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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Homenaje a George Orwell

21 Jan,2020

por Jesus Jaen

“Es más difícil reeducar a un pueblo en el amor a la libertad que conquistarla”

 

Babeuf, 1794

 

“¿Qué es el socialismo? ¿Puede haber socialismo sin libertad, sin igualdad y sin internacionalismo?

 

G. Orwell. “¿Qué es el socialismo?” (Manchester Evening, 31 de enero de 1946)

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El próximo 21 de enero se cumplirán setenta años de la muerte de Orwell. He querido rendir homenaje a una de las personalidades más importantes del siglo XX. Símbolo de la lucha antifascista, enemigo de todo tipo de totalitarismos; Orwell representó a lo largo de su vida, los valores de un socialismo democrático y transformador que fue aplastado por el nazismo y por el estalinismo. Orwell forma parte de ese pequeño grupo de luchadores y escritores que mantuvieron a lo largo de toda su vida una integridad intelectual sin sospecha, alejado del poder y de los lujos, su pluma se revolvió contra toda injusticia, denunciando tanto a los gobiernos occidentales como a la dictadura burocrática en la que había degenerado la revolución rusa.

 

Eric Arthur Blair más conocido como George Orwell, nació en 1903 y murió a los 47 años, víctima de una tuberculosis crónica. La mayor parte de su vida la dedicó al activismo político o social, así como a escribir para diferentes revistas y periódicos.  Se afilió al ILP que era un partido marxista, alternativo tanto al laborismo como al Partido comunista. Al estallar la guerra civil en España, se enrola en el POUM por consejo de sus compañeros del ILP. Una vez en Barcelona, es destinado al frente de Aragón donde combatió como miliciano en las columnas del POUM, junto a las de la CNT. En 1937 vive con desgarro las jornadas de mayo en Barcelona, donde se enfrentarán en las calles los militantes del POUM, la CNT, contra los guardias de asalto de la Generalitat y el PSUC. Tras estos hechos, el asesinato de Andreu Nin, la ilegalización del POUM y la persecución a los poumistas y anarquistas por parte del Gobierno republicano y del PSUC; Orwell, decide salir de España. En Inglaterra escribirá sobre la revolución española y defenderá al POUM de los ataques de la prensa internacional y de las calumnias de los partidos comunistas oficiales que actuaban como portavoces de Stalin.

 

Con el estallido en 1939 de la segunda guerra mundial, Orwell, toma partido por el bando de los aliados y se convierte en un ferviente luchador contra el nazismo; para esta tarea colaborará con diversos medios de comunicación, escribirá numerosos ensayos y artículos, e incluso trabajará en la radio al servicio de la BBC. Orwell, muy enfermo por una tuberculosis, fallecerá el 21 de enero de 1950, dejando obras universales que, generación tras generación, no han dejado de leerse, incluso algunas de ellas llevadas al cine. Ese es el caso de 1984, Rebelión en la Granja, Homenaje a Cataluña (versión de K. Loach en “Tierra y Libertad”); y cientos de ensayos sobre política, literatura, arte, etc, etc. 

 

En este artículo más que desarrollar aspectos de su vida o de su obra cultural, he tratado de situar al personaje y sus ideas, en un contexto de quiebra generalizada de los valores de la civilización occidental; así como la guerra y la barbarie que se desatará entre 1939 y 1945. La mayor crisis del mundo moderno, el hundimiento de las “democracias liberales” y la aparición de las dictaduras fascistas o burocráticas (mal llamadas socialistas).

 

I.- Orwell se sentía “un humanista socialista o un socialista humanista”: “La base del socialismo es el humanismo”, decía en el ensayo citado en la introducción de este artículo. Creo que su pensamiento está influenciado por la escuela pragmática anglosajona por una parte, y por una interpretación autodidacta del marxismo y del socialismo (que pone el acento en lo que deberían ser los valores de la humanidad enfrentados con los poderes económicos y políticos). El socialismo que defenderá toda su vida está basado tanto en la libertad colectiva como individual, en la igualdad de todas las personas y en la fraternidad del género humano. Esta concepción global de un socialismo democrático es la que hará de la figura del escritor, un ejemplo de honestidad intelectual y moral frente a las presiones de todo tipo. Escribirá sobre lo que piensa y pensará libremente. En ese sentido, es similar a otros escritores de su época como Jack London, Arthur Koestler, Ignazio Silone, o incluso John Dos Passos y Hemingway. Algunos de ellos comprometidos con la lucha antifascista en la guerra civil española, a los que él mismo pondrá como ejemplo, como fue el caso principalmente de Athur Koestler y su denuncia del totalitarismo burocrático (la obra más conocida es  “El cero y el infinito”, donde narra una historia relacionada con la represión estalinista).

