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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Nuevo período, nuevo chip: los movimientos sociales ante el ascenso de Milei

El triunfo de Milei terminó por cristalizar un quiebre en el proceso de acumulación de poder que los movimientos sociales venimos asumiendo desde hace una década. La precipitación del fenómeno “libertario” en las urnas aceleró los tiempos del debate dentro del campo popular, y en el caso de las organizaciones territoriales nos puso a discutir las estrategias de intervención que demanda esta nueva etapa que quedó inaugurada formalmente el 10 de diciembre con el arribo de un ultraderechista a la Casa Rosada. El escenario que se perfila a futuro se vuelve por demás complejo y augura turbulencias varias, lo que hace más necesaria la tarea de problematizar de dónde venimos para entender, al menos parcialmente, a dónde vamos. 

Los distintos momentos de la acumulación

Los movimientos sociales han experimentado diferentes etapas en lo que hace a la acumulación de fuerzas. En sus inicios y hasta finales de los noventa, fueron construyéndose a partir de estructuras muy incipientes, en un escenario con represiones focalizadas y con logros reivindicativos que demandaban extensos planes de lucha que iban desde cortes de ruta hasta acampes que podían durar varios días y hasta semanas. 

Si bien se lograba arrebatar recursos al Estado que permitían poner de pie la organización en los territorios, estos eran por demás escasos si se los compara con los actuales y se remitían centralmente a programas sociales temporales. 

Tras la caída del gobierno de De la Rúa, el fin de la convertibilidad y la asunción de Eduardo Duhalde, se inició un período breve pero particular que se caracterizó por la masificación abrupta de los movimientos a partir del lanzamiento del plan “Jefes y jefas de Hogar”. Este proceso estuvo signado por una serie de represiones focalizadas a opositores, aunque sería un error reducir la política de ese entonces a tal aspecto (ver apartado siguiente). Existieron dos perspectivas de acumulación. Por un lado, la de las organizaciones opositoras al gobierno que se centró en la confrontación directa con el Estado, intentando desbordar los consejos consultivos creados por el duhaldismo para correr a los movimientos de la administración de los planes y los recursos en general. Y, por otro lado, la estrategia de los “dialoguistas”  que se integraron a la institucionalidad ofrecida, garantizándose una serie de acuerdos generales con el oficialismo. 

Con la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada, la política hacia el sector se basó en la incorporación de una fracción de los movimientos al gobierno, al tiempo que la recuperación económica y una política de baja intensidad represiva generaron las condiciones de posibilidad para el aislamiento y reflujo de las organizaciones llamadas “combativas”. Tras un impasse de cinco años y con la crisis económica mundial de 2008, el gobierno lanzó el plan “Argentina Trabaja” (2009), dando lugar a la jornada de lucha “cooperativas sin punteros” que logró torcer el brazo a los intendentes y gobernadores que pugnaban por hacerse del control total del programa. 

Este proceso de recuperación de las luchas sociales, si bien fue gradual, constituyó el empuje para adelante con el que las organizaciones contaron al momento de adentrarse en un período sin precedentes en lo que hace al crecimiento masivo y que tuvo lugar durante el gobierno de Macri (2015-2019). La aprobación en noviembre de 2016 de la ley de “Emergencia Social, Economía Popular y Salario Social Complementario” vino a contener la conflictividad en una sociedad golpeada por el “achicamiento” del Estado, los despidos masivos y el quiebre de fábricas. De esta manera, se abrió la canilla de los planes, así como millonarios giros para entes ejecutores y subsidios alimentarios, que fueron aprovechados por el grueso de las organizaciones para amplificar su influencia en términos nacionales y mostrar niveles de movilización callejera nunca antes vistos en el sector. 

En ese contexto se fue moldeando un tipo de militancia y de intervención en el territorio distinta a la antecedida. Se lograban desarrollar asambleas y hasta regionales enteras en base a los recursos de los que se disponía, logrando construir en pocos meses lo que antes demandaba años. Fueron tiempos donde se alcanzaron una serie de reivindicaciones sin necesidad de grandes acciones o planes de lucha extensos, generándose un acartonamiento de los procesos formativos e ideológicos de la militancia, llevando al grueso del activismo a sumergirse en la puesta en funcionamiento del “aparato” y el desarrollo de las acciones callejeras que iba demandando la coyuntura. De esta manera, los aspectos disruptivos y políticos de las intervenciones fueron formateados por otros de tinte gremialista. Si bien este proceso permitió un importante despliegue territorial, también marcó los límites de una intervención que mostró los primeros signos de agotamiento en los últimos años.  

