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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Apuntes para la disputa discursiva desde la izquierda

Pese a la prolongada crisis sistémica, en nuestro país (como ocurre en gran parte del mundo), la clase capitalista todavía ejerce una posición dominante. Lo hace a través de acciones que pueden ser discriminadas en dos planos principales: el de las políticas de gobierno y el del discurso social. En el primero, mediante la asociación con los gobiernos de turno, ha logrado desarrollar políticas económicas en su propio beneficio; en el segundo, pudo mantener una hegemonía discursiva, entendida esta como la imposición de matrices que establecen temas y valoraciones generalizadas en gran parte de la sociedad.

Retomando a Raiter (1999), podemos decir que la hegemonía discursiva implica la existencia de un discurso dominante que ejerce la iniciativa discursiva, determina criterios de verosimilitud e influye en la gestión de las agendas públicas. La iniciativa discursiva es la capacidad de proponer temas y obligar a los diferentes sectores a retomarlos, ya sea para manifestar acuerdo o para expresar rechazo. El establecimiento de criterios de verosimilitud es la instalación de supuestos que determinan qué cosas son posibles en un momento dado, legitimando ciertas representaciones y deslegitimando otras. La influencia en las agendas públicas[1] es la posibilidad de fijar jerarquías de temas, graduar su alcance y administrar su ritmo (cuándo ponerlos en circulación y por cuánto tiempo), para concentrar la atención de la opinión pública y explotar el sentido común.

A pesar de la gran heterogeneidad de temas que abundan en las agendas, la mayoría de ellos responde a una matriz discursiva elemental, que puede ser formulada a través de tres supuestos:

1) El capitalismo es el único sistema económico y social posible.

2) Argentina solo puede participar del orden mundial subordinándose a las demandas extractivistas de las grandes potencias.

3) La democracia burguesa (representativa y delegativa) es el mejor modo de organización política.

Esta matriz discursiva capitalista constituye los fundamentos ideológicos del discurso dominante desde hace cuatro décadas.

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Diferentes gobiernos, diferentes escenas enunciativas

En Argentina, las diferencias entre los diferentes gobiernos civiles no son de fondo. Si bien hay quienes pueden señalar que es un error tratar las distintas gestiones como si fueran lo mismo, como si no existieran obvias diferencias entre el gobierno populista de centro izquierda encarnado por el kirchnerismo y los gobiernos neoliberales de Menem, Macri y el ultraliberal de Milei.

Desde nuestro punto de vista, tales variaciones están comprendidas dentro de los márgenes de operación que el sistema capitalista ofreció en cada momento.

Como todos los gobiernos, cada uno de ellos configuró una escena enunciativa particular, proponiendo estilos de comunicación, construyendo adversarios y desafíos, estableciendo metas y prioridades, proponiendo una visión de la historia, con el fin de ejercer una fuerza discursiva que sea circunstancialmente dominante. Para ello, además de seguir la matriz discursiva capitalista, debieron construir un lugar de enunciación que obtuviera aprobación y legitimación en gran parte de la sociedad. A veces, lo lograron con el apoyo de los medios de comunicación dominantes (como Menem); a veces, incluso con el apoyo de esos medios, no lo consiguieron (como Macri); a veces, pudieron lograrlo pese a la oposición de esos medios (como el kirchnerismo). En todos los casos, si hubo éxito, este fue pasajero y la pérdida de legitimidad terminó siendo confirmada en las urnas. Estas crisis políticas de superficie no son problemáticas para el capitalismo, ya que, mediante la idea de la alternancia representativa, este sistema aprovecha la sucesión de administraciones burguesas para explotar el tópico del cambio y legitimar su idea de democracia light.

En este momento, Milei[2] está en la primera etapa de configuración de la escena enunciativa de su gobierno. Intenta demostrar audacia y voluntad de un cambio profundo, realizando los gestos políticos que confirmen su deseo de profundizar el modelo neoliberal iniciado por la última dictadura cívico-militar y continuado por Menem. Con la promulgación del DNU y la elaboración del proyecto de Ley Ómnibus, ha llevado a cabo un shock político que determinó la agenda pública, obligó a manifestarse a todos los sectores políticos e incentivó la inmediata movilización de las organizaciones más combativas.

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Esta estrategia puede resultar muy exitosa, si consigue la aprobación de estos dos instrumentos; puede tener un éxito mediano, si solo uno de estos instrumentos resultara aprobado, o puede resultar fallida, si los dos resultaran rechazados. En este proceso, el rol de la izquierda es fundamental para contribuir a la organización de las resistencias a estos embates de la ultraderecha.

