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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Adultos en la habitación

Voy a escribir sobre una película. No una película de “contenido adulto”, eufemismo que se suele usar para hablar de la pornografía. Aunque, si pensamos bien, la película trata, justamente, de la obscenidad del poder. De hecho, dirigida por el cineasta griego Konstantinos Gavras, más conocido como Costa Gavras, lanzada en 2019, fue llamada en Brasil O jogo do poder (El juego del poder); en Portugal se llama Comportem-se como adultos, en castellano se llama A puertas cerradas e el título original, en inglés, es Adults in the room.

La crisis de la deuda griega

La película trata de la “crisis de la deuda griega”, y es una adaptación del libro Adults in the Room: My Battle With Europe’s Deep Establishment (2017), del entonces ministro Yanis Varoufakis, que llevó adelante la negociación con la Troika[1], representante del poder financiero. El enredo ocurre en 2015, cuando la amplia coalición de izquierda conocida por la sigla SYRIZA había ganado las elecciones legislativas con 36% de los votos, contrariando los resultados de las encuestas de opinión, que no esperaban tanta adhesión. La propuesta de la coalición, el Programa de Salónica[2], una pauta anticíclica para acabar con las políticas de austeridad y desarrollar la economía interna, encontró suelo fértil ante la crisis humanitaria que se arrastraba por más de una década de aplicación de las recetas de los acreedores. En 2015, la deuda griega ascendía a 180% del producto interno bruto, y continuaba creciendo. Las exigencias de la banca europea, que llegaban a Grecia en la forma de “Memorándum”, destruían los sistemas públicos de salud y previdencia social.

Entre los puntos del Programa de Salónica estaba el compromiso de no pagar integralmente la deuda, destinando parte de los recursos así preservados para una serie de inversiones de desarrollo económico y social. Sin embargo, en ya en febrero de 2015, y ante la presión de la Unión Europea, los ministros de finanzas de sus Estados miembros y la Troika, el primer ministro y miembro de SYRIZA Alexis Tsipras cedió a firmar el compromiso de pagar la deuda completa en el plazo impuesto, y renunció a toda medida económica soberana (“unilateral”, en la jerga de la Troika) y devolvió para la Troika diez mil millones de euros entonces depositados en el Fondo Griego de Estabilidad. Yanis Varoufakis representó al gobierno griego durante cuatro meses de negociación, en que la Unión Europea se mantuvo inflexible. Esas negociaciones, sin embargo, seguían los protocolos de discreción y no estaban sometidas a ningún reglamento. Su capacidad para imponerse se debía exclusivamente al poder fáctico de las economías europeas y del capital financiero, fortalecido por la acción ideológica de la prensa, que descalificaba a los negociadores griegos.

SYRIZA decidió apelar para la fuerza moral que un referéndum dentro de Grecia podía generar frente a la opinión pública mundial. El 5 de julio de 2015, 63% del electorado griego votó a favor de la recomposición de la deuda del país. Pero la decisión soberana tomada por el electorado no tuvo ningún efecto de disuasión sobre la Unión Europea y los bancos. Los acuerdos contraídos por los gobiernos anteriores, ampliamente acusados de representar intereses de una oligarquía interna corrupta, se imponían a la “volátil” (según la evaluación de la Troika) voluntad del electorado griego. La amenaza, en caso de incumplimiento del “Memorándum” era el “Grexit”, la salida de Grecia de la zona del euro, e inmediato corte del flujo crediticio.

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Un “plan B” del gobierno de SYRIZA estaba siendo preparado en la sordina, una nueva moneda para afrontar las consecuencias de la salida del país del sistema económico europeo. Ese plan, sin embargo, nunca fue puesto en práctica. Paralelamente, la entonces presidenta del Parlamento Zoe Konstantopoulou llevaba adelante los trabajos de la Comisión de la Verdad de la Deuda Pública Griega, que mostraban la condición ilegal e ilegítima de tal deuda[3]. Sin embargo, ese trabajo nunca fue utilizado como argumento en las negociaciones. El 13 de julio, a 8 días del triunfo de SYRIZA en el referéndum, el gobierno firmó el acuerdo claudicando ante la Troika. Alexis Tsipras renunció a su cargo de primer ministro, junto con su gabinete, el 20 de agosto, y convocó a elecciones anticipadas.

