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La euforia de ser anfitrionas

1999: un Encuentro para mostrar la otra postal

Se va a acabar/ se va a acabar/ esa costumbre de golpear… La marcha abarcaba varias decenas de cuadras del centro barilochense. Había salido de la Escuela 16 escoltada por las tamboreras que latigueaban sus manos contra los parches a toda velocidad marcando el ritmo de los cantos. Era el 10 de octubre de 1999 y diez mil mujeres participaban de la movilización más grande de la que se tenía memoria hasta el momento en la ciudad. Al cantar, sus voces atravesaban mucho más que lagos y montañas. Por primera vez, la ciudad era sede de un Encuentro Nacional de Mujeres, el número 14.

Silvia Contreras, docente de historia en escuelas públicas desde hace décadas y doctoranda en ciencias sociales por la Universidad Nacional de Río Negro, en el ‘99 fue parte de la Comisión Organizadora. Ahora cuenta que la propuesta de que se hiciera en Bariloche tuvo que ver con la idea de deconstruir “lo de la postal de la ‘Suiza argentina’”. Tiene folletos, fotos y cuadernos llenos de notas de lo que fue armar esa movida, guarda cada material como un tesoro.

En esos tiempos se rompía un rol histórico: las amas de casa, madres y esposas se iban un fin de semana largo a participar de esta experiencia. “Pensá que las primeras mujeres tuvieron que pedir permiso para ir a los Encuentros. Después fue: te aviso que me voy cuatro días o una semana a Salta, a Chaco, a Bariloche”, reflexiona Amalia Denegri, trabajadora jubilada del CONICET, para quien el 14° fue su primer encuentro.

En el acto de apertura, en el salón de Bomberos Voluntarios, Lucerinda Cañumil, lonko del paraje Chenqueniyeun dió las palabras de bienvenida a las participantes en mapuzungun. Después se leyó un documento: “disfrutar de este entorno maravilloso debe ser derecho de todos y no privilegio de unos pocos. Bariloche no es la postal que se vende”.

“Fue bellísimo, porque fueron muchas ñañas, nosotras les decimos ñañas a las mayores, que vinieron de otros lados”, cuenta Cristina Marín, werken de la Lof Lafkenche y parte de la comunidad Cañumil de Chacay Huarruca, paraje ubicado en el departamento de Ñorquinco. Cristina es mapuche y participa de los Encuentros desde el primero, en 1986: “No me perdí casi ninguno. Conocí mujeres de distintos pueblos originarios con las que aún tengo contacto”.

Durante los tres días del Encuentro del 99 hubo 32 talleres, una marcha, una peña y la mayor parte de las actividades se hicieron en escuelas y en el Centro Regional Universitario de la Universidad Nacional del Comahue. Las aulas estaban colmadas.

“El triple crimen de las chicas de Cipolletti marcó mucho la agenda del Encuentro, incluso vinieron las mamás y participaron; el tema de los pueblos originarios también, como cuestiones de políticas sociales y derechos laborales de las mujeres. Además, el tema de la violencia, pero no le decíamos ‘de género’ todavía”, recuerda Amalia Denegri.

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Entonces ni siquiera se hablaba de cosificación y el concurso “Cola Reef” era un éxito. Silvia Contreras cuenta que la lucha por la despenalización del aborto no estaba instalada y que había muchas tensiones con grupos de mujeres religiosas: “En aquel momento éramos muy pocas las que andábamos con el pañuelo verde y que incluso éramos interpeladas por otras desde la mirada o algún comentario”.

Era frecuente que a las lesbianas les pegaran en la calle, como había pasado en Chaco, el año anterior, cuando dos chicas que participaban del taller de lesbianismo fueron golpeadas en la plaza principal de Resistencia. Ni hablar de las personas trans. La sociedad de los noventa discriminaba y violentaba sistemáticamente a las personas que no se identificaban con su sexo biológico. Faltaba bastante tiempo aún, incluso, para que el feminismo empezara a discutir masivamente sobre el binarismo y las identidades de género.

