Brenda Mato

La Rebelión de los Cuerpos NO Hegemónicos

Entrevistamos a Brenda Mato. Una de las impulsoras de la Ley de Talles, para hablar de la lucha por la diversidad corporal, la necesidad de aprender a habitar nuestro cuerpo con amor y sobre todo para entender que las gordas tenemos que exigir nuestro lugar en esta revolución. Porque nos paramos ante los feminismos y les advertimos: si tu cuerpo es hegemónico, no me interesa tu revolución.

Muchas gracias Brenda por recibirme, me gustaría que vos te presentes. 

Soy Brenda Mato, tengo 32 años, trabajo como modelo de talles grandes y soy creadora de contenido. Paralelamente soy activista por la diversidad corporal y eso me llevó a ser una de las impulsoras por la ley de talles nacional, que se sancionó en noviembre del 2019 y se reglamentó en junio del 2021 y que esperemos que pronto puedan publicar la tabla que ya está en el INTI (Instituto de Tecnología Industrial), pasa que bueno, por un par de cosas de público conocimiento, que no la están pasando muy bien, no la están pudiendo publicar, pero seguramente dentro de poco ya esté publicada también para poder implementarse. Parte también de ese activismo me llevó a formar parte del colectivo de gordes activistas de Argentina, que es un colectivo de activistas gordos y activistas por la diversidad corporal independientes que nos juntamos en pos de poder generar un cambio real, no solamente discursivo, no solamente quedarnos en la dialéctica, si no poder también hacer cambios en las políticas públicas y en las políticas que no son públicas. Porque también es parte de eso, somos parte de todo, no solamente hay cuestiones estatales que tienen que cambiar, sino que también hay otras cuestiones en otros ámbitos que también son importantes para cambiar, y también con todo ese trabajo y todo eso como si no me faltaran cosas para hacer estoy estudiando sociología en la Universidad de Buenos Aires. 

Ya que comentaste lo de la Ley de Talles, te quería preguntar ¿cómo surgió esta idea y actualmente qué avances tuvo? 

La idea de la ley de talles en realidad es una idea que se viene discutiéndose hace muchísimo tiempo, es una idea que tiene más de 20 años, porque cuando yo me uno a la lucha de la ley de talles (esto siempre me parece importante aclarar) porque pasa mucho en estas cosas que hay que hablar siempre de que el conocimiento y todo el trabajo activista es acumulativo. No es que yo vine de la nada e inventé la ley de talles, yo me uní a la lucha de la ley de talles, ya había gente antes y seguramente el día de mañana va a seguir sumándose más gente nueva. Yo me uní a ese camino en el 2015 cuando conocí la ONG AnyBody de Argentina , pero cuando yo me uní, ya estaban tratando de trabajar el tema de la ley de talles a nivel nacional, pero en Argentina ya existían aproximadamente unas 14 leyes de talles entre provinciales y municipales de las cuales en realidad reglamentadas en vigencia, serían nada más que cinco de las 14, y la problemática de esa cantidad, era que, primero no estaban basadas en una tabla de talles de Argentina, que esa es la primer gran diferencia que tiene la ley nacional con respecto a las otras 14, sino que se tomaban sobre las normas IRAM. Las normas IRAM tienen su propia tabla antropométrica, que es una tabla que está desactualizada y que encima es europea, o sea que no tiene nada que ver con nosotres, ni siquiera con la gente de Europa de ahora porque es viejísima esa tabla. Entonces lo primero que notamos es eso, que estábamos parados frente a una industria a la cual le estábamos queriendo decir que tenían que basarse en unos talles, que ni siquiera eran los del país a los que le querían vender, era una industria que desconocía a sus consumidores y la información que nosotres le estábamos brindando tampoco era una información que les podía ayudar para hacer ese trabajo con respecto a las leyes. Otra de las cosas que pasaba con esas leyes es que eran leyes distintas entre sí, no era que hacían un copiar y pegar de la misma ley en todos lados e iba surgiendo lo mismo, en cada lugar que se sancionaba una ley de talles distinta tenían puntos a cumplir distintos, entonces sin ir más lejos la de CABA y la provincia de Buenos Aires son distintas. Entonces si yo soy una persona que tiene un local en CABA y un local en Provincia de Buenos Aires, a cuadras cruzando la Gral Paz, del otro lado ya tengo que cumplir con dos leyes distintas, porque tengo que sacar dos colecciones distintas para cumplir con dos leyes distintas, porque una creo que es solo para mujeres y niñas y la otra no sé qué y la otra te exige talles y una no, y uno te exige una cantidad y la otra no. Entonces no ayuda a nadie. Si yo le estoy pidiendo a las grandes marcas que son contra las que más batallo, porque otra cosa que nos dimos cuenta en este camino, es que son mucho más accesibles y las que más apuestan a la diversidad son las marcas más chiquitas y la batalla más grande y más complicada son con las marcas grandes que son las que tienen 50 locales en un país. Yo no le puedo meter 14 leyes distintas para cumplir, o sea, le estoy pidiendo que haga 14 colecciones distintas para cumplir con las 14 leyes de talles de todos los lugares de Argentina. No existe, se te cagan de risa en la cara con justa razón, entonces el pedido y la idea de que sea finalmente una ley nacional tiene que ver con unificar esta cuestión y que sea una única ley en todo el país y que sea la misma acá, en Mendoza, en la Quiaca y en Ushuaia.

