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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Letras urgentes. Análisis de un proceso inédito, votar en contra de si mismo

Suele decirse que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, ya que pensar esta última hipótesis nos implica, no podemos imaginar cómo sería vivir en otro sistema económico. Sorpresivamente a una parte de los argentinos le pasó lo mismo con el denominado pacto democrático y lo que para ellos significaba. Negando que, en una democracia condicionada y derrotada, los excluidos van construyendo una subjetividad a partir de la cultura del descarte y la exclusión y decidiendo votar por primera vez, una propuesta explicita de ajuste y pobreza.

Jean-Paul Sartre en su autobiografía cuenta que al saber de los salarios miserables de la señorita que le daba clases en su casa, se preguntó ¿por qué le pagaban tan mal?, ¿por qué hablaba de la vida como un mal incurable?, ¿se podía nacer condenado? Y se dijo, “Entonces me habían mentido, el orden del mundo tenía unos desordenes intolerables”, él como un niño de una familia perteneciente a una determinada clase social había sido engañado.

Podemos pensar, que cuando Sartre era chico, no había redes, era difícil acceder a la información, era más fácil ser engañado. Los sucesos de los últimos veinte años en Argentina muestra que podemos ser engañados y hasta autoengañarnos como forma de sentirnos más tranquilos. Para Sartre hubiera sido más cómodo seguir creyendo lo que le contaron en su casa, pero él decidió desandar esos relatos y otros en su juventud y su vida adulta, eligiendo un lugar acorde ente lo que escribía, decía y las posiciones que tomaba.

Esa tensión entre lo que se piensa, se hace y cómo se vive, es crítica para pensar los acontecimientos políticos de las últimas décadas en Argentina y la coherencia de las posiciones de quienes opinan y juzgan sobre las decisiones de otros colectivos sociales.

En los años 90 el embajador argentino Jorge Vázquez Agodino[1], definió irónica y acertadamente a la Argentina como BELINDA, un pedacito Bélgica, el resto India. Por lo que le escuche decirle se refería a las diferencias abismales de condiciones concretas de existencia, la cultura, mitos, valores, creencias, la forma de vivir y de definir y resolver los conflictos.

Siempre que escuchaba a compañeros que definían la realidad del país de una forma que me parecía sorprendente, le daba ese sentido al concepto de BELINDA, ellos hablaban de un país que no era el que muchos compañeros, incluyéndome, transitábamos, conocíamos y donde sosteníamos nuestra práctica política, social o sindical. Decíamos entre nosotros al escucharlos, casi festivamente, “vivimos en otro país”, hasta que logré ser mas preciso y comprendí que ellos hablaban desde Bélgica y nosotros desde otra realidad material, cultural y simbólica. Durante un tiempo prolongado descarte esta idea, no me parecía que aportaba nada.

Hasta que leí y escuché reiteradamente “si gana Milei van a perder los derechos”, y ahí volvió a surgir el concepto de BELINDA. Nada resulta más ofensivo que decirle a quienes no tiene derechos que los va a perder, pero no había registro de esa agresión ya que quienes hablaban o escribían en las redes eran “habitantes de Bélgica”, pero los receptores eran los que trabajan en negro, los que venden torta frita al borde de una ruta, los repartidores de pizza o los choferes de las aplicaciones. 

En los últimos dos meses en seis o siete encuentros, con grupos de más de cincuenta participantes leí el siguiente texto: “… en esa lucha surgieron los piquetes. Los que están de uno y otro lado del piquete son personas que necesitan trabajar. Unos se ponen ansiosos por esperar, otros hace décadas que han sido educados para esperar. Me refiero a la práctica social de ubicar a los pobres en situación de espera: esperar para ser atendidos en un Centro de Salud, que sus hijos accedan a una vacante escolar, esperar cuando son incluidos para cobrar una asignación del Estado, que bajen las aguas después de una inundación, o cuándo volverá a inundarse, a qué hora abre el comedor comunitario. Con la consiguiente construcción de un sujeto social depredado, dependiente. Son hijos de la destrucción nacional. El hambre los convierte en nada. Dependen de ellos mismo para revertir este intento por parte del poder, de convertirlos en comunidades inmóviles que no reaccionen ante la marginación e injusticia que padecen. Son territorios donde no llegó agenda urbana progresista”.

