el socialismo. Siguiendo a Vladimir Lenin, “La revolución no se hace; se organiza”, pues los derechos humanos tienen mucho contenido para organizar las luchas.

Debido justamente al derrumbe del socialismo realmente existente y la deriva de las izquierdas en cuanto a programa, re-pensar los derechos humanos socialistamente puede, transitoriamente, alimentar una praxis contrahegemónica y servir de programa en lucha.

Para ello debemos disputar el sentido común de época y sostener que ya no hay dentro de los partidos del orden, sobre todo en el sistema bifrentista de la Argentina, ninguno que quiera ir por fuera del capitalismo ni defender realmente los derechos de la clase trabajadora frente al capital, es por ello que estamos llamados a articular una alternativa desde abajo, desde los sectores subalternos y las distintas luchas que desplegamos desde la clase, el derecho el ambiente, el feminismo, por los derechos laborales, articulando les sujetos que se construyen en antagonismo al capitalismo mediante la defensa de sus derechos humanos.

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Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE

Los derechos humanos y el socialismo como horizonte de época. i Acá estamos siguiendo a Juan Carlos de la Torre en su definición sobre el peronismo, que extendemos al capitalismo en general.

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