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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Apuntes para el estado-marketplace

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            Volviendo a casa, el domingo por la noche, veo lo que podría ser un trailer de algo que ojalá no se transforme en serie, aunque resulte inevitable hacerse la película o hacer una escena de la situación: tres tipos, desde el portal de un edificio, le gritan a una mujer que camina por la vereda de enfrente y lleva puesta una remera de motivos peronistas: ¡montonera!, ¡zurda!, ¡vas a correr! ¡se te terminó la joda, chorra!

1 bis

En la entrada del bachillerato popular de la imprenta  Chilavert, en rojo: “Zurdos panquekes”.

¿Hechos aislados? Consulte a los derrotados, haga su bis, en redes se multiplican historias y se hacen y desintegran relatos.

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            Hablando de cine, si no recuerdo mal, es el Joker, en una de sus franquicias, el que afirma que alcanza un mal día para caer en la locura. En este caso, si bien la jornada electoral, tironeada de los mechoncitos de pelo de la fortuna de Parravicini, marca el tercer día entre las PASO, las generales y el balotaje, convengamos, cerebro, que más que un día malo llevamos unos 1440 días o casi 4 años, si no malos, de dificultades, crisis, problemas, descontroles varios (hagan su lista y verán; como mínimo, empecemos por la autocrítica) y algunos paliativos, escasas mejoras, muchas materias pendientes, tropiezos, internas a cielo abierto y errores autoinducidos en el debate público.

            Más que (o además de) en la locura, pareciéramos haber pasado, el domingo, en cuestión de horas (luego de haberlo incubado durante meses), de las ruinas y restos del Estado-nación (que no puede existir de otro modo) a las primeras muestras de ese mundo de mercado que, muy atinadamente, la corporación extractivista de datos de la imitación de androide Zuckerberg ha dado en llamar, sin más, Marketplace. Ni siquiera Mercado libre, que de libre tiene muy poco y de mercado y de monopolio mucho, aunque haya que reconocerle la posibilidad del arrepentimiento y el reembolso. En Marketplace, nada de eso, y ahí vamos: sin garantías, entre fantasmas, a pura especulación, oferta y demanda, mucho usado y en desuso, particulares frente a frente.

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¿Y si el otro simplemente enloquece? Ah, la otredad, esa cosa progre. Argentinos de bien, veremos. Por lo pronto, el masculino no pareciera funcionar como neutro aglutinador sino como unificador excluyente. ¿Una de Marvel? Algo de eso hay. ¿O no dijo también que el triunfo (no la victoria, mucho menos Villarruel) dependía de fuerzas del cielo? ¿Libro I de los Macabeos? ¿Judaísmo? ¿Anti-catolicismo? ¿Pro-genocidio? Las referencias se pierden, como en los mapas antiguos.

Buscarle sentido argumental es un error común del exégeta (por definición, cultural): o se dan vuelta todos los argumentos (ahora lo ven razonable, inclusivo, medido, etc., cuando hace un mes era todo lo contrario) o se cae en la indignación sucesiva y el escándalo continuamente renovado (el reservorio de expresiones es literalmente infinito: cuestión de hacerlo hablar); dos formas de la muerte, que pulula hace meses en cada intercambio del mundo espectáculo. Además de la necesaria retracción, ¿ya le habremos dejado la agenda y correremos de atrás, o podremos de nuevo organizarnos y plantear otros ejes de acción y conversación?

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Con todo y más allá de los loquitos y violentos que pueden armar una sopa picante y espesa si les sueltan la correa y les dan margen (ya sabemos que un fanático es peligroso y que, empoderado, se transforma en nocivo), el voto al rockstar que conjuga el posesivo de la primera singular con la palabra ley mal escrita o el usted formal italiano operó en el terreno significante abierto por el killer calabrés y su otrora gurú de la época del “Vamos Buenos Aires” y el signito de play → el “cambio”. No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que hay una gran masa (sepan disculpar) de votantes que ejercen su derecho al sufragio como quien manipula ese invento revolucionario de Nikola Tesla descrito en su patente 613809, el control remoto, que gobierna todavía buena parte del tiempo libre de los argentinos del bien y del mal. Llegamos al balotaje en una tónica desastrosa que hubiese maravillado al blanchotiano tipo: uno indefendible, el otro directamente invotable. ¿Y entonces? 

