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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Horizontes de la crisis (punto de inflexión luego de la derrota)

La derrota que sufrió el gobierno, producto de las resistencias combinadas en el parlamento y en las calles, dejó al descubierto la fragilidad institucional que lo recorre. Expone también las dificultades para precisar un horizonte político. Un punto de inflexión.

El experimento Milei se está experimentando. Fue derrotado y tuvo que retirar definitivamente el proyecto de ley con el que buscaba reestructurar la vida social y política del país. Desde esos días recientes estamos en uno de esos momentos de la historia en que los cambios no previstos nos dejan al borde del vacío. En que la vertiginosidad que han tomado los hechos políticos, que se superponen unos sobre otros, no dejan tiempo al análisis y no pocas veces  nos toman de sorpresa.

Estamos frente a un punto de inflexión en la situación abierta tras la asunción de Javier Milei a la presidencia de la Nación. Las primeras evidencias de este cambio es la apertura de negociaciones para una gobierno de coalición o cohabitación con el PRO, también la posibilidad que el ejecutivo de por terminadas las sesiones extraordinarias y se disponga durante el año a enviar leyes cortas en las sesiones ordinarias. Claro que todo está supeditado a la cambiante y disruptiva personalidad presidencial.

¿Qué es lo que está en juego en medio de una crisis política, económica y social de proporciones, profundizada por el propio gobierno en solo dos meses de gestión, con un programa al que no se le encuentra consistencia (tampoco mínimos equilibrios sociales)?   ¿Qué en medio de tanto debate legislativo, en negar negociaciones y sin embargo negociar? ¿Qué en eso de ser opositores y al mismo tiempo colaboracionista? ¿Qué en tener aprobada en general una ley considerada “fundamental” para el gobierno a dejarla caer primero y retirarla definitivamente después?

El factor tiempo

En primer lugar el propio gobierno debiera responder ¿Puede gobernar sin el Congreso? es paradojal ya que para independizarse del Congreso depende de él, que es quién debe cederle las competencias legislativas. Luego ¿Cómo lograr gobernabilidad? cuando ha tensado al máximo un sistema político que aún no lograba reorganizarse en el marco de la fragmentación surgida de las urnas.

 En medio de tanta fragilidad: ¿Podrán imponer un nuevo ciclo de reformas liberales (extremas) como lo fue bajo el menemismo?  ¿Podrán convertir, en poco tiempo, el apoyo electoral en claro apoyo político? ¿Podrán imponer un cambio de régimen que incluya cuestionamientos a los derechos más elementales, a la protesta social, al federalismo?

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El factor tiempo (la temporalidad como lo define Diego Sztulwark en su artículo “Entre la descomposición política y el Estado de excepción”, juega un papel en este tipo de coyunturas. Se trata del devenir de la dialéctica orden vs. cuestionamiento del orden instituido. Como sabemos “El orden puede sostenerse con la represión que permite ganar tiempo, pero que también puede terminar precipitando la crisis”[1] (1).

Las fuerzas en presencia

¿Cuál es la dinámica real de las representaciones políticas de las fuerzas sociales en pugna? La extrema derecha que encarna el gobierno de LLA ha mostrado su debilidad estructural, manifestada en el extenso e inédito debate parlamentario, quedó expuesta allí la fragilidad del sistema político, la incapacidad cuando no ignorancia del oficialismo de los temas a tratar, el rol de la oposición “amigable”. Todo terminó con una fuerte derrota política,  a lo que se suma que el DNU está judicializado, aunque sigue vigente, y que la justicia puso límites al protocolo anti movilizaciones.

Sin embargo esta derecha extrema no tiene enfrente, al menos por ahora, una alianza consolidada capaz de contrabalancear ese poder débil (pero poder al fin) que organice la resistencia, las formas y el contenido para superarlo. 

De un lado la extrema derecha, en alianza no explícita, hasta ahora al menos, con la derecha no tan extrema, con sus debilidades pero también con audacia y decisión. Del otro el movimiento peronista sin conducción, ni referente ni programa, incluso con dudas acerca de cuál es su verdadero poder en relación a la representación política, y la izquierda anticapitalista que, aún en su debilidad, está sosteniendo la resistencia, acompañada por algunos grupos del peronismo y un incipiente movimiento asambleario. La CGT que jugó un papel decisivo el 24E, y es quién efectivamente puede cambiar la relación de fuerzas, esta por ahora expectante. No obstante la derrota estimula y da ánimos a la resistencia.