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Los libros duhaldistas

La vuelta al FMI de la mano de Macri y el co-gobierno que el organismo internacional emplazó con el peronismo en el poder determinó otro punto de inflexión en el proceso de acumulación de nuestras organizaciones. 

Tal proceso no se cristalizó hasta dos años después de iniciada la gestión del Frente de Todos, principalmente a partir del corrimiento de Daniel Arroyo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Para mediados del 2021 y con una profundización de la crisis tras la pandemia, se dio un acercamiento entre intendentes, gobernadores y dirigentes del kirchnerismo puro con el objetivo de neutralizar el crecimiento tanto de los movimientos oficialistas como de los opositores. Para sorpresa de muchos, se empezó a enarbolar un acuerdo a mediano plazo respecto a qué política social impulsar en un contexto que, de acrecentarse, amenazaba con resquebrajear la hegemonía gobernante. Los acampes en la 9 de Julio, cortes de ruta y movilizaciones casi semanales eran una postal que no cerraba por arriba. 

Un primer paso se dio con la llegada del entonces intendente de Hurlingham, Juan Zabaleta, a la cartera de Desarrollo en 2021, decisión impulsada directamente por La Cámpora que logró ganarle la pulseada a la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP). 

Cuando Andrés “el Cuervo” Larroque, ministro de Desarrollo bonaerense y entonces referente de La Cámpora, veía como “dificultad” y no como potencial organizativo, que los movimientos sociales determinen los “beneficiarios” de los programas de empleo lo que estaba planteando era la necesidad de que el Estado asumiera dicho rol como en su momento supo hacerlo Duhalde con los consejos consultivos. Se trataba de romper la potestad de las asambleas barriales, atender al problema de la desocupación, por lo general negada por los municipios; y, golpear en el corazón del desarrollo de los movimientos, allí donde se da la interacción de la organización popular con las familias desocupadas a partir de un eje reivindicativo y ordenador como es el trabajo.   

Para ello, gran parte de la dirigencia kirchnerista no dudó en recurrir a los “libros duhaldistas” como material de consulta. Algunos indicios ya habían sido públicos, como la foto de Larroque con Hilda “Chiche” Duhalde o el recibimiento en la gobernación bonaerense que Kicillof hizo con quien fuera jefe de Estado tras la caída de la Alianza. ¿Qué reivindican los kirchneristas de los Duhalde, dirigencia con la que mantuvieron, y mantienen, una histórica confrontación? En principio una táctica de intervención para un escenario de conflictividad social de alto calibre. 

En su época presidencial, Duhalde trabajó sobre una fórmula basada en el consenso y la coerción, ampliando los recursos hacia las masas y focalizando los golpes hacia las organizaciones opositoras. El mismo Estado que por un lado volcaba una exponencial cantidad de recursos para contener al estrato más golpeado de la clase trabajadora, por otro lado reprimía a los sectores que mayor nivel de conciencia y predisposición a la lucha mostraban.

En los primeros días de su gobierno buscó conformar una nueva representación del sector desocupado poniendo en funcionamiento la mesa de Diálogo Argentino, la cual en poco tiempo pasó a ocupar un rol casi simbólico, dejando paso a gobernadores e intendentes, quienes se harán del manejo de los planes y tendrán el designio de quitar poder a las organizaciones territoriales. 

Ahora bien, la paradoja que se dio en los últimos cuatro años es que estas iniciativas no fueron impulsadas por la “derecha peronista” sino por el llamado progresismo. Fue Cristina Fernández quien en su disputa con el Movimiento Evita habilitó una nueva guerra contra los movimientos sociales, los cuales venían sufriendo persecuciones judiciales con epicentro en Jujuy.  No fueron pocas las veces que la vicepresidenta utilizó los medios de comunicación para reivindicar públicamente la contribución de Duhalde a las políticas sociales y para atacar a las expresiones territoriales:  “Digo que el Estado nacional debe recuperar el control, la auditoría y la aplicación de las políticas sociales, que no pueden seguir tercerizadas. No pueden seguir tercerizadas (…) El peronismo no es depender de un dirigente barrial para que me dé la alta y la baja. No. Y sobre todo las mujeres, que son las más explotadas”.

