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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

No arar, no sembrar: Libertarios eran los de entonces…

Con solo pensar el mapa del país advertimos que la provincia de La Pampa posee ciertas particularidades, en principio su nombre nos introduce de lleno en aquella extensa llanura, en esa infinitud horizontal que tantos comparan con el mar, que evoca la tradición agrícola ganadera de aquella mítica “Argentina del trigo y las vaquitas” que se autodenominada granero del mundo aunque deje a la mitad de su población debajo de la línea de pobreza. El segundo detalle es su centralidad geográfica que la convierte en una caja de resonancia de lo que ocurre en el resto país. De momento y dado la brevedad de este espacio me conformo con esbozar una mirada sobre la violeta necesidad que tuvo y tiene la elite para disciplinar elementales reclamos sociales de los trabajadores. No me voy a centrar en aquel episodio de sangre que sacudió los campos de Jacinto Arauz 1921, pienso que las distintas investigaciones sobre lo ocurrido en particular “Los rebeldes de Jacinto Arauz” de Osvaldo Bayer inserto en Los anarquistas expropiadores como también Conflictos sociales en la Pampa 1910-1921 de Asquini, Cazenave y Etchenique y otros textos dilucidan el tema y no me place escribir lo mismo de otra forma en busca de una forzada originalidad. En cambio me interesa resaltar como la denominada masacre de los bolseros que para algunos historiadores se trata de un hecho puntual e incluso menor dada la cantidad de víctimas fatales para marginarlo como “un error” producto de un uso desmedido de la fuerza a efectos de disolverlo en el aire de la pampa. Por el contrario se encuentra enmarcada dentro de una trama mayor.

La historia oficial, esa obra maestra de la oligarquía tal como la define Hernández Arregui se especializa en aislar las luchas sociales para demostrar su “inutilidad”, algo que Rodolfo Walsh analizando el Cordobazo entendió que los avances en la historia no son espasmos o hechos inconexos como nos adoctrinan quienes “han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.”(CGT Arg.). Lo ocurrido aquella cálida jornada del 9 de diciembre de 1921 en la pequeña localidad pampeana se encuentra dentro de un entramado mayor, un momento bisagra tanto para una oligarquía semifeudal como para el ascendente movimiento obrero.

Desde que en 1890 se celebró por primera vez el 1° de Mayo, los reclamos de los trabajadores por sus derechos fue en aumento y los conflictos y huelgas crecieron en forma exponencial. De las 26 huelgas de 1896 aumentan a 170 a comienzos del siglo XX y hacia 1910 escalan a 236 planteando un panorama escalofriante a una elite acostumbrada a imponer su autoridad sin murmullos ni quejas. El año de 1902 es un punto de inflexión. En enero se produce la huelga de los trabajadores del puerto de Rosario que paralizan la carga y descarga. En Capital Federal ocurre otro tanto reclamando aumento de salario y disminución de la extensa jornada laboral. En marzo paran los estibadores, en abril los talleres Vasena y en julio los panaderos. En agosto los portuarios se niegan a cargar bolsas de 100 a 120 kilogramos (solicitan un tope de 70). Juan Bialet Massé en su tan minucioso como lapidario informe sobre las condiciones laborales imperantes en ese entonces, habla del “esfuerzo brutal e inhumano que hacía el changador cargando sobre sus hombros pesos de ciento cuarenta y hasta doscientos kilogramos” (1904: 382). El stock de lana que debe embarcarse rumbo a Europa permanece inmóvil en los muelles del puerto. Los carreros se solidarizan y paran. La Federación Obrera Regional Argentina declara la primera huelga general. Solicitan que se abone el descanso dominical a lo que los patrones responden con una ironía que será muy festejada por la oligarquía: “una cosa es descansar y otra muy distinta es que deban cobrar por descansar, algo que incrementaría en costo de la mano de obra en un 17%” (Valko 2013: 209). Ante el avance de la insolencia obrera, la elite pasará del desconcierto inicial a una acción violenta, haciendo especial foco en los anarquistas.

