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Encuentro por los humedales y el río: a 23 años del derrame de petróleo en la costa de Magdalena

El 15 de enero de 1999 un buque de la empresa Shell derramó 5.400.000 litros de petróleo en el Río de La Plata, a sólo 20 km de la costa de Magdalena, provincia de Buenos Aires. Fue el mayor derrame de petróleo en aguas dulces de la historia, causando un desastre ambiental, a pesar de lo cual ni el gobierno provincial ni el nacional penalizaron a la empresa. En ese momento el gobierno era del Partido Justicialista, luego lo siguió el gobierno de la Alianza, que tampoco accionó contra la empresa. Ese olvido, ese no tomar cartas en el asunto, es algo que atraviesa lo que suele denominarse la “grieta”. Los intereses de las grandes corporaciones influyen y accionan en todo el sistema político. Lo mismo está sucediendo ahora con la Ley de humedales, que una y otra vez viene viendo aplazado su tratamiento por el Congreso Nacional.

Este aniversario cobra mayor relevancia aún ante la inminencia de la prospección sísmica en la plataforma marítima, que cuenta con el aval del ministerio de Medioambiente de la Nación, que ya se hizo en otros países, en los que ocasionó daño en las economías pesqueras y en las economías costeras.

En este nuevo aniversario se realizó la tercera edición del evento: “Lo que da vida es la humedad – Encuentro por los humedales y el río”. Allí tomaron la palabra Víctor Quilaqueo, de Observatorio Petrolero Sur y Marcelo Miranda y Alejandro Meitin, de Casa Río Lab y del colectivo Ala Plástica, quienes relevaron información y rompieron el cerco que armó la Shell, comprobando que el petróleo había entrado costa adentro más allá de lo que había dicho la empresa. Forman parte también de “Humedales sin fronteras”, iniciativa regional que impulsa la ley de humedales. A continuación, la desgrabación de sus intervenciones.

Alejandro Meitin: Este es el tercer año que venimos a esta actividad: “Lo que da vida es la humedad”. Ya han pasado 23 años. Muchas veces la pregunta es si todavía hay impacto, visible o no, lo importante es que tengamos memoria que este lugar es un caso testigo muy importante. 23 años después, el caso de Magdalena es conocido como el derrame de petróleo en agua dulce más importante del mundo. Tiene muchas aristas para seguir utilizándolo, si se quiere, como recurso para cuando hablamos de impactos ambientales y, particularmente, cuando hablamos de las respuestas de las petroleras, en este caso Shell, para embarrar o “empetrolar”, mejor dicho, todo el proceso.

Recordemos que la empresa Shell fue sentenciada en el año 2002 por la justicia federal de La Plata, pero el caso luego fue llevado a la ciudad de Buenos Aires, donde la justicia capitalina no hizo nada para llevar adelante el juicio, por lo que la empresa Shell hasta el momento quedó impune de este grave episodio.

Hace 23 años atrás cuando nos enteramos del derrame, tanto Marcelo, como el Rafa y yo (que somos criados en Ensenada y esta comunidad costera), ya teníamos una organización y red de gente dispuesta a participar y nos presentamos ni bien nos enteramos. A partir de ahí empezamos a dar batalla en algo que estaba impregnado por el freno de la empresa a que cualquiera pudiera ingresar para demostrar lo que estaba pasando.

Nosotros tenemos en Casa Río Lab todo el archivo y pudimos entrar por un montón de lugares para demostrar que lo que decía Shell era falso, y pudimos empezar a relevar y a generar informes que se distribuían a los medios de prensa. Al principio la prensa solo tomaba la posición de la empresa. Pero empezamos a generar investigación desde una oficina local en Magdalena, y así generar información periódica. Ahí empezó a cambiar la cosa, primero se acercaron medios locales, luego nacionales y paulatinamente, por la repercusión del caso, medios de Reino Unido y Holanda, donde la empresa tenía su base.

Se convirtió rápidamente en un caso de interés mundial, tuvimos la posibilidad de hacer exhibiciones en distintos lugares del mundo con este caso, de llevar adelante aportes que se hicieron al mismo proceso judicial, y después seguir por más de diez años el derrotero del impacto ambiental, utilizando sistemas de información geográfica que dieron como resultado una evidencia importante para demostrar que los impactos diez años después seguían.

A los 10 años del derrame, se llega a la propuesta del acuerdo de Shell con la municipalidad de Magdalena al ofrecer 9 millones y medio de dólares en obras, que Shell iba a desarrollar en el lugar. Es decir, Shell pasó de ser una empresa contaminante a transformarse en una agencia de desarrollo para Magdalena. Eso nos pareció un descalabro total, que una empresa que había destruido los ecosistemas y la economía local del área costera de Magdalena se transformara en la agencia de desarrollo, lavando sus culpas, sin ninguna sentencia que la declarara culpable. Por eso nosotros llevamos adelante otras acciones, estuvimos participando en el Parlamento Europeo, la Organización del Comercio Mundial, para llevar adelante que hubiera un reconocimiento de la responsabilidad y culpabilidad de Shell en el derrame en agua dulce más importante del mundo.