 

En ese sentido, digamos que la corriente ideológica o de pensamiento de Orwell es la que trata de poner en el acento de todo su análisis al sujeto individual y colectivo. No tanto como reflexión filosófica o existencialista al estilo de Sartre; sino como actor del proceso histórico. Me parece relevante por ejemplo, la ausencia o las escasas referencias en sus escritos, a conceptos marxistas clásicos como relaciones sociales de producción, fuerzas productivas, teoría del valor, etc, etc. No hay análisis teóricos sobre el capitalismo o la URSS; sino principalmente denuncias que se alzan como luces en la sombra de la larga noche que llenará Europa y el mundo de destrucción y barbarie. 

 

Eso no quiere decir que Orwell no se vea a sí mismo como un socialista, sino que para el pensamiento y la obra del escritor, el centro de gravedad, no son los mecanismos económicos de un sistema, sino la forma en la que se manifiesta la injusticia, la opresión o la explotación del capitalismo y del Estado burocrático. De ahí, una vez más, el valor que éste concede al sujeto, ya sea el individuo o una determinada clase social. Orwell no es un humanista sin más, ni un socialista utópico, ni un fabiano reformista; él cree que la historia está hecha por hombres y mujeres de carne y hueso que se construyen con sus propias experiencias y organizaciones. Pero el futuro de una sociedad mejor no puede estar fundamentada en el terror, la violencia y la guerra; éstas, no dejan de ser productos de un presente capitalista. El modelo al que debe aspirar el ser humano es, como diría Marx, a una plena realización de sus capacidades y a satisfacer sus necesidades.

 

Orwell piensa –como Victor Serge- que el fin no justifica los medios; que no puede haber un fin justo si se obtiene por unos medios inadecuados. En concreto, que el camino hacia el socialismo no puede estar repleto de cadáveres, represión y ausencia de libertades. De ahí, una vez más, la importancia que Orwell concede en toda su obra a los valores del ser humano como factor determinante en la construcción de la sociedad socialista basada en la libertad, la igualdad y los derechos del individuo. Orwell sabe que la historia no la hace un extraño mecanismo de fuerzas objetivas invisibles situadas por encima de las sociedades, sino las mujeres y los hombres en sus luchas:

 

“Si examinamos la genealogía de las ideas que defienden escritores como Koestler o Silone, descubrimos que se remontan -pasando por soñadores utópicos como Williams Morris y demócratas místicos como Walt Whitman, por los cavadores y niveladores ingleses, por las revueltas campesinas de la Edad Media- hasta los primeros cristianos y las rebeliones de esclavos de la antigüedad”.

 

“Los panfletos de Gerrard Winstanley, el cavador de Wigan, cuyo experimento de comunismo primitivo fue aplastado por Cromwell, tiene en algunos aspectos, un extraño parecido con los textos de la izquierda modernos”.  ¿Qué es el Socialismo?”.

 

Esta tradición, en mi opinión bastante anglosajona en cuanto al marxismo, se inscribe en la corriente histórica que posteriormente está en otros intelectuales o escritores como E.P. Thompson, Eric Hobsbawn, Christopher Hill, e incluso Raymond Williams o el mismo Chomsky. De hecho, tanto Chomsky como Thompson van a polemizar a lo largo de sus vidas con las corrientes marxistas estructuralistas o potsmodernistas como Altusser o Foucault; incluso en el caso de Thompson, elevará el tiro acusando a una parte del marxismo occidental de ideologicista, economicista y determinista (ver por ejemplo una exposición detallada de estas ideas en las obras de Thompson: “Miseria de la teoría” y “Particularidades de lo inglés”; donde éste arremete contra el idealismo y reivindica la tradición más empírica de Bacon o Vico, o la visión de W. Morris sobre el socialismo “Trabajo y Comunismo”).

 

Las afinidades van más allá de lo político e ideológico para situarse también en el terreno de lo cultural. Ambos (Orwell y Thompson) cosideraban a Jonathan Swift como uno de sus escritores preferidos y manifiestan su pasión juvenil por los “Viajes de Gulliver”. La fantasía adquiere aquí un sentido que va más allá del cuento. Hay una frase atribuida a Orwell sobre Swift que dice:“Cuando aparece en el mundo un auténtico genio, lo reconoceréis porque todos los necios se conjuran contra él”.

 

II.- Las opiniones de Orwell sobre la guerra civil española se han reflejado en su libro “Homenaje a Cataluña”, y creo que las mantuvo a lo largo de toda su vida. En un artículo publicado en 1942, “Recuerdos de la guerra en España”, decía:

 

“La columna vertebral de la resistencia contra Franco fue la clase obrera española, especialmente los miembros de los sindicatos de las zonas urbanas. A la larga -y es importante recordar que solo a la larga- la clase obrera sigue siendo el más sólido enemigo del fascismo, simplemente porque es la que más gana con su reconstrucción social como es debido. Al contrario de las otras clases o categorías, no puede ser sobornada permanentemente”.

