Ecofeminismos y luchas en los territorios

[Dossier] Somos un conjunto de colectivas y militantes feministas, transfeministas, socioambientales, ecologistas, disidentes y de la educación popular que nos propusimos reunir y potenciar los saberes y las luchas en defensa de los territorios y recursos naturales de nuestra región, para trazar estrategias comunes desde una perspectiva anticapitalista, transfeminista, antirracista y plurinacional.

El desafío es conocer los puntos de encuentro entre la historia del movimiento feminista y transfeminista y las diversas corrientes y perspectivas ecologistas.

Es por eso que pensamos un Ciclo de Formación, de construcción de saberes político y sensible para hacer frente a las políticas de saqueo y destrucción. Tres encuentros (*), diálogos plurales entre activistas de asambleas en defensa del medio ambiente, feministas indígenas y comunitarias, académiques que profundizan en los saberes disidentes a los modelos extractivistas, vecines contra la contaminación, estudiantes, docentes, militantes sociales, entre otres.

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Palabras de Alejandra Ciriza  

Mi nombre es Alejandra Ciriza, yo soy una vieja activista feminista y militante por los derechos humanos, ese es mi origen político. Llevo años luchando por Memoria, Verdad y Justicia y eso me hace, digamos, particularmente persistente.

Entonces lo que pensé en traer tiene que ver con una pregunta que me hice respecto del tema de nuestros encuentros y desencuentros entre feministas en estos momentos particularmente agudos, donde incluso se piensa en los encuentros. Me parece que es un asunto a pensar en dos niveles, por una parte me parecía importante pensar bajo qué condiciones pensamos y traer aquí a quienes a mí me han ayudado a pensar a lo largo de mi vida, como soy una persona vieja, tengo una formación marxista.

Entonces, ¿quiénes me han ayudado a pensar a mí? y básicamente Marx, cuando plantea una tesis que a mí me parece fundamental para poder pensar nuestros conflictos actuales. Marx dice que lo propio del capitalismo es pensar la vida del capital mientras se priva de vida a los seres humanos y a la naturaleza. Esa contradicción de un señor que escribió en el siglo XIX que estaba muy preocupado por cómo las condiciones materiales de existencia determinan nuestra forma de conciencia, a mí me parece que proporciona una clave muy importante para que podamos entender la agudeza del conflicto llamado ambiental por una parte y (por otra) la extraordinaria visibilidad que luchas que se venían llevando a cabo desde hace mucho tiempo han adquirido ahora. Me parece que estamos en una coyuntura, en un momento histórico, en el cual el capitalismo avanza de una manera predatoria, destruyendo las propias condiciones de reproducción de la vida humana, lo ha hecho a distintas escalas a lo largo de la historia. Entonces me parece que es muy importante que entendamos que, como decía Rosa Luxemburgo, realmente estamos en una coyuntura en la cual la disyuntiva es: “socialismo o barbarie”. Nos estamos precipitando en la barbarie de una manera realmente muy intensa, muy grave, muy dolorosa para nosotros y nosotras como seres humanos.

Creo que también hay algo que se ha transformado y que ha posibilitado la visibilidad de las mujeres y de las personas feminizadas y es esto que se ha dado en llamar la crisis del cuidado. La división sexual del trabajo permaneció durante muchísimo tiempo como algo innominado porque se remitía sin demasiado problema al mundo de lo privado.  El capital reproducía la fuerza de trabajo de manera gratuita, privatizando y depositando en las mujeres la reproducción de la vida humana. La pandemia horrorosa visibilizó eso, lo hizo  visible en una coyuntura en la cual además las que somos visibles somos las feministas del Sur. Y aquí me pareció importante traerla a Rosa Luxemburgo, porque vengo pensando en ella y me viene acompañando desde hace mucho tiempo..

