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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Ley Omnibus: “no por mucho acelerar, se llega más temprano…”

El  ingreso de la “Ley Omnibus” al Congreso que amplía y pretende confirmar el DNU presidencial, pareció un gesto atropellado de un conductor que desconoce las complejidades de la sociedad argentina.

No es un dato menor que la Ley Omnibus fue presentada el mismo día que una movilización multitudinaria expresaba su rechazo a las primeras medidas de gestión del gobierno, superando en mucho los esfuerzos y las expectativas de la CGT.

Entre esas complejidades resulta evidente que el discurso de responsabilizar a la casta política de las dificultades económicas del país se cae a pedazos, porque quien presta un poco de atención a las medidas económicas advierte que van contra las y los trabajadores, los sectores medios y el patrimonio nacional. Pero, además, porque la casta política está desaparecida de la escena. Por el lado de Unión por la Patria, el Partido justicialista está acéfalo y el ex candidato a presidente, Sergio Massa, se tomó 60 días de vacaciones “para no afectar la gobernabilidad de Milei”. Por el lado del radicalismo, sus mayores esfuerzos fueron puestos en dirimir su interna partidaria con el triunfo de Lousteau, y la mayoría de sus dirigentes se han llamado a silencio, evaluando los costos políticos que podría provocarles quedar pegados a la acelerada de Milei.

El relato oficial que las protestas populares se limitaban a la continuidad del conflicto, que ya había padecido Alberto Fernández, con la Unidad Piquetera, el Partido Obrero, y el dirigente troskista Eduardo Belliboni, se cayeron el 20 de diciembre. Esa versión, que también compraban sectores de la oposición que se sienten más seguros en la rosca que en la movilización, no pudo resistir el hecho que, por la tarde, miles de personas con presencia de trabajadores y militantes políticos y sociales de izquierda, desafiaron las amenazas represivas de Patricia Bullrich, y por la noche, estallaron cacerolazos espontáneos, con fuerte presencia de sectores medios y jubilados, en distintas ciudades el país.

La movilización de la CGT y las CTA tuvo las características de muchas de otras convocatorias anteriores. Los dirigentes sindicales ponen una fecha, un lugar y un horario, pero hacen muy poco para que las y los trabajadores estén presentes. En este caso, se convocó un día hábil en horario laboral, se advirtió que sólo movilizarían los cuerpos orgánicos (dirigentes y delegados), y se le echó flit a los movimientos sociales y movimientos de izquierda que propusieron sumarse a la convocatoria. Pese a todos estos esfuerzos desmovilizadores, la masividad superó todas las expectativas. Como ha ocurrido en otras oportunidades, de la misma manera que el puñado de burócratas sindicales conocidos como “los gordos”, usan a los trabajadores para legitimarse, también las y los trabajadores usan estas convocatorias acordadas a regañadientes por las cúpulas, para expresar toda su bronca. En la concentración en Buenos Aires estas contradicciones se expresaron en el detalle de que instalaron un palco, pero ningún dirigente se atrevió a subirse para leer un documento o realizar alguna arenga. Los burócratas sindicales son zorros viejos y nadie quiere ofrecerse como blanco, para tener que dar respuesta a las exigencias de medidas de lucha más contundentes. Lo que sucede en Buenos Aires, no es lo que ocurre en todo el país. En Rosario, se ha desarrollado una activa participación de los sindicatos en las movilizaciones contra el DNU, lo mismo sucede con la CTA de Bahía Blanca, el gremio de docentes de Córdoba, el SEOM de Jujuy, etc.

