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¡Milei y la zoología fantástica!

Hoy domingo, donde asume un nuevo presidente que afirma recibir desde el más allá mensajes sobre economía de Conan su añorado perro muerto y que pese a ello fue electo por catorce millones y medio de argentinos, deseo compartir algo, más o menos afín y del todo alejado a la razón… Desde chico, cuando viví en la selva paraguaya a raíz del trabajo de mi papá, casi de inmediato experimenté la cercanía de esa fauna mítica que todos los pueblos cargan en lo más profundo de su inconsciente colectivo. Lobizones, yaci-yaterés, pomberos y tantos otros entes inescrutables… Al salir por la tarde, nos reuníamos en cercanías de un arroyito que desembocaba en unas inmensas piletas públicas y mientras caía la tarde y comenzaban las sombras surgían experiencias vividas por distintas personas. Todos los relatos que comentábamos con los chicos del colegio eran episodios memorables de Stephen Kin. Poco a poco, los sonidos propios del día cambiaban a otros ruidos del anochecer y la verosimilitud del lobizón cobraba absoluta realidad. En esa época, a mis 10 o 12 años, no imaginaba que un señor llamado Borges había escrito en 1957 nada menos que un “Manual de zoología fantástica” (que luego a su vez experimentó una metamorfosis convirtiéndose en 1967 en “El libro de los seres imaginarios”, cuya lectura aun adeudo, dado que anhelo tener la primorosa (y cara) edición del bestiario ilustrado por Francisco Toledo. Ya de grande, de la mano de mi amiga Florencia Kusch brillante especialista en la Cultura Aguada del NOA me introdujo en su icnografía donde en particular sobresale el shamán-jaguar y la anfisbena, la víbora de dos cabezas, el mismo ser que aparece tempranamente mencionado en crónicas de los romanos Catón y Plinio.

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Semejante prólogo, viene al caso para que se entienda el placer que tuve este año, ya que disfruté sobremanera dos invitaciones por motivos ajenos a mi denuncia sobre la Desmemoria Oficial. La primera tiene relación con la Feria del Libro de Comodoro donde me invitó la Cátedra Libre de Pueblos Originarios y Afrodescendientes. Si bien había ido varias veces a Ferias de Comodoro, me sorprendió recorrer su hermosa y renovada rambla con una serie de esculturas que no estaban en mi visita anterior. Por ejemplo, al acercarme al Octopus me pareció observar en el horizonte marino la silueta del Nautilus y al capitán Nemo que a la distancia parecía despedirse y dejando en una deriva de tierra al desventurado Octopus que, como ven, estaba hecho un lío de nerviosos tentáculos. Me dio pena, por eso me acerqué para asegurarle que Nemo volvería, pese a todos los terribles enfrentamientos que tuvieron en los siete mares, le aseguré que Julio Verne escribiría un capítulo apócrifo permitiéndole regresar por su inseparable compañero de las profundidades. El Octopus que conoce a fondo el pensamiento de Verne, pese a saber que le mentía me dedicó una tenue sonrisa.

La otra invitación que guarda relación con la fauna mítica sucedió también este invierno de 2023 invitado a la Feria del Libro más antigua de Patagonia que organiza la Biblioteca Popular Jones Berwyn de Gaiman, localidad donde en tierras tehuelches se establecieron galeses y trajeron obviamente a su pagano dragón. Era mi primera vez allí y la sorpresa me retrajo a la mbói-jagua (la víbora con cabeza de perro) de mi adolescencia. Sabemos que el dragón legendario asume numerosas formas, pero conservando rasgos básicos, en América por ejemplo tenemos a Quetzalcoatl, la serpiente emplumada de los nahuatl plasmada en códices sobrevivientes y numerosos monumentos ya desde la temprana Teotihuacan. El investigador Leonardo De bella que escribió el muy interesante “Galesas. Género y clase en una colonia de Chubut” tuve la amabilidad de recorrer la zona y conocer distintas cuestiones que me competen. Finalmente me senté en un banco frente a una hermosa plaza y me apareció este Dragoncito Rojo, seguramente cansado de tanto revoloteo tomó asiento junto a mí. Lo miré, con aquella mirada que aún conservo del Paraguay. Quizás era chino, quizás celta, quizás gales de pura cepa, vaya uno a saber. Pese a que dicen que su aliento es capaz de hervir a los peces del mar y achicharrar lo que tiene enfrente, le hice un mimo y me sonrió con su lengua flamígera, quizás por eso salí indemne. Ya para terminar, Borges afirma que ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres. Aunque sé que muy pocos coincidirán atados a distintas variantes socioeconómicas, me permito agregar, que algo habrá tal vez suscita la imagen del todo irracional del perro fantástico que le habla a Javier Milei, imagen que tanto satirizamos, pero es evidente que esa imagen que debería ingresar al Manual de animales fabulosos de Borges hizo eco de modo subliminal en el inconsciente de millones de argentinos y explica, lo que la razón no puede hacer, para haberlo llevarlo a la Casa Rosada y allí tenga mejor conexión con Conan en el más allá. Es lento, pero viene…

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