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Bueno, no solo es historia del caso, sino de la memoria histórica del impacto corporativo que esto produjo en nuestra localidad y en nuestro país, dónde está el núcleo de este caso. El núcleo es el poder corporativo sobre los ecosistemas locales y toma de decisiones de gobiernos locales que son influenciados, en lo que no hay división en lo que tiene que ver con la grieta. Por eso nosotros en el programa “Humedales sin frontera” -un programa que integramos organizaciones de Brasil, Bolivia, Paraguay y Argentina- seguimos bregando, haciendo seguimiento, sobre los impactos de las grandes corporaciones, sobre los ecosistemas de humedal. Hoy estamos celebrando este día de los humedales, pero con un sabor amargo, porque nuevamente no hay diferencia en la grieta, por más que se presentaron 15 proyectos, pero nuevamente la ley de humedales perdió estado parlamentario. Aunque bien que cuando fueron las elecciones últimas formó parte de todos los spots de campaña como algo muy valioso a llevar adelante. Pero nuevamente el poder corporativo impactó directamente sobre los procesos de toma de decisiones de los actores políticos y nuevamente tenemos la imposibilidad de contar con una ley que proteja estos humedales que para nosotros son vitales. Seguramente vamos a seguir trabajándolo y el año que viene vamos a volver a dar pelea a esta cuestión, se ha sumado muchísima gente con su conciencia y con su cuerpo a defender este proceso necesario para todas las comunidades que vivimos a lo largo de este extenso corredor que nace allá en el pantanal de Matto Grosso, hasta el estuario del Río de la Plata donde estamos nosotros, Son 4.000 km de extensión, el corredor de humedales más extenso del planeta, que necesita protección frente al avasallamiento de la expansión de la frontera  agrícola, bueno todo lo que sabemos un país que se dice productor de alimentos para 400 millones de habitantes y tiene un 40 por ciento de pobreza. Esto es inconcebible, entonces tenemos que hacer este apuntalamiento, porque si no nos defendemos entre nosotros, sino defendemos lo que nos defiende que son estos ecosistemas dadores de vida, verdaderamente tenemos muy poco futuro.

Marcelo Miranda: Hoy recordamos una vez más el derrame de Shell, creo que este caso del derrame de Shell ha sido emblemático de muchos casos, en la improvisación que ha manifestado la empresa en el momento que se dieron los hechos. También es un punto a destacar cómo se manejó la clase política en ese momento, tratando de que la información no llegara a la gente, tratando de controlar el quilombo que se le estaba armando. Y también la participación de la gente, que tiene que ver con la organización, que fue realmente la piedra angular de lo que terminó siendo este caso, si realmente no hubiera habido participación ciudadana, participación comunitaria, hubiera sido un caso más y muy pocos nos hubiéramos enterado, seguramente no estaríamos reunidos hoy acá y estaríamos hablando de cualquier otra cosa. En todos estos problemas de carácter ambiental, la participación ciudadana es fundamental, para que estos problemas se vean, se conozcan y estemos cada vez más preparados para enfrentarlos.

En nuestro caso, como decía Alejandro, nos movilizamos desde Ensenada, desde Berisso, vinimos para acá, pero también había muchos compañeros de acá de Magdalena, de Punta Indio. Recuerdo las asambleas que hacíamos en el bar frente a la plaza. Realmente la gente fue la que movió el amperímetro, porque si no todo hubiese quedado como sabemos que quedan muchas cosas. Creo que este caso es emblemático también en eso, porque como dice Alejandro, estas problemáticas van a continuar, cada vez van a ser más dramáticas y depende de cómo estemos organizados comunitariamente, cómo vamos a poder responder a estas cuestiones.

José Luis (moderador): le paso la palabra a Víctor.  Continuando un poco lo que decía Marcelo, la intención de este evento y la invitación a organizaciones y amigos de Punta Indio y Magdalena tienen que ver con empezar a articular, a ampliar red, a generar intercomunicación y también a vincular distintas problemáticas, que las  cosas no queden en compartimentos estancos donde un derrame de petróleo pareciera que no tiene que ver con la falta de agua potable, o con la cuestión de intoxicarnos, o también otras cuestiones socio-ambientales que puedan llegar a aparecer. Las cosas se relacionan mucho más de lo que pensamos y hay que relacionarlas mucho más de lo que las empresas quieren o los gobiernos quieren.

