A 46 años de la Noche de los Lápices, La Memoria como capital en disputa

En la siguiente entrevista, realizada por el estudiante Facundo Bartolozzi para el diario del Centro de Estudiantes del Instituto Educativo Punta Mogotes (Mar del Plata), Jorge Falcone, dirigente de la OLP Resistir y Luchar y hermano de una de las estudiantes detenidas – desaparecidas en 1976, despliega su parecer sobre las luchas populares de ayer y de hoy.

¿Cómo recordás a tu hermana, María Claudia Falcone? ¿Cómo la definirías?

La recuerdo como una joven muy vital, muy alegre, tremendamente solidaria, completamente sencilla, y ajena a la pretensión de convertirse en referente de la lucha que protagonizó.

Tuvo una vida breve, intensa, y sumamente creativa. Es un bálsamo ante su ausencia que se la recuerde como indudablemente lo merece.

¿Qué recordás de aquella época, los años 70 y la “Noche de los Lápices”? ¿Cómo eras? ¿Cómo fue la persecución que sufrías?

Ese viaje de ida que es la adolescencia – período al que algunxs consideran La Patria de la Vida – fue el momento más luminoso de mi existencia. Confío en que vendrán épocas mejores. Pero no se imaginan las generaciones desangeladas y apáticas que nos sucedieron la circunstancia que se perdieron no siendo contemporáneas de los años 60s y los primeros 70s, cuando toda lucha iba en ascenso e incrementaba nuestro capital político, ideológico y organizativo, y barajábamos la posibilidad próxima de construir el Paraíso en la Tierra. Digamos que nos tocó en suerte vivir una circunstancia histórica en la que todos los campos del saber fueron interpelados desde perspectivas emancipatorias, o al menos contraculturales. Así, leíamos textos sobre Pedagogía del Oprimido, Teología de la Liberación, Antipsiquiatría, Teatro del Oprimido… ni el Pato Donald se salvó de una deconstrucción crítica.

A mi YO joven lo comparo con la cigarra de la fábula, que se divertía viendo laborar a la hormiga… hasta que pintó el invierno. Una estrofa de Moris, rockero de la época, lo define bastante bien: “Nunca el colegio, siempre la vida”.

Por entonces acostumbraba leer y escribir cuentos de ciencia ficción poética al estilo de Ray Bradbury, poemas desvergonzados emulando al cancionista francés Georges Brassens, o hacer mis primeras experiencias cinematográficas en Súper 8 con mis compañerxs de bachillerato, también preferentemente volcadas al género fantástico.

Siempre fui un exiliado de las Ciencias Exactas, refugiado en las Humanidades. El mejor saldo de tal inclinación es que continúo siendo bastante creativo, y el peor – para el militante popular que soy – , es que si bien tengo olfato político, me cuesta mucho entender los mecanismos de la economía.

Digamos que la “fiesta” que describo llegó a su fin hacia la muerte del Gral. Perón. La lucha encarnizada al interior del Movimiento Nacional Justicialista, privada de su arbitrio, escaló hacia la confrontación militar entre los sectores más progresivos y los más reaccionarios, prologando sangrientamente el genocidio posterior que desencadenó la última dictadura.

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Por entonces, viendo cotidianamente fotos de cadáveres amados en la primera plana de los diarios, comencé a interrogarme sobre la muerte (propia y posiblemente inminente)

No es fácil pasar a ser otro, viviendo escondido en tu lugar de residencia, y alejado de tus más caros afectos.

En tales circunstancias, aquella cigarra que fui en los días más luminosos comenzó a asimilar el temperamento riguroso y previsor de la hormiga.

Creo que más bien por eso, y no solo por algún golpe de suerte, conseguí sobrevivir al horror.

De lxs chicxs secuestradxs en la Noche de los Lápices solo conversé – una sola vez – con María Clara Ciocchini.

Dado que en 1976 ambos militábamos en la clandestinidad, y en distintos ámbitos, mis encuentros con María Claudia se habían vuelto poco frecuentes.

¿Cómo era el gobierno de Isabel-López Rega? ¿Crees en un peronismo sin Perón?

