Qatar 2022: los temas más incómodos cuando la pelota empieza a rodar

¿Es realmente posible concentrarse sólo en la cancha cuando alrededor -del mundo Mundial- una maquinaria demencial es capaz de poner en suspenso la lucha contra la inflación, los derechos de las mujeres y las personas Lgbtiq+, les migrantes y también de quiénes quieren tomar alcohol? ¿Cómo se hace la digestión de la pedagogía que expanden los jugadores con sus esposas, hijes, traiciones a la monogamia, pedidos de casamiento al final de un partido y anuncios de bebés en camino en un festejo de gol? ¿Se puede manifestar la incomodidad sin dejar de disfrutar la ilusión popular de ganar? Las respuestas a estas y otras preguntas son las figus que escasean pero que en el entretiempo tal vez se puedan ensayar. 

Hace 12 años que Qatar fue elegido como sede para el próximo Mundial de Fútbol, la mayoría de los jugadores argentinos ya están en territorio árabe y las 95 cuotas de los televisores HD comenzaron a correr. En aquel 2010, la elección de la sede fue controversial y a finales del 2015 se probó un proceso de corrupción y soborno que involucró a la máxima autoridad del fútbol institucionalizado: la FIFA. Pero entre aquellos tiempos y este tiempo en el que la pelota empezará a rodar 24/7 durante un mes, pasaron cosas: a ojo de buen cubero se podría mencionar la guerra de Siria, la primavera árabe, la crisis financiera en Europa; Donald Trump, Jair Bolsonaro y la (antes increíble) llegada a la presidencia en sus respectivos países, el re surgimiento de los feminismos, la pandemia por el Covid19 y la Guerra en Ucrania. 

¿Es el fútbol un deporte, un evento, un entretenimiento, una tradición o una pasión que puede escindirse de la política o de la geopolítica? ¿Es esta pasión popular un flash para olvidar como el que utilizaban los hombres de negro para que la gente común y corriente ignorara la presencia de extraterrestres?

Si hay algo que no le falta al Mundial son los hombres de negro, la cuenta regresiva agita una fórmula que parece no tener fallas: apelar a la conmoción y la sensibilidad que provoca un deporte popular que a simple vista es dueño y señor -así en masculino- de un lenguaje común. Son una evidente minoría quienes escuchan un “vamos Argentina” con una música de tinte épico, la ovación de un estadio, Maradona o Messi con la pelota entre los pies y les resulta una escena indiferente. Esta cronista no se reconoce parte de esa minoría, por el contrario, está dentro del grupo que durante el Mundial anda por la vida con el fixture debajo del brazo.

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La figurita fácil es emocionarse, pero ¿Cuál es la difícil? Las preguntas fáciles son: ¿Será por fin éste el mundial de Messi? ¿Ganará un equipo europeo o uno sudamericano? ¿Quiénes tienen plata para llegar a Qatar? ¿Cuánto cuesta un pasaje a Doha? ¿Cuál es la publicidad más emocionante? ¿Qué artista estará en la inauguración? ¿Cuál es el grupo de la muerte?

Las preguntas difíciles son granos de arena en medio del desierto qatarí, y si bien este Mundial viene bastante cascoteado, la duda recae sobre si es que realmente llegó la hora de hacer inevitable el rol político de un deporte como el fútbol, o si hay que hacer lo que dijo hace algunas semanas el señor Gianni Infantino, actual presidente de la FIFA, “dejar que el fútbol sea el centro de atención”.

¿Hay un vínculo entre la militancia transfeminista y las perspectivas críticas con respecto al Mundial? ¿Existe una traición a la alegría popular por parte de quienes no se pliegan a la fiebre mundialista? ¿Es el boicot de Europa hacia Qatar una suerte de sportwashing? ¿Que implica la discriminación a la población lgtbiq+ en Qatar? ¿Importa a alguien que el principado Qatarí tenga tierras en la Patagonia y esté expulsando a comunidades mapuche?