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Así como en el cuerpo y en el cosmos los órganos están mucho más vinculados de lo que a veces nos quieren convencer, en estas problemáticas la cuestión de articular, de trabajar en conjunto, es un poco lo que nos interesa con esta iniciativa “Lo que nos da vida es la humedad”.

Víctor Quilaqueo: Traer al presente la continuidad de un desastre y también un espacio de organización y los años de aprendizaje en este tipo de conflictos, que tienen como característica ser totalmente disruptivos, por fuera de la agenda de cualquier organización por muy bien plantada que esté  en los territorios. Nadie esperaría ver llegar con el viento un derrame a la costa de un balneario y tampoco, por supuesto, que se construya un basurero petrolero a dos cuadras de la escuela, de donde vos vivís. La agenda del avance y promoción de hidrocarburos y los procesos de resistencia y procesos de alternativas a la construcción del desarrollo, son parte de la agenda que venimos trabajando desde la plataforma del Observatorio Petrolero Sur. Por lo tanto, muchísimas gracias por la invitación.

El debate sobre el avance de la frontera hidrocarbonífera cobró en la provincia de Buenos Aires un revuelo que nosotros no habíamos visto desde hacía mucho tiempo atrás. Anteriormente habíamos acompañado todo el debate sobre el impacto en Ingeniero White, en Bahía Blanca, lo mismo que el desarrollo de los polos petroquímicos en La Plata y observamos que ahora hay nuevamente una necesidad de sistematizar, de informar, de compartir la experiencia territorial con relación a estos tipos de conflictividades, que van de la mano del avance de la frontera hidrocarburífera. 

Un derrame de petróleo en agua dulce tendrá impactos biológicos, culturales, de todo tipo, pero tal como decían Alejandro y Marcelo, tiene mucho que ver con el tejido social que está ahí involucrado.

Lo que nosotros hemos visto ahora en la coyuntura del avance de las petroleras en los mares, es nuevamente la tensión sobre estos tejidos sociales y la tensión sobre futuro y expectativas del desarrollo del país, de insertar estos hidrocarburos en el mercado mundial, dejando de lado o minimizando todo lo que tiene que ver con los impactos.

Lo que tenemos entonces, en un día como hoy, es una reflexión sobre el derrame como momento clave, pero que está dentro de la posibilidad de otros impactos, y desde la posibilidad de combatir un derrame, contenerlo, remediarlo o mostrarlo, se habilita necesariamente el debate sobre todos los otros impactos.

Y ahí hay un tema clave que se está dejando de lado. En la actualidad, desde el año 2018, estamos viviendo un ciclo en el que el Estado argentino se ha comprometido con compañías de otros países y con compañías privadas, a habilitar un territorio marítimo argentino para exploración y consecuente explotación de hidrocarburos del fondo de los mares. Cuestión que no es inédita ni en Argentina ni en el mundo. En la Argentina se realiza desde finales de los ‘80 en la costa de Tierra del Fuego y en las aguas del Estrecho de Magallanes. Aporta esa explotación más o menos entre el 17 y el 20 por ciento del gas de la matriz argentina.

Pero en este caso estamos hablando de una iniciativa que viene desde el 2016 en adelante con el 2018 como momento importante, en que se reinventa, se recrea una frontera con bloques petroleros en alta mar para profundidades que son totalmente inéditas en Argentina y Latinoamérica, para explotar el gas y petróleo del subsuelo. Las iniciativas para avanzar en la exploración, los cateos, las primeras búsquedas, son las que resonaron últimamente en Buenos Aires. Aparece Equinor que es una empresa petrolera de Noruega anteriormente llamada State Oil, aparece también Shell. Empresa anglo-holandesa hasta este año, en la actualidad su casa matriz se va a ubicar solamente en Inglaterra, ya no va a estar más en Holanda, YPF y otros actores

Estos actores que han venido impulsando esta agenda del corrimiento de los hidrocarburos, han planteado en distintos territorios distintas tensiones pero que se resume en esto: una tensión en el tejido social, mirar muy por debajo los impactos de la propia actividad y la promesa del Dorado futuro que viene del mar.

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Las empresas lo que hacen como estrategia para entrar en los territorios es mostrarse como una avanzada de excelencia y luego, cuando ocurren los derrames, por lo general mantenerse con el sigilismo, la compartimentación de la información y habilitar únicamente algunos actores para encarar las situaciones.

En la actualidad, la gran mayoría de estas empresas tienen participación en otros megaproyectos de hidrocarburos en Argentina. Vamos a hablar del megaproyecto Vaca Muerta, que incorpora las cuencas de Neuquén, Rio Negro, el sur de Mendoza, directamente buscan concentrar sus negocios, por ejemplo, Equinor, en alta mar, porque ahí habría la posibilidad de avanzar sobre el mercado de hidrocarburos sin necesidad de tener control directo por parte de las localidades y comunidades.

