X

Buscar en Contrahegemonía web

X

Mantengámonos en contacto

[email protected]

Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Michael Löwy un intelectual a contrapelo

18 Oct,2019

por Fabio Mascaro Querido

Prefacio a la edición argentina. El objetivo de este libro es reconstruir y analizar los principales temas por medio de los cuales Michael Löwy propuso, en particular a partir del giro de 1980, la renovación del marxismo, entendido como una forma de crítica moderna de la modernidad que, a diferencia de las interpretaciones exclusivistas, no duda en dialogar con las más diversas tradiciones intelectuales y políticas. Originalmente concebido como tesis de maestría, defendido en 2011, y después publicado en Brasil por Boitempo Editorial en 2016, el presente estudio llega ahora al público argentino y latinoamericano gracias a la edición de Herramienta, ese aguerrido colectivo editorial orientado a la difusión del pensamiento crítico que cumple un papel inestimable en la construcción de un espacio público (de los) subalterno(s) en Argentina.

Incansable, responsable de una trayectoria que perdura de un modo al mismo tiempo persistente e inclasificable, Michael Löwy es, sin dudas, uno de los más importantes intelectuales –en el sentido fuerte del término– todavía en actividad en el mundo. Una rápida ojeada a los títulos de sus casi treinta libros, publicados en decenas de idiomas y países, es suficiente para atestiguar la diversidad y, al mismo tiempo, la relevancia de los temas y/o autores por él abordados. Frente a la amplitud de las cuestiones tratadas, no es posible ignorar, casi de inmediato, el carácter iconoclasta e insubordinado de un intelectual que, por la forma de análisis y por los contenidos analizados, camina a contramano de la tendencia creciente a la especialización del trabajo académico.

Indisciplinado, en el sentido de que no se somete a las divisiones establecidas, Löwy jamás abandonó la convicción de que, entre otras cosas, les corresponde a los intelectuales instigar a la imaginación utópica entendida en un sentido mannheimiano, esto es, como atisbo de la posibilidad de un orden social diferente. En Löwy, el punto de referencia crítico-normativo a la luz del cual los temas son seleccionados y abordados permanece en el horizonte del trabajo intelectual, lo que explica la creciente presencia en su obra de la exigencia benjaminiana de cepillar a contrapelo la historia dominante, como si se tratase de reforzar una posición de resistencia a lo que se anuncia como irresistible, inevitable y, por lo tanto, incuestionable.

Ese sentido de resistencia sobredetermina sus opciones intelectuales y políticas, particularmente en las últimas cuatro décadas. Desde entonces, la reafirmación de la dimensión política de todo trabajo intelectual se articula con el intento de ampliar su horizonte, lo que supone orientarse a la búsqueda de nuevas fuentes para la crítica del capitalismo realmente existente y para la reflexión sobre otro mundo posible. Löwy se convirtió así en una especie de sociólogo –o de “trapero”, para recordar una metáfora utilizada por Benjamin a propósito de Kracauer1– del anticapitalismo y de las utopías que, al igual que el esgrimista baudelaireano, recoge las más diversas formas de oposición al orden existente y de imaginación de otra forma de sociedad.

De ahí su singularidad y, por eso mismo, su importancia decisiva para el marxismo y para el pensamiento crítico contemporáneos: al buscar las afinidades más improbables entre figuras y/o movimientos socioculturales de orígenes y naturalezas distintas, Löwy se ubica en el “cruce de caminos”, como él mismo expresa a propósito de Benjamin, y se convierte en un eje alrededor del cual gravitan diferentes familias intelectuales y políticas, por no decir incluso estéticas, si pensamos en su pasión precoz por el surrealismo.

No es casual que, a simple vista, Löwy parezca fuera de lugar en su propio tiempo cuando niega lo que pareciera ser una verdad para todos, a saber: que no existe otra alternativa y que, por lo tanto, cualquier intento de anunciarla constituye, en definitiva, una irresponsabilidad por parte de quienes se rehúsan a acatar los términos de la realidad establecida. Lo que es problemático para algunos significa, por el contrario, una enorme cualidad para muchos otros: del mismo modo que en Hamlet, en Löwy el tiempo aparece “fuera de quicio” (out of joint), irreductible al presente perpetuo, y se desplaza ahora hacia el pasado, ahora hacia el futuro, en una rearticulación de la temporalidad histórica de la cual sus trabajos sobre la visión del mundo romántica son la mejor prueba.

