Actualidad y desafíos del colectivo trans travesti. Entrevista a Quimey Ramos

¿Cuál es la situación actual de las personas trans, travestis y no binaries en Argentina?

Creo que en primer término no la podemos pensar disociada de la realidad de la mayor parte de les trabajadores precarizades del país, y sobre todo y especialmente de la realidad de les trabajadores informales o no registrados, con múltiples trabajos, de la economía popular y/o desempleadas. La realidad económica material del colectivo travesti trans se encuentra situada dentro de esa capa de les trabajadores.

Por un lado en lo económico está eso, porque además parece irrisorio tener que estar planteándolo, pero para mí es importante remarcar que somos parte de esos sectores del pueblo trabajador. Porque si hay un efecto negativo del modo en el que programáticamente nos incluyeron en estos últimos años de gobierno dentro de la planificación de las políticas públicas, es aportar a la construcción de una sujeto social travesti, trans y no binarie, sumamente desclasado, no? Y especialmente ante los ojos y las percepciones de les demás trabajadores.  Se nos presenta como sujetxs cuyo único aspecto nodal es ser travestis (por ejemplo), y no a la travestidad en conjunción con nuestras condiciones de clase, racialización, etnia, estatus migratorio y penal, etc. Lo mismo con otros cuerpos feminizados. Por ejemplo, se habla de mujeres como sujetas de las políticas contra las violencias de género. Pero, ¿Cabe duda de que pueda ser la misma violencia por motivo de género la que padece una mujer desempleada que la que pueda padecer una familiar de Juliana Awada?

A un año y medio de la sanción de la Ley de cupo laboral trans travesti, ¿Qué debates están abiertos, qué tensiones generó y genera con el estado?

La sanción del cupo laboral trans trae un montón de nuevos matices y ángulos que modifican el contexto de nuestro horizonte en las luchas, de nuestras condiciones mismas en las luchas por un mejor vivir para nuestra población.

Creo que poniéndolo en contexto, sucede lo siguiente: si pensamos la capacidad de transformación social que tiene esa ley (y que por supuesto, como siempre también hay que aclarar que no salió de un repollo) que es la culminación de un proceso de luchas sociales muy intensas de varios años que vino dando nuestro colectivo, observamos que tiene una capacidad transformadora enorme. Y por otro lado nos encontramos con que esta ley de avanzada se da en el marco de un país muy pobre. En el marco de un país que, si bien es el segundo más importante de la región económicamente, no deja de ser un país de Tercer Mundo; no deja de ser un país que ahora está acatando las medidas del FMI con todo lo que eso implica. Un grado de empobrecimiento mayor que no podemos dejar de denunciar lo atroz de este plan para todo el pueblo trabajador.

Entonces, vemos que  el 1% de empleos previsto para las personas trans y travestis en la administración pública nacional sería equivalente más o menos a unas casi 5.500 personas. Bueno, de ese 1%, el Estado actualmente ha incorporado menos de 500 personas. A un año de la sanción de la ley y de la entrada en vigencia de su reglamentación se ha incorporado sólo 500 personas, que por cierto es menos del 10% del total. Estamos en un porcentaje muy por debajo de ese 1% total que tienen, por cierto, por la disposición misma de la ley, dos años en total para alcanzar. El escenario del cupo además ha dejado de manifiesto la desigualdad estructural en cuanto al acceso al trabajo en el Estado; esto a pesar de que el espíritu del cupo laboral trans tenía por sujetos ideales, imaginarios, a la población travesti trans más vulnerable (si no fuera así ¿por qué la necesidad de disputar tanto que haya un artículo que haga la advertencia de que el nivel educativo con el que cuenta la persona no puede ser razón de discriminación y por otro lado, otro artículo que plantea exactamente lo mismo en cuanto a los antecedentes penales?) Si está la necesidad de hacer esa salvedad es porque efectivamente se está pensando en esa parte de nuestra población, en la más vulnerable. Y lo que vemos, contrariamente, es que la mayoría de las personas que ingresan al cupo no son precisamente esas personas trans y travestis, ¿no?