Y lo segundo, es empezar a normalizar la cuestión de los talles que, como sucede en el calzado, vos te vas a comprar un calzado y siempre pedís un 40 o 41 a lo sumo si es que te queda medio chica la horma, pero no pasa de eso. Siempre que vas a un lugar vos sabes qué talle usas de calzado porque está completamente normalizado porque se sabe que un pie 38 mide 24,5 y punto. En cambio, con la ropa no pasa eso, porque al no haber una tabla de talles única, que sea la que vale en ese país con un estudio antropométrico basado que nos diga cómo son los cuerpos de ese lugar, no podes saber, entonces cada marca termina inventando en la tabla de talles que quiere. Los talles que nosotros conocemos como numéricos tienen que ver con la cantidad de pulgadas que tenía la cintura de esa prenda, entonces, por ejemplo, un 40 tiene 40 pulgadas en la cintura, funciona de esa forma.

Después cuando vino el tema de la industrialización y toda la parte tipo del stretching y que surge el talle único, con toda la ropa que se estira empiezan a surgir los talles en letras. Cuando surge eso lo que pasa es que un talle S puede abarcar por ejemplo dos talles, ¿por qué?, porque cede y se estira incluso hasta tres veces y esa es la creación del talle único, del “por eso le entra a todes”. No, en realidad que se estire, no quiere decir que te quede bien, eso es un gran invento, una simplificación de todo ese proceso industrial, que yo entiendo que una prenda que se estira te pueda cubrir dos o hasta tres talles, de alguna forma, pero no más. De ahí a que me digas que un talle único “L” le entra a los 44 millones de argentinos es como “me estas boludeando”, porque es imposible que eso suceda. Con toda la confusión que vino con las letras y  al no estar bien usadas, e incluso los fabricantes, ni siquiera cumplen con lo básico, que un talle 40 tiene que tener 40 pulgadas y empiezan a marcar como 40 lo que a mí sí me canta el culo es que termina siendo lo “loco” que es hoy en día, que nunca sabes que talle usas, porque cada vez que te acercas a un local y tenes que pedir el talle de una prenda y te preguntan ¿bueno, y que talle te doy? como para mí, porque no sabes, porque cada  local hace lo que quiere y dice lo que quiere y nunca sabes. Entonces la idea de la ley principalmente en un principio era tener esta tabla, pero a su vez tener la obligatoriedad de tener talles. El problema es que eso fue lo que más tuvimos que batallar porque no hubo forma de que parte de la industria cediera en esa parte, no hubo forma. E incluso nosotres hemos presentado nuestro proyecto propio, escrito por nosotras y no hubo forma. De las veces que nos rebotaron ni siquiera llegaba a la cámara, y este proyecto al cual le sacamos el pedido de la obligatoriedad de talles llegó sin problema y se aprobó en las dos cámaras de forma unánime. Había una presión desde el otro lado que decía “este proyecto con pedido de obligatoriedad no se aprueba”, y ese es el lobby con el que muchas veces no se puede y también, que es entendible, y a mí me pasa un montón, hoy en día, yo me cruzo con mucha gente que me da  comentarios como “ bueno pero la ley si no obliga a que hagan talles no sirve para nada”, y me parece un reduccionismo muy fuerte, primero porque desestima la lucha de un montón de personas que estuvimos ahí, y segundo es de un desconocimiento tremendo porque yo no puedo pedir una obligatoriedad cuando ni siquiera sé qué talles voy a pedir, porque si no tengo el estudio antropométrico previo hecho, no puedo hacer nada. Entonces para nosotras lo más importante que nos parecía era el estudio antropométrico hecho y hay gente que a eso lo desestima diciendo, “bueno, ¿pero que a mí me digas que en todos los lugares soy 40 en que me cambia?” Y va a cambiar un montón. Primero porque hay un montón de gente que “vive” pendiente del talle, y para mí hay una cuestión lingüística muy fuerte con eso, que es que todo el tiempo decimos qué talle soy y no qué talle uso. Porque nos define un montón ese talle que estamos usando. Entonces sí es un gran cambio porque un montón de gente va a poder reclamar desde otra forma cuando pida un talle 40 y no le entre, y no va a pensar “uy no, engordé”, va a poder tener un centímetro a mano y va a decir “¿a ver estos hijos de puta que hicieron un talle 40?” y va a poder tener por lo menos la opción de pensar que no es su cuerpo el que está en cualquiera. Eso es un cambio muy grande.

Y segundo va a dejar en evidencia si la discriminación tenía que ver con el desconocimiento de “ay no, pero yo creo que la mayoría de la gente en este país usa talle 25, entonces yo hago todo talle 25 porque a mí me parece que…”. Con una tabla de talles que te demuestre, por ejemplo, que la mayoría del país usa 44 a 46, obviamente a los industriales les vas a gustar, porque los industriales quieren hacer plata, no les interesa el resto, entonces si les pones en una estadística que están perdiendo un montón de plata, y, ahí también un poco se les va a “fruncir el culo” y les vas a poder decir otra cosa. Nosotras entendemos que es perfectible, porque nosotras teorizamos todas estas cosas. La mayoría de la información que tiene la ley de talles es información que le dimos desde la sociedad civil, porque estatalmente no hay ningún tipo de información, salvo ahora en este último año que el INADI (Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) publicó el mapa de la discriminación y habla de que la discriminación por gordo, la discriminación corporal, es la segunda discriminación más grande del país. Para nosotras también es un montón de información que nunca podíamos poner en práctica, y a partir del estudio y de que la ley se ponga en práctica vamos a empezar a ver todas las cosas que están bien, las que están mal y en qué se puede cambiar. No es que bueno, ya está, ya se aprobó la ley y ahora me voy a dedicar a otra cosa, no, el trabajo sigue. Por eso se crea un consejo consultivo, que es ad honorem, donde las personas que participan no van a ver un peso pero van a ser una especie de contralores de esa de esa ley, para ver que se esté cumpliendo como corresponde, para cuando vayan a denunciar los casos poder observar, poder ver, poder hacer los controles, etcétera, entonces hay un montón de trabajo por hacer todavía, pero bueno, no es al pedo y ojalá que no tengamos que salir a pedir la obligatoriedad de la cantidad de talles, pero no lo sabemos, no sabemos cómo va a reaccionar la industria a partir de la aplicación y qué va a pasar con eso, si solamente van a decir “listo, te cambio la etiquetita y ya está”, o realmente se van a avispar y empezar a hacer ropa para la gente que los consume.