Si fuese reescrito hoy, este libro sin dudas exploraría más a fondo la relación entre la obra y la trayectoria de Löwy y los distintos niveles del contexto (histórico-social, político, intelectual, etc.) en el que esas producciones se desarrollan, a fin de problematizarlas mejor y escapar a las fronteras forzosamente impuestas por el propio autor a partir de su propia percepción de los condicionantes contextuales. En cierta medida, esa limitación fue superada en mi tesis de doctorado, defendida en 2016, en donde el análisis de la trayectoria de Michael Löwy es abordado en contraste con la de Daniel Bensaïd, filósofo francés que, al igual que el colega franco-brasileño, a mediados de los años ochenta pasó de una perspectiva marxista “clásica a una visión ampliada del marxismo marcada por el diálogo incesante con tradiciones ajenas a la concepción del mundo inaugurada por Marx”.2

Te puede interesar

El golpe en Bolivia desde Argentina: la izquierda, la intelectualidad y la (auto) crítica

Por otra parte, redactado hoy, este libro posiblemente manifestaría posiciones más críticas en relación con la (sobre)valoración hecha por Löwy de las utopías y del romanticismo, y apuntaría a la necesidad de una historización más circunscripta de los fenómenos socioculturales caracterizados de ese modo. Como nos muestra el propio Löwy, la crítica romántica de la modernidad es una cosa en el siglo XIX, otra en el siglo XX e incluso otra en el siglo XXI. Si hasta mediados del siglo XX, en medio de la demostración de su potencial destructivo, la crítica romántica de la modernidad parecía provechosa para la renovación de la perspectiva anticapitalista, al relativizar su compromiso un tanto incómodo con los ideales burgueses del progreso, la situación se altera a partir de las últimas décadas del siglo XX, con lo cual la relación entre marxismo y romanticismo se torna más compleja.

Desde los años setenta u ochenta, como se puede apreciar en la argumentación de autores como F. Jameson o Luc Boltanski y Ève Chiapelo, el propio capitalismo logró incorporar a su abanico de legitimación elementos otrora identificados con el rechazo romántico de la modernidad: la “lógica cultural posmoderna”, según el primero, o el “nuevo espíritu del capitalismo”, de acuerdo con los segundos, proclaman también, a su manera, el fin de la pesadilla weberiana de la “jaula de hierro”, que se perpetúa, no obstante, con nuevos ropajes. En apariencia, el sistema mismo es ahora “flexible”, modo conveniente de legitimar con los argumentos del adversario la precariedad hoy erigida en conducta de vida. Una vez más, el capitalismo desvanece en el aire lo que parecía sólido, pero lo hace con el fin de intensificar la mercantilización y llevarla incluso a los poros todavía intactos de la sociedad. Los sueños de 1968 llegaron, sin embargo, bajo la forma de la pesadilla neoliberal: no hay alternativa, vaticinó Margareth Thatcher, ni tampoco futuro, gritaron los Sex Pistols. En ese escenario, al igual que el marxismo, también la crítica “romántico-revolucionaria” precisa ser redefinida, y las reflexiones de Löwy son, para eso, ciertamente indispensables.

En ese mismo contexto, una de las grandes cuestiones que se desprenden de la reflexión del autor es la articulación entre resistencia y utopía, rebelión y revolución. En verdad, no es difícil observar, en Löwy, cierta autonomía entre el polo negativo de la resistencia y el polo positivo de la utopía. Es cierto que, para él, toda negatividad implica algún tipo de perspectiva utópica: todo “gran rechazo” lleva consigo, en su propio imperativo de resistencia, el atisbo de otro orden social. Pero la antinomia permanece de tal manera que la valoración de las utopías, sin su correlato práctico, corre el riesgo de circunscribirse a su dimensión “abstracta”, retomando a Bloch, como si la imaginación utópica pudiese suplantar los límites de una resistencia acorralada por la reducción del horizonte de expectativa.