Y eso parte inclusive desde las convocatorias que nos llegan por whatsapp (absolutamente informales) donde se dan el lujo de, sin ningún tapujo, poner requisitos muchos más altos, tales como “de preferencia con tantos años de experiencia y de las carreras universitarias x,y,z”. Alevoso. Por ejemplo, se abrió convocatoria en el INTA, por decir un lugar, y ponen como requisitos: contar con el secundario completo, si se tiene experiencia en tal rubro mejor y bla bla bla. Ya desde el vamos son excluyentes las comunicaciones y en segundo lugar, aunque esa cuestión de los requisitos no estuviera, vemos como Recursos Humanos al fin de cuentas termina eligiendo aquellos cuerpos que son más predecibles y bienvenides dentro de la estructura estatal. Porque con que yo te deje presentar a la convocatoria, en teoría, ya no estoy haciendo discriminación, pero si luego se presenta una compañera travesti del conurbano profundo, marrona, con antecedentes y con solamente el nivel primario terminado y se presenta por otro lado otra compañera trans de Capital Federal, que ya estudió relaciones públicas o la mar en coche, blanca, finalmente Recursos Humanos a quién elige, no? Se podrán imaginar.

Entonces ahí vemos que hay una segregación propia del acceso al trabajo en el Estado y que la ley en ese sentido no ha podido saldar. Y creo que a pesar de todo somos una población tan extremadamente vulnerable, una población que somos minoría, no por obra de la naturaleza sino como bien sabemos y denunciamos constantemente por los modos en los que se moldea bio-políticamente esta sociedad. ¿Qué significa eso? significa que esta sociedad tiene un grado de normatividad tan fuerte respecto a qué cuerpos pueden ser los que pueden componer el tejido social de nuestra patria, de nuestra ciudad, de nuestras provincias, etcétera; que más allá de que ya no existan leyes que activamente criminalicen nuestras identidades (siempre recordamos, fueron derogadas hace quince años apróximadamente), subsisten modos en los que bio-políticamente se organiza y se purga esta sociedad, enseñándonos que hay cuerpos que pueden ser deseables y deseados de estar en el espacio y cuerpos que no, que no lo son y eso determina la perpetuación y la continuación de una sociedad que nos enseña que es naturalmente lo esperable, o lo esperable de naturalizar. Y aquello que es naturalizable lleva el mote de heterosexual y cisexual por supuesto, no? Entonces dentro de ese contexto nosotres somos minoría, no persé por nuestras características propias, no somos minoría porque (invirtiendo la frase de Lohana) “la empanada tiene papa”; somos minorías por un contexto de multiplicidad de violencias extremas y algunas no tan extremas, pero sí de orden simbólico muy potente.

Entonces en ese contexto, en un contexto donde hasta hace algunos años más del 90% de nosotras no tenía ningún otro ingreso que no fuera el trabajo sexual y/o la prostitución, no podemos dejar de defender aún en este contexto la ley de cupo entendiéndola como una ley de avanzada.

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Pero sin embargo, también ahora vemos cómo aún en su carácter reafirmativo, no logra saldar esta desigualdad estructural propia de este sistema. Si bien casi todos estos aspectos que señalo entran dentro del terreno de la discusión sobre el cómo de la aplicación política de la ley, también tenemos problemas en cuanto a lo meramente legislativo. Hoy en día, a más de un año de su reglamentación en Septiembre, vemos que hay dos artículos claves que siguen sin haber sido reglamentados. Estos artículos son: el artículo que prevé la creación de una línea de créditos del Banco Nación para proyectos laborales emprendidos por personas trans travestis transexuales y transgéneros, y el artículo de incentivos al sector privado, el cual establece una suerte de beneficios de impuestos durante un año a aquellos sectores privados que implementen la aplicación del cupo laboral. Es cierto que no todos los artículos de las leyes tienen que estar efectivamente reglamentados, eso es una discusión bien política, no? Pero principalmente deben ser reglamentados los que no son autoevidentes en sí mismo respecto de con qué mecanismos se van a aplicar. Y es claro que esos dos artículos no son autoevidentes, entonces mientras que no estén reglamentados básicamente no están en vigencia.