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¿Qué horizontes (escenarios posibles) en un futuro próximo?

  • El primer escenario está inscripto en las respuestas inmediatas que el presidente Milei y parte de su gobierno dieron ante la evidente derrota (ataques a los diputados y gobernadores que no aprobaron su proyecto de ley, expulsión de funcionarios ligados a fuerzas que no acompañaron en el parlamento, reiteradas afirmaciones de que llamaría a plebiscitos, que  gobernaría por decreto apoyado en el 56% de votos que obtuvo en el balotaje). Lo había adelantado en campaña y el discurso inaugural de espaldas al parlamento  cobra ahora un significado más que simbólico. Si avanzara en este camino se estarían creando las condiciones para instalar un régimen de tipo bonapartista[2] (2) “sui géneris”: fuerte personalismo apoyado en el aparato burocrático (no hay en este tiempo posibilidades de apoyatura militar) que se opone al régimen de la democracia liberal y administra sin el parlamento. Como sabemos este tipo de salidas políticas autoritarias aparecen cuando las contradicciones de clase se vuelven particularmente agudas. Conviene precisar que Milei encarna una suerte de contrarrevolución, pero no contra una revolución que ponga en peligro el sistema, sino contra las condiciones del neoliberalismo actual que no logran resolver la crisis sino que la agudizan.  El objetivo del bonapartismo es prevenir las explosiones sociales, algo que por ahora solo está presente  potencialmente, pero conviene recordar 2001.
  • Un segundo escenario se podría dar si la situación se descompone aceleradamente. Que en pocos meses los salarios y jubilaciones se pulvericen por una inflación que no cede, que la recesión reduzca los ingresos fiscales y aleje el objetivo del déficit cero y que el alza de los precios lleve la pobreza a más del 50% y fuerce una nueva devaluación, con lo que abriría una segunda etapa de ajuste. En paralelo la imagen presidencial caería continuamente, incluso puede que recurriera a una consulta popular para relegitimarse y la perdiera. Crecería el desorden político y la paralización del aparato estatal. Las imágenes del 2001 se perfilarían en el horizonte inmediato. Recambios ministeriales, hasta incluso del propio presidente estarían a la orden del día. Pero aquí no hay una figura política de peso (tipo Duhalde) capaz de administrar la transición (el macrismo está dispuesto pero no tiene figuras de la envergadura necesaria), tampoco un presidenciable (tipo Kirchner) como salida política. ¿Un gobierno de coalición con el PRO y una alianza legislativa amplia que incluya también intereses empresariales podrían ser la salida? Se busca mascarón de proa.
  • Finalmente el tercer escenario. Que siga el curso que siguió el menemismo, un primer período turbulento, con fuertes desequilibrios económicos, de marchas y contramarchas, de cambios de ministros y de tácticas políticas y económicas hasta que la inflación comience a ceder y la recesión encuentre su piso, ingresen dólares (agro, petróleo, y minería) y mejore la situación fiscal. Finalmente que se instale una economía bimonetaria (legalizando los mercados que ya se tranzan en dólares) y el gobierno se fortalezca políticamente. El conflicto social fuerte en los primeros meses se iría aplacando. Se abriría así un nuevo período como fue con el menemismo, ahora con Mileí o tal vez su reemplazante. Pero aquí no hay (al menos por ahora) un peronismo ni una CGT que lo respalde. Recordar que las dos leyes fundamentales (Reforma del Estado y Emergencia Económica) el menemismo las obtuvo en solo dos semanas.  La fragmentación política es muy alta como para alcanzar un pacto social que garantice la gobernabilidad neoliberal… El final está abierto. 
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¿Qué papel jugaría el movimiento obrero y popular, también el peronismo, en cada uno de estos posibles escenarios? ¿Cómo debería plantearse la izquierda anticapitalista en ellos?

Son preguntas que quedan pendientes y que se resolverán en el marco de la lucha de clases.

10.02.2024


[1] “El lapso 1989-1991 va de la asunción del gobierno menemista al surgimiento del orden de la convertibilidad. Pero el lapso 1999-2001, que va desde la asunción del gobierno de La Alianza al estallido, muestra la velocidad que puede alcanzar la descomposición de las políticas parlamentarias y la irrupción de un protagonismo callejero, que bloqueó la salida autoritaria”. Son dos casos opuestos en cuanto a la gestión de una temporalidad política de la crisis.

[2] “Régimen político personal que busca aprobación mediante plebiscitos que eluden el poder del parlamento”, según la definición clásica)

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