El juego del poder

El enredo de la película de Costa Gavras queda restricto a ese período. Su nudo dramático está en el confinamiento de las negociaciones al ambiente cerrado, y viciado, de las reuniones a puertas cerradas, cuya dinámica no trasciende a las paredes de los salones de Bruselas, con revestido de alfombrado azul, que sugiere que todos los sonidos externos son aplacados, y todas las discusiones ríspidas intramuros son un secreto para el gran público. En los ambientes externos, de una blancura a veces ofuscante, predominan las sonrisas diplomáticas para las fotos y las declaraciones genéricas sobre “el diálogo”. En los encuentros bilaterales con mandatarios y funcionarios de los Estados europeos, contrastan, por yuxtaposición de escenas, los acuerdos de palabra y las declaraciones públicas. Se llega al punto de la presentación de un documento a ser firmado inmediatamente para Yanis Varoufakis por parte de un funcionario alemán que, al entrar en el despacho del ministro alemán, es cambiado por otra versión que el ministro le entrega como si fuera la misma. El negociador alemán se toma el trabajo de “releer” el documento y nota la diferencia en los términos, y se niega a firmar. Está también el espacio cálido de las habitaciones de los miembros de SYRIZA, las oficinas y salas de los edificios del gobierno griego, donde, sin embargo, el secreto permanece. Un sigilo no solamente con relación al adversario, sino para con los propios griegos comunes que votaron por el Programa de Salónica, abandonado a esa altura por el gobierno, para poder negociar.

Al final de las negociaciones, Costa Gavras introduce dos escenas en que abandona el registro realista: una casi danza y otra propiamente coreografiada. La primera ocurre en un restaurante al aire libre, donde decenas de jóvenes vestidos de negro se aproximan en silencio y encaran a los negociadores griegos. Cuando estos les preguntan qué quieren, las personas, ostensivamente, dan la espalda a la mesa y se retiran lentamente. En otra escena vemos la coreografía de los funcionarios de las instituciones europeas acorralando a Alexis Tsipras, que trata de esquivarse en un escenario de sucesivas salas sin mobiliario, forradas con aquel alfombrado azul que continúa del piso a las paredes curvadas, sin aristas.

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La película es casi un teorema que expone las entrañas del funcionamiento de las instituciones. Pocas escenas muestran las multitudes movilizadas. La finalidad de esos trechos de documental es contrastar con la soledad del poder, cuando SYRIZA asume el gobierno. Recordemos que la coalición creció frente al electorado a partir de 2013, paralelamente a las iniciativas autogestionarias de enfrentamiento al desastre humanitario, de las cuales participaban los militantes de la coalición. Cuando SYRIZA fue al gobierno, se alejó de la organización de base y se confinó a los despachos institucionales. Y, lo que es peor, alimentó la expectativa con relación a que los cambios podrían ser realizados por la democracia representativa, con el mero apoyo electoral o inclusive de movilizaciones. Y sin ninguna preparación para las consecuencias de una ruptura radical con el sistema de la deuda.

La película de Costa Gavras no carece de un lado trágico. El hybris, la desmesura de pretender salir de la lógica del funcionamiento del poder sin romper con sus dispositivos. De nada sirve la retórica radical, la rispidez en el lenguaje confinada entre las paredes de las sedes de las instituciones, a puertas cerradas. Lo máximo que SYRIZA hizo fue lanzar mano del referéndum. Y ni siquiera eso fue suficiente. Como dijo Baptiste Dericquebourg, en su artículo. Los dilemas de SYRIZA. Historia de una decepción[4], ya que no se puede enfrentar al enemigo, se procura conquistar su benevolencia. No se trata ni siquiera de reglas escritas y por todos respetadas, es la lógica del capital que pasa por arriba de toda regla, inclusive de la “democracia”, de la “soberanía popular”, justamente en la cuna de esas instituciones. La personaje de Christine Lagarde, que representaba al FMI en la Troika, comenta durante la negociación que es preciso que las personas se comporten como adultos dentro del recinto. Bien, comportarse como adultos viene a ser: entender las reglas que no pueden ser escritas, lo que no puede ser admitido públicamente, pero que todos deben cumplir. Los niños, que son engañados, son los que estamos fuera del recinto: nosotros.

¿Y nosotros, latinoamericanos, qué tenemos que ver con eso?