Y nuevamente volvemos a lo mismo: mientras, tenemos un país profundamente endeudado y a punto de entrar, preparándose (preparándonos también a nosotros en nuestras condiciones subjetivas para que no tengamos capacidad de acción crítica) para afrontar mayores condiciones de violencia, un entorno más violento, grados de violencia política inusitadas en las últimas décadas como modo de normalizar las represiones que vamos a vivir de aquí en adelante, en pos de sostener este plan económico. En ese contexto es como que pareciera que no hay chances de poder hacer parecer que esto es una prioridad, de poner en discusión que el laburo registrado y con garantías te cambia la vida. No porque sea digno en sí mismo, sino (y sobre todo) porque si te han negado esa chance durante toda tu existencia, no es que sin embargo no hayas tenido que entregar tu fuerza de trabajo igualmente a otras tareas. Y probablemente en condiciones mucho más injustas, humillantes y dañinas.

¿Qué desafíos en materias de derechos y construcciones políticas tienen hoy como colectivo?

Es muy curioso mirar lo sui generis de las características de nuestra lucha en Argentina. Lo digo no por una cuestión nacionalista, sino porque es interesante pensar cuáles son las características propias de los movimientos sociales y de las luchas en Argentina, puesto que por ejemplo si miramos a países de primer mundo, o sea si miramos a las grandes potencias Alemania, Francia, Inglaterra, mismo Estados Unidos, las condiciones en las que se encuentra la población travesti trans en esos países es de una hostilidad ideológica, simbólica, cultural muchísimo más alta en algún punto. Si bien por ejemplo, ellos tienen leyes normativas que habilitan el cambio registral hace más tiempo que Argentina, sin embargo la gran mayoría de ellos mantiene aún marcos normativos absolutamente patologizantes. La identidad no está pensada como un derecho humano, no está pensada en términos de autopercepción y por tanto de autodeterminación, sino que la identidad es un diagnóstico médico. Por lo tanto requiere que sea validada por un otro, y no por cualquier otro, sino por un otro médico, profesional. Un detentador del poder biomédico ¿no? del conocimiento de cómo debe ser un cuerpo.

En algunos de esos países además se están encontrando con condiciones de retrocesos, con movimientos impulsados por la derecha que cuestiona, que quieren hacer inclusive más regresivas estas normativas para poder cambiar la identidad.

Es el caso de Inglaterra donde tristemente la cara visible de ese movimiento regresivo contra nuestros derechos son grupos de feministas que nosotres consideramos Terf, porque son trans excluyentes. Activistas trans han logrado demostrar que en muchos casos tienen vínculos muy, muy ligados a grupos evangelistas y económicos conservadores de gran poder, ¿no?

Es decir que si nosotres al menos las reconocemos feministas, porque no vamos a ir impugnando los modos con los que se denominan, sí podemos afirmar que se trata de un feminismo que está muy lejos del feminismo o de los feminismos que ocurren en nuestra región. Con quienes nosotres tenemos una alianza profunda. Porque el movimiento travesti no sería lo que es sin el movimiento feminista y viceversa en esta región. Otra de las particularidades sumamente interesante e importante de reivindicar de nuestro contexto.

Creo que hay una cuestión clave del escenario que abre el cupo actualmente, que es al respecto de los panoramas que las políticas afirmativas o de discriminación positiva (que es como se les llama a esta clase de políticas, que reafirman un derecho en teoría universal como el derecho al trabajo, al cual en los hechos no todos los sectores tienen un acceso equitativo) generan. Aparecen reacciones de derecha a partir de la consagración de leyes de discriminación positiva o de carácter reafirmativo de derechos cuando estas son sancionadas. Por eso la capacidad que tiene un movimiento de sostener la ley que impulsó una vez que la misma se consagra es clave. Y de hecho, quienes creemos que el acceso al trabajo no se va a solucionar por una cuestión legislativa, entendemos que  esa desigualdad es estructural, sistémica, propia del sistema contrario a la vida que es el capitalismo y que por lo tanto la lucha tiene que ser contra el capitalismo efectivamente, para que logremos transformar de veras las cosas. Dicho esto, sin embargo entendemos que es de carácter de avanzada esta ley. El tema es que claramente cuando una señala, con una ley  de este carácter, que existe una discriminación profunda a la hora de determinar qué cuerpos pueden ser asalariados y cuáles no, no solo se atiza la derecha, sino el progresismo también no? se atiza porque esta ley como decía antes es la culminación de una lucha que tiene un carácter y una profundidad que puede ser precisamente mucho más de raíz, que es la de discutir cuáles son las condiciones propias de desigualdades de este sistema y con qué herramientas le podemos hacer frente y desarrollar una estrategia que no sea puro idealismo.

