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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Las fuerzas del suelo

El Gobierno de Javier Milei sufrió su primera derrota política de magnitud con la caída de su megaproyecto de Ley Ómnibus que naufragó escandalosamente en el Congreso. El proyecto volvió a Comisión a propuesta del bloque oficialista cuando en el tratamiento en particular recibía votaciones en contra, una tras otra, que limitaban y casi negaban la votación en general, sobre todo en las “facultades delegadas” que había solicitado el Gobierno para hacer y deshacer en muchos ámbitos y se le negaban. Esta derrota —como se dice recurrentemente de la inflación— es “multicausal” ¿Se debe a la impericia y la improvisación de un Gobierno que parece que consume la que vende y verdaderamente considera que tiene capturado para siempre el favor popular y, además, es el elegido por las “fuerzas del cielo”? Algo de eso hay. El mesianismo político como respuesta a la crisis crónica que atraviesa la Argentina fue una característica de todos los Gobiernos en los últimos años: suplantar la incapacidad para una salida política con la sobrevaloración de la fuerza propia o de las capacidades personales. Milei no hace más que exacerbar esto y llevarlo a niveles delirantes, quizá acordes con la magnitud de la crisis de representación de la cuál Milei es un síntoma.

 El revés ¿se debió a los límites que encontró “por arriba” con los llamados “bloques dialoguistas” que a la vez representan distintos intereses locales y empresariales que se veían afectados por el reseteo general que proponía Milei? También esto jugó un rol. ¿La derrota respondió a una expresión en la superestructura de los límites que encontró “por abajo” en el más regimentado paro con movilización del 24E y en las más combativas movilizaciones con gran protagonismo de las asambleas barriales y de la izquierda frente al Congreso combinado con la intransigencia de los diputados y diputadas adentro? Indudablemente, si esas movilizaciones y esos desafíos al antidemocrático protocolo represivo de Patricia Bullrich no hubiesen existido, el desenlace podría haber sido diferente. También la cosa hubiera sido distinta si la voz de los legisladores y legisladoras que combinaron la pelea parlamentaria con la extraparlamentaria no hubiera estado presente. ¿Cuál de todos estos factores fue determinante? No es fácil de descifrar esa ecuación porque la política —como el poder— es relacional: las fortalezas o debilidades de uno están íntimamente vinculadas a las de su oponente, el adversario y el enemigo. Todos los factores jugaron un rol para esta derrota política, combinado con un acelerado deterioro social provocado por la orientación económica inmediata (que es relativamente independiente de esta ley fracasada, en eso tiene razón el Gobierno). Una hoja de ruta diseñada y aplicada por el ministro Luis Caputo y que comienza a conmover la “arquitectura del 56%” que el Milei obtuvo en el balotaje. No se si ustedes percibieron lo mismo, pero en tarifazo al transporte de estos días pareció provocar que a muchas personas (entre ellas, gran parte de una base social que votó a Milei) le empiece a caer la ficha de las crudas consecuencias del plan económico para su vida cotidiana. Fue esa incomodidad que va transformando en duda —y de la duda al malestar hay un solo paso en una sociedad inquieta como la sociedad argentina—, junto con lo que sucedía en la “arquitectura” de los que no votaron a Milei y que estaban activos, lo que impulsó a las primeras concentraciones y cacerolazos y al paro con movilizaciones fuertes en todo el país. Porque, a ver, hubo mucho análisis e hipótesis sobre la consistencia y la anatomía del “pueblo mileísta” (si es que existe), pero no se tenía tan en cuenta la dinámica del “pueblo antimileísta” que cumplió un rol y fue parte del escenario. 

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¿En qué punto estamos hoy? Bueno, el Gobierno dice que maneja encuestas que lo tienen a Milei con porcentajes todavía altos de respaldo o imagen positiva (aunque por debajo de lo que otros presidentes cosechaban a esta altura de la gestión: un mes y medio de gobierno), pero hay otros estudios de opinión que consideran que ya está en construcción una “nueva mayoría” antigubernamental. En todo caso, este resultado político de la ley en Diputados (sumado a las trabas judiciales que tiene el Decreto de Necesidad y Urgencia) muestran y a la vez aportan a que la dinámica esté más a tono con la segunda opción. Ahora bien, decíamos que esta combinación concreta de fuerzas en presencia en esta situación concreta habilitó esta derrota política que debilita más al Gobierno. Sin embargo, corresponde decirlo, el plan de ajuste vía licuación de salarios e ingresos sigue, está vivito y coleando, como se dice, e importantes apartados del DNU también están vigentes.

El último informe de coyuntura del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) asegura que “la inflación como mecanismo de transferencia regresiva de ingresos es, por ahora, la única medida importante del gobierno de Milei.13,7% cayó el salario real en el primer mes de mandato; la jubilación mínima cayó 14% respecto a diciembre de 2022. Los jubilados que no cobran la mínima no obtuvieron bonos por lo que perdieron más de la mitad de su poder adquisitivo en los últimos 8 años. Quizá lo más relevante que dejó planteado la derrota del Gobierno son las condiciones y potencialidades para las luchas futuras que son más o menos inmediatas: dejó al desnudo la fragilidad del Gobierno, dejó en evidencia que (más allá del debate sobre las encuestas que son una forma de “medir” la temperatura social, no la única) no hay una base social que defienda “orgullosamente” y a viva voz al Gobierno y mucho menos que se movilice. Dejó en evidencia también la impericia política del personal gubernamental que también es un factor actuante. Sus delirios místicos que chocan con la política terrenal. Y se transparentó que no existe esa “fortaleza” imbatible que muchos obnubilados atribuían al Gobierno y no tiene los recursos para imponer su plan. 

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¿Para qué sirve todo esto? Para convencer a cada vez más personas de que es posible derrotar todo el plan (el plan económico y el DNU). Si con un paro (medio paro, en realidad) y estas movilizaciones se logró una derrota resonante, ¿qué pasaría con un plan de lucha serio, discutido y votado ampliamente en lugares de trabajo, en las asambleas barriales, en los movimientos de desocupados? La pregunta se responde sola. Claro, esto abre otra discusión de carácter más estratégico: ¿qué hacer en este escenario? Una vez golpeado el Gobierno ¿ir a negociar cada uno los suyo (los gobernadores, la CGT) que es una forma de “salvar” el plan de Milei por la vía de limitarlo?, o ¿pelear para derrotar un programa del que si solo sobrevive un 10% es un nuevo desastre social? Obvio que considero que esta segunda opción es la que corresponde impulsar una vez que las “fuerzas del cielo” sufrieron una derrota en manos de las fuerzas del suelo.

Fuente: Izquierda Diario

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