[Dossier] Feminismos y transfeminismos: desafíos, tensiones y cómo la seguimos

El escenario actual nos muestra una crisis estructural de un sistema que definitivamente no funciona para la inmensa mayoría de la humanidad, poniendo en riesgo toda posibilidad de vida sobre el planeta. La concentración del poder económico, la reacción organizada del patriarcado en expresiones políticas conservadoras y altamente reaccionarias, las guerras, las políticas extractivistas devastadoras hacia el sur global, los efectos objetivos y subjetivos de las pandemias, el crecimiento de la pobreza, de la violencia de género y del racismo,  especialmente afecta a las mujeres y a las disidencias en fuga del sistema heterosexual. Todo esto nos cruza, nos atraviesa, nos preocupa, nos interpela.  Nunca ha sido fácil para nosotres  y tampoco lo es ahora, en pleno nudo de tormenta que desata el capitalismo y el patriarcado para poder seguir teniendo los privilegios de clase a puro saqueo de bienes comunes y de nuestras vidas comunes. 

No se trata de universales abstractos, se encarnan en expresiones y acciones, en políticas concretas y en la construcción de subjetividades que intentan contrarrestar  el impulso arrollador de los movimientos feministas populares y diversos, anclados en los territorios, en las barriadas, en los sindicatos. Porque no nos resignamos al lugar pudoroso y encorsetado que el poder ofrece para estar a tono con la época, porque aunque no nos vieron durante el tiempo de pandemia en masivas manifestaciones en las calles, estuvimos en las primeras líneas, en las ollas populares de las barriadas, en los equipos de salud y educación, recuperando saberes ancestrales de cuidado. Nuestras voces no se callaron durante el aislamiento obligatorio, seguimos cuestionando y denunciando las estructuras opresivas y a quienes ejecutan las políticas que las sostienen; las violencias sistemáticas sobre nuestros cuerpos, femicidios, transfemicidios, trata y explotación sexual, la precarización laboral, el trabajo no pago, la doble y triple jornada de trabajo, las reformas laborales de hecho, la vulneración de derechos hacia las poblaciones indígenas, campesinas, afrodescendientes, migrantes y LGBTIQ+. No nos callamos y no nos callaremos, volvemos a recuperar las plazas, las calles, los espacios de encuentro, acuerpamiento y construcción colectiva.

Porque de nuestras vidas y de la vida planetaria se trata,  una vez más es necesario levantar la cabeza colectivamente, mirar en 360 grados y avanzar no sólo con los diagnósticos sino también con las nuevas formas que iremos generando para las nuevas respuestas que necesitamos a casi los mismos viejos problemas. Por eso es necesario reencontrarnos próximamente en San Luis, o en las calles, o en las asambleas, sin falso optimismo pero con las preguntas intactas y la necesidad de sabernos en movimiento, más allá de la abrumadora batalla cotidiana. 

Por supuesto las tensiones nos cruzan también, son parte de las construcciones colectivas que hacemos a diario, que sin embargo no nos ha impedido tejer alianzas, redes feministas y transfeministas, más allá de los límites que imponen los estados para encorsetar las diversas formas de  resistencias y revoluciones que vamos tramando. De allí por ejemplo que la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito lograra una legislación que no penalice un derecho tan básico como el de la decisión sobre el propio cuerpo y el de la salud sexual y reproductiva de mujeres y cuerpos gestantes y que devenga en una inmensa marea verde que se extiende por todo el continente y más. Que el Ni una Menos que surgió de la rabia por los crímenes de odio que comete el patriarcado, no sin historia previa, fuera un parteaguas y se transformara en protesta masiva, en paro nacional e internacional de mujeres, en conciencia política trasnacional. Nuestras alianzas y articulaciones no nos impiden ver que somos un movimiento plural y diverso o que somos muchos movimientos con vínculos estratégicos para enfrentar los pactos patriarcales. Tampoco desconocemos que hay sectores que prefieren moderar su participación transformadora conformándose con los lugares cómodos, muchas veces individuales, que da el estado, intentando institucionalizar a una parte de los feminismos que por lógica pierden parte de su potencia insumisa para ser cómplices directos e indirectos de las políticas del mal gobierno.  