 

“El odio que la República española suscitó en los millonarios, duques, cardenales, playboys, conservadores y no sé cuántos otros bastaría para mostrar como son las cosas en la realidad. En esencia se trataba de una guerra de clases. De haber triunfado, la causa de la gente común habría salido fortalecida en todas partes. Pero se perdió, y los que viven de sus rentas en el mundo entero se frotaron las manos. Ese fue el asunto de fondo y el resto es mero parloteo”.

 

Su compromiso no fue solo con la España obrera y revolucionaria de 1936, lo fue con el conjunto de la humanidad: “no entiendo un socialismo que no sea internacionalista”; y lo fue fundamentalmente, consigo mismo. En una declaración muy personal de sus escritos titulada “Por qué escribo” publicada en 1946, dice lo siguiente:

 

“La guerra de España y otros sucesos de 1936 y 1937 cambiaron la escala de valores y me permitieron ver las cosas con mayor claridad. Cada renglón que he escrito en serio desde 1936 lo he creado, directa o indirectamente, en contra del totalitarismo y a favor de un socialismo democrático, tal como yo lo entiendo. Me parece una soberana estupidez, en una época como la nuestra, pensar siquiera que se puede evitar escribir sobre tales asuntos. De un modo u otro, todos escribimos sobre ellos. Solo es cuestión de elegir el bando y posición.”

 

“Mi libro acerca de la guerra civil española (Homenaje a Cataluña), es una obra de corte francamente político, por descontado, pero en conjunto está escrito con cierto desapego, y con cierta atención por la forma. Intenté por todos los medios escribir la verdad sin traicionar mi instinto literario, pero entre otras cosas, incluye un largo capítulo lleno de citas tomadas de los periódicos y demás, en las que se defiende a los trotskistas que estaban entonces acusados de haber tramado un complot con Franco... Un crítico por el que siento un gran respeto me dio una lección en lo tocante a eso: ¿Por qué has metido todo eso?, has convertido un buen libro en mero periodismo. Lo que me dijo era verdad, pero yo no supe hacerlo de otro modo. No pude. Me enteré por casualidad de algo que poca gente conocía en Inglaterra, y no por no querer, sino porque no se les permitió, y es que se estaba acusando falsamente a hombres inocentes. Si aquello no me hubiera indignado, jamás hubiera escrito el libro.” 

 

La opiniones de Orwell sobre España son la punta de un iceberg mayor; hay una línea muy clara que vertebra sus ensayos políticos, que son los que se refieren a la URSS como una dictadura burocrática, al surgimiento de una nueva casta, a la subversión de los valores con los que nació el comunismo, al papel central del sujeto (clase e individuo); y al intento de recuperación de un socialismo basado en unos valores morales y no en un sistema productivista donde el ser humano está explotado y subordinado a un Partido-Estado. La novela 1984 es su trabajo más conocido, pero junto a ella tenemos multitud de escritos, ensayos y artículos periodísticos.

 

Las posiciones de Orwell, en esta materia, coincidirán con otros revolucionarios de su época como Victor Serge y muchos de los opositores del partido bolchevique que serán asesinados en los Procesos de Moscú o en las prisiones y campos de concentración. Sin embargo hay matices importantes entre Orwell y Victor Serge, y muchos más entre Orwell y los principales dirigentes de la Oposición de Izquierdas. Mientras que Orwell sitúa la burocratización de la revolución desde los comienzos (bajo la dirección de Lenin y Trotsky); Victor Serge entiende que hay una ruptura a partir de 1928 cuando el grueso de la oposición ha sido políticamente aniquilada. Para Serge, las raíces de la burocratización son el atraso de la sociedad rusa y el fracaso de la revolución alemana. Eso le permite a Victor Serge identificarse con esa generación de revolucionarios rusos como Rakovsky, Radek, Smirnov, Preobrazhensky,... y Trotsky; aunque al mismo tiempo no deje de criticar la represión de Kronstatd, la militarización de los sindicatos, o la ilegalización de todas las organizaciones socialistas. 