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Rosa  tiene varios textos maravillosos pero simplemente voy a hacer referencia a dos. Rosa escribió lo que ella misma consideraba su gran obra: “La acumulación del capital”, un texto publicado en 1913 y por otra parte enseñaba economía política en la escuela del partido y en las escuelas de los sindicatos de la socialdemocracia alemana. ¿Por qué digo esto? Porque es muy importante pensar ¿para qué nos sirve el conocimiento que producimos?. Rosa la tenía tan clara, que era economista  y hacía de la enseñanza de la economía política la clave organizativa del proletariado alemán en ese momento histórico. Rosa señala algo muy importante, que el capitalismo va avanzando y a medida que avanza destruye relaciones sociales anteriores. El capitalismo necesita para avanzar, para mercantilizar, explotar la naturaleza. No solamente eso, necesita explotar a los trabajadores hasta extenuarlos y necesita transformar en proletarios a quienes no lo son. Es decir, necesita avanzar sobre otras formas de relación sociales. ¿Y por qué vía lo hace? Rosa da una respuesta, que a mí todavía me sigue pareciendo absolutamente genial, lo que ella dice es que es por la vía de la mercantilización transformando todo en mercancía. Si pensamos en nuestras historias personales, las que somos viejas, pensemos que cuando yo era pequeña no había algo que había que ir a comprar al kiosquito, eso no existía. La merienda se traía de la casa, porque la mayor parte de las cosas se hacían en la casa. La casa funcionaba como esa forma de relación, no invadida por la mercantilización todavía. El capitalismo fue avanzando sobre eso, a la vez que depreciando toda forma de trabajo que no produce mercancías. Es  una clave interpretativa, que a mí me parece muy importante.

Rosa  dice, de una manera que me parece muy importante leerlo,  muchísimo mejor de lo que yo lo podría llegar a decir y dice esto: “cuanto más violentamente acabe el capitalismo con la existencia de capas no capitalistas dentro o fuera de casa”, se está refiriendo a Alemania “cuanto más rebaje las condiciones de vida de todas las capas trabajadoras, tanto más se transformará la historia de la acumulación del capital en una cadena de catástrofes, convulsiones políticas y sociales que, con las crisis cíclicas, harán imposible la prosecución de la acumulación”.

Más clarito, agua. Están en ese punto, han llegado a un punto en el que no pueden hacer lo que hicieron en el siglo XV y en el siglo XIX, desplazarse en las fronteras. Precisamente por eso están llegando a los salares en busca de litio.

Entonces me parece que estas compañías son muy necesarias para pensar y que es precisamente esta lógica de exterminio, este avance arrollador, lo que nos ha dado una curiosa visibilidad a las feministas del Sur.

Las feministas del Norte que siempre se imaginaron a sí mismas como las protagonistas de los feminismos, de pronto descubrieron que estamos y no solamente descubrieron que estamos sino que varias señoras importantes, Cinzia Arruzza, Nancy Fraser y Tithi Bhattacharya, escribieron un texto que se llama “Manifiesto de un feminismo para el 99%”, inspirado precisamente en las prácticas modestas de quienes vivimos al sur del planeta y quienes somos fundamentalmente las arrasadas por esta lógica del capitalismo. Entonces me parece que es muy importante pensar en lo que esta situación de múltiples escenarios nos plantea a nosotres. Nos plantea escenarios internacionales, escenarios que hemos sabido aprovechar muy sabiamente con las huelgas internacionales en el campo de la reproducción de la vida. Politizar ese espacio nos ha sido de suma utilidad y ha sido, me parece, un impulso muy fuerte, no solamente para nosotres que llevamos mucho tiempo de batalla, sino también para las feministas del Norte. Me parece que también ese carácter internacional y predatorio del capitalismo, le ha dado mucha visibilidad a las luchadoras en el territorio. Desgraciadamente esa visibilidad no las ha protegido, no? Estoy pensando fundamentalmente en varias de nuestras compañeras, estoy pensando en Berta Cáceres, en Macarena Valdés, estoy pensando en las compañeras de Punilla, porque la Policía de Córdoba sigue las mismas prácticas aprendidas durante la dictadura militar.

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Todas estas transformaciones han hecho visibles a los feminismos y han promovido una pregunta, que me parece una pregunta muy importante, ¿qué cosa somos las mujeres?

Y como yo soy una vieja marxista y ando siempre sospechando de las categorías importadas y del sexo y el género y todas esas cuestiones, prefiero pensar que en realidad  qué sea una mujer, es algo que se determina a lo largo de la historia. El modelo de “la mujer” en modelo binario, digamos, fue producto histórico de los defectos de la división sexual del trabajo, del confinamiento doméstico que no era el destino  del conjunto de las mujeres, sino que era el destino de las mujeres burguesas, blancas de clase media. No era el destino de todas las mujeres ser mujeres domésticas y ser el par complementario de un varón proveedor. Creo que las prácticas que las mujeres y las feministas hemos llevado a cabo han hecho visible el carácter obligatorio de la heterosexualidad. Creo que nos han permitido poner en cuestión el carácter no determinado de nuestras corporalidades. No hay en la corporalidad humana, que es demasiado compleja, ninguna determinación binaria. Esa forma de lectura es un producto histórico.