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Pero la realidad es que se tardó muchísimo con el tema de la implementación o justo tuvimos la mala suerte de que se aprobó en la última sesión del 2019 y arrancamos el 2020 con pandemia, entonces fue como “bueno chicas, quizás la ley de talles no sea lo más urgente en este momento”. Por ejemplo, con la reglamentación yo me levanté porque un periodista me llamó y me dijo “che, ¿viste lo de la reglamentación? Y yo estaba como ¿eh, que? Nunca nos avisaron de la reglamentación. Fue todo un lío. En ese sentido empezamos a tener reuniones todas las personas que trabajábamos, se empezó a activar lo del INTI, que tampoco tiene tanto personal como para hacer tanta difusión, entonces la mayoría de la difusión del estudio dependió mucho de las influencers y las activistas que estuvimos laburando porque éramos más o menos las que íbamos avisando donde estaba el estudio, pero fue muy difícil, por ejemplo, hacer que se acerquen hombres, porque era como “pero esto es cosa de minas”. Y nos pasó en Pilar que había un pibe que fue a acompañar a la novia y estábamos todas mirándolo como diciendo “y vos también vas a pasar”, y el pibe, “no, no yo no voy a pasar”. Éramos cuatro personas convenciendo a un pibe que pase a medirse. Un pibe que ya estaba ahí, no era que tenía que ir, estabas ahí, solo tenía que sacarse la ropa y pasar, no era tan difícil lo que tenía que hacer.


Yo pienso que tal vez no relacionan el problema de los talles en los hombres, sino que por ahí eso es lo que decís, “es solo para minas”. Pero también con los cuerpos gordos de los hombres pasa exactamente lo mismo que con nosotras, pero tal vez la mujer es la que tiene que levantar esa bandera porque, digamos, ellos no lo ven como un problema.

Lo peor de todo es que lo ven como un problema, simplemente que no lo toman como tal, porque no creen que es importante y no comprenden en realidad la importancia que tiene. Ni siquiera se hacen la pregunta básica, esa gente que dice “¡No, la moda es para taradas!”, pero eso también es parte de decir algo con respecto a la moda, primero porque conoces lo que es, y segundo porque la vestimenta no es algo que elegimos. Esta mañana nosotres nos levantamos y no dijimos “¿me visto o no me visto?”, no, elegimos lo que nos ponemos, porque vestirse no es opcional. Entonces es algo que nos afecta absolutamente a todas las personas, y lo que va a pasar ahora seguramente cuando se publique la tabla de talles, es que la tabla de talles tenga una pequeña tendencia hacia determinadas corporalidades porque esas fuimos las que más nos comprometimos. ¿Entonces qué va a pasar? Va a estar la gente relegada que va a decir “¿y nosotros nos quedamos afuera?”, pero ¿y por qué no te fuiste a medir? ¿Por qué pensaste que esto no era para vos? Si hablamos todo el tiempo que esta va a ser la tabla de todos los que habitan Argentina, esto es un problema de todas las personas, pero como creen que no les afecta directamente, no les importa, pero no le preguntan a su amiga si le pasa lo mismo. Hasta que no lo vivencian en primera persona, de que vayan a un lugar y realmente la pasen mal en un probador porque nada les entra, no se dan cuenta de la magnitud y la importancia que tiene eso. Con los pibes también, por ejemplo, Santiago mi compañero tiene dos hermanas que son flacas y hasta que salió conmigo probablemente no se evidenció de lo que pasaba, hasta que a mí una vez me tocó llamarlo llorando diciéndole, “boludo caminé 50 cuadras y no encuentro nada” Yo estaba sentada llorando en una esquina porque no sabía qué hacer, probablemente no se haya evidenciado tampoco.


Con respecto a esto que vos contás, vos pusiste en discusión la mirada condenatoria sobre el cuerpo de les gordes y también nos ayudaste a muches, a desnaturalizar estos sesgos sociales, culturales, ¿Cómo empezó en vos esa reflexión?