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En continuidad con estos planteos, Tolosa Paz, ya asumida al frente del ministerio de Desarrollo Social, anunció en julio de 2022 que producto de denuncias por irregularidades y otras yerbas, habían decidido trasladar unos 180 mil planes sociales a la órbita de intendentes y gobernadores, quienes de un zarpazo lograban hacerse con el 15% de la caja total del Potenciar Trabajo (PT), principal programa de empleo que albergaba en ese entonces a 1.300.000 personas. 

Esta iniciativa y otras, se dieron en un marco de judicialización y allanamientos contra la militancia territorial. Por esos días, tomó estado público la denuncia del fiscal Marijuan contra el referente del Polo Obrero, Eduardo Belliboni, por los presuntos delitos de amenaza y extorsión, fundamentados en los aportes voluntarios que los integrantes de la organización realizaban para mantener los alquileres de los comedores comunitarios, la compra de verduras y carnes para las ollas, fletes, entre otros gastos. 

Ya al mando del país, y en su rol de ministro de Economía, Massa también metió cuchara con diferentes líneas de acción que iban desde el decreto 565/2023 que congelaba los ingresos al PT o  el lanzamiento del fracasado “plan empalme” por el que se pretendía transformar los programas en trabajo registrado. 

Más allá de hechos puntuales o declaraciones cruzadas, lo cierto es que gran parte del peronismo terminó hegemonizado por una visión anti movimientos sociales, legitimando cualquier decisión que diezmara el poder territorial de las organizaciones en favor de las estructuras punteriles de intendentes y gobernadores. Aunque se reniegue de Duhalde, a Duhalde se vuelve. 

La llegada de Milei al gobierno 

La reconstrucción de esta orientación nos permite conocer el piso con el que cuenta el nuevo gobierno para enfrentar las luchas de los movimientos sociales. La historia reciente generó mejores condiciones de posibilidad para el desarrollo del plan que se propone Milei en un mediano o largo plazo. 

Partiendo de una concepción represiva, expresada en el reaccionario, antidemocrático y bochornoso protocolo “antipiquetes” presentado por la ministra Bullrich, la Libertad Avanza (LLA) complementará su intervención con una serie de políticas sociales que busquen horadar el poder territorial de las organizaciones. 

Más allá de conocerse la designación de Sandra Pettovello al frente del ministerio de Capital Humano, el segundo dato está contenido en la plataforma electoral de LLA donde aseguraban que en una segunda etapa de achicamiento del Estado “comenzarán a eliminarse de forma progresiva los planes sociales a medida que se generen otros ingresos como consecuencia de la creación de puestos de trabajos en el sector privado, liquidación del Banco Central de la República Argentina, estableciendo un sistema de banca Simons, con encajes al 100% para depósitos a la vista”. 

Durante un panel organizado por el grupo Clarín en septiembre del 2023, Darío Epstein, del equipo económico de LLA, se refirió al debate en cuestión: “Este sistema, así como está, no está funcionando. Hay gente que se acostumbró durante muchos años a recibir ayuda del Estado (…) Es imposible entrenar a 1,3 millones de personas si no hay inversión para hacerlo”. Asimismo, adelantó que se encontraban trabajando en “un plan que puede tardar dos años en ir incorporando a los que cobran los planes sociales al empleo”. Una especie de “plan empalme libertario” que buscará acoplarse a una nueva reforma laboral con base en una mayor precarización laboral, baja de sueldos e impunidad empresarial. “Ningún empleador quiere tomar gente porque no quiere contratar una carta documento con patas, no sirve eso”, sentenció el dirigente “libertario”. 

En la misma línea, Diana Mondino, flamante canciller, adelantó otros aspectos: “Se mantienen los planes sociales con obligación de capacitación, con obligación de preparación para determinadas tareas, la intención sería que si una persona a la tercera o cuarta vez que se le ofrece un trabajo lo rechazara tendría un castigo que sería perder el plan. Esto no está definido todavía y lo que tendríamos por el lado de la empresa es que haya incentivos para que pueda contratar gente, hay que hacer modificaciones con respecto a la parte impositiva con respecto a la perdurabilidad que puedan tener los contratos de trabajo”. 