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Lo que está sucediendo en la Argentina es que a menos de 20 días de la asunción del nuevo gobierno, y mientras buena parte de la clase política ha decidido “desensillar hasta que aclare”, está creciendo la protesta popular.  Y ocurre además que quien impulsa la gigantesca ofensiva  contra las y los trabajadores, no parece tener más experticia conductiva que la de apretar el acelerador. Esa torpeza se expresa, por ejemplo, cuando en plena negociación del Ministro del Interior, Guillermo Franco, con los gobernadores, el presidente acusara de “coimeros” a los mandatarios provinciales. Otra torpeza parece haber sido incluir reformas laborales a favor de las patronales que hubieran sido apoyadas entusiastamente por empresarios Pymes o contratistas del Estado, con artículos de apertura económica que liquidan a los que producen para el mercado interno, o de suspensión de la obra pública. De alguna forma tanto el DNU, como la Ley Omnibus parecen manifiestos ideológicos que, como bien dice Myriam Bregman,  reúnen todas las demandas de la derecha argentina de los últimos 100 años. El problema es que razonamientos elementales de la lucha política aconsejan no pelearse con todas las futuras víctimas, o enemigos, al mismo tiempo.

El apuro del gobierno podría justificarse en la percepción de la necesidad de aprovechar el envión de popularidad, que siempre acompaña a los triunfadores electorales, y anticiparse a que empiecen a llegar las facturas de las nuevas tarifas y la inflación se devore los menguados salarios, jubilaciones y planes sociales. De todas maneras, y aunque parezca increíble, por el poco tiempo transcurrido, es evidente que el mejor tiempo del presidente ya pasó. Algunas primeras encuestas ya empiezan a mostrar que se derrumba la estafa de decir que se va ajustar a la “casta política” y también se hace evidente que los mayores ajustados van a ser los asalariados y jubilados. Los cacerolazos, las protestas y el llamado a silencio de muchos que votaron a Milei, está poniendo en un brete a diputados y senadores que en otro contexto no tendrían reparos en votar a la Ley Omnibus y legalizar el DNU. Si algo tienen los dirigentes de los partidos tradicionales es espiritu de sobrevivencia y nadie quiere quedarse arriba de un transporte que puede colisionar contra una pared. Los pronósticos sobre la inflación no son alentadores. En diciembre tendríamos un 25%, en enero un 30% , en febrero, un 40%.

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La masividad alcanzada por la convocatoria de la CGT, presiona a dirigentes para tomar nuevas medidas y dejan muy descolocados a burócratas como Armando Cavalieri, que manifestó su acuerdo de que los trabajadores de comercio tengan un sistema de indemnizaciones similar al de la construcción.

A todas estas complejidades preexistentes en la sociedad argentina se le agrega que se está desarrollando un fuerte proceso de politización. En ese proceso aumentan los intercambios políticos en las familias, entre vecinos o compañeros de trabajo y “la conspiración de los enchufados a los chupetes electrónicos” va quedando expuesta. La propuesta de castigar la progresiva  precarización de la vida, que fue responsabilidad de los últimos gobiernos, eligiendo a un personaje como Milei, empieza a desnudarse como una ocurrencia funesta.

La mala noticia es que la gestión de Milei, que ”tiene menos cintura política que Nicolás Del Caño”, según me confesara una experimentada política justicialista, no agota el juego de la derecha en nuestro país. En las disputas geopolíticas mundiales, Estados Unidos ha mordido a la Argentina y no va a querer soltar su presa.  Con o sin Milei querrán asegurarse el litio, los combustibles obtenidos por fracking en Vaca Muerta, las reservas de agua potable, los lugares que pueden sobrevivir a mayores incidencias del cambio climático y los millones de toneladas de soja que, por ahora, compra China.

La urgencia por salir a resistir a los proyectos horribles de Milei, debe estar acompañada por la convicción que más  allá de la suerte de ese personaje, nos espera una lucha muy fuerte y que será muy larga.

Nota de la redacción: el omnibus que figura en la foto de portada de este artículo colisionó el 18 de octubre de 2023, en la Avenida Fascio, de San Salvador de Jujuy, con un utilitario marca Renault y un automóvil Chevrolet, modelo Celta. El conductor del transporte no tenía carnet de conductor y el seguro del vehículo estaba vencido. Por las dudas : ¡no te subas al Omnibus!

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Fuente: Tramas

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