Se fue gestando un clima cada vez más denso. Ideólogos de la oligarquía como Miguel Cané o Joaquín Víctor González advierten con espanto que el problema no radica solo en las grandes ciudades, sino que se expande al interior como una peste que irradia sus tentáculos malignos. Precisamente González en su discurso magistral sobre “El ideal de la Justicia y la vida contemporánea” resume el perturbador sentimiento que experimenta la elite ante los cambios y reclamos de sus ingratos “sirvientes”:

La vasta red de ferrocarriles llevan a los sutiles emisarios del derrotismo anárquico y del desorden social hasta las más remotas aldeas, donde los jornaleros criollos aún gozan de la apacible comunidad patriarcal con el dueño de la estancia comienzan a sentir la perturbadora influencia profesional huelguista, haciendo susurrar la ingratitud y las más injustificadas exigencias de aumentos de sueldo, disminución de trabajo; allí donde el peón es más que un obrero a sueldo, un miembro de la familia propietaria, con toda clase de consideraciones de esta hacia su esposa e hijos, que participan de los agasajos de una amistad ancestral (…) aquí los caballeros tratamos a nuestros sirvientes, casi como a nuestros amigos (Valko 2018: 22).

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Presa de tal disyuntiva la elite añora aquella época dorada y presiente en lo más profundo de sus bolsillos que los salarios que abonan a los trabajadores son excesivos y sobre todo comparten un mismo credo: existe un orden jerárquico un mandato en el universo, del mismo modo existe una jerarquía social que debe conservarse como en el inicio de los tiempos. En la Antigua Grecia, Sócrates ya lo había plateado con claridad cuando señaló que cada especie debe conservar su posición social en los hijos, es decir un status quo perpetuo. Por eso debe disciplinar a los brazos baratos a como dé lugar mediante leyes feroces o aplicando correctivos con la dureza del garrote. Durante la segunda presidencia de Roca se promulga la siniestra Ley de Residencia conocida como 41-44 que hace foco en el anarquismo y faculta al Ejecutivo para ser acusador, juez y ejecutor de la sentencia que posibilite expulsar al inmigrante sin juicio previo. Sin embargo pronto fue necesario auxiliar a esta “Ley Salvadora” como la califica Joaquín V. González con un mecanismo jurídico adicional. En 1910 se promulga la Ley 7029 llamada de Seguridad Social que fue conocida como Ley del Orden o de Defensa Social para combatir “el terrorismo anarquista”. Es difícil comprender lo que representaba el anarquismo para las autoridades y el orden establecido a principio del siglo XX, cuando hoy en día mínimos remanentes se conforman con repetir consignas discursivas y emplear saludos que parecen más bien contraseñas de un ameno club barrial en una clara imposibilidad de re-pensarse. De acuerdo al imaginario imperante “A fines de 1902 el movimiento gremial, influido por doctrinas anarquistas, asumió caracteres violentos y proporciones capaces de detener la circulación del comercio y alterar el orden. En tales circunstancias, se sanciona la Ley de Residencia que facultaba al gobierno a expulsar del país a los extranjeros cuya acción perturbe el orden social” (Cutolo 1968: T VI).

En ese sentido, resulta interesante espiar al corazón de esta clase social en textos de absoluta circulación interna como son los Anales de la Sociedad Rural. En el número de junio de 1904, pocas semanas después de la masacre de San Javier, la Sociedad Rural se lamenta ante el impulso que el Zar Nicolás II pretende dar a la agricultura rusa convirtiéndola en una posible competidora, donde “el costo de producción es infinitamente menor al nuestro, pues es sabido que el siervo ruso trabaja más o menos por diez centavos diarios de nuestra de moneda, mientras nosotros pagamos cuatros pesos diarios al inmigrante que viene de Europa” (SRA, 30/06/1912: 132). Un extenso editorial de La Prensa expresa una preocupación análoga ante ese peligroso nuevo mundo de reclamos que insinuaba el comienzo del siglo XX donde los sirvientes a quienes trataban “casi” como amigos, comenzaban a insolentarse con “exigencias desconocidas en esta tierra” como expone el influyente matutino:

El malestar obrero que arrecia en los centros urbanos, empieza a hacerse sentir en las campañas ganaderas y agrícolas. Las explotaciones rurales luchan con las complicaciones de la mano de obra. El peón de campo formula exigencias desconocidas en esta tierra. Quiere ganar más y aun insinúa condiciones para trabajar. Piénsese en las consecuencias que la generalización de estas reclamaciones tendría para la gran producción argentina (La Prensa, 13/08/1915: 5).