La alianza con Macri amplió las perspectivas de las potenciales políticas. De la  disertación organizada por Clarín también había participado Joaquín de la Torre, hombre de confianza de la nueva ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Dicho dirigente, de origen peronista, planteó retomar la propuesta de temporalidad de los planes: “Patricia está pensando en que sea un derecho igual al cobro de desempleo. Que todas las personas tengan esa posibilidad, pero no para toda la vida”. Sus declaraciones no son menores si se tiene en cuenta que su hermano y subordinado político en San Miguel, Pablo De la Torre, resultó ser el elegido de Pettovello para que se encargue de la política social. 

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La iniciativa del seguro de desempleo con temporalidad planteado por De La Torre junto a una caída del poder adquisitivo del plan vía inflación como quedó ratificado en los anuncios del ministro Caputo, podría representar un mazazo a la base organizada en los movimientos, principalmente en lo que hace al sostenimiento de las experiencias cooperativas y productivas. 

Las potenciales iniciativas de la ultraderecha poseen continuidad respecto a las políticas imprimidas para el sector en los últimos años. La diferencia reside en los condicionamientos que tenía el Frente de Todos a partir del rol jugado por los movimientos sociales oficialistas. Con un gobierno de ultraderecha la situación se vuelve muy regresiva a partir de la homogeneidad interna respecto a este tema. Para peor, hay una simbiosis casi total en la dirigencia (oficialista y opositora) para avanzar sobre  las organizaciones. 

Si bien se abre un escenario de negociación entre las partes, hay algo que Milei y sus séquitos no están dispuestos a negociar. “Los planes sociales no se tocan porque los que están recibiendo los planes sociales son víctimas del sistema, no victimarios. Los victimarios son los malditos políticos que esclavizan a la gente, ese es el problema. Se tiene que terminar con los intermediarios y estamos trabajando en un sistema para eliminar la intermediación”. 

Otra cuestión a atender en la nueva coyuntura tiene que ver con la estrategia de enfrentamiento con grupos de choque fogueados por el gobierno. El próximo Jefe de Asesores, Ramiro Marra, fue quien puso el tema en agenda cuando llamó a construir un movimiento antipiquetero. El guante fue tomado por varios, entre ellos Joaquín de la Torre que aseguró que “la gente le va a pegar una paliza a los que se dedican a joder a Milei” o Mauricio Macri, quien hizo un llamado indirecto a los ataques: “Los jóvenes no se van a quedar en casa y los orcos van a tener que medir muy bien cuando quieran hacer desmanes en la calle”. 

Cambio de chip

Los distintos embates desde el Estado y las empresas mediáticas, sumado a los límites que hemos mostrado los movimientos para trascender de los ejes reivindicativos a los políticos, han construido un aislamiento de nuestras construcciones en relación a una importante fracción de la sociedad que hoy nos mira con recelo y bronca.  El ascenso de la ultraderecha no hizo otra cosa que empoderar esta tendencia y ampliar el cerco mediático y judicial. 

El devenir netamente reivindicativo ha forjado una militancia con anteojeras sectoriales y con poca vocación “hacia el afuera”. Se vuelve imperioso salir del micromundo piquetero para proyectarnos hacia territorios más extensos y disputas más amplias. 

El escenario que se abre con el ascenso de Milei se torna complejo y preocupante, donde podemos aventurar una estrategia represiva intensa conjugada con políticas de desestructuración de los principales ejes reivindicativos de nuestro sector. 

El principal desafío que se nos presenta es cómo atravesar este escenario de aislamiento al tiempo en que transicionamos hacia otra forma de acumulación de fuerzas. Cómo ejecutamos el “cambio de chip” asumiendo que en los tiempos venideros el peso de “lo político” cumplirá un rol más protagónico que el que venía teniendo hasta ahora. 

Deberemos quemar neuronas para llevar a cabo una praxis que nos oriente a romper el cerco mediático/cultural, siendo punta de lanza de una unidad de acción que forje la más amplia resistencia con vistas a interrumpir la primavera ultraderechista y que en ese reflejo defensivo se empiecen a vislumbrar los primeros pasos de una alternativa independiente que pugne por la emancipación definitiva de nuestra clase. 

Por Nicolás Salas. Licenciado en Periodismo y Comunicación Social. Trabajador de prensa. Integrante de Marabunta y militante del Frente de Organizaciones en Lucha

Fuente: https://www.corrientemarabunta.org/2023/12/16/nuevo-periodo-nuevo-chip-los-movimientos-sociales-ante-el-ascenso-de-milei/

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