¿Por qué ver esta película de Costa Gavras sería recomendable en esta, nuestra región en el mundo? A puertas cerradas es muy didáctica, en el mejor de los sentidos. Ella expone, de manera bien delineada, por qué se empacan las negociaciones, que surge al pretender transformar las relaciones de poder dentro de las instituciones de los de arriba, respetando procedimientos, dispositivos y protocolos de esas instituciones. Si la contradicción patente entre discursos públicos y negociaciones a puertas cerradas está expuesta en el caso griego, ¿qué se podría decir de las contradicciones que emergen de intentos semejantes en países de América Latina, donde las instituciones republicanas siempre fueron pantomima de la apariencia de las repúblicas europeas? Y, aun más, ¿qué se puede decir en un momento histórico en el cual, descaradamente, las instituciones [dizque]republicanas ni siquiera son instancia en que los grupos de poder dirimen sus pendencias? Una vez que las decisiones se toman en otro lugar.

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En Brasil, el 8 de enero se cumplió un año de la invasión a los edificios de los “Tres Poderes”. La GloboNews realizó el documental 8/1 A democracia resiste[5]. Por medio de él, consolida el relato hegemónico sobre el episodio, presentándolo como un intento de golpe militar, llevado adelante por un pequeño grupo civil y militar, desmontado por la astucia del gobierno, por los tres poderes y por la falta de apoyo del grueso de las fuerzas armadas. También presenta las instituciones republicanas desarticulando y puniendo a los principales ejecutores y cómplices del intento. Cinco días después de aquel domingo 8 de enero, escribí que ese “grueso de las fuerzas armadas”, más que un golpe militar, quería enviar un mensaje mafioso al flamante gobierno, para negociar con él en mejores condiciones, en particular, sobre el control de la Amazonía por los militares[6]. Pocos días después hubo un encuentro “a puertas cerradas” del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el ministro de Defensa José Múcio Monteiro y el comando en jefe de las Fuerzas Armadas. La negociación ocurrió y, como vemos, las exigencias de los militares fueron atendidas.

En las últimas semanas testimoniamos la farsa de diálogo en la Comisión Bicameral del Congreso de Argentina, para tratar los Decretos de Necesidad y Urgencia y la Ley “Ómnibus” presentados por el gobierno del flamante presidente Javier Milei. Son instrumentos de una reformulación completa de los marcos legales para la sociedad. Legalizan la guerra de desgaste contra los territorios controlados por el Estado argentino, guerra necesaria para la intensificación del extractivismo. En la Comisión Bicameral funciona un simulacro de diálogo en que nadie escucha a nadie, mientras las negociaciones corren, a puertas cerradas, en otro lugar. Si el circo está montado en la Comisión Bicameral, en las reuniones a puertas cerradas, las personas “se comportan como adultos” y respetan la ley del más fuerte. En esa coreografía no sólo participa el gobierno nacional. También hay partidos de oposición y organizaciones sindicales.

La delegación de la representación y el secreto hace la fortaleza de las instituciones de los grupos dominantes. La aceptación de esos dispositivos por parte de dirigentes de las organizaciones supone la “infantilización” (adultocentrista) de las grandes mayorías. La lucha contra el ajuste, el pago de la deuda externa, el extractivismo y la matriz exportadora de commodities tiene consecuencias muy graves. Para encararlas, es necesaria una gran disposición por parte de los pueblos. Y si, como hizo SYRIZA, las organizaciones no alertan para la verdad completa, si ocultan las consecuencias de enfrentar los designios del capital, si dicen que basta con votar y apoyar este o aquel dirigente, que es suficiente manifestarse, si dan a entender que será fácil, para “no asustar a los chicos”, conspiran contra la preparación de los de abajo para la brutalidad con la que nos quieren reducir.


[1] Grupo formado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

[2] Ver: https://www.sinpermiso.info/sites/default/files/textos/salonica.pdf

[3] Ver: https://www.revue-ballast.fr/zoe-konstantopoulou/ e https://www.cadtm.org/La-politica-de-la-Troika-en-Grecia-Robar-al-pueblo-griego-y-transferir-el

[4] Ver: https://nuso.org/articulo/os-dilemas-do-syriza/#footnote-5

[5] Ver: https://www.youtube.com/watch?v=Itk78Bab6D0

[6] Ver: https://contrahegemoniaweb.com.ar/2023/01/13/brasil-mensaje-mafioso-o-una-mano-de-truco/

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