Entonces, me parece que a lo que estamos asistiendo es a ver que efectivamente estas leyes no van a pasar piola, así como así, sino que la derecha las utiliza en el medio de un contexto de crisis generalizada para poner en discusión los valores éticos, políticos de nuestra sociedad, no? y seguir enfrentándonos y reforzando nuestra imagen de minoría ante el resto de la sociedad.

Por eso, lo serio de los discursos al estilo Amalia Granata diciendo que las trans tenemos, los trans como decía ella, tenemos un acceso privilegiado al trabajo. Ahí finalmente hay un pimpón político donde nosotras siempre somos objetos. Toda la situación nos vuelve a condenar como objetos y no como sujetas de derecho y de condición política, porque  repentinamente este gobierno se embandera con ser el principal defensor de nuestros derechos (a pesar de no estar cumpliendo con los porcentajes que deberían haber incorporado ya de personas trans en el cupo y ni hablemos de un montón de otros derechos básicos que aún menos todavía). Por el otro lado, tenemos a esta gente diciendo absolutamente lo contrario ¿no? diciendo que nosotres somos privilegiades en el acceso al trabajo. En el medio, a las que nunca se les da voz, hegemónicamente, masivamente es a nosotres y quedamos entonces como pelota de ping pong dentro de los sectores de la política activa, con las consecuencias que esto trae respecto de los sentimientos de odio que pueden prender dentro de las grandes masas de trabajadores angustiades, enojades, llenos de rabia y bronca por la pobreza en la que están viviendo. Por eso es muy importante que nosotres tenemos que hacer alianzas sólidas con los movimientos sociales, tenemos la tamaña tarea en este momento de lograr torcerle el brazo a toda esta parafernalia comunicacional y política tergiversadora, utilizadora de nuestros derechos y de nuestras identidades, a esta política demagógica. Bueno en fin, tenemos que torcer el brazo disputando la conciencia del pueblo trabajador.

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Y creo que en eso, a pesar de todo lo terrible de la violencia estructural que vivimos, todavía corremos con cierta ventaja. Porque les trabajadores de la economía informal saben que la mayoría de nuestra población (y lo digo siendo parte del 0,01 que a diferencia de la gran mayoría de mis compañeres, de mis pares en lo identitario, tengo trabajo formal), yo creo que les trabajadores de la economía informal saben que la gran mayoría de nosotres estamos en los mismos barrios, vamos a la misma salita, sufrimos la misma falta de insumos en las salitas y hospitales, etcétera. Y así todo sin dejar de lado todas las violencias interseccionales que vivimos los cuerpos feminizados. Ahí creo que, sin desconocer que hay un montón de particularidades extras que se suman, igual existe una empatía entre les demás trabajadores que no está perdida todavía, que todavía está en disputa esa conciencia de que no nos vean como un enemigo total, sino que nos puedan reconocer como pares. Creo que esa es una confianza que no tenemos que perder y una tarea que no podemos dejar de dar, disputar esta conciencia.

Antes me refería a las políticas demagógicas, la demagogia de la derecha y la demagogia del “progresario” -término que me gusta acuñar porque hace mención al progresismo que ha quedado muy dinosaurio precisamente, un progresismo anquilosado, un progresismo sin capacidad de brindar una lectura política que no sea la de reforzar sus claves identitarias más básicas, más al estilo de un partido de fútbol no?-. En fin, vemos como ante la falta de una plataforma política sólida tanto por parte de la derecha pro, como por parte del peronismo, lo que aparece es como una reivindicación del espíritu más identitario de cada sector político, en un sentido muy plano, en un sentido muy futbolero. Mientras que todos están siguiendo las recetas del FMI, pero queriendo hacerlo con distintos plazos, digamos. Creo que la comparación con la idiosincrasia del fútbol no es menor porque nos habla de un momento muy patriarcal de la política.

La falta de una plataforma verdaderamente renovada, de análisis político, de profundidad con criterio, nos habla de un momento de mucho circo romano de la política y de una espectacularización enorme, que como vemos ha girado toda la agenda hacia la derecha. 