El clima que se producía al leerlo me llevaba a confirmar la hipótesis del par Bélgica/India. La cultura occidental intenta universalizar lo particular y son muchos quienes reproducen esa práctica, negando lo que muchos compatriotas padecen. El emergente más fuerte de esta universalización es referirse a “la gente” como forma de unificar un archipiélago de territorios, culturas, historias y voluntades, eso que denominamos sociedad, una multiplicación de particularidades a lo que se busca definir con un diagnostico o respuesta única.

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Particularicemos

Una mayoría significativa de los y las jóvenes y no tan jóvenes, de 40 para abajo, no cuentan en su vocabulario con las suficientes palabras para expresar lo que piensan, sienten y hacen. Esta ausencia de palabras y simbolización la viví por primera vez en los 90, al trabajar con los mal llamados “chicos de la calle”, su vida era el aquí y ahora, no había antes ni después.

Con determinados grupos con los que trabajamos esto es moneda corriente, más aún, cuando se logra confiabilidad y pueden mostrarse con esas carencias, las escenas de emoción se multiplican, se transita de la impotencia al alivio, se establecen redes comunicacionales particulares, se aborda la falta, no se la esconde, se trabaja para construir lo que no les ha sido dado.

Cuando nos referimos a estos temas, a los habitantes de la Bélgica del embajador Jorge Vázquez, les surge un interés particular, que me recuerda las revistas ilustradas que se adjuntaban a los diarios los domingos. Cuando se abordaba el tema de los pobres o marginados, solía marcar la agenda periodística de la semana. Los pobres hace décadas son un tema central del debate público, político y social. Qué hacer con ellos, sus formas de vida, los delitos, cómo se relacionan afectivamente, su tiempo libre, música, pasiones y creencias. Pero no ha sido del mismo interés, el proceso que deviene en subjetividades.

Se suponía que con la contención del estado bastaba para que no influyan intempestivamente en la agenda política, más allá de las molestias cuando se manifiestan. Lo que no se tomó en cuenta fue que parte de ese colectivo y otros hombres y mujeres que cobran salarios miserables, se divorciaron de la política ya que como resultado de sus experiencias consideran que nada concreto les aporta. Puedo confirmar por mis trabajos de campo, que muchos ya no se preguntan ¿se puede nacer condenado?, como lo hacía Sartre, están convencidos que han nacidos condenados.

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Sorpresivamente irrumpieron de “forma incomprensible”, no es habitual una diferencia de once puntos en un ballotage en el mundo occidental, en especial para quienes tiene una visión progresista y estética de la política, preocupados por comprender la construcción de sentido de los medios. Sin considerar que esa construcción se disputa en los barrios, las fábricas, con conductas ejemplares, siendo coherentes entre lo que se dice y lo que se hace, sosteniendo una posición que facilite el aprendizaje y la organización a partir de los intereses colectivos, colocándose el militante en una posición de pares con sus compañeros.

Esta sorpresa ante esta irrupción social expresa dos causas. Una no aceptar que el pueblo, esos hombres y mujeres que tienen la función de construir casas, cosechar, emprender proyectos productivos, cuidar adultos mayores, o cartonear, son los sujetos de transformación social, sin ellos marcando la agenda política no hay cambio. La otra es que las respuestas no están en los textos de los gurús progresistas convertidos en objeto de admiración y adoración, tampoco en las pantallas, los podcasts. La comprensión del histórico social está en los territorios, como enseñó Paulo Freire “la cabeza piensa donde pisan los pies”

Cómo seguir

Pese al estupor de las primeras acciones de La Libertad Avanza, mayoritariamente no es un voto de extrema derecha pese a que la propuesta lo es. Hace cuatro años se votó por un cambio donde la figura fueron la exigencia de la recuperación de derechos y menos recortes y ajustes económicos, que fue traicionado. Esa demanda no ha cambiado, pero fue dirigida a otra opción partidaria, expresión del hartazgo, frustración, resentimiento, engaño y la ofensa.  

Las razones que llevaron al voto a La Libertad Avanza es policausal. Los anti kirchneristas y la derecha conservadora y antiperonista (que no son lo mismo), utilizan procesos decisorios similares. Otras de las islas de este archipiélago están formado por quienes hace cuatro años, votaron por un cambio, y los jóvenes que históricamente buscan oponerse a lo establecido, en especial cuando no satisface sus proyectos generacionales y eso está pasando. Sin olvidar la influencia emocional de las decisiones, que se contradicen con sus intereses y efímeros derechos (trabajadores privados y del estado, de la salud, educación, quienes subsisten con los planes de ayuda del estado, estudiantes, precarizados) sabiendo y negando que ellos pueden ser parte del ajuste que se propuso.