Hemos dicho que nos queríamos desendeudades y que no queremos pagar las deudas ajenas y fraudulentas, sin embargo estamos atravesando un ajuste brutal para pagar a los organismos internacionales. Sin disimulo el FMI dictamina qué políticas llevar adelante y gobiernos nacionales y provinciales las ejecutan, aplicando las recetas de siempre, que afectan directamente a la alimentación, la vivienda, la salud, la educación y la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población. Un pequeño sector concentrado del poder económico y de las burguesías nacionales y trasnacionales  se lleva enormes ganancias a costa de la precarización, expropiación permanente de nuestro trabajo y de nuestros territorios: sea por el extractivismo  minero, petrolero,  inmobiliario, o de las financieras multinacionales del agro. Para ellos las ventajas, para nosotres el “esfuerzo”. Las comunidades originarias son perseguidas, estigmatizadas y/o asesinadas en el intento de expulsarlas de sus territorios ancestrales para la apropiación del capital, que genera riqueza individual de unos pocos con la consecuente destrucción de nuestras montañas, ríos, bosques y llanuras. También les luchadores sociales en distintos lugares de nuestro continente son perseguides, asesinades por sicarios a sueldo de la trasnacionales o de los poderes de turno. 

El avance de la ultraderecha supone un avance de sectores fascistas, que buscan la necropolítica, pueden actuar a la luz de las cámaras de televisión o ante una multitud en marcha, cada día más visibles, cada día con mayor impunidad para desplegar su odio contra mujeres, lesbianas, travestis, trans, disidencias, negrxs, migrantes, originarixs, campesinxs, jóvenes y pueblo trabajador. Son los recursos que emplea el sistema capitalista en su mayor expresión de descomposición, apelando principalmente a los fundamentalismos religiosos, fascismos, nacionalismos xenofóbicos, por eso denunciar y detener su avanzada se hace imprescindible. 

Caminamos con nuestras ancestras y con la memoria de quienes sembraron lucha, ellas, ellos elles nos acompañan. Sabemos que nos encontramos ante contextos complejos,  y contradictorios. Es así que llegamos al 35  Encuentro plurinacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans, intersexuales, bisexuales y no binaries de San Luis, “porque lo que no se nombra no existe”. 

No nos define la biología, somos diversas identidades, memorias y deseos. El  carácter plurinacional de los Encuentros es parte también del proyecto revolucionario de cambiarlo todo, de cuestionar los límites que nos impone el pensamiento eurocéntrico, biologicista, blanco,  racista y androcéntrico, a favor de objetar el colonialismo tan arraigado en nuestra Abya Yala, pero no como mero enunciado, ni con la intención de solidificar identidades y colectivos para que nada cambie, sino como parte de un horizonte político de transformación de todas las estructuras de dominación y la emancipación humana.

Nos reconocemos en las múltiples voces y corporalidades rebeldes y disidentes de les que habitamos este Abya Yala, pero también de quienes desde otros territorios transoceánicos, entrelazan sus saberes y prácticas contrahegemónicas con las nuestras, para hacer de éste un mundo sin fronteras, un mundo que rompa los cercos que crea el capitalismo racista, clasista, heteronormado y patriarcal.

Es por eso que nos pareció una necesidad invitarnos a reflexionar juntes desde distintas voces y territorios sobre distintos ejes que nos ocupan y preocupan: luchas desde los territorios, los desafíos actuales de la campaña del aborto, las distintas formas de violencias, los feminismos comunitarios del Abya Yala, el extractivismo y el ecofeminismo, los transfeminismos, las crianzas trans, el racismo, las  relaciones con la tierra y las guardianas de la naturaleza, el Movimiento de mujeres indígenas y diversidades por el buen vivir, la campaña por la suspensión de la deuda, el mundo del trabajo y la precarización laboral, el artivismo gordo, las luchas zapatistas, la campaña del aborto en Colombia, y las luchas en Ecuador,  reflexiones sobre arte mural y música, poesías y fotos, las voces desde Kurdistán y desde Brasil, así variades y en tensiones como somos nos seguimos moviendo, sabiendo que como nos dice nuestra querida Norita Cortiñas “juntas, aunque no revueltas”, en transformación pero sin dogmas sagrados, en cuestionamiento radicalizado y a la vez con el brazo extendido porque de los laberintos salimos por abajo, sin ingenuidad pero alimentando la potencia del conjunto. 

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