Esta respuesta en gran parte remite a la anterior. Consistía en vivir con miedo, circular con sumo cuidado, dormir alerta, no frecuentar los sitios habituales, y advertir que el contrato electoral del movimiento político que hizo un culto de la Justicia Social iba desnaturalizándose a pasos agigantados, en pos de una fascistización cada vez mayor, y de una verdadera caza de brujas de quien fuera capaz de esgrimir un pensamiento heterodoxo o una conducta cuestionadora.

En los albores de esta democracia de bajísima intensidad que atravesamos adherí a la idea de que el peronismo, aún sin su fundador, renacería de sus cenizas como El Ave Fénix, siempre con nuevos bríos.

La realidad se ha ocupado de desmentirme esa presunción.

Al ver la película de Héctor Olivera, surgen en mí, muchos interrogantes: A) ¿Realmente eran como se los muestra en la película? B) ¿Era verdad que se juntaban a ver “cortos” cinematográficos que preparabas junto a tu hermana? ¿Te acordás de cómo eran? ¿Seguís conservándolos? C) ¿Cómo eran tus padres, es decir, eran como en la película? D) ¿Es cierto que tu madre movió cielo y tierra para encontrar a tu hermana, como se muestra en la película?

A) Mi recuerdo – algo bien diferente a LA realidad, porque remite a un punto de vista personal – no es el de una estudiantina tan ingenua como la describe la historia oficial, ni mucho menos algo equivalente a los próceres de la Primera Junta.

Eran pibes y pibas como ustedes, abiertxs a la diversión, al descubrimiento de las primeras experiencias sexuales, sólo que atravesados por un pensamiento de época gestado al calor de casi dos décadas de ofensiva popular que arrinconó a lxs dueñxs del país, contexto sin el cual es imposible interpretarlxs. Y eso parece ser la marca registrada que aún lxs acompaña.

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La película es una interpretación de aquella realidad que, desde el testimonio de Pablo Díaz en el Juicio a las Juntas hasta la elaboración del guión por parte de Daniel Kon, pasó por muchas cabezas ajenas a aquellos acontecimientos, y también atravesadas por otro pensamiento de época, signado por la derrota de la experiencia revolucionaria, que aún fermenta en una sociedad absolutamente escarmentada por las audacias que fuera capaz de protagonizar.

B) No alcanzamos a hacer cortos cinematográficos juntos, eso es una licencia poética del film, que adaptó a un formato más dinámico las historietas que sí elaborábamos en común, siempre dotadas de un humor entre surrealista y corrosivo, al estilo de Pedro Saborido.

Hicimos varias: Milton El Uruguayo, Santa Rosetta del Culo, pero la saga más famosa – y que rescata el film con dibujos míos realizados especialmente para esa escena – fue La Revolución Fallida de Dos Mulatos Mulé, de la que a continuación adjunto una muestra.


C) Mis padres eran una maestra de escuela suburbana que a la edad de 19 años tuvo el honor de acompañar a Evita en el Teatro Nacional “Cervantes” para anunciar la sanción del voto femenino, y un médico de obras sociales que llegó a ser el primer Comisionado Municipal de nuestra ciudad y – tras el golpe de 1955 – un hombre de la Resistencia Peronista.

A su debido tiempo, ambos colaboraron con la lucha montonera de sus hijxs, y pagaron un alto precio por ello, padeciendo los rigores de dos Centros de Detención Clandestinos.

D) Mi madre era una topadora, una heroína trágica de la mitología griega. Se desvivió hasta el último aliento por averiguar algún indicio sobre el destino de mi hermana. Su temple a menudo me hace falta. Sembré sus cenizas bajo un árbol de mi parque. Siempre espero la primavera para verla de buen humor.

¿Seguiste hablando con Pablo Díaz?

Por supuesto. Fue muy generoso con las familias de todxs lxs compañerxs secuestradxs con él. Chateamos seguido.

¿Qué opinás de la Argentina de hoy? ¿Qué futuro esperás para nuestro país?