Para mi tiene que ver un poco con respuestas a mí misma. Yo a veces miro mis fotos y siempre lo cuento. Mi primera dieta me la mandaron a los 9 meses. Siempre fui grande, no gorda, y esto siempre lo quiero aclarar porque hay una cuestión con la falta de diversidad corporal que nos lleva a una cuestión pendular, que todo lo que no es delgado automáticamente es gordo y eso es tremendo, porque hay un montón de pibas que realmente no son gordas, pero son tildadas de gordas. Entonces volves a aclarar que no todo cuerpo “no delgado” es necesariamente gordo y que si bien no hay una balanza donde te midan y te digan “si pesas más de X cantidad de kilos empezas a ser gordo”, también el ser gordo tiene que ver con una experiencia, el ser gordo es eso, no solamente tiene que ver con la corporalidad, sino también con la experiencia de cómo uno atraviesa el mundo, como el mundo lo trata a uno cuando lo percibe de esa forma. Yo he habitado un montón de espacios donde siempre me han percibido de esa forma. Yo siempre fui muy tetona, muy culona, y siempre fui grande. Yo, a los 12 o 13 años tenía un cuerpo como el que tengo ahora con unos cuantos kilos menos, pero a los 12 años parecía una piba de 16, 18. Entonces siempre fui grande corporalmente con respecto a otras corporalidades y siempre tuve un poquito de panza, nunca tuve la panza chata, y esa es otra cuestión, la única panza posible es la chata. Si tenes apenitas un medio rollo ya estás gorda. Nunca llegas a ser lo suficientemente flaca para ser considerada flaca, entonces si no sos flaca, automáticamente sos gorda. Esa percepción es la que a mí por un montón de tiempo me llevó a creerme esa situación y empezar a expulsarme sola de un montón de lados. A mí me gusta mucho bailar y desde chica siempre bailé, pero a los 11 o 12 arranqué danza árabe y tenía que ponerme el traje de dos piezas y mostrar la panza. Y como a mí no me gustaba, mi mamá me cocía como un pañuelito abajo del corpiño para que no se viera y no tener que usar vestidos ajustados. Yo era grande, yo a los 12 y 13 años usaba talle 42 de persona adulta, y no me podía comprar ropa cuando era chica. Entre los recuerdos que tengo, cuando le pedí a Papá Noel un vestidito de Sailor Moon y con 6, 8 años me tuvieron que comprar el talle 12, mi mamá no me dejaba usarlo en la calle porque se me veía todo el ojete. No me entraba lo que estaba usando, pero yo lo usaba igual. Entonces esa experiencia de no caber es lo que te termina definiendo en un montón de cosas y esa idea se te instala como propia. Porque ese mundo que te expulsa todo el tiempo te hace creer en realidad que el problema sos vos, no te dicen “nosotros te estamos expulsando por esto”, te dicen que el problema sos vos y que es tu culpa que te estemos expulsando. Obviamente te lo terminas creyendo y yo me lo creí.  Yo creí que nunca nadie me iba a querer porque era gorda. Yo creí que nunca iba a poder hacer lo que a mí me gustaba porque era gorda, que no podía tener amigos. Me volví un ser completamente despreciable al nivel de que le hacía burlas a pibas más gordas que yo, porque para mí era como un alivio no ser la más gorda de un lugar. Esa presión constante me hacía decir “ay, si hay una más gorda que yo, qué suerte”, entonces me unía a la parva de gente que me criticaba. Es una situación de todo el tiempo sentirte excluida y sentir que, si me uno al resto tal vez no me expulsen tanto, pero al fin y al cabo cuando ella se iba yo volvía ser la más gorda y a ser el chivo expiatorio. Entonces en todas esas situaciones que son re feas, me di cuenta que por muchos años me vinculé, sobre todo con varones, desde el bajar la cabeza, desde el creer que no podía decir que no, de “bueno, si se me acerca un pibe, no importa si no me gusta, yo tengo que decir que sí igual y aferrarme porque si no me voy a morir vieja y sola para siempre”.

A mí también me ha pasado, “gorda, solterona”, ¿no? Entonces tenés que ser simpática y aceptar lo que venga.

Exactamente, y siento que un montón de veces, que sé que no es mi culpa, pero me expuse a situaciones de abuso por no saber decir que no, por no poder poner el freno y decir “che, yo no quiero hacer esto”. Una vez me pasó cuando yo era más chica en un cumpleaños de 15, donde yo tenía 14 todavía, un chabón vino y me arrinconó contra la pared porque me quería dar un beso y era como no no no, y me lo pude sacar de encima, pero el chabón después viene y me dice, “que no se te ocurra contar nada de esto porque quién te va a creer que yo te quise chapar a vos, gorda”. Y me quedó súper grabado eso, esa sensación de decir claro, ¿a quién le voy a poder decir, che mirá que fulanito me quiso hacer tal cosa y yo no quería? Si a mí nadie me quería porque era la gorda fea. Esa situación se te graba un montón y esas inseguridades te quedan clavadas un montón. Entonces para mí un poco el activismo tiene que dar respuestas a esas cosas. Pensar que hoy en día existen un montón de esas Brendas adolescentes que la pasaron como el orto creyendo que el problema era su cuerpo, que no disfrutaban de las cosas que hacían, que se relacionaban horrible con otras personas, que hablaban un montón de mierdas de otras personas porque creían que esa era la forma de poder encajar y de relacionarse. Para mí el activismo empezó cuando me empecé a dar cuenta de que había algo que no me esperaba en esas cosas, cuando pude empezar a ver también otras gordas haciendo cosas que estaban buenísimas y empezaron a exponer de alguna forma mi comunidad y las redes sociales me ayudaron muchísimo, porque en ese empezar a exponerme sin saber muy bien qué onda y empezar a disfrutar y decir “bueno, si esta piba postea fotos yo también puedo postear la misma foto”, y encontrarme con comentarios de pibas sobre que, gracias a que yo lo hacía, ellas también lo podían hacer como por este efecto contagio, y encontrarme también con historias de otras pibas que lo único que tenían en común era la corporalidad pero que vivían lo mismo. Es como que te hace abrir la cabeza hacia otras cosas. Me llevo muchos años el despertarme y darme cuenta de que nada de lo que me pasaba tenía que ver con la construcción de mi autoestima y que incluso era casi estúpido creer que yo podía generar una autoestima sana, en una sociedad que me decía que todo lo que yo era estaba mal.

Con respecto a eso te cuento que yo trabajo en un consultorio integral para la salud adolescente y en las entrevistas con las pibas el gran problema es que no quieren ser gordas. Como si soy gorda no encajo, o porque mis compañeras son flacas, entonces si soy gorda no me van a aceptar. Eso sigue existiendo y muchas de estas consultas, terminan atendiéndolas en salud mental. ¿Cómo crees que esos estándares de belleza afectan nuestra salud mental, no solo en los jóvenes sino también en los adultos?