Para quienes los sorprendió el aluvión de voluntades impensadas, mi hipótesis que se creyeron un relato tranquilizador que valoraba la ampliación de derechos, los remedios gratuitos para los jubilados, las mejoras circunstanciales en salarios, planes y jubilaciones que la inflación devoraba antes de cobrarlos, y el mito de tener memoria a lo hasta aquí alcanzado. Negando que las demandas del pueblo son concretas y urgentes; trabajo, inflación, inseguridad, privilegios y que espera soluciones urgentes a temas complejos.

Transitamos momentos donde el nuevo equipo neoliberal comienza su “trabajo”, cobijado por políticos menemistas, macristas, de otros pelajes antipopulares y quienes están dejando de ser oficialistas, con el sostén conceptual de economistas, intelectuales y periodistas afines. Debatir lo que dicen o mostrar sus contradicciones es segundario, comparado con la energía que se puede poner al servicio de construir las condiciones de reciprocidad y aprendizaje con una parte significativa que los votaron, ya que en el corto plazo dañaran sus intereses y condiciones concretas de vida.

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Vicente Zito Lema escribió “Voy a abrazar a todos los que no bajan los brazos. / Voy a mirar en los ojos a todos los que no quieren ver[2]”.

El setenta por ciento de los argentinos viven de un salario, un plan, son cuentapropistas o emprendedores, cobran honorarios profesionales, u obtienen una renta de pequeños comercios. Todos son trabajadores, pero discutimos con ellos creyendo que son propietarios de los medios de producción, los vemos como si fueran parte del cinco por ciento que oprime al pueblo.

Si no se sale de la rivalidad no hay posibilidad de dialogo, esta confrontación entre diferentes partes del pueblo tiene un solo beneficiario, el poder económico y sus gerentes políticos, que sin importar partidos necesitan de la repetición de la “fiesta de la democracia” para que nada cambie, que deciden el futuro del pueblo conjuntamente con el poder financiero, jurídico y las embajadas. La intención de ese poder es seguir fragmentado a la sociedad. Nuevamente está planificado de esa manera, de un lado los ciudadanos de bien, del otro los trogloditas, los orcos, los vagos, los planeros. Como nos dice Vicente, miremos a los ojos a todos los que no quieren ver, acompañémoslos en el camino de la problematización del dilema que el poder propone, ese es el punto de encuentro.

El trabajo ahora es cara a cara, pensando y hablando donde pisan nuestros pies, lejos de las seductoras pantallas y teclados, es momento de militar la presencialidad. A un adulto no es posible hacerle cambiar de opinión sobre una certeza, podemos en la interacción vincular presencial, instalar una duda, una pregunta, y que esta haga proceso.

Ya habrá nuevas estrategias para otras etapas, en especial cuando se intente experimentar una teoría económica a costa del sufrimiento del pueblo.

Hoy hay que disputar ahí donde el poder, los medios, los trolls no llegan, en el encuentro con los otros. Para lo cual, los habitantes del imaginario territorio de BELINDA es necesario que dejen de pensar desde rompiendo la ilusoria disciplina partidaria. En esta nueva etapa el propósito es construir colectivos sociales, cada uno con su particularidad, y sus propias agendas, que confluyan en un proyecto antimperialista, antipatriarcal, que no vuelvan a insistir con la construcción de un capitalismo en serio.

Carlos R. Martínez

  • Director de Confluencia Psicosocial – Intervención, Formación e Investigación en el campo de las Organizaciones y la Psicología Social.
  • Autor de “Psicología Social en las Organizaciones” Lugar Editorial 2010 y “La Praxis de la Psicología   Social” Lugar Editorial 2023.
  • Director de la Especialización en Intervención Organizacional y equipos de trabajo.
  • Fundador de la Universidad de los Trabajadores.
  • Psicólogo Social. Técnico Superior en Psicología Social.

[1] Militante peronista. En 1973, fue nombrado por el presidente Cámpora como Subsecretario de Relaciones Exteriores, representante argentino ante la tercera Asamblea General de la OEA. Donde manifestó un discurso memorable.

[2] Me declaro rebelde. Poema de Vicente Zito Lema. 2020

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