Entonces esas transformaciones en los escenarios históricos han generado también una visibilidad para las personas no binarias, para las personas cuestionadoras de la heterosexualidad obligatoria, para las personas trans. Yo creo que nosotras tenemos una gran historia con las compañeras trans, una historia que está presente en nuestras experiencias personales y estoy hablando de  Lohana Berkins que fue la persona que por lo menos a mí me enseñó de que venía la cosa.

Y me parece que esto complejiza muchísimo porque nuestras experiencias tienen ese doble carácter, son experiencias políticas en escenarios que muchas veces nos cuesta mucho descifrar y son experiencias hondamente personales y eso genera conflictos entre nosotres porque venir de una experiencia de defensa de los territorios en condición de mujeres genera tensiones con el movimiento feminista, de hecho en Mendoza durante muchas marchas, contra marchas en realidad en viñales, las feministas éramos consideradas una presencia indeseable porque planteábamos temas que ponían en cuestión la moralidad de la vida, veníamos nosotras con nuestros pañuelitos verdes a poner en sospecha esa idea de que “la vida” en abstracto fuese tan defendible, sobre todo porque esa misma “vida” en abstracto que se defendía en condición de mórula, después se atacaba en condición de joven considerado inmediatamente delincuente por portación de rostro.

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Entonces creo que también es muy importante pensar en esas tensiones, porque a mí me parece que esas tensiones, esas contradicciones no tienen que impedir que discutamos, que podamos hablar entre nosotras.

Creo también que hay otro escenario contradictorio y ese escenario contradictorio es el escenario con las institucionalizadas. Nosotras hemos llevado a cabo una larga lucha por obtención de derechos. Sí, el derecho al aborto es uno, pero no es el único y tenemos con el Estado una relación que yo llamaría, probablemente muy caseramente, resbalosa. Si tenemos con el Estado una relación resbalosa (es) porque a la vez que le demandamos al Estado, cuando el Estado quiere regular nuestras vidas no queremos saber nada y lo enfrentamos. No porque no tengamos razón, yo creo que tenemos razón, lo que pasa es que también necesitamos de ese gran distribuidor de recursos para nuestros objetivos, sin lugar a dudas.

Entonces me parece que también eso es una fuente de tensiones entre nosotras a lo que se suma en este momento una tensión más, que es la tensión de la idea de nación y de nacionalidad puesta en cuestión por la visibilidad de las compañeras afro, las compañeras feministas de Abya Yala que vienen a poner en cuestión la historia fabricada del Estado Nación blanquito y crisol de razas. Creo que eso es otro de los elementos picantes de este guiso complejo.

Entonces a mí me parece que para nosotras en este momento es muy importante recuperar nuestros recorridos de transgresión, recuperar nuestra especificidad, recuperar nuestra genealogías como feministas del Sur. Nosotras no fuimos radicales en los 60 70, éramos guerrilleras y esto también hay que decirlo como parte de nuestra propia genealogía sin avergonzarnos. La lucha armada no es una vergüenza, lo que es una vergüenza es el genocidio.

Creo que la visibilidad de Francia Márquez nos ha venido a traer algo muy importante, fundamental en este momento. Creo que es importante que pensemos en la construcción de articulaciones entre nosotras, porque el enemigo que tenemos es grande y no ha dejado de vencer. Cuando Francia dice “soy porque somos” nos convoca a nuestras memorias, a nuestras memorias políticas. Es muy importante que hagamos memoria política y que sepamos que estamos en un momento de peligro.

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(*) Estos encuentros son convocados por la Cátedra Libre Virginia Bolten, La Enramada, Campaña Somos Plurinacional, Arte al ataque, Al Borde, Pañuelos en Rebeldía, Espacio de Género del FPDSCP, VACHU (Vecinas autoconvocadas por el humedal urbano Génova), Fundación Rosa Luxemburgo. Avala: Dirección de género y diversidad, Facultad de Ciencias Exactas, UNLP.

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