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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

De rebeldías reaccionarias y las resistencias impotentes

La feroz avanzada del capital sobre el trabajo de los últimos días -lo expreso en esos términos porque intento ser novedoso– despertó una serie de quejas en las que se advierten diversas ausencias y una multiplicidad de interrogantes no demasiado explicitados. ¿Qué batallas dar y que tipo de conflicto atravesamos? ¿Qué agentes sociales encontramos y de qué modo participan? Todo parece una nebulosa distante y ajena. Las preguntas no son banales porque ya en los noventa las luchas frente a las reestructuraciones capitalistas generalmente se resumían en consignas frágiles del tipo “defendamos nuestras empresas” o “la patria está en peligro”, sin la construcción de un contrapoder crítico que tuviese en su horizonte algo más que lo defensivo. Dicho eso, al menos para centrarnos estratégicamente en un lugar en el que nuestro hacer no sume a las fuerzas del enemigo (de clase).

Una de las ausencias es del orden de lo simbólico y las significaciones, y expresa nuestra poca capacidad de disputar sentidos en el ámbito donde más fuerte se hizo el grupo gobernante en su camino hacia el éxito. Como nunca antes cuestiones que rozan lo filosófico estuvieron banalmente en agenda sin encontrar la mínima confrontación por quienes se supone buscamos la crítica y superación radical del orden existente. El carácter del estado, los significados de la libertad, la sustancia de lo político si se me permite el término. La cuestión de la representación y las diferencias entre legitimidades y legalidades en juego a partir de los resultados electorales. Cuestiones manualescas mínimas como anarquismo, liberalismo, estatalismo no son disputadas para llevar adelante una batalla en lo organizativo (hacia las masas o multitudes) que tenga fundamento en el hacer y el campo de acción. Así, es el mismo agente ultraliberal quien las usa en contra del grueso de la sociedad: ¿Qué anarquista enfrentaría la superación de un estado desde el lugar del mando desapareciendo todas las instancias estatales excepto las represivas? El endiosamiento de la propiedad privada sin que una izquierda atónita no pueda disputar el sentido y el alcance o señalar la diferencia entre poseer una bicicleta y una máquina inyectora de plástico de un patrón usada por empleados asalariados, y la diferencia entre este pequeño propietario y un pool sojero.

Que los voceros del capital financiero y los capitales monopólicos ataquen tanto al estado sin una respuesta sobre su verdadero carácter, con una explicación clara y concisa –por ejemplo-  de ser la expresión y resultado de las luchas sociales y no un mero agente neutral ora bueno, ora malo, ora eficaz ora parasitario, muestra la profunda debilidad de las clases trabajadoras y quienes decimos ser activistas o militantes del cambio social. Esa debilidad se traduce en inacción y marginalidad.

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Que en el imaginario social se haya instalado que figuras como lo libertario, lo anarquizante, la rebeldía y el cambio sean dichas y ejercidas en sentidos suicidas para las clases populares, son claramente para el activismo parte de una derrota y una impotencia que merece al menos ser sincerada. Que no se hable de salarios; que no se hable de riqueza y el problema sea la pobreza; ¿son responsabilidad del poder económico? ¿de veras esperamos que la solución venga de allí?

Mientras nuestras consignas poéticas del tipo “nuestros sueños no caben en sus urnas” y largos etcéteras cayeron en un vacío existencial inocuo, el logo de una motosierra sin agente que la maneje ni objeto a ser motoserruchado, explotó las urnas. No bastó contestar “de qué lado de la mecha te encontrás” porque la respuesta debía ser de otro orden, y la derrota lo confirma. La izquierda tradicional, la izquierda independiente, el progresismo en su conjunto, apenas le hablaron (y mal) a los propios.

Ausencia notable es la de la creatividad, antes y después del proceso de revolución capitalista que estamos viviendo azoradas. Si los afiches proponían levantar la izquierda con el efecto nulo y confuso en el electorado que demostró obviar izquierdas y derechas; esquemas esclerosados que ni en los modernos juegos electrónicos aparece tan burdamente expresado un conflicto y una representación, la respuesta posterior a la dialéctica propuesta por el poder es igualmente atónita e improductiva. Ante la prohibición de cortes y piquetes con leyes inaplicables que derivarán en represión y detenciones múltiples, con el agravante que la represión en este caso fue un mandato popular legitimado en elecciones, la respuesta es la de siempre: el mantra quejoso que parece esperar su próximo mártir con la inexorabilidad de un atardecer.