Los travesticidios y transfemicidios siguen en aumento, ¿Cómo pensarlos desde una perspectiva trans travesti? ¿Cuáles son los ejes o situaciones de mayor vulnerabilidad?

El tema de que los travesticidios y transfemicidios continúen y estén en aumento es un tema que da para cortar tela para rato. Yo creo que ahí hay otra clave de la denuncia que le corresponde a este gobierno y es la siguiente. Habiendo desarrollado una principal herramienta para el abordaje de las situaciones de violencia por motivo de género como es el programa acompañar, vemos también ahí un sesgo y una determinación clasista a la hora de la implementación, que termina por volverse también de índole cis-sexista. Y digo esto porque resulta que cuando comenzó la pandemia, el no poder ejercer el trabajo sexual y/o la prostitución en la vía pública, trajo un panorama de una virulencia terrible para la mayor parte de las travestis y trans. Entre otras cosas situaciones en las cuales compañeras se arriesgaron a salir a la calle igual y vivieron la brutalidad de la Fuerzas de Seguridad que tuvieron mayor posibilidad de reprimir a discreción, de violentar la discreción; o sea un contexto que amplió ese poder, ese alcance de  lo represivo y por otro lado también inclusive posibilitó  el contraer multas con el Estado por romper la cuarentena sin contar con un permiso, un certificado único de circulación. Es decir que fue el mismo estado una entidad que nos condenó, que condenó a un montón de compañeras inclusive a la contracción de deuda para con la entidad que en teoría cuida del bien común por salir a la calle para conseguir su mínima subsistencia.
En ese panorama de crisis total y donde se viralizaron varios vídeos de mujeres trans y travestis en condiciones gravísimas solicitando asistencia, el Ministerio de Género Mujeres y Diversidad hizo un convenio con el Ministerio de Desarrollo Social para dar un acceso facilitado al programa potenciar trabajo. Accedieron según los datos del Estado 5.000 personas trans travestis y no binaries a dicho programa. Pero luego resulta que ese programa, así como las pensiones no contributivas por discapacidad, son incompatibles con el programa Acompañar, que es la herramienta principal que el estado desarrolló para, como decía antes, las personas en situación de violencia o en situación de riesgo por violencia por motivos de género.

Ocurre algo ahí entonces muy bizarro, porque si entendemos que la principal clave para poder alejarse de las situaciones de riesgo de violencia es la autonomía económica, condenar a las personas trans y travestis (y a cualquiera) a tener que elegir entre un salario mínimo vital y móvil completo durante seis meses (lo que da el programa acompañar), y medio salario mínimo vital y móvil por un tiempo mayor, aunque indeterminado, que es lo que da el programa potenciar trabajo, la verdad es que es una perversidad diría yo casi por parte del Estado. Porque sabemos que ninguna de las dos termina de ser suficiente para poder permitirles las condiciones económicas a las personas en situación de violencia para despegar de esos contextos. Sin embargo, yo llamo la atención respecto de que la Asignación Universal por Hijo no es incompatible con el programa acompañar, ¿no? Entonces no es solamente que este estado está en una condición de falta de reservas y de pobreza, que en comparación con otros estados es real. Pero no es que la situación es tan así como para no poder ofrecer la posibilidad de compatibilizar los programas y brindarlos simultáneamente. No, eso es una decisión arbitraria y es una decisión patriarcal porque sus efectos finalmente son los de dejar afuera a un sector muy amplio, a un sector que excede ampliamente la población trans y travesti, pero resulta que como la población trans y travesti principalmente tiene esas características económicas, termina siendo un porcentaje muy alto de nuestra población, de la población trans y travesti, la que se ve impedida de acceder a esa herramienta.

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Que la Asignación Universal por Hijo no sea incompatible está muy bien, pero contrasto las dos situaciones porque lo que nos permiten entender es que hay discusiones que socialmente en el imaginario colectivo están mucho más saldadas y otras que no. Porque parece que socialmente se puede comprender que haya madres en situación de violencia, pero que en su mayoría las travestis no tengan acceso al trabajo y dependan del potenciar trabajo (como si eso no hablara en sí mismo de una violencia) o tengan pensión no contributiva por tener un cuerpo sumamente dañado a temprana edad, parece que se puede seguir naturalizando, entendiendo esa realidad por fuera de las violencias nomencladas como violencias por motivos de género. Y ese es un imaginario colectivo fuertemente arraigado.

