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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Los Bachilleratos Populares en la encrucijada. De realidades y perspectivas

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Por Ezequiel Alfieri, Fernando Lazaro y Fernando Santana. No es la intención de esta nota caracterizar las particularidades que definen un Bachillerato Popular (BP) sino más bien, poder realizar un estado de la situación y en función de ello, esbozar algunas ideas que nos permitan pensar por qué entendemos que siguen siendo (y más en los tiempos que corren) estrategias legítimas del campo popular para la construcción de contrahegemonía y poder popular en los territorios.

Si se quiere, podemos a modo muy general decir que los bachilleratos populares (BPs) son espacios educativos que toman como principio pedagógico a la educación popular (entendiendo por ella, a una pedagogía al servicio de las clases oprimidas y que tiene como búsqueda inherente, a través del proceso de concientización, la emancipación de los pueblos), que se enclavan en organizaciones sociales y desde esa construcción territorial (una empresa recuperada, una organización barrial, un asentamiento en una villa de emergencia, la configuración del espacio en un entramado mayor) en articulación con otras organizaciones, promueven la recuperación de los saberes históricamente soterrados para la construcción de un movimiento pedagógico guiada por principios de solidaridad de clase, autogestión, cooperativismo, lucha y rebeldía.

Apunten contra los Bachilleratos Populares

Surgidos en el año 2004, en la empresa recuperada IMPA, como iniciativa de la Cooperativa de Educadorxs e Investigadorxs Populares (actualmente CEIP Histórica) y en articulación con el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER) empieza a crecer y expandirse la experiencia en los años sucesivos, ya en pleno gobierno del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, logrando arrancar en los años sucesivos el reconocimiento en la emisión de títulos, salarios para sus trabajadorxs y becas para estudiantes en muchos de ellos.

Que esta fuerza política se haya convertido en gobierno a nivel nacional con Mauricio Macri en el Ejecutivo, María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires y Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires, significa en la historia de los BPs y en la larga lucha por su reconocimiento, una situación antes no vivida. Ahora, todo aparece unificado en un proyecto de país que hace de la educación una variable de ajuste, que no está dispuesta a ¨negociar¨ a partir de la presión popular, que enarbola con facilidad el discurso del fin de ciclo de estas propuestas educativas, negando de este modo que si los BPs existen es también porque hay miles de jóvenes y adultxs que no han podido finalizar sus estudios secundarios y que siguen eligiendo, optando por estas experiencias educativas frente a un sistema que lxs ha expulsado en reiteradas oportunidades de la escuela tradicional.

Según el último censo de carácter nacional realizado por el GEMSEP, en el año 2015, existían en el país 93 BPs, siendo sus puntos de mayor concentración la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde esa fecha no ha habido avances sustanciales en el cumplimiento de las demandas que las organizaciones sociales vienen reclamando. Así, en la Ciudad de Buenos Aires, la última tanda de reconocimientos llegó en el año 2017, a partir de la Resolución N° 1123/MEGC/17, en la que se reconoce a seis BPs sólo en lo que hace a su posibilidad de emitir títulos de carácter oficial, pero no a sus trabajadorxs, tratándose así de un reconocimiento sin POF (Planta Orgánica Funcional), lo que muestra las mismas irregularidades del Estado, que reconoce que allí hay una labor educativa, pero no a quienes la sostienen ni la llevan a cabo, casi como una contradicción en sí misma.

Dato aparte merece que tanto en los borradores previos que circularon respecto a ese proyecto de Resolución así como en reiteradas oportunidades la actual directora del área Jaquelina Cichero también lo explicitó, se incluía al BP Berta Cáceres (por entonces funcionando en la empresa recuperada SOHO), que luego, sin ningún tipo de argumentos, fue sacado de la misma y hasta el momento, sigue sin ser reconocido tras 5 años de funcionamiento.