Pocos años antes César Lombroso escribe Los Anarquistas donde cataloga dicha ideología como una aberración cerebral que los “hace locos o criminales y muchas veces ambas cosas”. Incluso afirma que un juez penal le suministró un dato contundente “No he visto todavía un anarquista que no sea imperfecto o jorobado, ni he visto ninguno cuya cara sea simétrica”. Sus doctrinas encontraron en nuestro país un terreno fecundo. Y pese a que en Europa a principios del siglo XX cayeron en desuso y fueron descartadas, aún hoy en día existen numerosos adeptos “de la portación de rostro” en nuestro país.

Desencantados tanto de la marea inmigratoria como de artilugios legales que no bastaban para desandar el tiempo y regresar al viejo orden, aparece en escena La Liga Patriótica Argentina motorizada por un muy activo Manuel Carles y atizada su doctrina xenófoba por un ideólogo de fuste como Estanislao Zeballos que combate “el igualitarismo mediocrizante” y afirma “que habitar un país libre no significa que todos deban ser iguales. Libertad no es sinónimo de igualdad…”. Carles plantea que “el obrero bueno” es aquel que va de casa al trabajo y del trabajo a casa, slogan que como nos consta a todos luego será retomado por Juan Perón como prototipo del trabajador peronista. El gran garrote o big stick que aplicaba EEUU en aquel entonces comienza a funcionar en estos lares.

 A mediados de abril de 1904 en San Javier (Santa Fe) son necesarias un centenar de víctimas para poner en caja a los mocovíes y un par semanas después caen los primeros mártires de la conmemoración del 1° de mayo (Valko 2018). A lo largo del país brotan cientos de grupos de La Liga Patriótica cuyos miembros se entusiasman con el elemental silogismo de Carles “El que no es amigo de la Patria es mi enemigo y lo combatiré sin descanso ni cuartel” y que el caso de la llamada “rebelión rusa de Macachín” ejemplifica (Asquini et al 1999). A media que transcurre el tiempo, aumenta la impunidad de estos grupos parapoliciales y eclosiona en enero de 1919 donde desata un temporal de sangre durante la Semana Trágica. El conflicto metalúrgico inicial de los Talleres Vasena se extiende y termina con un saldo de 700 obreros muertos y varios miles de heridos bajo la complicidad e inacción de las autoridades (Silva 2011).

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 Además de estas matanzas masivas para disciplinar reclamos, otras puntuales se irán replicando para contrarrestar ese poder formidable que es la huelga, en particular la de 1919 decretada por la Federación Agraria y respaldada por distintas ligas del interior como la Liga Agraria de La Pampa con su lineamiento claro y rotundo “No arar, no sembrar” que fue violentamente reprimida por el radicalismo. Sin ánimo de hacer una enumeración, señalo alguna de las acciones criminales de la Liga Patriótica como la ocurrida en Casacallares cercana a Tres Arroyos que presenta una problemática muy similar a la de Jacinto Arauz, solo que en este caso la mayoría de trabajadores serán sirio libanes (Torremare 2007). Aquel 19 diciembre de 1919 el número de muertos que supera la docena quedarán perdidos en la historia de las crueldades argentinas, quizás por tratarse de bolseros de ese origen. El diario La Nación al día siguiente, fiel a su estilo informa que los mismos estaban capitaneados por conocidos agitadores provenientes de Balcarce, Zárate y Berisso, han sentado sus reales en la campaña sur de la provincia, extreman las exigencias a los chacareros habiendo llegado a solicitar en forma de ultimátum no solo jornales de 14 pesos diarios, sino hasta un menú especial de comidas en el que no falta un medio litro de vino para cada peón. La falta de respeto a la autoridad ha cundido entre todos ellos y ese hecho se ve agravado por la escasez de fuerzas para contener tanto desborde, a punto tal que hay poblaciones enteramente desguarnecidas (…) Se trata de un movimiento francamente subversivo (La Nación, 20/12/1919).

