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No es solo algo rural: el glifosato ya llegó a los habitantes de CABA

Un informe de Proyecto PIS alerta por la presencia de agrotóxicos en la orina de personas que viven en la Ciudad y que no tienen conexión con el campo. Buscan el origen: ¿Por las verduras? ¿Por el agua? Relevaron cinco distritos: de ellos, el que más alto porcentaje de herbicida dio fue la Capital Federal.

Son hombres y mujeres que viven y trabajan en la Ciudad de Buenos Aires. Que no frecuentan ámbitos rurales ni están expuestos a fumigaciones directas con agroquímicos. Sin embargo, tienen glifosato en la orina. ¿Es por ingerir frutas y verduras provenientes de campos fumigados? ¿Es por el consumo de agua contaminada? No lo saben, y pretenden que se investigue. Por el momento, sólo tienen una certeza: hay un herbicida potencialmente dañino para su salud en sus cuerpos, en pleno ámbito urbano porteño.

La evidencia surgió en el marco del Proyecto PIS (Pesticidas Introducidos Silenciosamente), una iniciativa de la ONG Democracia en Red que analizó más de 200 muestras de orina en las localidades de Lobos, Saladillo, Barrio Nicole (La Matanza), Mar Chiquita y la Ciudad de Buenos Aires. Tiempo accedió a los resultados: en todos los distritos hubo casos positivos para glifosato y su metabolito AMPA. CABA fue el lugar donde se registró mayor positividad: 9 de las 39 muestras analizadas tenían restos del cuestionado herbicida. Es decir, el 23.08% de los casos.

“La evidencia es que claramente hay gente expuesta a pesticidas y que esos pesticidas se encuentran en sus cuerpos”, advierte Celeste Salinero, doctora en Ciencias Biológicas, quien colabora con el proyecto junto a Delia Aiassa, investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional de Río Cuarto, experta en los daños provocados por agrotóxicos.

“Lo más común es que este tipo de contaminantes entren por inhalación. Los residuos que quedan en los alimentos son pocos. Pero una hipótesis podría ser por la alimentación: no tenemos estudios al respecto para atribuirle el glifosato encontrado en la orina al tipo de alimentación. También tendríamos que estudiar el agua de consumo, para ver si hay residuos. Sin dudas, la gran incógnita y el disparador que tenemos a partir de este estudio es saber qué está pasando en CABA”, alertó Salinero.

“El criterio de selección en CABA se centró en personas que tuvieran en su dieta alto contenido de verduras. Porque el vector de exposición –asumimos, no lo podemos afirmar– es por alimentos”, indicó Don Powa, director de Democracia en Red (y co–fundador de Amartya, asociación civil dedicada a la educación ambiental). La ONG trabaja a partir de datos e información para “generar instrumentos y ponerlos a disponibilidad para distintos actores sociales, y que sean ellos los que traten de modificar la realidad desde su territorio”.

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De las verduras al agua de la canilla

“Estudiamos 28 agroquímicos pero solo encontramos glifosato y AMPA. Los demás tienen niveles de detección bastante difíciles y convendría hacer análisis de sangre, pero es más complicado”, especifica Powa. Las muestras de PIS se examinaron en el laboratorio marplatense Fares Taie, donde ya se vienen procesando datos sobre presencia de agrotóxicos en los cuerpos en el marco de distintos proyectos.

“Sospechaba que podía tener glifosato en el cuerpo porque hace dos o tres años cambié mi alimentación y consumo un 80% de frutas y verduras. Pero cuando me dio positivo, fue un golpe. Me generó bastante angustia. Fue como sentir que no puedo elegir qué comer, porque incluso cuando decido comer bien, en definitiva estoy incorporando contaminantes que quizás son peores que una dieta de ultraprocesados”, lamenta Paula Butera. Es abogada, vive en Palermo y fue una de las voluntarias de Proyecto PIS cuya muestra dio positivo para glifosato. “No sé aún qué significa. Sé que una consecuencia posible es la genotoxicidad y que haya un daño genético. Si el día de mañana quiero ser mamá no sé si puede traerme complicaciones”, plantea. Y remarca: “Soy población cien por ciento urbana, nunca estuve expuesta a la fumigación”.

Andrés Snitcofsky también sospechaba que el estudio podía darle positivo. “Suponía que todos tenemos. Confirmarlo me hizo preguntarme qué podría cambiar del circuito de donde obtengo mis alimentos (especialmente verduras) para lograr bajar esos valores”, relata.

Si bien no hay evidencia aún sobre el origen del glifosato en estos cuerpos porteños, él también lo atribuye a los alimentos: “Dado que soy abstemio y no vivo en zonas rurales o cercanas a plantaciones, asumo que el principal ingreso es por las verduras. Como soy celíaco tampoco consumo demasiados productos alimenticios industrializados, lo cual hace que sea más fácil establecer el origen, aunque no puedo confirmarlo”.