El Estado, cuando no actúa desnaturalizando estas cuestiones, las perpetúa. Les dice implícitamente a las compañeras que la situación de violencia que viven no es categorizable como violencia de género.. En una sociedad que además entiende a la violencia de género todavía en términos sumamente, por ejemplo, biologicistas, o sea, términos en los que se cree que la violencia de género es tal porque es producto de la desigualdad de fuerzas concretas, musculares, entre un cuerpo de un varón y el cuerpo de una mujer (qué es lo que te dicen muchas veces en los barrios, “bueno si tiene la misma fuerza que un tipo no es violencia de género, si la compañera tiene esa fuerza no es violencia de género”), nosotres tenemos que discutir que efectivamente sí es violencia de género porque la violencia de género no se reduce a  la desigualdad de fuerzas musculares, sino que se trata de las condiciones de inequidad estructural por las cuales si en el barrio se escucha una pelea entre una travesti y su marido, probablemente se tienda a decir “mira che, mira la loca esa, mira la loca cómo le grita a él que es el que labura y que encima él, que además es uno de los pocos que se animaría a darle la mano en la calle, a ella que es puta”. Estoy trayendo abstractamente una escena llena de estigmas, estoy construyendo una situación llena de prejuicios que en la realidad pueden no presentarse todos juntos, y muchas veces por el contrario por suerte las compañeras en los barrios, las compañeras mujeres cis jefas de familia, las compañeras que sostienen las organizaciones, las ollas populares, reconocen como una compañera más a las travestis, y son las que salen a bancarlas. Pero este tipo de prejuicios pueden darse perfectamente, se da en el cotidiano y si el Estado te niega la condición de personas en situación de violencia de género, cómo no discutir cuál es su rol entonces en la perpetuación de la naturalización de esa violencia, de mínima. ¿No?

Además de lo alevoso que resulta como decía que las personas con pensiones no contributivas, como por ejemplo las pensiones por discapacidad, tampoco puedan solicitar ese programa. Porque por ejemplo en el caso de la población trans y travesti sabemos que existe un número alto de compañeras con discapacidad de algún tipo. En un estudio que hizo la Fundación Huésped con ATTTA que fue publicado en 2015, de 452 mujeres trans y travestis 70 (que es casi un 17% del total), contaba con algún tipo de discapacidad y la mayoría tenían entre 30 y 40 años. ¿Y de qué son productos estas discapacidades? En la mayoría son productos de las golpizas, de la violencia extrema de las fuerzas de seguridad y de las intervenciones corporales en la clandestinidad, porque hasta la sanción de la Ley de Identidad de Género diez años atrás no estaban permitidas. La Ley de Identidad de Género derogó el inciso número cuatro del artículo 19 de la Ley 17.132., (Ley del arte de curar) que establecía que debía de haber previamente un fallo judicial antes de poder acceder a una intervención de modificación corporal asociada al sexo. Entonces, por un lado el Estado hasta hace 10 años, explícitamente prohibía las intervenciones corporales. Y por el otro, lo caro que son las intervenciones aún hoy en día, la imposibilidad de acceder económicamente, generan un obstáculo que todavía hoy en día hace que las compañeras por desesperación acudan a métodos y sustancias profundamente dañinas como pueden ser los aceites industriales o la silicona. Ese contexto nos da por consecuencia una población con alto grado de discapacidad, lo cual menoscaba la capacidad de fuerza de trabajo, y así todo un escenario que se retroalimenta como vengo describiendo.

Que el Estado sea tu principal violentador y que no lo reconozca, me parece que es una contradicción inadmisible.

¿Qué tensiones ves entre feministas y transfeministas? ¿Cómo potenciar alianzas y coaliciones?