Si lo ocurrido durante la Semana Trágica pareció marcar un límite máximo sobre el accionar criminal de la Liga Patriótica y las fuerzas represivas, la bestialidad eclosionó aún con mayor fuerza durante 1920/1921 con una violencia excepcional como se puso en evidencia durante la feroz represión a los huelguistas patagónicos y a los obreros de La Forestal en el norte santafecino ampliamente documentadas por Bayer y Gori que eximen de mayores comentarios. En ambos casos las matanzas se llevaron a cabo en una combinación entre el Ejercito de línea en el sur y la Gendarmería Volante en el Chaco santafecino auxiliados por entusiastas escuadrones de la Liga.

Meses antes del hecho de sangre pampeano, se produce una matanza de envergadura en Entre Ríos. Con motivo de celebrarse el 1° de mayo de 1921 en la Plaza San Martín de Gualeguaychú los manifestantes obreros fueron emboscados por dirigentes patronales locales alentados por los infaltables grupos de choque de la Liga Patriótica Argentina. Los muertos superaron la decena y los heridos fueron incontables. Al igual que en tantos otros episodios similares, ninguno de los delincuentes fueron detenidos. Recordemos de paso que la impunidad de los escuadrones nacionalistas llegó al colmo al permitir que Jorge Pérez Millán Temperley ingresara tranquilamente a la celda donde estaba el anarquista alemán Kurt Wilckens que había ajusticiado al teniente coronel Varela para matarlo a tiros.

 Todo este caldo de cultivo de miseria laboral y un imaginario semifeudal terminó repercutiendo en la centralidad geográfica pampeana y así llegamos al 9 de diciembre de 1921 en Jacinto Arauz. Las situaciones de explotación expresaban un muestrario ni más ni menos de lo que ocurría en el resto del país con condiciones contractuales que parangonaban a los siervos de la gleba con horarios que iban desde antes del amanecer a bien entrada la noche, comiendo bazofias y durmiendo en galpones o corrales como animales. Como en tantos otros casos el boicot provocado por las huelgas de los obreros organizados que pedían por sus derechos trataban de ser contrarrestadas por “obreros libres” es decir carneros reclutados por la Liga para quebrar el reclamo como bien explica La Protesta aquellos días:

El origen de este episodio de sangre está en la competencia que hacen a los trabajadores organizados los llamados “obreros libres”, reclutados por la Liga Patriótica; y es una consecuencia del sistema brutal que la policía emplea para solucionar esos conflictos, el fruto amargo de las provocaciones que realizan de continuo esos elementos facciosos al servicio de los grandes terratenientes y acopiadores de cereales (La Protesta, 11/12/1921: 2).

Para la prensa rica y los que engordan a costa del hambre del pueblo, los obreros que lucharon contra la policía en Jacinto Arauz son elementos maleantes, sin habito de trabajo que viven del producto de sus agitaciones… Y si se da el caso que la mayoría de estos trabajadores sean extranjeros, ya dirá también esa prensa impúdica y zalamera como una meretriz que son agitadores de oficio sin arraigo en el país. Lo de siempre, la grosera patraña, la indigna mentira que pretende desviar el origen social de esa lucha entablada entre el proletariado y la burguesía. La policía ha emprendido una feroz persecución en la zona de la Pampa (…) ¿Cuántos trabajadores serán victimas de ese brutal asedio? Cuando la bestia autoritaria se desata, solo la fuerza de la organización proletaria puede poner un freno a la brutalidad. ¿Existe esa fuerza? Veremos hasta donde llega la paciencia (La Protesta, 13/12/1921: 1).

