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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

De Puan, los DNUs de Milei y alternativas para América Latina

Puan[1], como alegoría

Sueña marinero con tu viejo bergantín

Bebé tu nostalgia en el sordo cafetín

Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción

Llueve lentamente sobre tu desolación.[2]

Me pregunto si la película de María Alché y Benjamin Nashtat se proponía a discutir lo que hoy ocurre en Argentina, si se la veían venir, o si es involuntariamente premonitoria. La película trata de una cátedra de Filosofía Política en la Universidad de Buenos Aires. La Facultad de Filosofía, justamente, tiene su sede en la calle Puan. El contenido de la materia tiene como eje la lectura de los contractualistas: Jean-Jacques Rousseau, John Locke y Thomas Hobbes. El tema no podría ser más árido para una película dirigida al gran público. Pero los realizadores le dan carnadura y dramaticidad impensadas. (Atención: este texto contiene spoilers.)

Marcelo, el protagonista, es discípulo del titular de la cátedra, que estuvo exiliado en México durante la dictadura y pertenecía a una tradición intelectual anterior a 1976. El maestro muere y sus colegas más jóvenes se ven en la situación de continuar el trabajo. La condición laboral de los docentes universitarios se ha tornado bien precaria, llevando a completar sus ingresos con changas, algunas de ellas humillantes, para pagar sus cuentas. La compañera de Marcelo es militante feminista y popular muy activa. De alguna manera, sus prácticas, así como la situación laboral del profesor, contradicen lo que este enseña en sus aulas. Entonces aparece un excolega de la graduación, Rafael, ahora profesor de la Universidad de Berlín, más inclinado a los estudios de la obra de Martin Heidegger. La figura de este forastero, que seduce alumnos y colegas de Marcelo, es presentada como la de un oportunista. Y Rafael gana el concurso para ser profesor titular.

Para Marcelo, el mundo se reduce a Puan. No se imagina fuera de esa cátedra y fuera de ese marco teórico heredado de su mentor. Una alumna le pregunta por José Carlos Mariátegui. Él comenta que Mariátegui leyó a los contractualistas, pero que en la cátedra prefieren leer directamente a Rousseau. Recusa la invitación de sustituir a su difunto maestro en un encuentro sobre el futuro de América Latina en la Universidad de El Alto, en Bolivia. Su marco teórico es el único filtro que usa para pensar el mundo, ignorando inclusive la propia situación laboral y de la institución en que trabaja. Otra alumna convoca a la acción, citando a Lenin de 1903: es el momento del “¿qué hacer?” frente a la falta de recursos para la educación. Ella pregunta delante de Marcelo: “¿vamos a movilizarnos o a quedarnos aquí, oyendo 4 horas al profesor?”. El protagonista oye como quien espanta un mosquito delante de sí.

Sin embargo, cuando se dispone a reacomodarse, una vez más, frente a la estrechez de posibilidades dentro de Puan, encuentra las puertas de la facultad cerradas. La rectoría anunció que la universidad está quebrada. Cortaron la luz, el agua y el gas. No hay dinero para pagar salarios. No hay previsión para reapertura. Alumnos y profesores van llegando. Deciden forzar el portón para retirar pupitres y dar las clases en la calle. Entonces llega el Estado… en la forma de la policía, que exige que se manifiesten en la vereda, para no estorbar el tránsito. Marcelo va a negociar y explica que no puede decidir él solo, que tiene que consultar a la asamblea. Obtiene así un plazo. La asamblea, obviamente, decide permanecer en la calle y canta: “Universidad/ de los trabajadores/ y al que no le gusta/ se jode,/ se jode”. Comienza el gas lacrimógeno y se llevan detenido a Marcelo en medio de forcejeos de sus colegas, inclusive de Rafael, y estudiantes. El momento de su detención parece ser para Marcelo una revelación, porque es el único momento en que el personaje ríe.

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En el desenlace vemos al protagonista subiendo El Alto y comenzando su conferencia frente a un público andino. Comienza cantando un Niebla del Riachuelo[3], el tango preferido de su mentor ya difunto. Realiza así una acción que se aborta en por lo menos dos escenas anteriores.

