Por el derecho a la educación. En defensa del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires. (CBC-UBA).

Hace unos días circuló por las redes un nuevo ataque a la UBA y en particular al CBC por parte de agrupaciones simpatizantes de privatizaciones, arancelamientos, cupos de ingreso y demás cuestiones que, pensábamos, estaban saldadas. Frente a esto, una vez más las y los docentes nos damos el espacio para exponer algunas reflexiones en pos de reforzar la idea de que la educación superior es y debe ser siempre y en todo lugar un derecho fuera de las lógicas de mercado.  

Quienes trabajamos en el CBC defendemos mucho más que una fuente de trabajo. Todos los años recibimos a cientos de estudiantes provenientes de realidades económico-sociales muy distintas, trayectorias de instancias educativas anteriores variadas y dispares. En general muchas de ellas y muchos de ellos piensan a priori que el Ciclo Básico es una pérdida de tiempo y un filtro y se muestran reacias y reacios a aceptar lo que la UBA les ofrece en el CBC. Porque, en definitiva, el CBC es algo que la Universidad les ofrece a las y los estudiantes. De hecho, existen instancias alternativas para aquellas y aquellos estudiantes que creen estar a la altura de comenzar la carrera elegida sin ninguna mediación entre la secundaria y la universidad. Sin ir más lejos, la vieja dicotomía entre el examen de ingreso y el CBC no es tal, en tanto cualquiera podría rendir libre las materias a modo de ingreso y fin de la cuestión.  

Para aquellas y aquellos que finalmente cursan el ciclo básico (la mayoría), encuentran en el CBC la posibilidad de transitar, además de los contenidos específicos de las materias en cuestión, un periodo de “entrenamiento universitario” donde aprenden el “oficio” de ser estudiantes. Es sintomático que año tras año nos encontramos con ingresantes que en promedio nunca han leído un libro entero, no logran interpretar textos de mediana complejidad, no saben cómo encarar la confección de un resumen o una ficha, no comprenden las consignas de un examen standard, no cuentan con recursos lingüísticos ni metodológicos básicos, no comprenden conceptos fundantes tales como las multicausalidad, multiperspectividad, el tiempo histórico, las relaciones de causalidad, el pensamiento lógico y científico, no saben qué es una tesis, una hipótesis, cuando un argumento es válido o no ni como derivar una conclusión. En casos más complejos apenas pueden expresarse de manera escrita u oral. Sin una mediación, un tiempo de entrenamiento, una nivelación o como lo queramos llamar, este conjunto (importante) de personas no estaría en condiciones de afrontar ni tan siquiera la primera materia de la carrera elegida, sencillamente serían expulsados por la exigencia universitaria.  

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Frente a esto nos planteamos como una instancia de incorporación. De ninguna manera pensamos ni ejercemos la docencia en el CBC en función de filtro alguno. Por otra parte, ya podríamos dejar de lado ese fetichismo que ronda en torno de la figura del CBC como un filtro. Visto así, toda instancia de evaluación y selección lo es, la primaria lo es, la secundaria, la primera materia de la carrera, la segunda, la tercera, la última, todo el tiempo estamos rindiendo exámenes de idoneidad para transitar alguna etapa hasta llegar finalmente al verdadero filtro, la picadora de carne del mercado laboral. Sin embargo, por alguna extraña razón encontramos militantes en contra del “filtro” del CBC que ponderan las virtudes del mercado como ente regulador de la vida social sin ningún tipo de equilibrio más que el de la supervivencia del más apto. En fin.  

Dos cosas más. La primera es que, quizás, en una reformulación completa del sistema educativo y en una realidad económica y social distinta, el CBC sería redundante. Lo cierto es que pensar así aquí y hoy sería desentendernos de la problemática y simplemente pasarles la pelota a otras y otros, algo así como un “si la secundaria no los prepara para la universidad, bueno, no podemos lidiar con eso”. Lo hacemos y punto, así son nuestras y nuestros estudiantes y estos son sus problemas. Nos planteamos cuestiones al alcance de nuestra mano y enfrentamos la situación que nos toca. Hacemos todo y cuanto podemos para preparar a quienes intentan iniciar una vida universitaria y por mil razones necesitan un puente para no quedar afuera de la posibilidad de crecer en su carrera formativa.  

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Lo segundo tiene que ver con ponderar la posibilidad que otorga el CBC de asomar la nariz a distintas disciplinas que no tienen una vinculación tan estrecha o directa con la carrera elegida. Muchas personas comienzan la universidad ni bien terminan sus estudios secundarios, con una vocación a veces definida y a veces tambaleante. La sociabilidad en una instancia heterogénea, la polisemia de contenidos y de voces son herramientas para poner en cuestión o reafirmar las elecciones. Nadie tiene por qué tener trazado el camino que va a recorrer el resto de su vida a los 18 o 20 años, la vocación puede cambiar y es obligación de la universidad preguntárselo una y otra vez y mostrarle alternativas en caso de que quiera tomarlas. Por último y, en definitiva, ningún saber ocupa espacio y nadie va a llevarse una hernia de disco por haber leído uno o más libros “de más”.  

En última instancia, el CBC somos las y los docentes que, mal remunerados y en condiciones de trabajo precarias, entramos al aula y nos vinculamos con cientos y miles de estudiantes que quizás entran con alguna desconfianza pero que salen de allí mejor plantadas y plantados, con una formación mucho más sólida y con mejores chances de afrontar una carrera que de otra manera se haría muy cuesta arriba. No son pocas y pocos quienes nos lo reconocen y nos lo recuerdan con afecto y gratitud.  

Alejandra Giuliani, Mariela Hernández, Cecilia Incarnato, Nahuel Jalil, Mercedes López Cantera, Miguel Mazzeo, Sergio Nicanoff, Gustavo Palladino, Sebastián Rodríguez, Elena Scirica, Ezequiel Sirlin.  

Docentes de la Cátedra Giuliani-Mazzeo (ICSE). CBC-UBA.   

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