Creo que padece una consolidación del modelo dependiente del capital financiero trasnacional que está poniendo al mundo al filo de su extinción, exhibe una clase dirigente que en las casi cuatro décadas transcurridas de vigencia del orden constitucional no ha hecho más que alejarse del ideal igualitario y de ascenso social para enriquecerse de espaldas a un pueblo que, a su vez, está huérfano de liderazgo e incubando novedades en la lucha – por ahora defensiva – en salvaguarda de sus derechos más elementales, ya no solo a comer o curarse, sino prácticamente, a existir.

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He sido testigo privilegiado del potencial heroico y la inventiva puestos en acción por este pueblo, y estoy convencido de que ese patrimonio está en su ADN. Alguna vez el gran poeta revolucionario nicaragüense Ernesto Cardenal escribió algo así como que si el reloj de la Historia de la Humanidad marcara 24 hs., al tiempo de la injusticia solo le pertenecerían los primeros minutos. Creo en ello.

¿Qué crees que hubiera pasado si a tu hermana o a todos aquellos jóvenes a los que la dictadura secuestró, torturó y desapareció, no les hubiera ocurrido lo anteriormente mencionado?

Dado que el tiempo – por ahora – solo transcurre hacia adelante, no acostumbro hacer análisis contrafácticos, e ignoro qué hubiera sido de ellxs en el presente. Creo sí en la dialéctica de la acción, que va condicionando a hombres y mujeres según se van presentado los desafíos de la historia.

Así, por darte un ejemplo, muchxs congeneracionales suyos han renunciado a sus ideales de ayer y se muestran bastante cómodxs tras de un escritorio funcionarial, ya completamente descreídxs de que pueda haber un futuro más venturoso.

Como también germinan jóvenes no necesariamente relacionadxs con aquellas experiencias, pero herederxs de una cultura del trabajo, o meramente inquietxs, que le van poniendo el cuerpo a las luchas contemporáneas, y esxs van de Darío Santillán a Rafael Nahuel, pasando por Micaela García, sólo por citar a unxs pocxs.

¿Es cierto que fuiste montonero?, ¿cómo fue esa experiencia?

En efecto. Fui oficial montonero. Y el último Secretario de Prensa de dicha organización, ya entrada la democracia. Tal condición constituye uno de los orgullos más grandes con que cargo. Sinceramente creo que dicha experiencia constituyó la mejor escuela de cuadros que pudo haber tenido un militante de mi generación. Estoy convencido de que pasar por ella me colocó en el sitio adecuado en el momento adecuado.

Las circunstancias extremas de la vida ponen a prueba la calidad de los seres humanos, y frente a ellas se ponen de manifiesto sus luces y sus sombras. Yo conservo de entonces mucho más luces que sombras.

He leído que sos poeta, vocación que heredaste de tu abuelo materno, ¿no? ¿Cuándo publicaste tu primer libro?

Así es. Mi abuelo Délfor B. Méndez fue un poeta costumbrista muy reconocido en su pago natal de Magdalena.

Yo tengo la veleidad de emularlo, así dicho porque creo que la de poeta es una condición infrecuente y trascendente. En todo caso, puedo decir que tengo una mirada poética de la existencia, que precede a cualquier texto escrito.

Mi primer libro editado – lo aclaro porque antes garabateé varios cuadernos Gloria con textos inéditos – fue “Piedra Libre para todxs mis compañerxs”, que data de 1985. Explorando prudentemente los márgenes de la flamante democracia, decidí firmarlo aún con mi seudónimo de los tiempos de la clandestinidad: Juan Carlos Lucero. Pero, a la manera de un renacimiento, en su prólogo confesé la verdadera identidad que había ocultado detrás de aquel sosías literario.

Sabiendo que, también sos realizador cinematográfico, me interesaría saber si harías la película “La Noche de los Lápices” en la actualidad, ya que hay personas que desean una nueva versión de la misma.

A decir verdad, prefiero hacer prospectiva a hacer revisionismo. Es decir, me inclino por ensayar interpretaciones del presente, abordando núcleos temáticos que interpelen a la sociedad en el aquí y el ahora.

Y, si bien me dedico al documentalismo, colaboré con el intento de guionar una serie ficcional sobre el tema, proyecto que se congeló durante la cuarentena y no ha vuelto a retomarse.

Pero, tras la publicación de la biografía de mi hermana escrita por el periodista Leonardo Marcote, no tengo mucho que agregar a ese respecto.-

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