El colapso (del sueño) de una república

Turbio fondeadero donde van a recalar,
Barcos que en el muelle para siempre han de quedar…
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
Náufragos del mundo que han perdido el corazón…

En su discurso de asunción, el presidente Javier Milei se refirió a una coyuntura larga, rescatando la figura de Julio Argentino Roca y el período de oro de la república oligárquica. La creciente demanda de insumos para la segunda revolución industrial en Europa y en Estados Unidos creó una oportunidad de negocios para la burguesía argentina. Pero exigía una ampliación de las áreas de extracción de materias primas en escala, un ordenamiento jurídico, una estabilidad, una infraestructura para la exportación y un disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Por eso, el Estado argentino nace casi que parido por la constitución de un ejército profesional, armado con tecnología de punta. Fue el momento del avance sobre el territorio ranquelche-mapuche-tehuelche con la Campaña del Desierto, y sobre el Gran Chaco, el cercamiento, la colonización organizada por el flamante Estado, los ferrocarriles, la ampliación del puerto y el fin de la guerra civil y las escaramuzas que le siguieron, entre la burguesía agraria y comercial. La república para unos pocos se presenta como imitación de las apariencias de las repúblicas europeas. Y esto ocurrió en toda América Latina. El capitalismo dependiente, con sus “sociedades abigarradas” (o, si se prefiere, con su pronunciada estratificación del mercado de trabajo), no soportaba un régimen republicano a la europea.

Los reiterados proyectos de inclusión de nuevos sectores a la vida política (los trabajadores de cuello blanco, los obreros industriales) quedaron truncos, por no haber bases materiales que los sustentaran. El más radical fue el del primer gobierno de Juan Domingo Perón, con políticas de pleno empleo. Una excepcional coyuntura internacional lo permitió. Pero, sin tocar la estructura agraria, no podía superar la dependencia de las exportaciones agrícolas. Más bien pretendió un alargamiento de la economía en dirección a una industrialización, a partir de los recursos retirados de las exportaciones de insumos. La coyuntura internacional favorable se fue ralentizando allá por 1951. Sin embargo, el sueño de un pacto democrático que realmente alterase las bases sustanciales de las relaciones sociales permaneció anclado en la memoria del Estado de bienestar del primer peronismo, con la aspiración de un marco legal republicano.

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Esa aspiración es frustrada una y otra vez, y las razones no son sólo locales. La mirada excesivamente autocentrada impide ver que el destino de lo que hoy se llama Argentina está irremediablemente atado al de América Latina. Y que no se trata de una buena o mala administración del Estado nacional. Que cualquier proyecto, aun el más radical, gira en falso si se restringe a operar en la esfera de la pequeña política institucional.

El 10 de diciembre pasado se cumplieron 40 años ininterrumpidos de gobierno civil, después de la última gran “excepcionalidad” sangrienta, una más, en un rosario de grandes masacres, desde la consolidación del Estado nacional, con la forma jurídica de República Argentina, que ya nació con el exterminio y esclavización de los pueblos de la tierra. El mismo día, asumía el actual gobierno, encabezado por Javier Milei, pero que logró catalizar la disposición y energía de la flor y nata de los que entendieron que aun ese marco legal que se decantó a través de los años no sirve más para la integración del territorio [dizque]nacional a las actuales cadenas de acumulación. Sería necesario un nuevo marco jurídico que acompañe la adecuación al Estado del despojo[4]. Gobiernos como el de Jaír Messias Bolsonaro, en Brasil, entendían que el primer paso necesario era destruir el marco legal, aun el marco legal un tanto rengo que fue heredado[5]. El gobierno de Bolsonaro, sin embargo, sin conseguir modificar el orden jurídico de manera consistente, como hubiera querido, operó evadiendo el cumplimiento de la legalidad. Milei empieza de manera diferente y el conjunto de modificaciones propuestas en la forma de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) formula un programa máximo, bastante coherente, de reforma del orden jurídico. El solo hecho de formularlo, ya es un paso adelante para la acción eficiente del Estado de despojo. La reforma constitucional de la provincia de Jujuy, chispa que encendió el Tercer Malón de la Paz[6], así como el intento de reforma en la provincia de La Rioja, han sido ensayos. Y, justamente, para la urgencia de aprovechar las oportunidades de negocios en una de las “manchas” que se expanden en esos territorios: la del litio.