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Es interesante pensar en una nueva categoría para dar cuenta de esta lógica que el Estado pretende dar a las escuelas populares que llevan adelante las organizaciones sociales. “Escuelas fantasmas” que aparecen legitimadas con la certificación de lxs estudiantes pero en las que no existen lxs docentes; escuelas cuya existencia conocen, nominan, las colocan en distintos documentos ministeriales, pero después las sacan, las invisibilizan, las niegan, emergiendo así solo en los discursos.

Ante cada negativa a escuchar, ante cada dirección, cantidad de educandos cursando, y la creciente apertura de más BPs (que siguieron creándose y abriéndose), lxs funcionarixs se tapan los oídos. Les da miedo, les da pavor. Y las “escuelas fantasmas” siguen acechando, por las tardes, por las noches, en las oscuridades de los barrios más marginados, detrás de los árboles, tras una zanja, tras los muros, como aluviones que no van a poder parar, que se preparan, que aprenden, que saben, que van a correr el velo, que van a ser calle y movilización, aunque este gobierno no quiera verlos. Mientras la ministra Soledad Acuña se niega de manera sistemática a recibir a lxs representantes de los diferentes agrupamientos de BPs de la Ciudad de Buenos Aires, la subsecretaria de Educación, Andrea Bruzzo, lo hizo en solo una ocasión, para argumentar que no había voluntad política de nuevos reconocimientos. Mientras tanto, se sucedieron intentos de avasallamiento a las conquistas conseguidas a través de la lucha.

Así, mientras sobrevuela la posibilidad de una reforma que afectará a todo el área de Adultos y que promete reducción de días de cursadas, unificación de centros educativos en función de la matrícula, currículas precarizadas y ligadas al mundo laboral (en la que lxs estudiantes pasarían a ser mano de obra precarizada), hacia los bachilleratos hubo también intentos de intervención alegando cuestiones burocráticas como pretexto; amenazas de retiro de la Clave Única Institucional (CUE), lo que equivale a decir que se perdería la posibilidad de emitir títulos de carácter oficial; intentos de designar funcionarios a cargo de la supervisión de los bachilleratos (cumpliendo horarios y funciones en los espacios en los que funcionan dichos bachilleratos durante toda su carga horaria); amenazas de sumarios a docentes.

A cada uno de estos embates se les respondió con organización y lucha. En todo caso, lo novedoso radica en la avanzada en torno a lo que ya existe, que busca de ese modo cercenar las conquistas obtenidas, restarle autonomía y autogestión a los proyectos educativos y por ende, limitarlos en su potencialidad y radicalidad. No es de sorprender que haya próximos embates, cuando recientemente se intentó el cierre de las escuelas nocturnas y la presión popular, sindical y de las comunidades educativas obligaron a dar marcha atrás e hicieron que se derogara la Resolución 4055/88 que implicaba el cierre de 14 escuelas comerciales nocturnas, la reducción de la cantidad de matrículas en otros nueve liceos y bachilleratos nocturnos, el cierre del Proyecto BLA del Liceo N°3 del Distrito Escolar N°5 y del Proyecto ALAS y del Colegio N°13 del Distrito Escolar N°18 dejando a más de diez mil estudiantes afuera y sin trabajo a más de dos mil docentes.

La situación en la provincia de Buenos Aires no resulta más favorable. En el año 2015 en un convenio firmado por el Ministerio de Educación y las organizaciones sociales respectivas se establece la apertura de dos Extensiones de un BP ya reconocido con anterioridad, una en la localidad de Vicente López (correspondiente al BP Ñanderogá) y otra en Almirante Brown (correspondiente al Bachillerato El Galpón Cultural).

De esta manera, nuevamente y más allá de que pueda ser leído como avance por la Coordinadora de Bachilleratos Populares, el Estado niega el reconocimiento pleno como escuelas a estos bachilleratos, lo que implica una pérdida de derechos e incluso de autonomía en lo que hace a su pleno funcionamiento. Que la escuela ¨sede¨ sea un BP reduce al mínimo esta posibilidad, pero abre el canal para futuros ¨reconocimientos¨ con estos mismos condicionamientos. En el año 2018, a través de la RESFC-2018-4059- GDEBA- DEGCYE y luego del convenio 2018-25404522- GDEBA-DCADGCYE se reconoce al BP Amaycha, sito en Berazategui, y se lo incorpora a la órbita de la Dirección de Adultos.