Creo que las principales tensiones no son identitarias. Yo creo que lo identitario es una órbita de las discusiones, la más despolitizada de las órbitas a las que la coyuntura tan tensa nos lleva, pero que hay que discutir que la diferenciación digamos así pujante entre el movimiento feminista y el movimiento transfeminista o entre travestis trans y otras feministas en realidad no debe ser una tensión identitaria, la tensión real es  el Estado, son las instituciones y cómo nos paramos frente a él, ahí está la verdadera cuestión. La tensión es en torno a la pregunta: ¿Cómo construimos una organicidad o un trabajar en red proactivo que nos permita poder construir objetivos claros, agenda común y estrategia y táctica de avanzada (y no solo en pos de pensarnos en situación de eterna resistencia), sin construir lógicas centralistas que nos pueden llevar a una falta, a un silenciamiento de las críticas abyectas, periféricas; en fin, cómo lo hacemos, sin caer en construir organizaciones autoritarias? Me parece que esas son las tensiones que efectivamente tenemos entre travestis, transfemistas y en todo el movimiento feminista-transfeminista en sí, no? porque nos encontramos dando disputas durísimas. Por ejemplo, el Poder Judicial no da tregua, y cada vez que tenemos que ponerle el cuerpo a una causa individual, o sea, cada causa por causa, me refiero, hay un montón de energía que se desgasta. A su vez no lo vamos a dejar de hacer porque sabemos que si no lo hacemos nosotras, ¿quién le va a poner el cuerpo a las necesidades de urgencia de nuestras compañeras? pero ante esto emerge como un licuamiento del carácter de movimiento masivo que hemos tenido, licuamiento coyuntural por la cantidad de luchas que estamos dando en cada uno de nuestros territorios y por cómo se desarticula nuestra fuerza. Entonces creo que ahí la verdadera tensión, reitero, es el Estado, es el FMI, es como nos paramos ante la disputa económica, cómo nos paramos entendiendo que frente a un Milei que nos dice que va a venir a tirar por la mierda todo, entre otras cosas el Ministerio de Mujeres Género y Diversidad, como entendemos que aunque ese ministerio yo creo que nunca haya sido nuestro, cómo entendemos que sin embargo es producto también del proceso de las luchas que hemos dado y que bajo ningún concepto la salida puede ser destruirlo. No son desafíos menores honestamente, las discusiones respecto a cómo nos vamos a ir posicionando en  esta coyuntura, no? cómo nos podemos posicionar ante todo este contexto y fortalecer la potencia de alcance masivo que hemos sabido tener como movimientos transfeministas. Darnos el debate de cómo trascender este licuamiento de las fuerzas de nuestro movimiento creo que es parte de las verdaderas tensiones que estamos transitando ahora. Por ejemplo, cómo defender este ministerio en el contexto que acabo de escribir sin dejar de decirle: “ustedes son profundamente responsables”. porque, así como describí la cuestión del programa acompañar en cuanto a las travestis, el ministerio ha  relegado el terreno del debate en cuanto a las necesidades de las mujeres, las travestis, trans, bisexuales, lesbianas a un terreno de lo enunciativo y de las discusiones de representatividad en las áreas de poder, y no de lo que a ellas les gusta llamar como (tibiamente) distribución económica m. Porque esa lógica que ellas tienen de volver todas las luchas de carácter enunciativo, hacen que lo mejor que pueden hacer y con lo que nos quieren conformar, es con armar programas donde a la mejor inclusión de nuestra existencia que se puede aspirar es a meramente ser parte del enunciado, no? Que las responsables políticas reafirmen con sus políticas superficiales que nuestra existencia es eminentemente enunciativa y no material, y no con condiciones económicas particulares como lo intenté señalar,  es parte de esta lógica que el progresario tiene. Lógica que realimenta a la derecha, con la cual le dan de comer a la demagogia de la derecha.

Entonces creo que esas son las tensiones en las que nos encontramos, las tensiones de señalar las diferencias ineludibles y que no vamos a permitir que se borronean así nomás, nunca más, a la vez que entendemos que la coyuntura nos llama a tener que hacer una alianza potente para defender todas las conquistas que dentro de este contexto de democracia burguesa son de carácter de una democracia obrera, de una democracia de les trabajadores más precarizades, también producto de la democracia de aquellas que paran la olla, eh? Y también una democracia de las que, como decía la Lemebel, no ponen la mejilla, sino que ponen el culo. Eso creo, y por eso mismo, más que nunca tenemos que hacer un fuerte encuentro en San Luis este principio de octubre

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