Aquel año el porcentaje de desocupación era del 14%. Flexibilización laboral, lucha docente, ajuste, neoliberalismo, riesgo país, tarifazo y comedores comunitarios eran palabras corrientes. Un peso, un dólar. En Río Negro, gobernaba el radical Pablo Verani. Dos meses después, terminarían los diez años de gobierno de Carlos Saúl Menem. Bariloche no era ajena a la crisis: “teníamos índices de desocupación nunca vistos y las trabajadoras y trabajadores estatales sin cobrar”, recuerda Claudia Quiroga, trabajadora social y parte de la comisión organizadora de ese año. Sin embargo, plantea que el evento dejó un saldo muy positivo en la ciudad, tanto en lo organizativo como en lo económico, por el movimiento de gente que participó.

Finalizado el Encuentro, no se imaginaban la faraónica tarea de tener que volver a organizar dos más: Bariloche volvió a ser sede en 2011 y lo será en octubre de 2023. Las tres fechas fueron atravesadas por profundas crisis sociales y económicas. Y las tres veces fueron años electorales.

2011: violencia institucional y masificación del aborto

El último día del 25° Encuentro de 2010 estaba soleado, una leve brisa despeinaba a las acacias y los paraísos del Parque Berduc de Paraná. La comitiva barilochense había subido al escenario y de nuevo argumentó por qué la ciudad andina tenía que ser anfitriona al año siguiente. Antes de bajar, recordaron a Nicolás Carrasco, Diego Bonefoi y Sergio Cárdenas, los tres jóvenes asesinados por la policía rionegrina en la llamada “Masacre del Alto”.

“Fuimos con familiares de estos jóvenes a ese encuentro y allí dijimos que se venía una lucha importante por el pedido de justicia de investigación y castigo a los responsables de esos asesinatos —recuerda Claudia Quiroga, quien volvió a formar parte ese año de la comisión organizadora— se había conformado una multisectorial contra la represión policial que aún continúa en nuestra ciudad”.

El Encuentro de 2011 se hizo diez días antes de los comicios presidenciales generales, en donde se impondría nuevamente Cristina Fernández de Kirchner con el 54 % de los votos. Para esa época los encuentros crecían, participaba cada vez más gente y los debates se complejizaban. La sociedad estaba cambiando. Empezaba a haber cada vez más leyes que garantizaban derechos de género y en los medios se empezaba a hablar con más frecuencia de feminismo.

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Los preparativos en la ciudad iban a contrarreloj. Sin embargo, un hecho imprevisto sumó condimentos al 26° Encuentro: tres meses antes, un sábado frío pero soleado de junio, el cielo de la zona se cubrió completamente y comenzaron a caer toneladas de cenizas volcánicas de distinto grosor: el volcán Puyehue, a unos 90 kilómetros de Bariloche, había entrado en actividad. El gris lo cubrió todo, en sentido literal y en sentido figurado. Muchos negocios cerraron, el gobierno nacional debió asistir de diferentes formas y fue una temporada de invierno dura, casi no hubo turismo.

“Entre el momento en que se decidió hacer el encuentro en Bariloche, hasta que finalmente se hizo pasaron un montón de cosas, como lo del volcán, y costaba relacionarlo un año después con lo de los asesinatos del Alto —plantea Ana Carfagnini (o “Chaschi”, como la conoce la mayoría de la gente), integrante del Colectivo al Margen y del Bondi Feminista, quien participó del encuentro como coordinadora del taller Mujeres y Latinoamérica—, pero estuvo bueno porque la llegada del Encuentro trajo muchísima gente, hubo una reactivación del comercio”.

Fue un fin de semana hermoso, de esas primaveras en las que Bariloche lo da todo. El Encuentro no pasaba desapercibido: había grupitos caminando por las calles, yendo al centro, tomando mate en la costanera.

La apertura esta vez fue en el Velódromo Municipal. “Ni las más variadas adversidades lograron impedir que nos juntemos. Esta comisión quiere expresar que esta ciudad, tan conocida por la belleza de sus lagos, sus bosques, su nieve y sus montañas tiene otra postal negada: la del hambre, la de la represión, la explotación y la impunidad”, las palabras del documento de apertura rebotaron en las miles que escuchaban atentas.