Otras posibilidades

Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar
Barcos carboneros que jamás han de zarpar
Torvo cementerio De las naves que al morir
Sueñan sin embargo que hacía el mar han de partir

Refiriéndose a los efectos de la derrota impuesta por la dictadura que se inició en 1976, Miguel Mazzeo escribe: “[…] inoculó en el conjunto de la sociedad la idea de que las y los de abajo carecen de toda capacidad de producir órdenes sociales, en particular órdenes sociales alternativos al capitalismo y, por lo tanto, carecen de agenda política propia”[7]. De manera programática, el entonces contralmirante Emilio Massera, llegó a decir al igualmente asesino “Tigre” Acosta: “Yo quiero conservar para el futuro lo que llamo los ‘Predicadores del Arrepentimiento’”[8]. La clausura de un sueño más allá de la democracia burguesa nos lanza, inclusive después de la rebelión de 2001, nuevamente al ciclo de los posibilismos cada vez más estrechos: del tímido programa de arrancar, peldaño a peldaño, algunos derechos, sin nunca llegar a la ciudadanía para todos a su sustitución por las políticas compensatorias fomentadas por el Banco Mundial. Como los barcos del Riachuelo, que aspiran al alto mar y ni siquiera consiguen una temerosa navegación de cabotaje, los cordajes y las corrientes oceánicas nos devuelven hoy al peor escenario: al “no hay alternativa”, de Margareth Tatcher, ahora repetido como un mantra por su émulo rioplatense Javier Milei.

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La república se torna un paisaje cada vez más borroso. Como a Marcelo, el protagonista de Puan, la insistencia neurótica en mirar para un patrón civilizatorio em plena decadencia, nos devuelve una y otra vez al muelle de la derrota. ¿Por qué, como él, no volver los ojos para el continente y sus tantas y tan variadas formas de estar en el mundo y relacionarse con este territorio?

Anclas que ya nunca, nunca más han de elevar
Hordas de lanchones sin amarras que soltar
Triste caravana sin destino ni ilusión
Como un barco preso en la botella del figón[9]


[1] Puan, de María Alché y Benjamin Nashtat, Argentina, Italia, Alemania, Francia Brasil, 2023, 109 min.

[2] Niebla del Riachuelo, de Enrique Cadícamo y Carlos Cobián.

[3] Invito a la lectora, al lector de Contrahegemonía a escuchar:

[4] Ver: MACHADO, Decio, y ZIBECHI, Raul. Estados para el despojo: Del Estado Benefactor al Estado neoliberal extractivista. Bogotá: Desde Abajo, 2022.

[5] Es lo que dijo Jaír Messias Bolsonaro al asumir la presidencia de Brasil en 2019, en Washington, durante un encuentro con empresarios:  “[…] Brasil no es un terreno abierto donde construiremos cosas para nuestro pueblo. Nosotros tenemos que desconstruir mucha cosa” (traducción mía). Ver: https://www.youtube.com/watch?v=Q0GtNa-VHqM

[6] Ver: https://hora25.org/2023/06/25/jujenazo-un-pajaro-en-pleno-vuelo/

[7] Avance de MAZZEO, Miguel. “Democracia” contra Democracia (o la política contra lo político). A propósito de los cuarenta años de democracia en Argentina (1983-2023). Buenos Aires: Muchos Mundos, 2023, p. 15.

[8] MASSERA apud BONASSO, Miguel. Recuerdo de la muerte. Buenos Aires: Planeta, 2001, p.86.

[9] Invito al lector, a la lectora de Contrahegemonía a cantar este tango, para ver si exconjuramos la seducción de esa pasión inalcanzable y podemos imaginar mundos nuestros:

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