Es sumamente difícil, los compañeros de Magdalena, Berisso, Punta Lara, Punta Indio lo saben mejor que yo, lo difícil que es controlar el comportamiento de las empresas y que en esa extracción y comercialización de hidrocarburos no haya derrames o incidentes, que los hay, son constitutivos de la actividad. Entonces en la actualidad está este discurso de las empresas de futuro próspero en teoría versus la experiencia concreta de esas comunidades. Y en ese sentido es muy importante recordar estas fechas, como hace “La vida es humedad”, que permiten recordar qué es lo que hicieron las empresas, cómo se comportaron los poderes públicos y cómo las comunidades han podido responder, ya que es altamente probable que vuelvan a repetirse.

Estamos en un momento de síntesis de la información y construcción de un sentido crítico basado en la experiencia concreta en la Argentina, en el sentido de la experiencia concreta del ciclo de avance de la exploración. Tenemos el caso del Golfo San Jorge en 2009 que, con las mismas técnicas de exploración en aguas menos profundas, más cercanas a la orilla, se impactó severamente por al menos dos años la economía de la pesca en el Golfo San Jorge, incluyendo las comunidades pesqueras de Chubut y Santa Cruz. Entre 2009 y 2013 la movilización de las familias pescadoras permitió la prohibición de la exploración en la costa de Santa Cruz, que están revisando permanentemente, pero aún sigue vigente.

Esto por los impactos en la economía local y la movilización consiguiente, entonces hablamos de impactos a nivel de organización, pero también en el despliegue de las estrategias de todos los actores. Las empresas van a buscar obviamente modificar su cara visible. En la actualidad, por los impactos de la actividad, las empresas no se presentan como petroleras sino como empresas de energía.

Así como acá en Magdalena se presentaron como vinculadas al desarrollo y a la remediación, ahora mundialmente las empresas se transforman en empresas de energía. Una de las empresas que está explotando en los mares en la actualidad es Total, una empresa francesa que desde el año pasado se presenta como Total Energy, se presenta como midiendo la producción mundial. Se basan también en campañas públicas, manipulando información.

Un ejemplo, en el año 2019 las empresas petroleras informan que por primera vez habían duplicado su inversión en energía renovable y otras fuentes alternativas. Entonces se publica en los diarios que se duplica la inversión de estas compañías en proyectos de energía renovable, pero cuando uno va a ver el número, habían duplicado efectivamente del 0,04 por ciento sus inversiones al 0,08. De los 10.000 billones habían dedicado absolutamente nada, pero ellos lo presentaban como un avance y las políticas gubernamentales a nivel mundial también se alineaban con ese avance, entonces hay una construcción de sentido siempre en pugna, que es muy importante no dejar pasar. En este caso lo que vemos en esta construcción de sentido respecto a estas empresas de energía es la idea de sostener un modelo basado en hidrocarburos, cuyos problemas se van a solucionar con tecnologías que los mismos hidrocarburos van a poder implementar. Esta promesa de futuro es evidentemente falsa o al menos totalmente incompleta.

Lo que estamos viendo ahora en la provincia de Buenos Aires en este contexto de movilización y memoria activa, es que tenemos la capacidad de las organizaciones territoriales, de las organizaciones de la sociedad civil, inclusive de ciertas partes del Estado, sensible a estas problemáticas, de plantear un escenario posible que no necesariamente esté basado en hidrocarburos, que esté basado en distribución de la energía, de democratización de la participación y de mantener por lo menos una promesa para las nuevas generaciones, de que van a poder gozar de los bienes comunes, el agua, el rio, etcétera.

Por ultimo quisiéramos apuntar a esto, que estamos atravesando un escenario que tiene esa  dualidad, de doble movimiento, es un corrimiento de la frontera de los mares, como no habíamos visto en la Argentina, hacia un escenario nuevo, tanto para las empresas como para las agencias estatales. Es nuevo también para las comunidades en la costa, pero al mismo tiempo no es nuevo para las mismas comunidades y organizaciones en las costas y los mares, porque son territorios que no están deshabitados, están llenos de sentidos, no solamente de un mundo biológico o de un ecosistema, sino que las comunidades son y somos de estos territorios. Y cuando se pone en marcha este conocimiento, la respuesta a este falso discurso sobre el avance y desarrollo, la respuesta está a la vuelta de la esquina. Solo se trata de encontrar buenos lugares como éste, con compañeras y compañeros que tienen un recorrido, poder juntarnos, volver a conversar y ver cómo vamos a seguir.

En este contexto que a veces se muestra como muy hostil, la respuesta ha sido múltiple, simultánea, ya no se puede desoír. Nos parece que se viene un proceso interesante para el caso de Argentina. Nunca antes estas compañías habían sido expuestas con argumentos tan consolidados de los impactos que producen y a que esa promesa de desarrollo, en realidad es falsa.

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