En un montón de sentidos. Si a mí hay algo que siempre me causa un montón de gracia de alguna forma, en los cuadernos y en los libros que te dan en la dieta club de Cormillot y en toda la cuestión de lo que tiene que ver con el discernir del mal, cuando hablan de la obesidad como enfermedad y te dicen qué enfermedades están relacionadas con la obesidad, y una de esas enfermedades aparte de las que ya sabemos: diabetes tipo 2, presión alta, bla bla bla, una de las cosas que te dicen es que supuestamente la obesidad te genera depresión y ansiedad. Para mí no hay nada más mentiroso que eso. Porque yo tengo depresión y ansiedad, pero no por mi cuerpo, las tengo por cómo la sociedad me ha tratado debido a mi cuerpo. Porque todo el tiempo estoy tratando de encajar. Tengo todo el tiempo que estar disculpándome por las cosas que hago, o no hago, o aunque incluso sienta que la otra persona se haya equivocado siempre soy la que termina pidiendo perdón. Soy muy sumisa en un montón de cosas y hay algo que a mí me pasa un montón con el trabajo, que tiene que ver con esta cuestión de todo el tiempo sentir que tengo que compensar. Porque el pensamiento viene de que yo ya la cagué siendo gorda. Así que ahora todo el tiempo tengo que compensar para que la gente no se dé cuenta de esa parte. Entonces, como “ya soy gorda”, tengo que ser la mejor modelo, la mejor estudiante, la mejor que hable de este tema, siempre tengo que ser la mejor porque yo ya arranco diez pasos más atrás por mi corporalidad. Pero en mi cabeza no está instalada la idea de que en realidad la sociedad es la que me puso diez pasos más atrás, es porque yo soy gorda entonces tengo que compensar porque eso es lo que está mal. Y creer esa situación de “ya estás haciendo todas las cosas como el orto, al menos la única cosa que puedas hacer bien, hacela bien”. Es muy fuerte, es esa cuestión de todo el tiempo querer estar encajando, el estar pensando dos veces el qué te vas a poner, si te entra… Me pasó un montón cuando yo recién estaba pegándola, digamos, como influencer y me invitaban a eventos. Sufrí un montón la cuestión del dress code (código de vestimenta), porque de la nada te caían con que tenés que venir así y asá y yo no tenía nada. Nunca en mi mente estaba la posibilidad de decir “bueno, listo, me visto de la forma más parecida que pueda, pero no me pongo exacto lo que piden y voy”, pero cuando caía, ponele que gastaba plata para conseguir lo que me pedían, y veía que había pibas flacas que les chupaba un huevo, iban de otro color y listo. Pero yo sentía esa presión de que encima que era la única gorda de todo el evento, imaginate si desentonaba por no seguir el dress code. Era un montón. Eso es lo que te termina generando episodios de ansiedad. Yo lloraba a mares antes de ir a los eventos y decía “bueno, no voy”. Y era perjudicial para mi trabajo porque si no iba a ese evento no me podía hacer visible, la marca no me podía conocer, no podía tener posibilidades de trabajo. Así que hay un montón de cuestiones en las que te condicionan en la cuestión de la depresión y la ansiedad, o sea mi deseo después de quedarme en mi casa, meterme en la cama tapada hasta arriba y no salir nunca más. No es porque soy gorda. Es por lo que genera en el otro mi corporalidad y no tiene que ver conmigo, tiene que ver con la reacción de la sociedad y con este discurso gordofóbico que todo el tiempo me pone en un lugar de fea, inútil, sedentaria, que no me cuido y que soy una persona que no me preocupo. Ese es el mensaje que termina generando toda esa problemática en nuestra salud mental, y es muy fuerte, ahora la encuesta que hace el INADI todos los años consulta qué efectos tiene puntualmente la problemática de la ropa. Y te habla un montón de gente que se pone a dieta, que piensan en modificar su cuerpo, o que castigan incluso su propio cuerpo.

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A mí me sorprendió escuchar chicas de 13 años de estar un mes comiendo una manzana y tomando agua. Para mí fue bastante fuerte. Siempre fui gorda y mucho de lo que aprendí a habitar mi cuerpo fue gracias a vos, y me pude casar y conseguir vestido de novia gracias a tus recomendaciones. Te quiero decir que llevo como ejemplo. También cuando charlamos con las adolescentes de estas corporalidades, aparece esto que vos decías, los grandes problemas siempre han sido los medios de comunicación con esta función de crear estereotipos y opinar sobre nuestros cuerpos. ¿Vos creés que hay condiciones para poder plantear medios de comunicación con perspectiva de género que abarquen a todas estas corporalidades? ¿Existen esas condiciones actualmente o las habrá en algún momento? 