En el mismo período, el RESFC-2018-GDEBA-DGCYE incorpora al sistema educativo de Adultos al Bachillerato El Galpón Cultural de Claypole, que de este modo deja su condición de ¨anexo¨ para pasar a ser reconocido como CENS, lo que luego es reforzado por el Convenio 2018-25402643- GDEBA-DCADGCYE. Sin embargo, más allá de que estos últimos se firmaron en los primeros días del mes de noviembre (tras un largo derrotero de idas y vueltas hasta lograr su consecución), aún no han sido otorgados los números de CENS, como estipulan los mismos documentos, por lo que la efectivización de los mismos sigue siendo una tarea pendiente y un incumplimiento por parte del Estado. Tampoco el acuerdo expresado en reuniones con funcionarixs de la Dirección del área de reconocer a otros tres bachilleratos como anexos de CENS ya reconocidos (en Merlo, en Tolosa y en Pergamino), ha sido cumplimentado, por lo que el terreno sigue dibujándose incierto y sujeto a los vientos de las voluntades políticas, que siempre son adversos cuando se trata de servir a los intereses de los sectores populares.

 

De estrategias y perspectivas

 

El dilema (y por tanto la riqueza) de los BPs remite a un profundo debate que excede lo educativo, y que es un problema filosófico, político y ético: y es que impulsamos otro proyecto político pedagógico que está en las antípodas de proyectos de políticas neoliberales y antipopulares. Impulsamos una educación autogestiva y autónoma que escape de los controles estatales; buscamos una educación transformadora que cuestione las estructuras de poder; queremos una educación que cuestiones todos los privilegios de clase y de género; queremos una educación desde el sur: anticapitalista, antipatriarcal, anticolonial y feminista. Queremos una educación que sirva para crear las condiciones de otra sociedad.

El enemigo de la clase está ahora en el gobierno: es el que saquea y hambrea a nuestro pueblo; es el que avasalla las conquistas de la clase trabajadora; es el que niega la ampliación de derechos de las mujeres de todo el país; es el que criminaliza la protesta social; es el que mata a nuestrxs pibxs. Los BPs estamos ante una encrucijada histórica para no convertirnos en una variante más institucional, para no ser lo instituido, para seguir siendo instituyente.

Debemos dar el salto político que permita pensarnos más allá de nuestras propias prácticas, o en todo caso, rescatando nuestras prácticas, dar el debate político hacia lo que queremos construir. Y para ello debemos pensarnos en diferentes planos. En primer lugar, y luego de 15 años de experiencia debemos volver a discutir nuestras particularidades y especificidades entre las organizaciones sociales que impulsamos BPs, debatir qué queremos para estos de aquí en adelante. Debemos defender nuestras conquistas y poner en común una agenda hacia el futuro que nos contenga y nos nucleé para la pelea en común. Potenciar nuestras capacidades y aciertos, revisar nuestras debilidades, volver a pensar un proyecto macro que nos permita el accionar conjunto más allá de nuestras reivindicaciones parciales. Rescatar y potenciar los elementos disruptivos, seguir desarmando los mecanismos reproductivistas de la escuela, fortalecer la participación y la solidaridad, avanzar en la construcción de la escuela pública popular.

En segundo lugar, debemos situarnos como una de las tantas experiencias de educación popular en Argentina y en Nuestra América. Es decir, debemos ensanchar los debates de la educación popular con todas las experiencias desarrolladas, tender lo puentes para generar un gran movimiento pedagógico de Educación Popular que pueda contener a todas las experiencias que busquen (desde sus particularidades, sus recorridos, sus miradas, sus raíces, sus historias, sus sujetxs) la transformación social.