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¿Cómo se usa el control remoto? ¿Cómo es su lógica de consumo? Uno cambia, cambia y cambia (un poco en la clave significante del cambio, cambio, cambio que se escucha en los microcentros de parte de arbolitos y cuevas, ese capital material y simbólico de la derecha), a menudo bajo los efectos del cansancio o el desgano (en todo caso, dos enemigos de la argumentación y el razonamiento), y en cuanto algo no le gusta, lo fastidia, etc., pregunta: ¿y esto quién lo puso? Y vuelve a cambiar. ¿Será la remake de aquella peli otomana: Yo no lo voté? Veremos.

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No hace falta ser una luminaria de la interpretación política para deducir el ejercicio del sufragio de buena parte de los compatriotas (a los que se podrá verduguear en unos meses y, previsiblemente, adoptarán el óle torero o abrazarán el hilo argumental al cuello de la pesada herencia recargada y harán de Macri y el FMI dos houdinis-niños-yo-no-fui) en contra del voto al profesional etimológico y personificado del concepto físico que encarna Sergio Tomás, que más allá de prometer que el 10/12 pondría en marcha la economía (¡¿pero por qué esperar, querido?!) y tener un camión de argumentos en contra, al menos no prometía quemar instituciones o cerrarlas, liberar criminales y fuerzas oscuras en plan Bane en Batman, el caballero de la noche asciende.

Las elecciones tuvieron, también, su costado etimológico: el latín Massa, ese concepto que “expresa la inercia resistencia al cambio de movimiento de un cuerpo”. La cita es de Wikipedia, esa maravilla de lo colaborativo, que en su modelo pareciera tener más regulación que la Argentinita potencia libertaria en la que el Estado será tan chico y la fortuna tan grande que la veremos desbordar todo continente y derramarse y bañarnos en la algarabía del bien común en el que monopolios, desigualdades, oligarquías, etc. etc. etc. han sido enrocadas en un magistral pase de magia de la representación que ha dejado al repartidor, al monotributista y al trabajador informal como monarcas de su destino dolarizado: en ese desencuentro, florecerá nuestro destino sudamericano.

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            ¿Destino sudamericano? Posiblemente, mezclado con franquicia gringa de superhéroes (no acudieron al casting) y villanos. Con la participación estelar de Victoria Villana Cruel, agente del Mal que quiere revolucionar nuevamente el castellano al incluir el robo sistemático de bebés, la apropiación de identidades, la picana metódica, los vuelos de la muerte, el terrorismo de Estado, las persecuciones y detenciones por fuera de todo marco legal, los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio, en todo caso, en “excesos” o en cuestiones del “deber”. ¿Todo eso en tan poco, Cruela? ¿Una variable inquietante del lenguaje inclusivo? ¿Otra vez, ¡demonios!, los dos demonios?

Lo excluyente vuelve a poner en primer plano la lectura entre líneas de los discursos transparentes. “Memoria completa” y expresiones de ese tipo son clarísimas y su referencia (como todo el programa de los ganadores) pareciera ser más claro que el agua, pero atención, Narcisos, que la interpretación del reflejo puede ser la propia imagen o la imagen propia vuelta otra y ahogando al yo-mismo, como mínimo.

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¿O no se contaron todas estas cosas, ya? ¿No se probaron, incluso? Como dijo Carlotto hace algunas semanas, con esa paciencia de la que hay que beber cada día como de un bálsamo: vamos a tener que contar todo de nuevo.

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Las propuestas son clarísimas, incluso demasiado claras, y con “demasiado” me refiero a una variable de lo asertivo que alerta un devenir autoritario que la ceguera voluntaria del momento ha dado en llamar “campaña del miedo”. No es del todo errado el término, pero hay que cortar con la sanata autoayuda y buscar el criterio también: ¿no sería hora de reivindicar el tener miedo? No políticamente (porque llega condicionado, con minoría en muchos lugares clave, porque en política se gana y se pierde, etc.), sino socialmente. Cuidado con soltarle la correa a los rabiosos, ni hablar de utilizarlos.

Para seguir con las películas y la falta de memoria que se viene, no recuerdo en cuál un maestro le insufla valor a su discípulo ante un desafío: “¿Tenés miedo? Perfecto, significa que no sos estúpido”.