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El rol de la prensa dominante

Si el capitalismo cuenta con las condiciones para funcionar con un gobierno autoritario, va a hacerlo de ese modo, porque la pérdida de derechos sociales facilita la maximización de las ganancias. Las concesiones lo irritan, aunque solo sean parciales y contribuyan a mantener la paz social y a apaciguar la lucha de clases. Este giro autoritario suele ser avalado por los medios de comunicación dominantes, que intentan justificarlo y naturalizarlo. En nuestro país, el rol de Clarín y La Nación es muy ilustrativo. Expresan el punto de vista de la clase dominante y, a la vez, modelan el sentido común de gran parte de la clase trabajadora.

Para resaltar la importancia de los medios dominantes en la opinión pública, Santander Molina (2020), habla de media-lawfare, afirmando que tienen la capacidad de realizar acciones de criminalización de la protesta social y llevar adelante juicios mediáticos, para que, luego, sea aceptada (incluso, deseada) la acción represiva y la persecución judicial contra líderes opositores y militantes sociales. Afirma el investigador chileno que, en situaciones de debilidad de los partidos neoliberales, los medios dominantes actúan como un espacio de defensa ideológica y de organización del contraataque. Acá lo hemos visto: entre otros logros, han promovido la idea de que todo lo estatal es ineficiente y está asociado a la corrupción y, en este último mes, han convencido a muchos trabajadores y trabajadoras de que no merecen un mínimo bienestar económico y de que deben asumir la realidad (“No hay plata”, “Se acabó la fiesta”, “El ajuste es necesario”, “Ya no se podía seguir con los precios tan bajos”).

Teniendo en cuenta esto último, una línea de acción para la izquierda debería ser exponer sistemáticamente la función de esta clase de prensa, resaltando sus contradicciones, sus mentiras, sus procedimientos de invisibilización de conflictos y resistencias. El objetivo es tratar de que los trabajadores y las trabajadoras que consumen estos medios cuestionen sus maniobras de manipulación y cambien las prácticas de información.

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Redes sociales: de la fragmentación a la unidad

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En relación con lo anterior, otra herramienta exitosa para la difusión de las ideas de ultraderecha es el conjunto de las redes sociales. Para eso, utilizan una combinación de recursos: fake news, videos editados (para ridiculizar a los críticos y resaltar las supuestas virtudes de sus referentes), explicaciones políticas y económicas a cargo de influencers, repetición de información distorsionada, etc. Incentivan una multiplicación de emisores, creando numerosas cuentas que actúan como canales de producción de contenidos, que pueden alcanzar una gran cantidad de seguidores, reales y ficticios. Aprovechan la frustración y la bronca de muchas personas para legitimar una representación social que, más allá de las incoherencias y las contradicciones, se sostiene en una dicotomía elemental: Nosotros somos inteligentes y queremos un cambio que beneficie al país y Ellos son zurdos y corruptos y solo piensan en su propio beneficio. Así, logran invertir discursivamente la lógica política que opone el individualismo capitalista al socialismo. El resultado es la creación de un clima social violento, basado en prejuicios, ignorancia y frustración, que trasciende la esfera de las redes sociales, en tanto orienta prácticas sociales en diferentes ámbitos, tanto online como offline. En este proceso, tiene lugar la conversión de muchas personas (especialmente, jóvenes) en troles, que aceptan con entusiasmo su tarea de expresar odio hacia quienes luchan por un mundo justo y solidario. Y el odio es un componente fundamental del discurso de la ultraderecha.

Este también es un terreno en el que la izquierda debería desarrollar tareas de análisis y producción. La ultraderecha, obedeciendo su instinto de marketing, hizo algo que le resultó muy efectivo: segmentó la destinación. Elaboró mensajes adecuados para públicos específicos: para los neoliberales, para los jóvenes, para los cuentapropistas, para los precarizados, para los chauvinistas, para los machistas, para los religiosos, para los militaristas, para los sionistas, para los proyanquis, para los antiperonistas, etc. Incluso, segmentó les mensajes según la clase de capital cultural (algunos eran muy simples y de fácil comprensión y otros, más elaborados y con un estilo más académico).

La segmentación de la destinación es un aspecto crucial para nosotros y nosotras, desde la izquierda, dado que la fragmentación de la clase obrera es uno de los principales obstáculos para pasar de la movilización a la revolución (Maiello, 2022). Para contribuir a la unificación de lo que ahora está separado debemos utilizar las vías de comunicación adecuadas para interpelar a cada parte y explicar la importancia de luchar por la totalidad.