En comparación con el Encuentro del ’99, en 2011 se duplicó la participación: asistieron 20 mil personas y hubo 100 talleres. En esos años crecía el protagonismo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. 

Otros temas subyacentes fueron los relacionados con lo ambiental, tal cual recuerda Chaschi: “empezaba a aparecer con más fuerza lo del extractivismo y el territorio”. En la misma línea, Marisa Bilder, socióloga y docente de escuelas secundarias, agrega: “yo coordiné el taller de Mujeres y Medio Ambiente, fue concurrido, habían venido mujeres de San Juan y de Esquel por el tema de la minería. Todavía no se sabía mucho, había limitación para difundir”.

Una presencia importante en el Encuentro fue la de Berta Cáceres, dirigenta del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, que participó del panel latinoamericano. La activista hondureña fue asesinada en 2016 por su compromiso con la lucha indígena, feminista y ambiental.

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“Era un encuentro donde venían más que nada mujeres, había poca visibilización de la disidencia”, plantea Chaschi. En paralelo, León, docente trans no binarie, recuerda que en 2011 participó del taller sobre identidad y que ese espacio fue clave para luego realizar su transición: “Ahí conocí a una señora trans, docente universitaria en Buenos Aires, y para mí fue muy hermoso escucharla, fue conectar con mi propia identidad”. León recuerda que eran los primeros encuentros en los que empezaban a participar feminidades trans: “Se armó un re debate sobre si podía participar esta docente trans, aparecieron algunas mujeres que decían que no, que se tenía que ir, pero todo el taller estuvo bancando que se quedara. Ella dijo unas cosas hermosas, fue un momento emotivo, de llanto”.

La marcha fue muy numerosa. “Fue muy artística, colorida, hubo un grupito que se desvió del recorrido y pasó por la Catedral y el grupo más grande que no… obviamente los medios tomaron eso”, repasa Marisa Bilder y agrega: “tengo mucha memoria corporal de ese encuentro, el entusiasmo de esos tres días… de quedar agotada, pero re contenta… y la sensación de querer estar en tantos lugares al mismo tiempo. Fue una experiencia grosa”.

2023: plurinacionalidad y disidencia

Esta vez, la sede de Bariloche se definió en solidaridad con las mujeres mapuche detenidas en el desalojo que el Comando Unificado de Fuerzas Federales llevó adelante en octubre de 2022 en la Lof Lafken Winkul Mapu, en Villa Mascardi.

El Encuentro de 2023 será emblemático ya que se convoca por primera vez a un único evento con el nombre unificado: Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries. El año anterior, en San Luis, se realizaron dos encuentros (el Nacional de Mujeres, y el Pluri y disidente) con fechas diferentes.

Este cambio generó profundas discusiones, pero muchxs coinciden en que es más inclusivo. Si bien las mujeres pertenecientes a pueblos originarios tenían participación en los encuentros, Cristina Marín plantea que en varios se sintieron excluidas: “en el de Trelew fuimos bastante discriminadas. Pasó en La Plata también, en Mar del Plata, no siempre tuvimos lugar las indígenas, afrodescendientes y disidencias. Yo creo que lo ‘pluri’ invita”.

Por otro lado, León siente que el cambio de nombre es un acto reparatorio con las identidades trans y no binares: “Ya éramos parte, o en algunos casos se anhelaba ser parte y no se podía. El cambio profundo y estructural se consigue imponiendo nuestra existencia y obligando a que nos vean. No queda otra más que nombrarnos”.

El 36° Encuentro será una semana antes de las elecciones generales y una vez más, en el marco de una crisis social y económica. Se esperan 100.000 personas y se prevé que se realicen más de 100 talleres y 150 actividades culturales. Porque el Encuentro es lucha y también es fiesta. Es pancarta y glitter. Es emoción y euforia.

Fuente: enestosdias.com.ar

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