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Apuntes sobre socialismo desde abajo y poder popular

Primer round para una derrota necesaria

12 Aug,2019

por Guillermo Cieza

Las elecciones son hechos que, como suceden con una foto que se saca a una persona, permite congelar los rasgos en un momento histórico. En este caso no se trata de rasgos personales sino de la vida política de un país, de los debates que transita su sociedad y también cómo se expresan las correlaciones de fuerza entre los intereses populares y  antipopulares. También es una expresión acotada pero ilustrativa de la lucha de clases.

Tratando de influir en el  debate político  las distintas fuerzas políticas trataron de instalar agendas que calificaban como centrales. El Frente de Todos puso el eje en la defensa del salario, la producción de las pequeñas y medianas empresas y el mercado interno,  el gobierno pretendió instalar que lo que estaba en discusión era  democracia o dictadura, o transparencia o corrupción. La izquierda propuso la relevancia de la discusión sobre el pago de la Deuda externa, y Consenso  Federal de Lavagna, pretendió hacer eje en el rechazo al macrismo y el kirchnerismo, para ofrecerse como opción renovadora del proyecto capitalista.  

Pero sin  lugar a duda lo que se puso en juego en estas PASO, y sucederá lo mismo en las elecciones de octubre y en un eventual segunda vuelta en diciembre fue la continuidad de la presidencia de Macri y la ratificación o no de un modelo político que nos gobierna hace casi cuatro años.

El gigantesco apoyo  mediático  y  el control de los sofisticados medios de influencia  de las redes sociales por parte del gobierno no ha sido suficiente para revertir el hecho que  la situación económica apremiante de las mayorías populares y una relativa autonomía política de la conciencia popular de las manipulaciones oficialistas  hayan  impuesto una agenda de debate mucho mas favorable para las opciones antimacristas. Esa relativa autonomía de la conciencia se fortaleció en las movilizaciones contra el ajuste cuyo epicentro fue la movilización contra la reforma previsional y las luchas contra la violencia de género y por el aborto impulsadas por las mujeres.

Ante este escenario de ratificación o rechazo al gobierno macrista, las que se han presentado como opciones electorales son las que que armaron las distintas fuerzas políticas que apoyan la formula Fernandez-Fernandez del justicialismo ( Unidad Ciudadana, PJ, Frente renovador, y otros grupos de la centroizquierda)  y lo que pudo armar la izquierda a partir de una  ampliación del FIT.

Con los números a la vista me parece que la primera lectura imprescindible es que el hecho de que Macri salga derrotado en estas internas abiertas es una victoria popular “mas por el sentido  que por el Partido”. Evitar que Macri siga gobernando significa derrotar a una muy potente  acumulación de fuerza político electoral-judicial-mediática-económica y respaldada internacionalmente por Trump, cuya continuidad representaba un enorme peligro no sólo contra el bienestar del pueblo y los derechos de los trabajadores, sino tambien contra todo intento de oposición  en nuestro país  o experiencia progresista en el continente.  La derrota de Macri no solo se festeja en la Argentina sino tambien en los pueblos de Venezuela, Bolivia y Cuba.

Las prevenciones sobre las limitaciones del “Partido” que termina canalizando la bronca popular ya han sido expuestas.  Advertir que en el Frente de Todos participan compañeras y compañeros con quienes hemos compartido luchas y sueños, no debería obnubilarnos al punto de no reconocer que esa participación es muy marginal. Quien hoy aparece como futuro presidente es un liberal progresista y la presencia de Sergio Massa y los gobernadores justicialistas, que votaron buena parte de las leyes macristas no  pronostican siquiera una reedicion del kirchnerismo, sino un gobierno de Todos (incluyendo a los grandes empresarios que se beneficiaron con la bicicleta financiera y la fuga de capitales), mas de centro que de centroizquierda. Atemperando la euforia de mis amigos y amigas venezolanos, advierto que va a producirse el cambio entre un gobierno como el de Macri, que avalaba y promovía las sanciones de Trump y que incluso podía meternos en una aventura militar intervencionista, por un gobierno que avala el vergonzoso informe Bachelet, pero promete acompañar las iniciativas de dialogo propuestas por Mexico y Uruguay.

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Los resultados electorales premian a las fuerzas antimacristas, pero de un modo diferente. Si al Frente con Todos los pone en vísperas de acceder a la jefatura del gobierno nacional y  ganar en todo el país con excepción de la Provincia de Cordoba y la Ciudad Autonoma de Buenos Aires , el FIT ampliado ha podido sostener su presencia como expresión de independencia política,  con números más modestos que los de las Paso 2015.

Las fuerzas que alguna vez nos identificamos  con la izquierda independiente, popular o por venir,  que sin lugar a dudas tuvimos un lugar importante en la resistencia en las calles a las políticas oficialistas nos merecemos festejar la derrota de Macri, pero sin dejar de advertir que nuestros aportes a canalizar la bronca popular en las jornadas electorales fue pobrísimo.  Seguimos manteniendo una vieja deuda con la política (y no sólo con la política electoral) como síntesis y armado que permita canalizar intereses, deseos y objetivos populares. Vuelve a verificarse que la tentación de disimular nuestras limitaciones colgándolas de distintos percheros como han sido el movimiento piquetero y el movimiento de mujeres, no ha resultado efectiva.  Cuando baja la ola, mas allá de todo lo aprendido y los enormes avances conseguidos, los resultados son que no hemos sido capaces de construir alternativas de una incidencia política real.  Y, como siempre sucede, quien no hace los deberes termina discutiendo políticas ajenas.   Lo más lamentable es que en algunas oportunidades ejercemos  esas discusiones con un nivel de soberbia, descalificación y sectarismo, que haría ruborizar a la que muchas veces calificamos como “izquierda sectaria”.

Por decisión y obra de nuestro pueblo, la gestión de Macri  empieza a jugar tiempos de descuento. Se vienen tiempos en que, el debate político va a poner sobre la mesa el sentido de la derrota del gobierno. Es muy probable que los dueños del poder abandonen a Macri y traten de limitar los motivos de su despido a su falta de pericia o incapacidad, procurando además comprometer al nuevo gobierno con una continuidad, mejor gerenciada, de las políticas de ajuste.

Seguramente las brechas expuestas en la hegemonía oficialista podrán ser aprovechadas por nuestro pueblo para obturar la aprobación del paquete de leyes de ajuste pactadas con el FMI. Parece necesario seguir promoviendo un frente unido de lucha para que Macri se vaya sin seguir haciendo daño al pueblo. Y también para presionar al futuro gobierno para que cumpla sus compromisos de priorizar el salario, la salud y educación pública, las jubilaciones y de mantener una política internacional no alineada con el gobierno de Trump.

Para quienes seguimos creyendo que los cambios transformadores se hacen liderados por fuerzas políticas que se ubican, sin dudar, abajo y a la izquierda, pero haciendo propuestas y convocando a fuerzas y voluntades que van más allá de la izquierda, se abre un nuevo  tiempo y nuevos desafíos que podremos transitar si tenemos la humildad de reconocer nuestros errores y la convicción de que la unidad no sólo es necesaria para ser más, sino porque nos hace mejores.

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