Para Löwy, nada mejor que la recuperación de las utopías del pasado para prolongar por izquierda el horizonte de lo posible. A su entender, como dice su viejo amigo Roberto Schwarz, “quien manda son los apetitos de la imaginación”, y las obras son valoradas a partir de lo que “aporten a la lucha socialista y la liberación del inconsciente”; de ahí la alimentación mutua entre el socialismo y el surrealismo.3 La construcción de una “utopía concreta” supone, sin embargo, no solo la imaginación “cálida” de otro mundo deseado, sino también el análisis “frío” de sus condiciones efectivas de posibilidad, a fin de evitar que el exceso de calor provoque un nuevo ofuscamiento. Si este voluntarismo asumido sirve como contrapeso simbólico al determinismo objetivista de buena parte del marxismo, tiende, como contrapartida, a permanecer bloqueado por la misma objetividad de la cual se creía libre, a no ser que se torne viable como práctica social y política efectiva.

Este es, por cierto, uno de los grandes desafíos de los intelectuales anticapitalistas de hoy: hacer del horizonte utópico un estímulo al que Benjamin llamó “despertar” de los oprimidos. Y para esta tarea no hay dudas de que el pensamiento de Michael Löwy tiene y tendrá un papel fundamental, como este libro pretende demostrar al enumerar los diversos momentos de su crítica moderna (al mismo tiempo marxista, romántica y utópica) de la modernidad. A fin de cuentas, tanto para él como para nosotros, así como lo fue para Baudelaire, Benjamin o André Breton, ¿cuál sería el objetivo último del “despertar” sino la “creación de un nuevo mundo donde la acción [sea], finalmente, la hermana del sueño?”.4

 

F.M.Q

Campinas (Brasil), julio de 2019

1 W. Benjamin, “Un marginal sort de l’ombre, À propos des Employés de S. Kracauer”. En: Œuvres, v.2 (París, Gallimard, 2000), p. 188.

 

2 Fabio M. Querido, Resistência intelectual e engajamento político em Michael Löwy e Daniel Bensaïd: afinidades benjaminianas. Tesis de doctorado en Sociología. IFCH-Unicamp, 2016.

 

3 Roberto Schwarz, “Aos olhos de um velho amigo”. En: I. Jinkings. & J. A. Peschanski. As utopias de Michael Löwy: reflexões sobre um marxista insubordinado (San Pablo, Boitempo Editorial, 2007), p. 156. Sobre los recorridos Löwy y de Schwarz, en clave comparativa, cf. Fabio M. Querido, “Michael Löwy e Roberto Schwarz: trajetórias cruzadas”. Margem Esquerda, San Pablo, n. 32, 2019. También publicado en francés en: Arno Münster y Fabio Querido, Le marxisme ‘ouvert’ et écologique de Michael Löwy. París: L’Harmattan 2019.

 

4 Michael Löwy, “Walter Benjamin e o surrealismo: história de um encantamento revolucionário”. En: A estrela da manhã: surrealismo e marxismo (trad. Eliana Aguiar, Río de Janeiro, Civilização Brasileira, 2002), p.54.

Fabio Mascaro Querido es Profesor del Departamento y del Programa de Posgraduación en Sociología de la Universidad Estadual de Campinas (Brasil). Autor de numerosos artículos, publicados en revistas nacionales e internacionales. Sus investigaciones se centran en las áreas de la teoría crítica, el pensamiento social y político y la sociología de la cultura. Entre los temas con los que trabaja especialmente se encuentran: teoría social, intelectuales, marxismo, crítica de la modernidad; los principales autores a los que se dedica en particular son Walter Benjamin, Daniel Bensaïd, Michael Löwy y Roberto Schwarz. Es colaborador de la Revista Herramienta.

 

Comentarios

Todavía no hay comentarios. ¡Iniciá el debate!

Todos los datos son obligatorios, tu dirección de correo no será publicada