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La disputa por los significados

Con gran lucidez, hace casi cien años, Voloshinov (1992) afirmó que la palabra es la arena de la lucha de clases. Se lucha por el sentido de las expresiones que se refieren a la propia realidad. En el debate parlamentario sobre el proyecto de Ley Ómnibus, el diputado del FIT-U Christian Castillo dijo que había que recuperar el significado libertad para la clase trabajadora. Sin dudas, la lucha por este y otros significados es fundamental para que resulte evidente cómo los procesos de dominación tienen una dimensión simbólica. La organización de un movimiento clasista contrahegemónico depende de la capacidad de la clase trabajadora de imponer nuestros significados en expresiones tales como justicia, democracia, casta, impuesto, protesta social, huelga, justicia social, revolución, socialismo, etc.

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En esta línea y teniendo en cuenta los avances de la extrema derecha, es necesario también tomar cuenta de que, para una gran parte de la sociedad, toda defensa del Estado se confunde con la defensa de una organización ineficiente, llena de vagos y corruptos. Sería conveniente, entonces, desarrollar un discurso explicativo sobre este punto, sobre todo porque, más allá de la malintencionada campaña antiestatal de los partidos de derecha y de la prensa dominante, es innegable que, en las administraciones nacionales, provinciales y municipales, hay miles de ñoquis puestos por los funcionarios de turno, quienes, además de acomodar a familiares, amigos y punteros, aprovechan su paso por la función pública para hacer diversos negociados.

También debemos pelear por el significado corrupción. No podemos dejar que sea patrimonio de la derecha, que lo utiliza como lo ha hecho históricamente: para cuestionar todo lo que huela a pueblo. Lo cierto es que más allá del media-lawfare, mucha gente está en contra de la corrupción en general y eso es muy bueno, porque nos da otro pie para nuestro trabajo ideológico. Por un lado, el que le roba al Estado les roba a todos, sea un empresario, un funcionario o un empleado. Por otro lado, la explotación capitalista puede ser vista también como una relación social y económica inherentemente corrupta.

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Luchar para conquistar el futuro

Lo dicho hasta aquí no apunta a reducir la lucha política a lo simbólico, relativizando las condiciones materiales de existencia. Lo discursivo es material: concretamente, materializa la ideología y, además, circula de maneras muy concretas. Como muchos otros discursos sociales, el político es producido en condiciones históricas específicas y elabora representaciones de esas condiciones, estableciendo causalidades, necesidades y posibilidades.

En estas líneas, nos limitamos a caracterizar los aspectos discursivos generales de la hegemonía capitalista en esta coyuntura y a esbozar algunas líneas para avanzar hacia una nueva fase de la lucha de clases. Creemos en la importancia de combinar análisis y planificación con imaginación y creatividad, como parte de un proceso de concientización y movilización que seguirá creciendo.

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Referencias bibliográficas

Maiello, Matías (2022). De la movilización a la revolución. Buenos Aires: IPS.

Raiter, Alejandro (1999). Lingüística y política. Buenos Aires: Biblos.

Santander Molina, Pedro (2020). La batalla comunicacional. Defensa, ataque y contraataque en América Latina. Caracas: El perro y la lana.

Sayago, Sebastián (2019). La doble dimensión del Análisis del Discurso: perspectiva teórica y herramienta metodológica. Cultura y Representaciones Sociales, Vol. 14, N° 27. http://doi.org/10.28965/2019-27-03.

Sayago, Sebastián (2023). Discurso y contrahegemonía en el Sur global: el caso de la lucha socioambiental en Chubut. Analecta Política, Vol.13, N° 24. http://dx.doi.org/10.18566/apolit.v13n24.a01.

Voloshinov, Valentín (1992). El marxismo y la filosofía del lenguaje. Madrid: Alianza.


[1] Se puede pensar que las agendas públicas son tres: la política, la de los medios de comunicación y la de la ciudadanía. En cada una de ellas y entre ellas, hay influencias y rupturas (Sayago, 2019, 2023).

[2] Vale aclarar que, cuando mencionamos el nombre Javier Milei, no nos estamos refiriendo a él en tanto individuo, sino a él en tanto actor social y político, es decir, él y su entorno inmediato, el grupo que participa en la producción de su representación pública.

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Fuente: La Izquierda Diario

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