Yo creo que es muy difícil sobre todo por el tema de las legislaciones. Las legislaciones no pueden ir encima de los cambios sociales, la realidad es esa, porque si no termina pasando como pasa con un montón de leyes, como la ESI (Educación Sexual Integral) que hace 16 años que está y no se aplica, ¿por qué? porque en el artículo 5 dice que cada uno ve si quiere aplicarla y como le parece. Nos pasó en las últimas elecciones presidenciales o en las del Senado, que con Santiago antes vivíamos cerca de la zona de Retiro y a él le tocó ir a votar un colegio que vos veías en las paredes los trabajos sobre ESI de “la seño nos enseñó que ni machismo ni feminismo, porque somos todos iguales y no sé qué y no sé cuánto”. No. No, las bolas, no. El artículo 5 de la ESI tiene que desaparecer porque si no, en los colegios religiosos enseñamos entonces que Dios es el que le pone la semillita en la panza a la mujer y ya está, y es como: chicos, no, no puede seguir pasando eso. Si bien somos un país que está muy adelantado en el nivel legislativo en un montón de cosas, la realidad es que la ley no puede suplantar el cambio social, no puede suplantarlo porque es imposible que una ley se ponga por sobre toda la sociedad. Entonces lo que terminas haciendo es creando un montón de leyes que terminan muertas. Lo importante para mí tiene que ver con el cambio de cabeza. Con que el cambio social tiene que venir desde otro lado, desde el pedido como sociedad. Los medios de comunicación si bien son principales responsables de un montón de cosas, la realidad es que también nosotros como sociedad, nos tenemos que hacer cargos de las cosas que elegimos consumir y de las cosas que apoyamos. Por ejemplo, en la facu surgió hablar del intento de magnicidio de Cristina Fernandez y en un momento el chabón nos dice que si vos te fijas en la nota de Clarín, si bien eran bastante forros tipo “bueno, el kirchnerismo hizo tal y tal cosa”, las puteadas estaban en los comentarios de las personas. El “kuka”, “rata”, “ojalá te mueras” o “los vamos a matar a todos”, no lo decía Clarín, lo decía Jorge de Lanús. Y si bien Clarín fogonea de alguna forma, el responsable de que el comentario de Jorge de Lanús se lea y eso termine haciéndose una bola, somos las personas medianamente comunes. Por lo que pienso que los medios de comunicación son un gran reflejo de la sociedad y ese creer que son un reflejo de la sociedad nos hace creer que solo lo que hay en los medios de comunicación es lo que puede existir. Y recalco que sería súper importante poder tener representación, no solo los medios de comunicación, sino también en los lugares decisivos de poder. Me encantaría que haya otra política gorda que no sea Elisa Carrió porque al final terminan tratando a todas las gordas de locas porque es Carrió, pero si Carrió pesara 50 kilos menos sería un personaje polémico igual. Me encantaría que exista, pero incluso me acuerdo que cuando Máximo Kirchner empezó a hacer su carrera política más seria y a empezar a perfilarse como una figura política, el chabón tuvo que bajar de peso. Y desde que bajó de peso es una figura política mucho más fuerte y más confiable. Como que ahora sí puede hacer algo, pero cuando estaba gordo era un inútil para la sociedad.

También pasa mucho con los médicos, médicas o nutricionistas que son gordas, ¡Pero cómo vas a ser médico si sos gordo, justo vos!.

Con muchas nutricionistas pasa y a mí me parece tremendo. Muchas nutricionistas son recuperadas o no recuperadas de transtornos de la conducta de la alimentación y es peligrosísimo, porque estás dándole el mando de tu alimentación a una persona que tiene trastornos de la conducta de la alimentación, es muy heavy. Siento que roza la eugenesia. No sé si está bueno que si sos una persona que tuviste TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria) estés a cargo de la alimentación de un tercero, porque ¿cuál es tu criterio respecto a eso? Y eso lo que termina generando también es una gran parcialidad. Y esa gran parcialidad y prejuicios son los que terminan generando que en la mayoría de la medicina sucedan atenciones paupérrimas, que la atención que se le da a una persona gorda sea de una calidad pésima.

De hecho, yo vi en las redes recientemente al rapero y cantante G Sony pidiendo por favor, que él pagaba a cualquier obra social para tener cobertura de salud, pero nadie se quería hacer cargo de él simplemente porque es gordo, y si sos gordo no sos una persona. 

Pero el negocio de las prepagas en general es que seas sano.

Claro, porque entonces le evitas costos. Porque el gordo es enfermo siempre, porque ya está catalogado como una persona enferma.

Exacto. Y la ley TCA, la mal llamada Ley de la Obesidad y peor llamada Ley Cormillot, lo que hizo fue catalogar acá en Argentina, más allá de lo que dice la Organización Mundial de la Salud, a la obesidad como enfermedad para que un montón de personas, puedan acceder gratuitamente al tratamiento por si querés bajar de peso y también a la bariátrica. El problema de eso es que la bariátrica para muchos médicos se convirtió en un caramelo, tipo “bariátrica para vos, bariátrica para todos”, y una operación bariátrica no es barata, pero tampoco te cuenten un montón de cosas, por ejemplo, que cuando te la haces tenés un montón de pérdida de nutrientes y vas a tener que tomar un montón de vitaminas de por vida. Eso no te lo cuenta la Obra Social. Que significa un montón de plata de por vida y no te lo cubren. ¿Qué pasa si yo no tengo la plata para comprar lo que necesito para seguir manteniendo mi cuerpo después? ¿Qué hago, me muero entonces?

¿Sabes qué también? El tratamiento en salud mental, porque me ha pasado de ver a personas que se han hecho la bariátrica y han bajado 70 kilos y no poder encontrarse en ese cuerpo, por esos kilos que bajaron. Me gustaría que retomemos el tema de los medios de comunicación, porque a nosotras como comunicadoras nos interesa mucho. Vos me decías que el gran problema no eran los medios, sino la sociedad… 

Yo creo que eso tiene que ver con una generalidad, que, si bien obviamente tienen que cambiar los medios, siento que no alcanzaría solo con eso, porque también cuando los medios quieren copiar hay una cuestión reactiva un poco en ese tema. A mí lo que me pasó, es que, si bien no estoy de acuerdo con su línea editorial, me parece súper importante por ejemplo participar en medios como Clarín porque se dé la llegada que tienen. Hace poco con varias compañeras fuimos citadas por Clarín para hablar de gordofobia, y la verdad que las preguntas fueron súper lindas porque el periodista estaba muy interesado en el tema. No es que era un choto haciéndote preguntas de mierda, si no que realmente estaba muy interesado en aprender, nos dejaba hablar un montón, como que la edición también fue linda porque no se cortó nada, y la verdad es que la basura de la gente que lee Clarín es tremenda. Obviamente que estamos hablando del mismo medio que probablemente al otro día sube una foto criticando el cuerpo de alguna, o sea la línea editorial reitero, sigue siendo muy cuestionable, pero también es cuestionable la gente que lo consume, porque no es que cuando te publican te dicen “qué genial que estén hablando de esto”. No, la mayoría de los comentarios son de “gorda, te vas a morir”, “está todo mal”, “baja de peso”. 