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El episodio de Arauz se sumó al largo historial de impunidad y quizás por eso se advierte entre líneas cierta resignación del periodista que relata lo ocurrido. Pronto la correlación de fuerzas sería aún más desfavorable. La Década Infame con el Fraude Patriótico no hizo otra cosa que profundizar las injusticias y perseguir los reclamos libertarios. Resulta paradójico que hace un siglo, los medios hegemónicos como La Prensa o La Nación hablen de “obreros libres” contraponiéndolos a “los agitadores extranjeros profesionales” como vemos encomillado en la reseña de La Protesta que cito más arriba refiriéndose a aquellos rompehuelgas que aceptaban medievales condiciones de trabajo. Al calificar a esos obreros como “libres” se adueñan de un vocablo que el movimiento ácrata llevaba como su mejor consigna al propender a la libertad del ser humano. Hago hincapié en esta paradoja ya que hoy vemos reeditarse una situación análoga con el candidato de ultra derecha Javier Milei quien con un desparpajo asombroso acaba de apropiarse del término “libertario” para referirse a su propuesta de neoliberalismo extremo. Pienso que tal transferencia es una usurpación semántica que dejaría perplejo a Bakunin pero sería imposible si el anarquismo libertario tuviese un mínimo arraigo político en el imaginario social. Tal como explica el mismo Bayer el anarquismo comenzó un declive vertiginoso especialmente después de la Guerra Civil Española que acentuó el final de la Segunda Guerra donde los trabajadores en el país comenzaron a volcarse en favor de un sindicalismo promovido por el peronismo que si bien retoma la vieja consigna de Carles “de casa al trabajo y del trabajo a casa…” como sinónimo del obrero bueno va a provocar una innegable adecuación de las condiciones laborales hacia un capitalismo periférico aunque aggiornado.

Como Posdata y demostrando la circularidad de la historia que parece darle la razón al poeta León Felipe cuando plantea: “¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?” extraigo un comentario de actualidad que tiene a Jacinto Arauz como involuntario protagonista. En el invierno de 2020 el país se conmueve con el suicido del Dr. René Favaloro que tal como señala Pagina/12 su fundación se encontraba en una situación muy crítica por una enorme deuda que el PAMI no le reconocía “dirigido por el actual jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta (…) que contaba a su lado con María Eugenia Vidal como asesora de Recursos Humanos del PAMI” (Pagina/12, 29/07/2020). La carta que deja a su familia fechada el 29 de julio de 2020 expresa entre otras cosas “recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco. Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa”. Favaloro, que ejerció la medicina durante doce años en Arauz eligió que sus cenizas terminaran dispersas en aquel pequeño paraje que hace un siglo saltó a las páginas de los diarios por un episodio de extremada crueldad que sin duda habrá conocido de buena fuente cuando ejerció allí como médico rural y su muerte tiene que ver con una misma espiral de injusticias.

            Es lento, pero viene…

Bibliografía

ASQUINI, N., CAZENAVE, W., y ETCHENIQUE, J.

1999    Conflictos sociales en la Pampa 1910-1921, Fondo editorial pampeano, Santa Rosa.

BAYER, Osvaldo

2008    Los anarquistas expropiadores, Simón Radowtzky y otros ensayos, Talleres Gráficos Furia, Coyhaique.

2008    La Patagonia rebelde. Edición definitiva, Editorial Planeta-Booket, Buenos Aires.

BIALET MASSÉ, Juan

[1902] 1973 Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas, Hyspamérica, Buenos Aires.

CUTOLO, Vicente

1968    Nuevo diccionario biográfico argentino, Elche, Buenos Aires.

GORI, Gastón1974 La Forestal, la tragedia del quebracho colorado, Editorial Proyección, Buenos Aires.

SILVA, Horacio

2011    Días Rojos, Verano Negro, Enero de 1919 la Semana Trágica de Buenos Aires, Libros de Anarres, Buenos Aires.

SRA

1914    Anales de la Sociedad Rural, Archivo Sociedad Rural Argentina, Buenos Aires.

TORREMARE, Guillermo

2007    La Matanza de Cascallares, en El Periodista, Tres Arroyos.

VALKO, Marcelo

2018    El malón que no fue. Historias y grietas de una masacre de película, Colección Artillería del Pensamiento, Peña Lillo – Ediciones Continente, Buenos Aires.

2013    Pedagogía de la Desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible. 3ra. y 4ta. Edición revisada y aumentada, Colección Artillería del Pensamiento, Peña Lillo – Ediciones Continente, Buenos Aires.

Publicaciones periódicas:

La Nación,La Prensa, La Protesta, Página/12, Periódico de la CGT de los Argentinos 1968 (archivo del autor).

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