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            El hecho de que nadie haya dicho con tanta claridad y de forma tan taxativa lo que quiere hacer con un país (o con lo que queda de él) no significa necesariamente que ese programa haya sido leído. O que, de hecho, no esté en curso la operación discursiva fenomenal de desleerlo, un poco en clave de sordera estratégica de los desesperados o enamorados del desastre: no lo dijo, y si lo dijo no lo piensa, y si lo piensa no lo hará, y quizá lo dijo pero queriendo decir otra cosa…

¿Alguien leyó la Plataforma Electoral Nacional? ¿No salieron ya los paladines del cambio que necesita el país y la libertad de marketplace a decir que “no va a hacer lo que dice”, que lo que dice no es lo que piensa, que lo que haga habrá que ver y demás variables que enloquecerían las capacidades de abstracción y relación del mismísimo Noam Chomsky en sus teorizaciones sobre lenguaje y pensamiento? ¿No alcanza con querer hacerlo, expresarlo y sostenerlo?

            Pero leer no es consumir sino seleccionar, deducir, inferir, razonar, establecer ecos y diferencias, trabajar distintos tipos de memoria y proyección… ¿Alguno de nosotros lee, todavía? ¿Y los botantes de La locura atrasa? Película previsible, mejor cambiemos de canal.

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            La transparencia y salto al vacío (al vaciamiento) impone juntarse, organizarse, intercambiar, jugar incluso, especular también.

Se movió el amperímetro de lo posible, se renuevan paradigmas, el horizonte se mueve y volverán debates saldados sobre acuerdos básicos, retrocesos de 20 casilleros (¿la política no es, sobre todo, un juego de mesa y de rol y de guerra por otros medios? ¿O lo de otros medios ya fue?).

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Lo que estaría difícil encontrar es uno de los puntos cardinales ideológicos para orientar el mapa. ¿Dónde quedará la izquierda si todo lo que no sea liderario se vuelve comunista? ¿Era necesario irse tan al extremo?

Un amigo, una posibilidad, un juego: “va a ser re loco en 2035 cuando tengamos que aliarnos a milei para combatir a la ultra extrema recontra derecha, onda directamente Thanos: mirá, el nuestro quiere privatizar los bosques y ríos, pero el de ellos tiene un poder que castañea los dedos y los vacía instantáneamente. ¡Privatización ya! ¡Privatización ya para conservar nuestros ríos de alguna forma!”.

Precioso marketplace, pero así como comprar un país desendeudado lleva tiempo (mucho más que 4 años, más si el acuerdo fue a… ¿Cuántos, Mauri? ¡¿100?!), no se compra (y menos, así nomás) un nuevo pacto democrático.

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Habrá que ver cuántos de los aplausos del triunfo volverán en unos años en forma de aplausos de protesta.

Vox populi, se respira lo que una amiga me da a entender: replegado el Estado, quedará el estado. El estado propio, whatsappeable, el estado a postear, duración 24 horas. La disconformidad con el presente es entendible, pero la falta de memoria es imperdonable. Ni los 40 años que cumple la democracia y sus pactos puestos a prueba, ni los 4 años que pasaron desde el último pase de mando del neoliberalismo recargado… Un día de memoria, supervivencia, y a reiniciar. ¿O tenemos garantías de proyectar más allá? Todavía no asumieron, y las garantías se desdibujan desde el domingo (ataques, promesas de recortes, cierres, ventas, etc.).

¿Algo para dar?

¿En la Rosada tampoco?

A ver si nos gusta esa libertad en plena selva, y qué pasa entre leones, gorilas, halcones, palomas, gatos, tortugas, yeguas, pingüinos, monitos, kukas y demases de la zoología política argentina. ¿Ponemos National Geographic? 

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            Comenzamos con los amigos (masculinos, argentinos de bien todos) el nuevo bingo de la persecución. El juego consiste en tachar los casilleros que nos hacen posibles blancos (o negros) de esas purgas express planteadas por las juventudes liderarias que repiten el mantra del respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada de Benegas Lynch, mientras corren, trollean y amenazan a los que no piensan como ellos. Uno tacha varios: soy negro, pobre, inquilino y artista. Otro al horno: mal momento para ser kuka y puto como yo. Otro: zafo por blanco y cis y familia tipo pero tacho zurdo, sindical, filosofía y letras.

¿Alguien sin casilleros tachados?

            Ni el amigo de Huckleberry Finn la tenía tan difícil.

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Las especulaciones y los juegos ayudan a pasar el rato. Luego, los libros de historia dirán… Sí, los libros de historia cuyos contenidos y diseños curriculares saldrán del Ministerio del Capital Humano (¿no suena de Marvel, realmente?), el cual fusionará (en mi barrio se llama recorte y desfinanciamiento) todo lo que no importa demasiado: salud, desarrollo social, educación, trabajo… Entonces surgen las preguntas: ¿habrá libros? ¿Habrá historia? ¿qué precio habrá que pagar en marketplace? Ustedes dirán.

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