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¿Hasta cuándo extractivismo? Pueblos de todo el país salen a las calles para decir “basta”

La Campaña Plurinacional Anti-Extractiva es una convocatoria de organizaciones socioambientales y asambleas, que se proponen unir las realidades de diferentes territorios del país para visibilizar cómo el modelo económico-político vigente afecta el ambiente, la salud y la vida. Un llamado a reflexionar sobre la participación, las complicidades de los gobiernos y el rol de las corporaciones

Convocar a diversos territorios del país afectados por el extractivismo en todas sus expresiones. Ese es el objetivo de la Campaña Plurinacional Anti Extractiva, que organizó una serie de actividades para el próximo lunes 4 de diciembre. Ya hay confirmadas 35 movilizaciones en Buenos Aires, Chaco, Chubut, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, San Luis, Tierra del Fuego y Tucumán. En cada lugar, las asambleas saldrán a las calles para visibilizar las maneras en que avanza el extractivismo según la geografía: fumigaciones con agrotóxicos, megaminería y explotación petrolera.

Asambleas territoriales, organizaciones, comunidades originarias y personas autoconvocadas se organizaron en torno a una pregunta “¿Hasta cuándo extractivismo?”, con el objetivo de visibilizar cómo este modelo económico de explotación de la naturaleza se vincula con cada uno de los problemas locales. “Ninguna localidad está sola frente a la avanzada extractivista, que atenta contra la integridad de las personas, los territorios y el resto de los seres vivos”, señalan. Las principales consignas son “basta de extractivismo”, “gobierne quien gobierne” y “¿hasta cuándo?”.

Ante la avanzada, campaña anti extractiva

Paula Keaser es vocera de la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones (BFS), una de las organizaciones que participan de esta convocatoria y explica que la intención es sumar a más territorios creando “conciencia sobre el extractivismo”, de acuerdo a cómo se vive en cada lugar.

De manera colectiva, las organizaciones que impulsan esta campaña construyeron una definición de “extractivismo”. Lo entienden como “un modelo productivo que cosifica, explota y se apropia de la naturaleza para ponerla al servicio de la acumulación de capital”. Entre las consecuencias de ese modelo, por ejemplo, mencionan la contaminación de las fuentes de agua por la megaminería, los movimientos sísmicos por el fracking, los agrotóxicos en la leche materna y los incendios forestales.

“El extractivismo es cualquier actividad que se dedique a extraer, utilizar o explotar cualquier bien común sin consentimiento ni consulta a las comunidades que habitan en los lugares donde se hace esa extracción o explotación. Esas actividades avanzan sobre las comunidades sin tener licencia social y dejan un pasivo ambiental y enfermedades. Y esa localidad, pueblo o ciudad queda como una zona devastada”, completa Keaser.

La activista destaca la propuesta de la campaña de salir a las calles, en distintos puntos del país, para expresar como ciudadanos de a pie que “los negocios que nos proponen los Estados junto a las megacorporaciones afectan nuestras vidas, que dejan un pasivo que no tiene vuelta atrás. Eso se logra porque nos mal informan y nos tienen por fuera de los que son los verdaderos proyectos”.

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“El objetivo de la campaña es abrir más el juego, llegar a más personas para que sepan que sí hay luchas, que sí hay resistencias, que sí hay espacios ganados y que si no fuera por la resistencia que generamos a pulmón, desde los distintos territorios, hoy estaríamos muchísimo peor”, sostiene.

“Necesitamos romper el cerco mediático”

Para Fabricio Di Giacomo, de la Multisectorial Golfo San Matías, “el extractivismo es una manera de apropiarse de la naturaleza, considerándola como un recurso al que se puede explotar sin límites. En ese modelo de apropiarse la naturaleza, de los territorios y de los cuerpos, solamente importa la ganancia. Y los derechos, los sentimientos y la salud de quienes habitamos los territorios, y de los territorios mismos, terminan siendo saqueados y lastimados”.

El Golfo San Matías es uno de los territorios del país que está siendo amenazado por el proyecto denominado “Vaca Muerta Sur”, una oleoducto que unirá la cuenca neuquina con la costa rionegrina. Por eso, la asamblea que defiende el ecosistema costero también se sumó a esta campaña. Desde Las Grutas, Di Giacomo grafica: “Acá el extractivismo avanza con cara de petróleo”. El año pasado la Legislatura de Río Negro reformó, a medida de YPF, de la Ley 3308 para permitir la instalación de la terminal de un oleoducto que llegará desde Vaca Muerta a la localidad de Punta Colorada, en el golfo.

En las comunidades de la costa del Mar Argentino, donde la población vive de la pesca y del turismo, los gobiernos y las petroleras prometen progreso, desarrollo y trabajo. El asambleísta denuncia que, de aprobarse, el oleoducto “Vaca Muerta Sur” podría significar el “fin de la vida tal como la conocemos”. Y remite al saldo del extractivismo petrolero en otra provincia: “Vaca Muerta tiene estadísticas horribles, no solamente de contaminación sino de un montón de impactos sociales negativos. Neuquén, donde se encuentran la mayor parte de las perforaciones, es la segunda provincia más pobre de la Patagonia por segundo año consecutivo, según el Indec”.

Di Giacomo asegura: “El extractivismo es un monstruo que utiliza herramientas de manipulación muy sofisticadas y hace que la gente, muchas veces, ni siquiera sepa lo que está pasando o por qué pasa lo que pasa”. Al respecto, apunta contra los grandes medios: “Esta narrativa tiene cómplices en los medios hegemónicos, que desaparecen de la agenda cualquier tipo de problemática que tenga que ver con el extractivismo. Intentan convencer a la población a fuerza de repetir información falsa, con financiamiento del poder económico”.