Qatar es el primer país árabe y con una población en su mayoría musulmana en el que se realiza una Copa del Mundo, también es la primera vez desde 1950 que se cambia la tradicional ubicación en el calendario occidental del evento deportivo y, también es la primera vez, que los ojos de occidente mirarán hacia esta península de desierto que es el emirato más rico de todo el Golfo Pérsico en pantalla HD durante un mes sin interrupciones. 

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Pero mirar a Qatar no es mirar sólo a las grandes estrellas del fútbol desplegar sus habilidades deportivas, también es abrir el juego a discusiones y preguntas para saber si es posible que esa mirada crítica pueda convivir con la fiebre mundialista.

Un príncipe Qatarí en suelo mapuche

Tamim bin Hamad Al Thani se llama el emir qatarí que compró 28 mil hectáreas vecinas a la estancia de Joe Lewis en la Patagonia, mas precisamente en la provincia de Río Negro y muy cerca de las nacientes del Río Chubut. Una porción de las tierras adquiridas por el qatarí están siendo territorio de resistencia de comunidades mapuches, se trata de la Lof Cayuano en donde residen familias con derechos ancestrales en el lugar. 

Soledad Cayuano, vive y resiste en ese territorio, es mapuche, tiene una pareja y tres hijxs y además dos causas penales: una por resistir al avance de los qataríes que están queriendo barrer toda la fuente de agua dulce y la otra por una restitución territorial que viene sosteniendo desde hace tiempo órdenes de desalojo contra ella y su familia que se renuevan cada dos meses.

Los jugadores de la selección argentina durante la Copa América. (foto: Télam)

“Es muy difícil vivir así, una no se puede acomodar, programar su estilo de vida porque constantemente tenemos que estar viajando a la justicia. No podemos proyectar nada. A nosotros nos vulneran los derechos y nadie hace nada” explica Soledad, que hoy se encuentra defendiendo las nacientes del Río Chubut que los qataríes quieren alambrar para hacerse de los accesos a curso de agua.

Del otro lado, está Tamin, que con sus 28 mil hectáreas en la Patagonia está entre los quince máximos poseedores de tierras en el país, incluso tiene más que Lewis, Terrabusi y Blanco Villegas. Tamim es el cuarto hijo de Hamad e integrante de la familia Al Thani, una dinastía que gobierna Qatar en el Golfo Pérsico desde su creación hace 150 años. 

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El qatarí lidera desde hace cinco años un país que a partir de 1996 fue aumentando la producción de hidrocarburos y se transformó en el principal exportador de gas licuado en el mundo, compartiendo con Irán un mega yacimiento gasífero y evolucionando como una potencia regional que tiene inversiones en varias naciones del mundo. Y es también el país que ha sido elegido como sede del Mundial en un proceso comprobado de corrupción.

Dejemos que el fútbol sea el centro de atención

“En FIFA tratamos de respetar todas las opiniones y creencias, sin dar lecciones morales al resto del mundo. Una de las grandes fortalezas del mundo es, de hecho, su propia diversidad, y si la inclusión significa algo, significa tener respeto por esa diversidad. Ningún pueblo, cultura o nación “es mejor” que otro. Este principio es la piedra angular del respeto mutuo y la no discriminación. Y este es también uno de los valores fundamentales del fútbol. Así que, por favor, recordemos eso y dejemos que el fútbol sea el centro de atención”.

llorado me dijo algo así como “por cómo se cargaron al fútbol”. Se ve que no se lo cargaron tanto porque sigue provocando emoción. Y entonces, la ilusión, que es una de las figuritas fáciles, aparece cuando hay algo en el futuro que nos desliza una promesa de felicidad enmarcada o no en el consumo: unas vacaciones, una fiesta, disponer del tiempo libre, tener una cita, ir a un recital y también ganar un Mundial. Lo que puede resultar incómodo también puede mover el avispero para seguir en la búsqueda de la figurita difícil.

Fuente: Página 12

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