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Cuando se da el espacio para hablar de otras cosas que no necesariamente tengan que ver con la hegemonía, la reacción del público es contraria.  Entonces para mí el cambio tiene que ser como doble. Si bien tiene que haber un compromiso por partes de los medios, también tiene que haber un compromiso por nuestra parte como sociedad, porque nosotros también nos encargamos de reproducir en espacios muchos más chicos, porque más allá de lo que me baja a mí la revista, el noticiero, la tele, la película, lo que sea, es lo que termino reproduciendo yo también con mis compañeros de oficina, con mis hijos, con mis pares. Eso también tiene que cambiar.

A mí me asombra la naturalidad con la que la gente puede opinar del cuerpo de otra persona, me parece súper espantoso, ¿con qué derecho lo hacen?

Y también se ofenden cuando vos les pones un freno y les decís que no queres que opine sobre tu cuerpo, y te dicen “bueno, qué sensible, bueno, que no sé qué”.  Y es como para decirle, pará boludo ¿vos me estás diciendo que tenés más derecho sobre mi cuerpo que yo? ¿Qué onda?

Creo que está muy naturalizado el tener que opinar del cuerpo de las demás. Y otra cosa que a mí me parece importante rescatar, es que, si bien el feminismo nos ha dado muchas herramientas para enfrentar estos mandatos del patriarcado, creo que en temas de lo estético y lo corporal no se ha trabajado tanto ¿Qué opinión tenés al respecto? 

Yo creo incluso que muchas lo consideran una pelotudez.

Tal cual. Por eso tu opinión me parece importante porque, por ejemplo, se habla de eco-feminismo, feminismo latinoamericano, etc, pero por ahí las diversidades corporales no son temas que estén en la agenda del feminismo. 

No. Incluso nos consideramos de alguna forma casi como las disidencias dentro del feminismo. ¿Viste cuando se habla de mujeres y ciencia? Bueno, las gordas estamos dentro de la disidencia. Es más, en el Ni Una Menos hubo varios intentos de tener columnas con personas gordas y consignas sobre eso y no se pudo. Resulta bastante difícil la relación entre el activismo gordo con el feminismo. Para mí hay una cuestión muy importante de volver a recalcar, que es que el activismo gordo no nace del feminismo, nace desde los feminismos de la diversidad corporal y la diversidad sexual, o sea, el activismo gordo se asemeja mucho más al activismo trans, al activismo intersex, al activismo queer, que al feminismo. Eso me parece siempre súper importante aclararlo, porque al feminismo siempre le encanta ser la madre de todas las luchas, pero la verdad es que no lo es. 

Los feminismos cuando arrancaron eran de mujeres con un montón de privilegios, que tenían un montón de accesos y que al tener esos accesos no tenían muchas cosas que perder, entonces podían hablar libremente porque tenían la posibilidad de hacerlo. Entonces en los inicios, los feminismos, en general eran eso, mujeres blancas, delgadas, heterosexuales y jóvenes que tenían la posibilidad de juntarse con otras pares y tomarse un tecito y hablar de las cosas que estaban haciendo. Eran mujeres educadas y que tenían la posibilidad de acceder a una universidad. Surge de esos lados, desde esos privilegios, y es completamente entendible porque obviamente que una mujer esclavizada ni siquiera tenía tiempo de poder pensar en un mínimo derecho. Ahora, la realidad es que eso también tiene que cambiar porque si los feminismos siguen siendo en sus bases, racistas, xenófobos, gordofóbicos, clasistas, después de todo lo que las bases de algunos feminismos pusimos, la verdad es que no sé qué gracia tiene. La realidad es que pasó mucho incluso con el tema del aborto y las marchas. Después de que se consiguió el aborto en el 8M y en el Ni Una Menos, bajó la cantidad de gente que estuvo en la calle en las marchas. Fue muchísima menos. Ya el 8M fue poca, el 3 de junio no había nadie. Realmente fue una vergüenza porque no se acabaron todavía los femicidios, los travesticidios, la problemática con las personas gordas sigue, la problemática con las mujeres pobres sigue, hay un montón de problemáticas todavía para hablar, pero parece que bueno, ya se consiguió el aborto y listo, el feminismo ganó. Incluso se dio en el último tiempo que muchas feministas que tienen como la voz mandante de alguna forma, que son como figuras del feminismo, y se habla de lo que ellas dicen que se hable. Tiene que haber un montón de voces, porque me pasó en un montón de lugares de que cuando se arma un debate feminista no tenés gordas, negras, pobres, trans, no tenés nada, tenés todas mujeres universitarias, blancas, heterosexuales, jóvenes, que están hablando de lo mismo. Me pasó un montón de veces de encontrarme con un montón de mujeres delgadas hablando de determinadas cosas. A mí me gusta un poco compararlas con esta cuestión de tener un complejo de Greenpeace, por esta cuestión de querer salvar a las ballenas, pero las ballenas tenemos voz y por suerte estas ballenas de dos patas podemos hablar por nosotras mismas. Las que tienen cola lamentablemente sí necesitan que las ayudemos porque no se pueden comunicar de alguna forma, pero las otras ballenas, las que estamos acá en la tierra, sí tenemos la posibilidad de hablar entre nosotras. Hay un complejo de Greenpeace de querer venir otra vez a ponerme como objeto de estudio, y ser “ay, sí, yo puedo hablar por vos, por las que no tienen voz”. Tu vieja no tiene voz, yo tengo voz y yo puedo hablar por mí, entonces dame el espacio, deja de querer tratarme como objeto de estudio porque no soy tu objeto de estudio, soy una persona que tiene las mismas posibilidades que vos.