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Gabriel Grieco, en cambio, pensó en otra posible vía de contaminación apenas supo que tenía glifosato en la orina: “Me sorprendió. Y lo primero que me puse a pensar es que muchas veces consumo agua de la canilla. Están fumigando cerca de Capital, te vas para el lado de Exaltación de la Cruz y es moneda corriente. Cuando empecé a pensar eso dije ‘por el agua se propaga mucho, voy a dejar de tomar agua de la canilla y hacerme otro análisis en algunos meses a ver si baja’. No tengo situación de exposición, vivo en Villa Ortúzar”.

“Empecé también a averiguar, ver a una toxicóloga, pero no hay mucho. Cuando uno le lleva estos análisis al clínico no saben qué decir. No se habla mucho de estas cosas”, advierte Grieco, cineasta y director de Respira, un thriller en un pueblo fumigado. 

Caja de herramientas

Si bien la confirmación sobre la presencia de glifosato en orina en todos los distritos estudiados es el dato más contundente, Proyecto PIS tiene también otras líneas  de análisis que apuntan a generar herramientas de compilación e interpretación de información, para dar lugar a medidas de acción concretas en los territorios afectados, en conjunto con las poblaciones afectadas.

El primer recurso que se lanzó tiene que ver con los censos agropecuarios, para entender características básicas de las actividades agrícolas y ganaderas. Otra de las herramientas en marcha es un mapa de zonificación normativa, para conocer las restricciones de aplicación de agroquímicos en cada municipio bonaerense. “Para que los poderes ejecutivos puedan tener mejor control y para que la ciudadanía sepa si hay una contravención o no –explica Powa–. No le podés decir a alguien ‘500 metros de tal límite’, es muy abstracto”. 

También está en desarrollo un compilado de jurisprudencia relacionado con el uso de agroquímicos y una suerte de ranking de las ordenanzas vigentes, sus alcances y niveles de cumplimiento. Otro ítem aspira a mapear la presencia de agrotóxicos en el ambiente y en los cuerpos, reuniendo todos los estudios disponibles en la Provincia de Buenos Aires. “La hipótesis es que está en todos lados –acota–. Pero los datos que se manejan se ven de manera parcial, nunca tus datos dialogan con los míos y eso hace que se pierda potencia. La idea de esto es interpelar a muchas personas que tienen estudios para que nos compartan esa información y la podamos subir. Es un trabajo de hormiga”. 

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Argentina, con más agrotóxicos que Europa

En los últimos años se multiplicaron los estudios con evidencia de restos de herbicidas en los cuerpos. En su gran mayoría fueron impulsados por organizaciones sociales (como en el caso de Proyecto PIS), o por asambleas y comunidades que debieron reunir los fondos para solventar las investigaciones. Hubo un caso que tuvo participación estatal y alcance internacional: Proyecto Sprint.
El trabajo incluyó a diez países europeos y a la Argentina. La pata local del estudio estaba encabezada por la investigadora de Virginia Aparicio, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Pero el Consejo Directivo de esa entidad decidió no dar difusión a los resultados y frenar la participación en Sprint, pese al reclamo de las y los voluntarios que habían puesto el cuerpo para los análisis.
¿Qué decían esos resultados? Que en las muestras de Argentina hay menos variedad pero más concentración de agrotóxicos que en Europa. Por caso, el 100% de las muestras de materia fecal de Argentina tenían glifosato, mientras en Europa el porcentaje era del 70,5%.

Desde Lobos hasta La Matanza: el mapa de Proyecto PIS

Lobos. Se encontró una positividad del 14.29% para glifosato y AMPA. El 50% de los casos con este herbicida en orina viven en el ejido urbano. Este municipio no tiene ordenanza de regulación de agrotóxicos.

Saladillo. En el 19,44% de los testeos de orina se detectaron glifosato y AMPA. En este distrito, una ordenanza de 2008 prohíbe fumigar a menos de 500 metros de los centros urbanos y a menos de 100 de las escuelas rurales.

Barrio Nicole (La Matanza). Se registró una positividad del 5.88%. Pocos meses antes y en el marco de otro estudio, la Asamblea de Autoconvocados contra los Agrotóxicos de La Matanza había confirmado la presencia de glifosato en el agua subterránea que se consume en Nicole.

Mar Chiquita. Después de CABA, fue el distrito que más positividad arrojó: ocho de las 37 personas testeadas tenían glifosato en orina (21.62%). Una ordenanza de 2020 permite fumigaciones a solo 150 metros de casas y escuelas, y a 25 de los cursos de agua.

Fuente: Tiempo Argetino

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