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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Malos hábitos que erosionan la democracia

Ayer, cuando en la localidad de Medanitos los pueblos agro-culturales de diversos territorios se congregaron para celebrar la vigésimo primera Feria de Semillas, la señora intendenta de Fiambalá hizo un paso fugaz y estratégico por algunos pocos estantes, saludó a algunos pocos feriantes y gesticuló cierto interés por algunas artesanías. Aunque la visita fue realmente fugaz, no estuvo ni siquiera diez minutos, el momento fue congelado a través de fotografías profesionalmente tomadas y difundidas a través de sus redes.

Aunque no lo podemos afirmar con absoluta certeza, es muy probable que esos abrazos de la intendenta hayan sido recibidos con una alta carga de coerción por parte de las abrazadas. Las fotos, eso sí, fueron tomadas de modo compulsivo; ni siquiera una pregunta, ni siquiera un pedido de permiso. En definitiva, ella fue sólo a eso: a sacarse una foto y luego, tal como lo posteó en el Facebook de la Municipalidad de Fiambalá, a “publicar” su presencia allá.

El posteo oficial dice “La intendenta Roxana Paulón –así resaltado- junto a su equipo de trabajo participó (sic) de la 21° edición de la Feria de Intercambios de Semillas Nativas y Criollas en Medanitos”. La verdad, un total atropello y una falta de respeto indigna de la investidura pública que ejerce. Lo publicado es una total mentira, pero que no engaña a nadie; ni a sus propios seguidores. Ella no “participó” de la feria; ni siquiera fue a visitarla: no fue a escuchar, a mirar con un mínimo de atención y de interés real por quienes estaban haciendo y participando de la feria, por sus subjetividades y sus producciones. Fue exclusivamente a sacar esas fotos, para subirlas a las redes.

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Sacar fotos es una forma –también- de saqueo. Forma parte de las más extendidas y usuales prácticas de la política extractivista. No fue a aportar nada, y ni siquiera con la más mínima intención y actitud de escucha y receptividad. No quiso ni dejar ni recibir nada; fue apenas a saquear un presunto “rédito político”. La verdad, se trata de un tiro por la culata. Eso, en lugar de adhesión genera indignación.

Para ser honestos y justos con la intendenta, hay que decir lamentablemente que su práctica no es originalmente perversa; al contrario. Es la forma habitual de “hacer política” que tienen los que viven de usurpar y malversar la función pública. Años atrás, el actual gobernador Raúl Jalil, junto a un séquito de funcionarios y candidatos, hizo exactamente lo mismo en una edición anterior de la Feria de Semillas. Su “visita” duró un poquito más aquella vez; estaba en campaña. Nunca se acercan a realmente escuchar, ni a mínimamente conocer sobre las condiciones y proyectos de vida de los habitantes de esos territorios. Y sin embargo, son ellos los que después deciden a su antojo, unilateralmente, sobre esos territorios –y por tanto, lo que sucede en la vida de esas poblaciones.

Por caso, la “decisión” de abrir los salares de la cuenca del Abaucán a la explotación de la minería transnacional-neocolonial. El proyecto se instaló autoritariamente, compulsivamente por obra del gobierno, con altos grados de desconocimiento, desinformación y total ausencia de participación de la población afectada. Las “audiencias públicas” son una burla a los mecanismos de participación ciudadana, allí, hasta con escenas de violencia explícita y directa. Ni ellos se creen que allí se “decide un proyecto” o se modifica en algo las condiciones de la explotación. Lo que debería ser una instancia de democracia participativa se ha deformado como mero acto administrativo-policial. Hoy las y los pobladores de Fiambalá están experimentando en carne propia cómo esa explotación altera drásticamente sus modos de vida, sus tierras y sus aguas, sus costumbres, sus paisajes.

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Ir a los pueblos sólo a tomarse fotos y después decidir sobre sus territorios a sus espaldas, lamentablemente, es una práctica que se ha hecho habitual, en estos 40 años de vida democrática. Nuestra democracia está enferma por este tipo de hábitos viciosos y viciados. Las emergencias monstruosas que hoy surgen como peligrosas amenazas a nuestro mórbido sistema político electoral se alimentan justamente de la indignación que provocan este tipo de mala-praxis.

El hartazgo social contra la “clase política” que se ha mal-acostumbrado a hacer uso y abuso de la función pública para sus propios intereses; los pactos oligárquicos que deciden la explotación de los territorios con promesas de “redistribución” que nunca se cumplen, están vaciando de toda legitimidad y credibilidad a este sistema. El “que se vayan todos” que se gestó de manera colectiva en el 2001, hoy retorna como un grito desesperado y demencial, ultra-individualista y cargado de los peores presagios, desprovisto de futuro y de noción alguna de proyecto colectivo. Hoy la clase política no tiene otro proyecto que el modelo extractivista de las transnacionales del agro, la minería y el petróleo. Y sobre eso, no se monta un país.

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