Bangladesh y Argentina: hermandad construida desde el fútbol y la resistencia

En el sudeste asiático, los partidos de Messi y la selección argentina se miran y se viven con la misma pasión e intensidad que vivimos acá. Detrás de esta curiosa “messimanía”, se condensa una historia de opresión y anticolonialismo.

Desde que empezó el Mundial de Qatar, las imágenes en redes sociales de personas con camisetas y banderas argentinas, al otro lado del mundo, sorprendieron a más de uno. Es que ninguna de esas personas, de tez morena y más bien orientales, pisaron seguramente jamás suelo argentino.

Lo cierto es que, sin dudas, sienten la camiseta y alientan por la albiceleste como cualquier nacido en Capital Federal, Rosario, Mendoza o Ushuaia. El fenómeno de Bangladesh con la camiseta argentina es una verdadera locura que impacta en todo el mundo.

¿A qué se debe esta curiosa historia de amor? El país asiático se encuentra a más de 17 mil kilómetros de Argentina y su cultura tiene, más bien, poco que ver con la nuestra. Su territorio de 148 mil kilómetros cuadrados bien podría coincidir con el de una provincia nuestra, pero su población de más de 166 millones de habitantes casi que cuadruplica la demografía argentina.

Sucede que, al igual que todos los países del continente americano, Bangladesh tuvo un período histórico en el que fue una colonia europea. Los europeos comenzaron a establecerse allí en el Medioevo, en el mismo periodo histórico en el que conquistaron América en busca de oro, plata y otros recursos. A lo largo de cinco siglos, portugueses, neerlandeses, franceses e ingleses se disputaron el control de los mercados de esas lejanas tierras orientales.

A mediados del siglo XIX, los británicos dominaron las colonias de los territorios indostaníes (India, Bangladesh, Pakistán, Sri Lanka), los cuales tuvieron sus propios movimientos independentistas, como el que lideró el pacifista Mahatma Gandhi en la India. Recién a mediados del siglo XX, esos territorios pudieron independizarse políticamente. En el caso de Bangladesh, esto sucedió puntualmente en 1971, como resultado de la escisión del territorio oriental de Pakistán que, a su vez, se había separado de la India.

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Esta historia de opresión y colonización moldeó a la población local con un profundo sentimiento antiimperialista. Durante la década de 1980, la guerra que enfrentó a Argentina con Reino Unido por el control de las Islas Malvinas, y los goles de Diego Maradona a Inglaterra en el Mundial de México 86, hicieron que nuestro país fuera ubicado en los mapas de todo el tercer mundo.

Los orientales empatizaron profundamente con el “Pelusa” de Villa Fiorito, quien les robó un gol con la mano y después eludió en una corrida histórica a los representantes del imperio pirata. Por alguna de estas razones, en esos países, hay estatuas de Maradona y gigantografías de Messi y de la Scaloneta. Una devoción muy parecida a la que se vive en Sudamérica.

De la colonia a los organismos internacionales

A mediados del siglo XX, aún había colonias en el llamado tercer mundo. Mientras, en el continente americano, los movimientos independentistas llevaron adelante revoluciones en los siglos XVIII y XIX (con diversos resultados), en África, Asia e, incluso, en algunos territorios de América Latina, el saqueo colonialista se extendió hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Fue después del catastrófico conflicto bélico que las potencias occidentales se pusieron de acuerdo, en términos generales, en cambiar el orden mundial y los sistemas políticos de dominación. Así se crearon los organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

En las décadas que siguieron al final de la guerra, el bloque socialista impulsó los procesos de descolonización y los movimientos independentistas para inclinarlos a su lado ideológico. Luego de la revolución de 1959, el rol de Cuba fue fundamental apoyando a los países en busca de su independencia.

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El Che y el Diego

En 1966, Ernesto “Che” Guevara compartió un texto en forma de folleto como suplemento especial para la revista Tricontinental, órgano del Secretariado Ejecutivo de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), titulado: “Crear dos, tres… muchos Vietnam. Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”. El Che pensaba que la única oportunidad de emancipación de los pueblos del tercer mundo era aunando fuerzas contra los imperios y retomando los ejemplos de resistencia de Cuba y Vietnam.

Si algo hermana a los pueblos de Asia, África y América Latina es su historia de opresión, sufrimiento, colonialismo y saqueo, que continúa hasta hoy de formas más sofisticadas y modernas (aunque algunas colonias en Centroamérica todavía persisten). Es algo que el Che y Diego sabían bien. Y el fútbol como deporte y fenómeno cultural es un campo de batalla más de las independencias, aunque más no sea simbólico.

Los ciudadanos y ciudadanas de Bangladesh alientan por Messi y miran los partidos en pantallas gigantes en lugares públicos, como si estuvieran en Argentina. Con Brasil, sienten algo similar. El grito de desahogo de gol de los sudamericanos es más que un pase a octavos de final o a cualquier otra instancia de mundial: en ese grito, se condensan los deseos de rebeldía y libertad de millones de personas.

En la corrida histórica en la que un petiso oriundo de una villa del conurbano bonaerense dejó en el suelo a los amos imperiales británicos, estaban también corriendo cientos de miles de oprimidos de todos los continentes.

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*Por Juan Vera Visotsky para ARGMedios / Foto de portada: A/D.

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