 

Todos estos “matices” se reflejan con claridad en la falta de identidad de Orwell con el trotskismo pero al mismo tiempo, su solidaridad y apoyo a la lucha contra el totalitarismo y la libertad de todos los comunistas presos siempre se hará presente. Orwell es consciente que por encima de todos los errores de los “trotskistas”, son víctimas, en esos momentos, de la dictadura burocrática. Cuando Orwell está en Barcelona en plena guerra civil, el estalinismo, llevará a cabo la liquidación de toda la vieja guardia del partido bolchevique. El historiador francés, Pierre Broué, nos cuenta en su libro “Comunistas contra Stalin”, que solamente en lo que hace al número de “trotskistas” o personas acusadas de pertenecer a la Oposicion de Izquierdas en la URSS, asesinadas en los años treinta ascendieron -por lo menos- a unos diez mil. A eso hay que agregarle, otros miles de oposicionistas zinovietistas, bujarinistas, anarquistas, socialistas, nacionalistas... El exterminio político se hizo al mismo que el plan de colectivización forzosa, éste llevará a la muerte por hambre o por las armas, a varios millones de campesinos rusos.

 

La reflexión de Orwell, como la de algunos de sus contemporáneos, no se limita a la coyuntura internacional que se vive en esos momentos. Intenta extraer lecciones sobre todo lo que está pasando, sobre la degeneración burocrática de la URSS y trata de buscar los motivos de por qué ha pasado y cómo podría haberse evitado. En el ensayo “¿Qué es el socialismo?” Escribe:

 

“Las revoluciones tiene que producirse, no puede haber progreso moral sin cambios económicos drásticos, y sin embargo, el revolucionario desperdicia su trabajo si pierde el contacto con la decencia humana común. De algún modo debe resolverse el dilema del fin y los medios. Debemos ser capaces de actuar, incluso emplear la violencia, y aun así, no dejarnos corromper por la acción. En términos políticos específicos, esto supone rechazar el comunismo ruso por un lado y el gradualismo fabiano por otro”.

 

III.- En sus obras más importantes, 1984, Rebelión en la Granja u Homenaje a Cataluña; Orwell, no dejará de plasmar estas ideas, ya sea a través de los “cerdos de la granja”, “el gran hermano”, o las anécdotas personales como miliciano en el frente. A Orwell, no se le debe pedir una obra acabada donde se construya una teoría acerca del totalitarismo o el capitalismo; Orwell es otra cosa. Un extraordinario escritor, un novelista a la altura de los más notables del siglo XX, un periodista auténtico y una persona con unos valores fuera de toda duda. Por eso, el personaje irradia atracción por todos los costados y sus libros siguen siendo leídos, generación tras generación, por millones de personas.

 

Fue consecuente entre su forma de pensar y de actuar, no solo yendo como voluntario a la guerra civil española, sino en sus comportamientos personales. Creo que si Orwell hubiera vivido más allá del año 50 del siglo pasado, habría estado contra la guerra de Vietnam; si hubiera presenciado la carrera nuclear y el peligro de destrucción de la civilización, hubiera sido un activista por el desarme; si viviera en estos momentos no me cabe la menor duda que estaría en las calles con los jóvenes contra el cambio climático.

 

Unos meses antes de morir, en mayo de 1949 escribió para Partisan Review, una breve nota sobre la concesión a Ezra Pound del premio Bollingen de poesía. A Orwell se le pidió su opinión como a otros escritores, en la medida que Pound había sido un colaborador de Mussolini.  Orwell mantuvo una postura que reflejaba su manera de ver la relación entre la literatura y el compromiso personal: “no me opongo a que se le conceda el premio a Pound, pero creo que deberíamos tener muy presente que porque haya ganado un premio literario sus ideas se han vuelto respetables”... “Los jueces han optado por la postura del arte por el arte, es decir, la de afirmar que la integridad estética y la simple decencia son cosas distintas... pero las opiniones que ha intentado propagar en sus obras son malvadas, y creo que los jueces deberían haberlo dicho…”

 

En otro de sus artículos sobre los escritores y el compromiso con unos valores determinados, que él mismo solía llamar con la mayor naturalidad del mundo “decencia”, deja traslucir un cierto desencanto con todo lo que le ha tocado vivir y con cierta manera de hacer política:

 

“Además la mayoría de nosotros albergamos la creencia de que toda elección, incluso toda elección política, lo es entre el bien y el mal, y que si es algo necesario, entonces es correcto. Debemos deshacernos de esta creencia infantil. En política uno nunca puede hacer nada excepto juzgar cuál de los males es el menor, y hay ciertas situaciones de las que uno solo puede escapar actuando como un lunático o como un demonio. La guerra por ejemplo puede ser necesaria, pero no cabe duda de que no es correcta ni sensata. Incluso unas elecciones generales no son exactamente un espectáculo placentero o edificante. Si debes participar en tales cosas -y creo que en efecto debes, a menos que estés insensibilizado por la vejez, por la estupidez o por la hipocresía-, entonces debes mantener una parte de ti mismo inviolada”. 

 

(“Los escritores y el Leviatán), Politics and Letters, verano de 1948.

 

¿Cuántas veces no habremos pensado muchos de nosotros cosas muy similares?

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