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Ante esa situación, el rol que queda a las asambleas es movilizarse y visibilizar la información sobre el impacto de este modelo en los cuerpos y los territorios. “Necesitamos romper el cerco mediático para que más gente pueda saber que si vive en el campo y tiene enfermedades no es por una cuestión azarosa, sino porque la están fumigando con agrotóxicos; que si un pescador ya no pesca como antes o desaparecen especies no es ‘porque hay alguna cosita’; que si no podés tomar agua del río es porque hay empresas que son responsables junto con el Gobierno“.

“Queremos elegir cómo vivir”

Verónica Argomedo vive en Baradero, uno de los pueblos fumigados del noreste de la provincia de Buenos Aires. “Llegué hace 8 años con mi hija, mi hijo y mi compañero. Fuimos directamente a vivir al campo y, a partir de llevar a la escuela a mis hijos, me encontré con la problemática de las fumigaciones”, relata. En ese lugar se respira, además del veneno de los campos, el humo de las islas quemadas en el delta del Paraná.

Gracias a la lucha de la Asamblea de Baradero, se discutió una ordenanza que restringe las fumigaciones. Sin embargo, el límite que se terminó imponiendo en el Concejo Deliberante fue mínimo: 120 metros. Aún con esta limitada zona de resguardo, su implementación es deficitaria: “Llamás a la Policía y nadie sabe cómo actuar. Medioambiente tampoco sabe. Quienes deberían tomar cartas en el asunto no lo están haciendo”. Por eso, señala la entrevistada, es tan relevante la campaña ante la falta de información en la sociedad y de aplicación por parte del Estado.

“Hablamos de extractivismo, pero a ese concepto lo entendemos solamente nosotros. La propuesta es que podamos entrelazar lo cotidiano con el extractivismo y también con las diferentes luchas“, argumenta. En ese sentido, alude al femicidio de Magalí Gómez, ocurrido el fin de semana pasado en Baradero. “Es importante que los colectivos feministas entiendan que los femicidios también son extractivismo, porque todo está de alguna manera regido por el mismo sistema patriarcal, racista y opresor que todo lo mercantiliza, lo vende y lo cosifica”. 

Muchas veces la noción de extractivismo se asocia a prácticas como el fracking, pero “el extractivismo agropecuario es una metodología que le quita la vida al suelo para arrasar con todo que no sea el cultivo principal, que desmonta para implantar monocultivos que no son alimentos sino commodities. Y el efecto que tiene en el ecosistema justamente es matar todo lo vivo”, insiste.

El año pasado, los vecinos de Baradero presentaron los resultados de un estudio, hecho con recursos propios, que reveló la presencia de glifosato en los cuerpos de niñas y una docente de una escuela rural. Argomedo expresa: “Queremos elegir cómo vivir, manifestar que ya no necesitamos los agroquímicos para cultivar porque la ciencia demostró claramente que está destruyendo toda la vida“.

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“Gobierne quien gobierne” y los pronósticos ante Milei

Los tres asambleístas comparten su preocupación ante el próximo gobierno de Javier Milei, ante los discursos que niegan el cambio climático y ante la política represiva que, antes de asumir, ya ostenta. Y coinciden en una lectura más profunda sobre el rol histórico de los gobiernos frente al extractivismo: “Todos los gobiernos vienen haciendo una venta de nuestros territorios, de forma más o menos obvia, pero siempre detrás de los negociados”, denuncia Argomedo. Y señala que las comunidades expresan sus preocupaciones y necesidades pero no se las escucha. 

“La democracia tal como está ya también debería tener su modificaciones. Necesitamos mecanismos de representación ciudadana que sean vinculantes, en los que uno realmente pueda participar de las decisiones que se toman en los territorios, ser escuchados y tomados en cuenta”, propone. 

Di Giacomo suma: “Se ha hablado mucho en el último tiempo de la grieta social y política. A las elecciones se presentan candidatos y candidatas de diferentes partidos, pero la realidad es que las políticas extractivistas avanzan sin tregua y sin grieta“. Y cuestiona: “Los gobiernos son simples títeres de las corporaciones, de los sectores energéticos principalmente. Este sistema democrático, así como está planteado, tiene falencias muy graves: quienes deberían oficiar como funcionarias y funcionarios al servicio de las comunidades, terminan oficiando al servicio de las corporaciones“.

Keaser pone como ejemplo el funcionamiento de las audiencias públicas como un síntoma de una democracia representativa resquebrajada. Denuncia que, cuando se hacen, “nadie se entera que están publicadas” . Y añade: “Como no es vinculante, lo que las empresas hacen es poner un día y una hora para hacer la audiencia y termina siendo un trámite“.

“Las localidades que vienen participando desde hace más años en este tipo de audiencias, terminan dándose cuenta de que la empresa extractiva toma los argumentos que la ciudadanía estudió y lo lleva a la audiencia para adornar su discurso. Creo que deberían buscarse la manera en la que pudiera participar más gente, aunque sea de otras provincias. ¿Por qué no puedo opinar sobre el mar de mi país o la montaña de mi país?“, se pregunta.

De cara a un futuro gobierno, Argomedo invita: “Necesitamos estar unidos y muy despiertos, tener claros los objetivos y trabajar en función de horizontes que nos permitan pensar en que la vida es posible y no que estamos destinados a más pobreza, a más miseria, a más enfermedad y a más extractivismo“.

Fuente: Agencia Tierra Viva

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