Las estrategias del establishment y la hegemonía imposible

  • Esta mañana, la primera ministra británica, Liz Truss, anunció que renunciaba a su cargo un mes y medio después de haber asumido. Truss había llegado al gobierno predicando un credo neoliberal y monetarista. Decía que quería reeditar la experiencia Margaret Thatcher y Ronald Reagan: para lograr el crecimiento económico había que bajar impuestos a los ricos, desregular la economía y terminar con los sindicatos y los derechos laborales, y que todo ese paquete alentaría la inversión ¿Les suena?
  • Bueno, duró poco más de seis semanas en el cargo (la menor cantidad de tiempo en toda la historia británica). Esos 44 días estuvieron marcados por el caos político y económico. Cuando apenas habían terminado los funerales de la reina Isabel II, Truss asumió y anunció un plan de reducción masiva de impuesto a los ricos que generó un cimbronazo en la economía doméstica y también mundial en el marco de una alta inflación y perspectivas de bajo crecimiento y recesión. Se derrumbó la libra y los bonos británicos. La ministra primero se deshizo de su ministro de Finanzas, retrocedió del plan dijo que no haría ningún recorte impositivo e incluso anunció un aumento del impuesto a las sociedades, pero igual tuvo que renunciar. Esta profunda crisis tiene lugar en medio de una oleada de huelgas obreras, que no se veía en décadas; una inflación histórica que supera los dos dígitos y aumentos en las tarifas de los servicios públicos. Los trabajadores y trabajadoras de ramas estratégicas como los del transporte, portuarios, logística, salud vienen realizando huelgas por aumentos de salario contra la pérdida del poder adquisitivo frente a la inflación.
  • En estos días se va a definir si el Partido Conservador elige un nuevo líder y, en consecuencia, un nuevo primer ministro o si hay elecciones generales y el Partido Laborista, dirigido por Keir Starmer, un discípulo de Tony Blair, puede arribar al cargo. En todo caso, ¿cuáles serían las variantes?: o un gobierno conservador débil que busque un ajuste gradualista o un gobierno laborista quizá un poco más fuerte que… explore un ajuste gradualista.
  • Repasemos sucintamente otro país: Brasil. Estamos a días de la segunda vuelta entre Jair Bolsonaro y Lula da Silva. La experiencia de Bolsonaro fue desastrosa en general, incluido para sectores de las clases dominantes (por ejemplo para las relaciones con China que son estratégicas para Brasil), entonces una gran parte del establishment y hasta Joe Biden ahora apoya a la gran coalición de Lula con Geraldo Alckmin (un histórico de la derecha local). Escuché hace poco a un analista que decía que el frente amplio que quizá le permita a Lula recuperar el gobierno puede ser al mismo tiempo el que fije los límites estrictos de los lineamientos de gobierno. Esto ¿qué es?: si son necesarios ajustes que se hagan de manera ordenada o “gradualista”.
  • Si ustedes se fijan bien o escuchan las ponencias del reciente Coloquio de IDEA, la entidad que agrupa a las grandes empresas en la Argentina y que se reunió en Mar del Plata hace unos días, e incluso el lema de convocatoria: “Ceder para crecer”; hay una especie de intento de limitar las tendencias muy extremas de la derecha, evitar una nueva experiencia de un Mauricio Macri o una Patricia Bullrich recargados y apostar a un “gradualismo” de centro derecha.
  • Macri en su nuevo libro habla de una hoja de ruta tipo la de la primera ministra británica, Bullrich y Javier Milei algo parecido, y el establishment que, en muchas ocasiones los alentó, también es consciente de los riesgos, entonces los usa para disciplinar a todo el mundo y si ve que puede aplicar el ajuste por otros medios, también apuesta a eso.
  • Daniel Herrero, presidente del Coloquio y hombre de Toyota trata de mostrar un camino en ese sentido, mostrando el ejemplo de las relaciones con Ricardo Pignanelli (de SMATA) que también expuso en el Coloquio y dijo que “no había que exigir aumentos salariales que las empresas no pueden pagar”.
  • Entonces —y esto lo hemos dicho en varias ocasiones— mostrar unilateralmente un panorama en el que sólo avanza la ultraderecha no sólo es un error de análisis, sino que es funcional a una estrategia: el mal menor. Aunque fracciones considerables de los grandes partidos o coaliciones avanzan hacia a la derecha, las clases domiantes no descartan avanzar con ajustes fiscales, laborales por otros medios que sean más digeribles para la sociedad. Porque existe una relación de fuerzas, hay crisis económicas, crisis de representación política y —si me disculpan la referencia a mi libro, un vaso de agua y una autorreferenccia no se le niegan a nadie— una hegemonía imposible. Paolo Rocca, el dueño del conglomerado Techint lo dijo hace poco —y sobre la base de la última experiencia de Macri—: palabras más, palabras menos, dijo a Juntos por el Cambio: “No se hagan los rulos que ustedes no están preparados para gobernar”.
  • A ver, esta gente es “internacionalista” a su manera y observa lo que pasa en el mundo, en el Reino Unido y saca sus conclusiones. Esto no quiere decir que los planes les salgan perfecto y que está todo digitado, en eso entra el azar de la política, los errores forzados o no forzados y las cosas no pueden salir como creen, pero lo que quiero decir es que esa línea está en sus planes.
  • Las políticas de shock o la carta política de la ultraderecha pueden tener muchos riesgos hoy, si existe la opción de hacer el ajuste “democráticamente” (esto es negociando con todos los actores). Si pueden lo harán. En todo caso, para los trabajadores y trabajadoras no se trata de optar entre un ajuste salvaje y otro con buenos modales, sino de enfrentar a quienes por una vía u otra buscan el mismo objetivo: que los platos rotos de la crisis los paguen las mayorías.
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Fuente: La Izquierda Diario.

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