Incluso el otro día cuando salió lo de Alberto Cormillot (1) yo estaba hablando y me mandaron como tres o cuatro personas un vídeo de una activista feminista. Yo no tengo nada en contra de la piba, pero ¿en serio a una activista gorda le vas a mandar para que publique un vídeo de una piba que más hegemónica no puede ser? ¿De verdad? Y es eso, cuando a una piba le discutí al respecto, me dijo “porque yo estoy preparada”, y le contesté que yo también estoy preparada, tengo un montón de información. ¿Qué te creés? ¿Que yo soy estúpida? ¿Porque no tengo un título universitario todavía no tengo el mismo poder de explicación que ella? El problema es que les parece más importante la palabra de ella porque es blanca, rubia, tiene ojos claros, es joven y flaca.

Claro, se le da más importancia incluso que a las personas que realmente están transitando por esa problemática. A modo de cierre, quiero preguntarte ¿cuáles son para vos las tareas que desde el movimiento de mujeres hay que llevar a cabo en Argentina? ¿Qué tareas pensás que quedan pendientes? 

Es muy difícil sobre todo porque estamos justo previas al Encuentro y hay dos encuentros. Eso me parece tremendo, que todavía estemos discutiendo si las mujeres trans son mujeres o no, el tema de la plurinacionalidad, ahí claramente te habla de que hay una resistencia muy fuerte en un montón de cuestiones. Necesitamos que exista un solo Encuentro dentro de, otra vez, dentro de esos feminismos, que todos los feminismos puedan coexistir. Pero la realidad es que es muy difícil coexistir con un discurso de odio. Yo no puedo estar de acuerdo con un feminismo que trata a las mujeres trans como tipos con pollera. No puedo con eso, no hay chance de que yo quiera compartir algo ¿Querés tener tu propio Encuentro? Chau, anda por la sombra. No me puedo poner a debatir ese tipo de cosas porque siento que realmente son cosas que atrasan y siento de alguna forma que ya las habíamos debatido. A mí me pasa de que siento que es muy difícil poder construir con un montón de gente que realmente no quiere construir, y no quiere correrse de ese lugar, y cuando le mencionas siquiera la palabra privilegio saltan como si vos les estuvieras diciendo que son inquisidoras y que son el mal de todas las sociedades. Me hace acordar a algo muy hermoso que dice Georges Orwell, “somos todos iguales, pero hay algunos que son más iguales que otros”.

Ante la ley supuestamente somos todos iguales, pero la realidad no es así, hay gente que es más igual que otros, porque ya nacieron con privilegios. Es necesario que revisemos esos privilegios para que no terminen convirtiéndose en opresiones a otras personas porque al final, si no, terminas siendo lo mismo que decís combatir. Me flasheó un montón cuando leí a una activista gorda negra estadounidense que empezó a plantear que la gordofobia, tiene una etimología racista en sus principios, porque, lo que se habla a veces de las corporalidades negras como corporalidades exuberantes. Eran como todo lo que no había que ser, porque ese era el cuerpo que estaba mal, el no deseado, el odiado. Entonces todo lo que tiene que ver con la exuberancia, en parte también tiene una cuestión racista, por esta cuestión de “las negras de culo grande”. Eran las que incluso se las exhibían como objetos en los museos y eran como la rareza y lo asqueroso.

Finalmente me parece importante decir que cuando se habla del techo de cristal y de que las mujeres tienen que llegar a puestos de poder, no alcanza con ocupar espacios nada más, porque hay un montón de mujeres que llegan a esos lugares y se convierten en jefas de mierda igual que los chabones, porque se comportan de la misma forma. Entonces no alcanza con tener una jefa mujer, tiene que haber una deconstrucción de la totalidad y que no solamente sea una, que esa jefa mujer, también que ayude a otras mujeres. Es una cuestión de quienes ocupan esos espacios y cómo lo hacen. Pero es importante no quedarse solamente con eso, en que la mujer es el sujeto político. No. Chupame un huevo. Necesitamos discutir otras cosas que se terminan volviendo mucho más urgentes. Hay un montón de mujeres que ni siquiera tienen el espacio para poder hablar de las cosas que les pasan, entonces para mí lo que tiene que pasar es un poco revisar nuestros privilegios y empezar a dar espacios para que las personas como nosotras, que por mucho tiempo hablaron por nosotras, podamos realmente de una vez hablar directamente.

Te agradezco primero en poder brindarme una mano a mí, en poder aprender a también habitar mi cuerpo con cariño, que es muy difícil, pero también por ayudar a otras adolescentes a que también lo hagan. Estoy de verdad muy agradecida, te agradezco muchísimo tu tiempo, sé que trabajas un montón y para mí es muy valioso que te hayas tomado este tiempo para charlar conmigo, y de alguna forma, también con las compañeras del colectivo de comunicación Contrahegemonía.

Yanina González. Trabajadora Social. Integrante del colectivo de comunicación Contrahegemonia web.

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Referencias:

1 Alberto Cormillot es médico, nutricionista, comunicador y empresario de la salud dedicado a las dietas y famoso por sus expresiones gordofóbicas. Su última declaración fue ““si sos una chica que pesa 120 o 130 kilos en la oficina, muy posiblemente tus compañeros, si te ponen la mano encima, te la ponen como un buen compañero. Ahora si vos bajás 30 o 40 kilos ya dejan de ponerte la mano encima como un buen compañero y te ponen la mano encima con otra intención, ¿no?”.

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