La creatividad, gran ausente en los últimos tiempos, pero tan necesaria hoy como dispositivo de defensa, de interpelación, de resistencia. Las Madres de Plaza de Mayo supieron crear la ronda cuando la policía las conminó a circular. ¿A nadie se le ocurrió todavía marchar en las veredas de los barrios bien de la coqueta Buenos Aires? Las veredas de la city porteña podrían ser un legal protestódromo entre camiones de transportes de caudales y hombres de maletín y traje. Imaginan las mesitas callejeras de los bares coquetos de Barrio Norte atravesadas por miles de personas obturando las vidrieras –a la vez- de joyerías, casas de ropas caras y galerías de arte. ¿Nadie fue a la cancha y vio salir como hormigas al público futbolero? ¿Han constatado la fuerza social que se expresa allí y que podría ser desplegada ridiculizando una ley represiva que no se mueve un milímetro de lo esperable en un estado disciplinador, y que además fue un mandato popular? Pero no, el fetichismo del poder solo señala dos o tres lugares donde marchar –solo marchar- depositando la respuesta en el ente exterior llamado gobierno, funcionario o político, por la vía del reclamo. La autonomía fuera de escena otra vez. Y otra vez, a más de dos décadas después de la emergencia de los movimientos sociales la autonomía en la lógica, las estrategias y los haceres se hace necesaria como elemento de separación y antagonismo. ¿Qué podemos esperar de los capitales? ¿Qué podrían ellos sin el trabajo vivo? Esas son las verdades que necesitamos poner en agenda, y junto con ellas, la fuerza del trabajo –hoy masacrada-  como factor de poder, así como en el movimiento social del 2002 posterior al 2001 se encargó de poner en pie fábricas que cerraban, escraches a sindicalistas cómplices del poder y creación de lazos mínimos de renovación gremial. Necesitamos desde los espacios de trabajadores no formales, independientes o directamente sin empleo presionar sobre las organizaciones que hoy dan la espalda si es necesario con una organización independiente, que impulse al paro y la huelga general o los boicots al consumo como elementos de fuerza. Necesitamos instalar elementos ligados a los afectos, a la cooperación, a los deseos, que la política tradicional abandona y menosprecia, tanto como menospreció todo el arco político oficial –incluida la izquierda partidaria- a cuestiones de ecología, ambiente, género y micropolítica, por minoritarias o posmodernas según el tipo de agresión en los años noventa.

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El grueso generalizado de excluidos que se está por emerger necesitará organizarse, generar lazos y herramientas; ellas deben ser nuevas y acordes a los nuevos mapas que se configuren. Es hora de dejar de lado comparaciones con el 17, el 45, el 01 o el 76. La situación de nuestro país es inédita, como inédito el movimiento que devino gobierno. Necesitamos un mínimo de humildad como para encarar la resistencia sin recetas que giren en ombligos repletos de telarañas, y la fuerza destituyente que permita superar todas las instancias impotentes que nos trajeron a este hoy, así se trate de los movimientos de líderes y lideresas que tanto cuesta bajar del pedestal. Solidaria de esta problemática es la de edificar instancias de activismo y militancia que desprofesionalicen la acción. Es inconcebible que el estado sea una máquina devoradora y sostén de acciones que se pretenden del cambio social. Que el conflicto social encuentre en resolución en la esfera estatal (verdad hoy innegable) no significa que el sostén de tal o cual derecho necesite instituciones y plantel burocráticos estatales. Una ley, un cambio cultural, un derecho necesita sanción estatal porque hoy hay estado, pero su fuerza debe ser autónoma e independiente, y esencialmente social, puesto que, si no, al menor cambio de gobierno se derrumban las conquistas. Combatir al estado y el capital desde cientos de puestos políticos burocráticos no solo es una contradicción, es una foto viva que alimenta el discurso de derecha que hoy arremete con justa razón contra el estado como agencia de colocaciones.
Como resumen y con centro en la creatividad y la innovación, solo espero con estas líneas contribuir o mejor dicho incitar a jugar con inteligencia frente a los automatismos que el poder escindido tienen bien conocidos y por tanto son rotundamente inocuos. No estaría mal utilizar la fuerza destituyente del enemigo para volverla en su contra llevando adelante una depuración de nuestros movimientos, nuestras organizaciones y nuestras prácticas para sacar en limpio los elementos que en la lucha por resistir la revolución capitalista que democráticamente el liberalismo elegido por voto popular emprendió estos días, depare nuevas subjetividades constituyentes de algo nuevo. Los partidos tradicionales ya no nos sirven y sus transversalidades de las últimas dos décadas solo dieron aire a sus vicios. La crisis está en pañales.

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Fernando Gargano. 16 de diciembre de 2023
       

2 thoughts on “De rebeldías reaccionarias y las resistencias impotentes

  1. MUY BUENO, FERNANDO! Te robo la frase: Que en el imaginario social se haya instalado que figuras como lo libertario, lo anarquizante, la rebeldía y el cambio sean dichas y ejercidas en sentidos suicidas para las clases populares, son claramente para el activismo parte de una derrota y una impotencia que merece al menos ser sincerada. Que no se hable de salarios; que no se hable de riqueza y el problema sea la pobreza; ¿son responsabilidad del poder económico? ¿de veras esperamos que la solución venga de allí?

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