Es imperioso que no nos ubiquemos como microexperiencias, es necesario que podamos trascender nuestras propias prácticas, que podamos mirar más allá de nuestra acción concreta. Realizar el camino tendiendo puentes, tejiendo lazos, construyendo esperanzas compartidas. En esa comunión no debemos caer en privilegiar nuestra experiencia por sobre el resto, debemos nutrirnos de todas ellas y aportar nuestros recorridos como BPs a las experiencias hermanas.

No podemos pensarnos fuera de la realidad de América Latina que nos atraviesa, no podemos pensarnos fuera de un debate más amplio con todas las expresiones emergentes de educación popular que, como la nuestra, están resistiendo y luchando bajo gobiernos de derecha, bajo presiones del imperialismo. Debemos pensar a los BPs como un entramado de redes que se cruzan. Son parte del campesino o la campesina del MST, de la comunidad de Warisata de Bolivia, del fuego de Haití, de la revolución cubana, de las expediciones pedagógicas de Colombia, de la subversión de Chiapas. Somos las gomas que quemamos para resistir el embate de quienes detentan el poder.

En tercer lugar, debemos dar el debate amplio, fraterno y sincero con el conjunto de lxs trabajadorxs de la educación. Si queremos transformar el sistema educativo en su totalidad es conjuntamente con todxs lxs docentes que pelean día a día en la escuela pública. Debemos hacer que la educación popular sea debate en la escuela formal. Muchxs compañerxs nos venimos dando esa tarea, y muchxs compañerxs solitariamente lo vienen haciendo. Debemos profundizar este aspecto entonces con los gremios, lxs docentes y todxs lxs compañerxs que están en el sistema educativo. Se trata también de crear un nuevo lenguaje que permita nombrar estas experiencias corriéndonos de la matriz de pensamiento colonial, neoliberal, que nos habita y con cuyos conceptos designamos el mundo. Un lenguaje que hable desde lxs de abajo, desde lxs oprimidos de la tierra, que responda a sus propios intereses, que permita colocar la lucha por los significados en el centro de la agenda de disputas, porque toda palabra es una expresión ideológica. Se trata de inventar lo que no existe.

 

La educación es un acto político. Pensar un gran movimiento de Educación Popular.

 

El discurso fatalista que el actual gobierno está instalando en materia educativa, que se evidencia en tentativas de acciones o en el ejercicio de las mismas en detrimento de la escuela pública y popular, beneficiando a las empresas privadas, hace que los BPs hoy por hoy estemos en la mira. Estas propuestas no encajan, desacomodan, van en contra de la concepción de la educación como un lucro, de la mercantilización, del menoscabo de la condición de lxs docentes y la precarización del saber de lxs estudiantes.

Nosotrxs estamos en las antípodas de ellxs: porque somos su pesadilla hecha realidad, porque somos lxs poetas malditxs de la educación, porque somos a quienes nos gusta patear el tablero; a lxs que nos gusta crear, pensar, involucrar el cuerpo, reclamar la soberanía de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, porque somos aquellxs que nos no nos quedamos quietxs; porque no guardamos silencio y gritamos colectivamente frente a la avanzada de la violencia machista que es una expresión estructural de las violencias que ejerce el sistema capitalista y el Estado. Porque queremos que la escuela esté en movimiento; porque no tememos a equivocarnos; porque no tememos a rectificar cuando algo no nos sale; porque no le escapamos al error. Creemos en nuestras compañeras/os; en nuestrxs estudiantes; en sus potencialidades; en sus historias; en el proyecto político pedagógico.

Hoy los BPs estamos en un momento crucial pero ahora es cuando debemos rescatar a nuestra experiencia y ponerla en diálogo no sólo con otros BPs, sino con las otras tradiciones de educación popular y con el conjunto del sistema educativo, en pos de generar un gran movimiento pedagógico de educación popular, para nosotrxs, para nuestro presente, para otro futuro donde no haya explotadorxs ni explotadxs, donde no haya discriminación y racismo, donde no existan opresiones de ningún tipo, donde no exista el patriarcado. En definitiva, donde estalle, como en una revolución, una educación popular feminista.

Ezequiel Alfieri, Fernando Lazaro y Fernando Santana

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