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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

¿Y si el triunfo de Massa es lo que más le conviene a la extrema derecha?

A menos de dos meses de las elecciones generales del 22 de octubre y ante el notable incremento electoral de la derecha, es casi inevitable proyectar algunos escenarios posibles. Por más entusiasmo que se ponga, todos son oscuros. Para entender por qué, a cuarenta años del reinicio de la democracia representativa, estamos en este punto, es necesario un análisis global, que interprete el derrumbe del kirchnerismo como un síntoma de un proceso más complejo: la lucha entre progresismos cada vez más desesperanzados y variantes neoliberales rapaces y autoritarias, que atacan al Estado, al mismo tiempo que se sirven de él para garantizar el funcionamiento del mercado. En fin, el sistema capitalista global, con sus crisis y sus estrategias de supervivencia.

Ahora bien, centrando la mirada en esta coyuntura electoral, muchos reaccionamos con justificada preocupación ante el gran apoyo electoral de la extrema derecha. Aun suponiendo que gran parte de sus votantes no comparte todas las propuestas de Milei, no deja de ser grave que alguien con sus ideas y posturas llegue a la presidencia. Igualmente, tampoco es mucho más alentador que lleguen Bullrich o Massa.

Con el fin de avanzar en la discusión que en Contrahegemoniaweb nos estamos dando sobre este punto, delineo brevemente los escenarios que se abrirían con el triunfo de cada uno de ellos. Sé que los aspectos señalados son muy generales e insuficientes, pero confío en que sean útiles para pensar al menos algunas tendencias.

Escenario 1: triunfo de Bullrich

Para el establishment, esta es la mejor opción. A diferencia de Milei, Juntos por el Cambio garantiza la gobernabilidad. Tiene muchos legisladores, gobernadores, intendentes y concejales en todo el país; cuenta con el apoyo de medios como Clarín y La Nación; el FMI y la Embajada de Estados Unidos lo respalda… Además, si Bullrich llegara a ganar la presidencia, seguramente lograría acuerdos con La Libertad Avanza para impulsar varios proyectos de ley. Es decir, acordarían una agenda y los libertarios terminarían moderando su discurso crítico (lo que podría perjudicarlos en su crecimiento y consolidación).

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El peronismo, por su parte, tendría la oportunidad de reordenarse desde el rol de oposición. El kirchnerismo podría organizarse como una línea interna, proponiendo el regreso a “la Argentina de Néstor y Cristina” y olvidándose del gobierno de Alberto Fernández y de las candidaturas de Scioli y Massa. Seguramente los sindicatos afines al peronismo saldrían de su letargo y hasta es posible que la CGT haga algo.

En tanto, habrá resistencias populares que, de diferentes modos, enfrenten las políticas neoliberales de este gobierno. Los distintos sectores de la izquierda anticapitalista jugarán un rol importante, junto a los movimientos sociales.

Escenario 2: triunfo de Milei

Si el líder libertario se impone en octubre o en una eventual segunda vuelta, sería un presidente muy débil. Tendrá pocos legisladores propios y ningún gobernador, además de la carencia de estructura partidaria nacional. Inevitablemente, tendría que apoyarse en el sector de Juntos por el Cambio liderado por Bullrich y Macri. Es decir, en este escenario, también deberá acordar la agenda con los halcones.

A los pocos días de asumir, será evidente que quedará muy poco del candidato que proponía una revolución. Será un león sin dientes. Y él lo sabe, por eso se irrita cuando algún periodista le menciona el Teorema de Baglini (“Cuanto más cerca del poder está, más conservador se vuelve un grupo político”). No quiere ser moderado, pero no le quedaría otra opción. Sus reformas de fondo implican la reforma de la constitución, algo que parece imposible.

Además, muchos de sus legisladores no están convencidos de varias de sus propuestas, como la privatización de la escuela pública, la libre portación de armas y el tráfico de órganos. Y difícilmente la mayoría de la sociedad otorgue su apoyo a estas ideas. Por eso, ahora Milei recula y habla de reformas de primera, segunda y tercera generación, de cambios a largo plazo y demás.

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Por sus características psicológicas, seguramente incurrirá en el ridículo muchas veces y, con facilidad, será carne de memes. Francamente, parece difícil que termine su mandato.

Como con el escenario anterior, en este, el peronismo podrá reinventarse como oposición y defensor de la democracia. También aquí habrá luchas sociales que intenten frenar las reformas neoliberales.

Escenario 3: triunfo de Massa

La agenda de Massa no es muy diferente de la de Bullrich-Milei. Alineamiento con el FMI, ajuste, reforma laboral, extractivismo, negación de los derechos de los pueblos originarios, represión. Es cierto que no habrá reivindicación de la dictadura cívico-militar ni ataque retórico al Estado.

Las burocracias sindicales seguirán dormidas, como en estos últimos años. El justicialismo bancará sin entusiasmo el gobierno y dirá que cualquier crítica desde la izquierda es hacerle el juego a la derecha (como si Massa no fuera de derecha).

También en este escenario habrá resistencias populares. El modelo neoliberal genera empobrecimiento, broncas, luchas y, por eso, termina cayendo en la represión.

El triunfo de Massa le daría a los libertarios tiempo para organizar su partido, sumar legisladores en las elecciones intermedias, y le permitiría a Milei seguir ejerciendo el rol de opositor rebelde y frontal. Aprovechará las consecuencias sociales del ajuste para decir que son causa de la corrupción, de la casta política, del populismo, de la izquierda que agranda el Estado para perjudicar a la gente que trabaja, etc. Si en el gobierno de Alberto Fernández (y de Cristina Fernández de Kirchner, a no olvidar), Milei pasó de ser una figura marginal a ser un candidato con grandes chances de ser presidente, en el gobierno de Massa, podría crecer todavía más.

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Seguramente, dentro de la dirigencia libertaria, hay quienes se dan cuenta de que, si acceden a la presidencia ahora, Milei llegaría desarmado y los arrastraría al fracaso. Sería el fin de la aventura. No solo ya estaría dentro de la casta política (es decir, dejaría de representar lo nuevo), sino que, además, no haría nada de lo que prometió (o muy poco, si cuenta con el aval de Juntos por el Cambio). Pero, si gana Massa, tendrían más tiempo, tanto para fortalecer la estructura partidaria como para seguir influyendo en el sentido común de la sociedad.

Conclusión: apoyar a la izquierda

En los tres escenarios posibles y más allá de las diferencias retóricas, el gobierno electo tratará de profundizar el actual modelo neoliberal. La subordinación al FMI y la fe en el capitalismo provocarán más ajuste y promoverán más pérdida de derechos. Entonces, será necesario avanzar en la articulación de todos los sectores de la izquierda anticapitalista, para fortalecer las múltiples luchas que se darán.

Como una meta ineludible, está la tarea de pensar tan claramente como sea posible la sociedad poscapitalista que deseamos y construir los caminos hacia ella. Para proponer un futuro distinto, primero, hay que anticiparlo.

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